Repensando la Soberanía y la Liberación entre Palestina e Israel: La Solución Sin Estado

El conflicto israelí-palestino sigue siendo uno de los problemas  geopolíticos más prolongados, violentos y complejos de la era moderna. A  lo largo de los años, se han propuesto diversas soluciones posibles a la ocupación sionista de Palestina (y al apoyo occidental), pero hasta la fecha ninguna acción ha conducido a resultados humanos, respetuosos y justos, lo que solo ha provocado mayor brutalidad y derramamiento de sangre. El genocidio en curso en Gaza y la violencia en Cisjordania, que se despliegan ante nuestros ojos, son un ejemplo más del fracaso de
todas aquellas instituciones nacionales e internacionales (CPI, ONU, etc.) que ofrecen una fachada de democracia, pero en realidad solo sirven a los intereses de los poderosos, oligarcas y estados delincuentes, nunca a los pueblos.

A lo largo de los años, las narrativas tradicionales centradas en el Estado se han visto cuestionadas por visiones alternativas arraigadas en conceptos de soberanía, autodeterminación y liberación. Hoy quisiera compartir en estas páginas una reflexión desde una perspectiva judía que, en mi opinión, presenta aspectos afines a la filosofía anarquista y que puede sumarse a la tradición histórica de propuestas alternativas a los estados.

El profesor Daniel Boyarin, académico e historiador de religiones de origen judío, publicó el libro «La Solución Sin Estado» en 2023. Este libro presenta un provocador argumento teológico y filosófico que cuestiona la legitimidad del modelo de Estado-nación, argumentando que perpetúa la violencia, la exclusión y la jerarquía -elementos incompatibles con los ideales éticos arraigados en las enseñanzas judías- y, en cambio, propone una visión arraigada en la comunidad y el parentesco espiritual.

Boyarin explora la idea de que la historia y la teología judías, especialmente tal como se reflejan en las tradiciones rabínicas, ofrecen un modelo para una sociedad más allá del Estado-nación. Argumenta que las comunidades judías históricamente han operado según los principios de parentesco comunitario, ley espiritual y responsabilidad mutua, a menudo al margen de la soberanía imperial o colonial. Contrasta el Estado-nación con una comunidad espiritual basada en valores compartidos, ayuda mutua y responsabilidad ética, en lugar de soberanía territorial. Boyarin se basa extensamente en textos rabínicos, enfatizando el concepto de *Am Israel* (el Pueblo de Israel) como una
comunidad espiritual, no como una nación territorial. Interpreta las enseñanzas judías como una prioridad para la ley, la comunidad y las relaciones éticas, por encima de las reivindicaciones territoriales. Esta interpretación cuestiona la narrativa sionista que equipara la identidad judía con una patria territorial, proponiendo en cambio una
visión de la existencia judía arraigada en vínculos espirituales y éticos compartidos, una nación sin fronteras. Boyarin examina críticamente el establecimiento de un Estado judío por parte del sionismo y sus consecuencias, incluyendo el éxodo forzado y la violencia contra los palestinos. Aboga por una sociedad en la que los lazos comunitarios y los valores compartidos sustituyan la necesidad de fronteras soberanas, imaginando una comunidad descentralizada y no jerárquica que enfatice la ayuda mutua, la responsabilidad ética y el parentesco espiritual. Recordando los análisis de Erich Fromm, el enfoque crítico de Boyarin explora las devastadoras consecuencias del nacionalismo, una ideología que a menudo se ha manifestado como una fuerza divisoria en lugar de unificadora. De hecho, el nacionalismo no es simplemente una respuesta a una crisis de identidad, sino un vehículo de poder, a menudo empleado por regímenes autoritarios para justificar la marginación de comunidades minoritarias y disidentes.

La perspectiva de Boyarin, aunque impregnada de aspectos espirituales y religiosos, es muy cercana a las visiones del anarquismo. En el contexto israelí-palestino, los anarquistas critican tanto a los aparatos estatales de Israel como a la Autoridad Nacional Palestina, así como a los opresores de Hamás, calificándolos de fuentes de violencia, represión y control territorial. Argumentan que el monopolio del Estado sobre la violencia y la soberanía perpetúa el conflicto, el
desplazamiento y la desigualdad. Desde una perspectiva anarquista, las soluciones pasan por promover comunidades autónomas basadas en  necesidades compartidas y la ayuda mutua, libres de la dependencia de autoridades centralizadas. Esto podría significar apoyar iniciativas de base, estructuras cooperativas y redes no jerárquicas que empoderen a las poblaciones locales. Los anarquistas enfatizan la solidaridad internacional transfronteriza, oponiéndose al nacionalismo y a las soluciones estatistas. Argumentan que la verdadera liberación implica trascender las identidades nacionales y construir un movimiento global arraigado en necesidades y valores humanos compartidos. La libertad no se concibe como un simple acto de rebelión contra el Estado, sino como una práctica de construcción activa y colectiva, capaz de generar espacios de resistencia y creación.

Considerando las ideas de Boyarin, combinadas con el activismo y la filosofía anarquistas, se podría imaginar un futuro en el que las comunidades palestina e israelí desarrollen redes cooperativas y no jerárquicas, priorizando la coexistencia basada en el reconocimiento mutuo, el intercambio cultural y la gobernanza compartida, sin depender
de las estructuras estatales formales.

Es evidente que, lamentablemente, la implementación de un modelo sin Estado inspirado en la anarcocultura y la espiritualidad (judía y musulmana) se enfrenta a importantes obstáculos, como sistemas estatales militarizados y arraigados, presiones geopolíticas externas, un historial de violencia arraigada y graves narcisismos nacionalistas.
Muchos críticos también argumentan que las comunidades sin Estado pueden tener dificultades para defenderse de las amenazas externas. Los enfoques anarquistas suelen enfatizar la defensa comunitaria, pero la magnitud y la complejidad del conflicto israelí-palestino plantean serios desafíos.

Existen ejemplos interesantes en el Levante y Oriente Medio, destacando el modelo de gobernanza adoptado en Rojava, una región autónoma del norte de Siria, donde las comunidades locales se han organizado en un sistema de federalismo confederal basado en asambleas locales y consejos vecinales, sin la mediación de partidos políticos. Este modelo de gobernanza descentralizada y participativa se inspira en las ideas de Murray Bookchin y Abdullah Öcalan y representa un ejemplo concreto de cómo las comunidades pueden autogobernarse sin necesidad de estados centralizados ni partidos políticos dominantes.

La intersección de «La solución sin Estado» de Boyarin y el pensamiento anarquista ofrece una perspectiva convincente para reimaginar no solo el futuro de Israel y Palestina, sino también el de muchas otras realidades en todo el mundo. Al cuestionar la legitimidad de la soberanía y enfatizar los lazos comunitarios arraigados en la ética y la ayuda mutua, ambas perspectivas abogan por una sociedad basada en la solidaridad humana en lugar de la conquista territorial. Si bien su implementación práctica sigue presentando desafíos, estas ideas nos impulsan a reconsiderar los fundamentos de la justicia, la comunidad y la liberación en uno de los conflictos más persistentes del mundo.

Hoy, el anarquismo contemporáneo tiene la oportunidad de consolidarse como una práctica dinámica y multifocal, una alternativa válida a los modelos obsoletos, violentos y corruptos de soberanía estatal. Amplía su capacidad de adaptación y respeto a los contextos sociales, históricos, ambientales, culturales y políticos en constante evolución, basando sus acciones en la solidaridad local e internacional.

Gabriele Cammarata

Sicilia Libertaria #461 https://www.sicilialibertaria.it/

Traducción automática de A-Infos

Recibido el 1 de septiembre de 2025


Colaboraciones a edicionesapestosas@riseup.net


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