En el siguiente texto reflejaremos nuestra opinión sobre Irán con base en lo que se ha podido saber a través de los panfletos, llamamientos y declaraciones que compañeros que son parte de la lucha hacen circular por la red, desde que empezó el levantamiento revolucionario a fines de diciembre y principios de enero pasado. Nuestro parecer también lo desarrollaremos a partir de lo que se puede leer entre líneas en la prensa burguesa, declaraciones del propio régimen asesino de los ayatolas, como de toda la burguesía de ese país, los imperialismos y otras naciones que tienen intereses en la región. Lo anterior considerando el terrible control que el régimen ejerce para sostener su censura, multiplicada por estos días con masivos apagones de internet y redes sociales, más la revisión a mano armada del contenido de los celulares.
La solidaridad de clase internacional está en los cimientos del movimiento obrero mundial, pero, a su vez, aprender de la lucha de los hermanos de clase de otras regiones del planeta es sin duda una herramienta para afrontar los propios combates en el lugar donde estemos. En consecuencia, entregar nuestra visión acerca de lo que ocurre en un país y región que se encuentra a miles de kilómetros de donde estamos, con otra cultura y tradición, no es menos importante, pues soportamos la misma sociedad donde el motor de los acontecimientos, aquí o allá, es la lucha entre trabajadores y capitalistas, opresores y oprimidos.
Estas últimas semanas, mirando los hechos de Venezuela e Irán, se confirma cómo la mayoría de los partidos, organizaciones y dirigentes que se atribuyen representar al pueblo trabajador en el mundo, quieren continuar atrapándolo en políticas y movilizaciones que los dejen bajo el mando de alguna burguesía. Es cierto que entre quienes siguen esas políticas hay muchos luchadores honestos, que se equivocan en estar ahí, pero esas cúpulas, figura públicas, burócratas y caudillos que transmiten intereses a los cuales les acomoda la continuidad de esta sociedad de explotación, el orden establecido, en absoluto son la voz de la mayoría de los oprimidos que la sufren, que desde hace generaciones han arrastrado el peso de que no mejorará su situación de vida y que todos los días de alguna manera la ven emporar. O de quienes debido a esa misma realidad conscientemente han decidido entregar sus fuerzas para conquistar la independencia en la lucha de los trabajadores, el combustible de una nueva sociedad sin explotación.
En contra de ello, en zonas del planeta, en países o ciudades, se desatan movilizaciones de resistencia a la precarización y a la represión, o bien revueltas, levantamientos o insurrecciones espontáneas de los explotados, que aún no se han generalizado, pero salen al paso de las nuevas ofensivas del capital. El levantamiento revolucionario en Irán no ha sido la excepción.
Por muchas vías intentan que se perpetúe una política de unidad multiclasista, supuestamente contra los intereses de los carniceros imperialistas yanquis. Creemos que eso explica que, a pesar de ser el de Irán un levantamiento revolucionario histórico, su resonancia en el mundo hasta ahora haya sido reducida. Esperamos equivocarnos, pero salvo las movilizaciones que días atrás hubo en París y otras pocas ciudades y países, más la difusión que han hecho compañeros y sitios internacionalistas, la solidaridad de clase internacional no ha tenido la fuerza que un acontecimiento como este debiera tener.
Esa unidad multiclasista intenta convencer a los trabajadores y a la juventud rebelde de que el régimen fascista-genocida de Jamenei es un aliado por “oponerse” a Trump, al imperialismo yanqui y al fascista Israel. Con esto, buscan ocultar que las últimas acciones de las potencias en Medio Oriente responden, por un lado, a la disputa por el control del mundo y, por el otro, al sometimiento de la clase obrera.
Los trabajadores son la base que genera las ganancias de los capitalistas y, por ello, su lucha revolucionaria amenaza su fuente de beneficios: la propiedad privada de pozos, oleoductos, fábricas y servicios. En estos centros productivos, millones de personas dejan su vida para que un puñado de burgueses, nacionales y extranjeros, se apropie de su trabajo. En este punto no existen diferencias: frente a los trabajadores sublevados, las burguesías cierran filas completamente.
Los que descargaron una barbarie fascista en Gaza y toda Palestina: Israel, Estados Unidos, todos los imperialismos que venden armas y que con sus cancilleres o presidentes se hicieron presentes en Israel desde el día uno de la guerra, como los europeos, todos ellos avalaron la reciente masacre en Irán. Es muy probable que la burguesía iraní de los ayatolas y los suculentos negocios que han realizado con la explotación de la clase obrera y recursos como el petróleo, el uranio, etc., tras décadas en el poder, sean una incomodidad para los imperialistas de Occidente en su búsqueda de potenciar y fortalecer sus monopolios y capital financiero con intereses en el país y la región; pero su verdadero enemigo, la única amenaza, son los trabajadores en lucha; son los explotados de Irán que desde fines de diciembre pasado desarrollaron un levantamiento revolucionario.
Mucha pirotecnia y verborrea hubo de Trump mostrándose contrario a la represión del Estado iraní contra las movilizaciones; lo cierto es que el portaaviones yanqui Abraham Lincoln llegó a las costas del mar Arábigo recién el 26 de enero, es decir, después de que el régimen y las fuerzas del orden burgués ejecutaran la masacre que, en su punto culmine, duró desde el 9 al 12 de enero. Y se explica porque lo primero, para la burguesía iraní y toda la burguesía mundial, era derrotar el levantamiento revolucionario en curso. En esos momentos, las disputas por negocios pasaron a un segundo o tercer plano. Con una revolución que cada día iba creciendo en su convocatoria y en sus acciones, pese a que desde el primer momento la represión fue la respuesta, para toda la burguesía mundial la jerarquía de sus asuntos fue velar por sus intereses de clase; no se trataba de emplear alguna nueva estrategia o táctica para ganar o recuperar negocios, se trataba de que estaba en profundo riesgo la propiedad, el capital, el dominio, el régimen burgués de toda la burguesía.
Irán concentra aproximadamente un 15% de la producción mundial de petróleo y por el estrecho de Ormuz transita el 20% del petróleo que se consume mundialmente (que incluye a la maquinaria de guerra de los yanquis).
Llegado a un punto de no retorno, toda la burguesía internacional, incluyendo a Estados Unidos, apostó a que fuera la masacre, el genocidio (y en parte las políticas pacifistas, “democrático-burguesas” que lo hicieran más efectivo), el pilar principal de la contrarrevolución, de la derrota del levantamiento.
Si de ahí en más los yanquis y los ayatolas establecen un pacto, o los yanquis, utilizando mecanismos de presión, deciden lanzar uno que otro misil (una invasión se ve difícil por el precedente de Irak, más cuando en Estados Unidos se han venido dando marchas y jornadas de resistencia), todo ello pretenden que sea sobre la derrota de la revolución.
Tal fue la amenaza del levantamiento con millones en las calles de las principales ciudades de Irán, días y días de huelgas y paros en la producción, los servicios y el comercio, ocupación de universidades, revueltas, choques con la policía y los agentes del Estado, barricadas, asalto a comisarías y cuarteles, jornadas de insurrección para sacar a Jamenei y su régimen. Tanto fue el terror que sintió la burguesía de que se comenzaba a repetir el panorama de la revolución de 1978-79 contra el monarca Reza Pahlaví; tanto temía que, un escalafón más arriba, los trabajadores volvieran a generalizar por todo el país los consejos (shoras) en las fábricas, en los barrios y en el propio ejército rompiendo la cadena de mando, que no vio más salida que ahogar en un mar de sangre la revolución, corriendo el riesgo de que se iniciara una guerra civil.
La nueva consolidación de Israel aplastando otra vez a Gaza y Palestina —bastión del rechazo y resistencia a su existencia como Estado fascista y gendarme del capital en Medio Oriente— significó una guerra de exterminio (que continúa en la trastienda), costando en dos años la vida de cientos y cientos de miles y la hambruna y más inhumanidades para los sobrevivientes. En Irán, los intentos de acabar con la revolución han conllevado un genocidio que en una semana quitó la vida de más de 10 mil víctimas que se rebelaron al régimen y al Estado. Hay medios que aseguran que, a medida que pasen los días, sigan los recuentos y el sanguinario régimen lo permita, la cifra podría triplicarse y más.
Es probable que hayan conseguido aplastar el levantamiento revolucionario en Irán. Es difícil conseguir información detallada, reportes que profundicen en la situación política y social, la disposición de los trabajadores o el momento que se vive allí. Lo que sí es claro es que no solo la masacre obró para conseguir lo que pareciera ser una derrota. Los monárquicos de la oposición y los partidos y corrientes burguesas “reformistas” en algunos sectores de la movilización se ocuparon de sembrar la idea de que al régimen se lo puede enfrentar pacíficamente. Ellos contenían e intentaban convencer de que Trump y las tropas militares yanquis serían el cuerpo armado que defendería a los trabajadores en rebelión de las fuerzas del Estado iraní, que sacarían al odiado régimen de los ayatolas. Es muy seguro que así es como lograron que no hubiese una respuesta o bien una resistencia en igualdad de condiciones al brutal genocidio, el cual, como vimos, fue dejado correr por los yanquis y la burguesía mundial.
No hay que olvidar que circuló información que decía que importantes sectores de trabajadores y la juventud combativa, con una gran lucidez dentro de los acontecimientos, lograron asaltar algunas comisarías y cuarteles e hicieron llamados y comunicados para que la tropa (en un país con servicio militar obligatorio), es decir, trabajadores e hijos de trabajadores en armas, desobedeciera a todos sus mandos y se uniera a la revolución.
En ese sentido y con mucha conmoción por la suerte corrida por los trabajadores, mujeres y jóvenes oprimidos, por los explotados que dieron vida a este nuevo capítulo de la revolución en Irán, podría resultar valioso que se grabara en el inicio de toda nueva lucha revolucionaria que el enfrentamiento al régimen fascista de Jamenei y los ayatolas, al estado asesino, cuente con una autodefensa surgida desde la misma autoorganización que formen los que luchan. El arma más fuerte de los trabajadores es tener la capacidad de detener la misma sociedad capitalista que cada jornada son obligados a echar a andar para poder sostener sus vidas, de contar con el peso y la posibilidad de organizarse para derrocarla. Así lo muestra el actual levantamiento y la tradición revolucionaria de la clase obrera de Irán. Pero para defender las acciones masivas, espontáneas y las que con más organización vayan extendiéndose, es decisivo tener presente la existencia de esa defensa obrera que acerque a la formación de milicias.
Décadas atrás la revolución en Irán de 1978-79 una vez más mostró al mundo cómo los consejos con delegados de base revocables son la máxima expresión de organización y orientación de la clase obrera para su total liberación. Por sobre los oficios, los rubros y ramas productivas; los barrios, ciudades y regiones del país; por sobre el genero —pues como ahora, la mujer trabajadora ocupó un lugar central en huelgas, organización y defensa—, los trabajadores se organizaron como clase e incorporaron para la revolución a los soldados, obreros bajo armas que desacataron a sus mandos. Es cierto que aquella gran revolución no triunfó y no logró que esta región se fundara sin explotación, sobre bases socialistas; que Jomeini usurpó la derrota del monarca Pahlaví y reprimió e ilegalizó los verdaderos consejos hasta disolverlos, pero sentó una tradición que en cada nueva rebelión muestra continuar viva y confirma su total vigencia.
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A nadie debe sorprender que la corriente política mundial que apoya a las burguesías imperialistas china y rusa, a las burguesías afines a ellos como los bolivarianos y los ayatolas, declare tener el poder de decidir qué alianzas con el imperialismo (incluso los que hasta semanas atrás aseguraban que enfrentarían con guerras a grande escala); qué alineaciones con las potencias son en pro de lo que llaman “liberación de los pueblos”; y qué otras luchan, como la de Irán, son a favor de los yanquis e Israel, aunque se den con huelgas, ocupaciones, insurrecciones, justicia contra los verdugos, más acciones y demandas que desde siglos han sido inscritas en la historia del movimiento obrero mundial.
Ellos suben el pulgar cuando sus caudillos burgueses encabezan una alianza donde trabajan hombro con hombro con los mayores carniceros y opresores del planeta y lo bajan cuando la lucha de los trabajadores es tan profunda que amenaza el orden de toda la burguesía, por supuesto, también el de sus próceres.
Como era de esperar, toda la prensa burguesa continuó cubriendo las noticias relacionadas con Irán, solo centrándose en los intereses de los bandos imperialistas, sobre los miles de muertos caídos en el levantamiento que dejó la masacre. Son los voceros de los explotadores del pueblo trabajador, para quienes las víctimas de la barbarie capitalista, de sus genocidios y desigualdad social acaso ocupan un pequeño espacio en sus notas de prensa cuando necesitan tapar el desprestigio de algún burgués o de las instituciones del poder o necesitan cubrir su voracidad con “humanitarismo”.
Pero el silencio no es general. Mientras en Mineapolis continúan las marchas contra los fascistas de la ICE y Trump, en Irán las madres, familia y amigos que velan a sus muertos gritan “¡muerte a Jomenei, muerte a Jomenei!”. De ese odio de clase surgirán las fuerzas que volverán a poner de pie las jornadas donde el pueblo trabajador de Irán y Medio oriente vuelva a luchar por su completa liberación con la revolución social.
¡Total independencia de clase!
Vida, idea y acción por la total independencia de clase
Recibido el 1 de febrero de 2026



