Presentamos una nueva entrega a propósito de lo ocurrido en Venezuela desde el 3 de enero pasado hasta la fecha. Esta vez fue necesario extendernos más que en los textos anteriores, para realizar una cronología histórica, desde el comienzo de la caída del precio y la producción petrolera hasta el presente, pues ayudará a comprender de mejor manera lo que ocurre hoy. Aclaramos que esto no significa que veamos con mejores ojos al periodo anterior, donde Hugo Chávez encabezó el régimen bolivariano.
El Estado venezolano y el régimen bolivariano pueden servir al capital local, de oriente o yanqui.
Generalmente, desde los sectores que han apoyado y apoyan a Maduro y a todo el régimen bolivariano, se intenta instalar que los genocidios, los Estados fascistas, las invasiones militares, los golpes de Estado y las dictaduras militares son un exclusivo patrimonio de los yanquis y sus más cercanos aliados. Se libera de aquellas atrocidades inhumanas a los que, con los mismos objetivos, le disputan a Estados Unidos el control del mercado mundial. Y sucede que ese es el normal funcionamiento del capitalismo en el planeta, los métodos con que actúan todas las potencias y las burguesías menores. En ocasiones recurren a las instituciones de la república burguesa —es decir, a la demagogia—, para ganar tiempo, usándolo como un antifaz de que su pilar de dominación contra los explotados es el Estado; o sea, la autoridad de las fuerzas armadas y la policía.
El régimen bolivariano, una dictadura cívico-militar, desde hace más de una década comenzó a sostenerse cada vez más directamente en el Estado, en la represión, la cual paulatinamente fue agudizándose. Así fue como, con el pasar del tiempo desde la llegada de los bolivarianos al poder, le fueron siendo otorgadas funciones centrales en el gobierno, la justicia y la Asamblea Nacional a los altos mandos de las fuerzas armadas.
A medida que los bolivarianos, sus caudillos y partidos fueron acomodándose más en el Estado, y a la par de ello el rendimiento económico fue decayendo (por las bajas en la producción y en el precio internacional del petróleo), las concesiones que en sus primeros años entregaba Chávez populistamente se fueron reduciendo, quedando estas para un selecto sector de la población. Las “ayudas” de sobrevida que extendía el gobierno pasaron a convertirse en un mecanismo de control social: por ejemplo, solo a los que el régimen considera leales se les entregan cajas de alimentos y el llamado Carné de la Patria para acceder a bonos de ayuda económica.
Es un mito macabro ese que cuenta que el régimen tiene un amplio apoyo social sobre la base de las elevadas condiciones de vida que, gracias a los bolivarianos, alcanzó la población en Venezuela. La generalizada precarización de la vida entre los explotados, más un régimen que se endurecía, fue encontrando como respuesta diversas manifestaciones, revueltas y paros sectoriales contra la hiperinflación en 2014 y 2017. Pero fue a fines de 2018 e inicios de 2019 cuando la respuesta contra el régimen bolivariano tuvo su mayor fuerza, desarrollándose una situación de revuelta generalizada, un levantamiento la mayoría de las ciudades del país, con millones de jóvenes y trabajadores en la miseria total saliendo a las calles a enfrentarse con piedras, molotov y barricadas a los milicos, la policía, los servicios de inteligencia y a los “colectivos” (los grupos parapoliciales de las motocicletas).
En las jornadas de lucha de 2014 y 2017, así como en otras sucedidas bajo el régimen bolivariano, hubo asesinados a manos de las fuerzas del Estado, torturados, heridos y prisioneros; pero no fue sino en el levantamiento de 2018/19 en donde se alcanzaron cifras más aterradoras aún. Cerca de 7000 fueron los asesinatos en las calles y en ejecuciones sumarias por el Estado al oponerse al hambre, a condiciones de vida infrahumanas y a abusos inauditos de parte de la autoridad policial, militar y judicial.
Lo anterior no es un análisis tendencioso. En Latinoamérica, en el Estado español y otras latitudes, por aquellas fechas, tuvieron que dar cuenta de ello informes públicos hechos por los propios sectores políticos burgueses cercanos a Maduro y los bolivarianos. Fue tan escandalosa la sanguinaria represión que necesitaron montar una condena teatral, después de la cual el régimen siguió igual o más fuerte tras haber descargado esa masacre. Como era de esperar, desde los países con más intereses en Venezuela, no tuvieron empacho en mantener relaciones diplomáticas y continuar e incrementar los negocios (no olvidemos que hace días hicieron pataletas condenando la “violación al derecho internacional” de Trump, para enseguida acoplarse a sus planes como nuevo jefe del reparto de las ganancias petroleras en Venezuela).
Esto fue la máxima expresión de cómo se sostiene el régimen bolivariano. En él, el papel que ha jugado la “oposición” burguesa a Maduro (Leopoldo López, Guaidó, Capriles, Machado, etc.), además de velar por sus intereses políticos y económicos, ha sido el de montarse en el movimiento generado por las manifestaciones, revueltas y levantamientos contra Maduro (donde nada tienen que ver los venezolanos resentidos arribistas, burgueses en declive, de Miami o de otras ciudades del mundo) para cooptarlo por arriba, detenerlo y encauzarlo políticamente, para luego dispersarlo. De esa forma, impiden que, desde los movimientos espontáneos de masas, surgiera alguna coordinación asamblearia de acciones y demandas conjuntas que desarrollara aún más su independencia de clase hasta echar a Maduro, derrotar a las fuerzas armadas y a todo el régimen. Guaidó, Machado, etc., siempre quisieron pactar, como lo hace hoy su mayor exponente, Donald Trump. Que no nos engañen: el enemigo de los yanquis (como de toda burguesía) son los trabajadores y los pobres de la ciudad y el campo cuando se sublevan; en cambio, las burguesías bolivarianas y los imperialismos chinos y rusos solo son sus competidores.
De esta forma es como derrotaron los intentos de los explotados en Venezuela por cambiar sus miserables vidas. Además de la terrible represión, la sobrevida en Venezuela, la cesantía generalizada y —cuando se consigue algún trabajo— los salarios que todos los días deben ser complementados (a la fecha el 73 % de los hogares no cuenta con los medios para cubrir la canasta básica), tuvieron que soportar el éxodo más grande del mundo con más de 8 millones de venezolanos repartidos por el planeta. No quedó otra que aguantar al régimen que con sus aparatos estatales se impone a sangre y fuego a cualquier oposición obrera, mientras la oposición burguesa, consecuentemente, solo ha buscado pactar.
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Así construyeron sus negocios los imperialistas chinos y rusos en Venezuela, también la burguesía iraní y otras más, bajo un régimen de terror que, en la dominación política y en los métodos de control social, no tiene nada de distinto de las dictaduras militares que en los 70 y 80 Estados Unidos apoyó y sostuvo en Latinoamérica. Tan antiobrero, autoritario y reaccionario es el régimen que los yanquis decidieron mantenerlo, utilizando al mismo Estado, generales, fuerzas armadas, policía y los mismos mecanismos que ocuparon los bolivarianos para someter a los explotados y asegurar sus negocios. No necesitaron desembarcar y desplegar sus tropas; con un pacto con los bolivarianos por el orden capitalista y los negocios, han vuelto a ser ellos los líderes de la explotación petrolera y los demás sectores económicos. Tras varias llamadas telefónicas, sacar a Maduro, colocar a Delcy Rodríguez como presidenta y mandar al director de la CIA a reunirse con ella en Caracas, los yanquis tomaron el control del país porque ahora, ya no de manera parcial, el régimen bolivariano obedece a ellos.
No es algo nuevo; varias veces se ha visto en la historia de la lucha de clases cómo el mismo Estado —es decir, el aparato de represión de los capitalistas, el ejército, la policía, etc.—, que por cortos periodos sigue a gobiernos demagogos aparentando ser fiel a los trabajadores y al pueblo, de la noche a la mañana abandona apariencias y encabeza la reacción con dictaduras o con fascismo, así no cambie el color o discurso de sus líderes políticos. Porque el Estado es de la burguesía y cualquier sector de ella, se declare bolivariana o pro Trump, lo utiliza contra los oprimidos.
El perro guardián solo cambió de collar. La cruda realidad se impone y queda claro que los alaridos que emitían los bolivarianos y sus generales por el “antimperialismo”, contra “míster Danger” y contra el “olor a azufre” de los yanquis, no eran más que una pantalla para esconder sus negocios y para reprimir a todo explotado que se les opusiera bajo el pretexto de que este fuera un “gusano proyanqui”.
Existe todo un ánimo de los bolivarianos y probolivarianos en Latinoamérica y el mundo por convencer a los trabajadores y a la juventud combativa de que en Venezuela no hay un Estado asesino, que las ganancias del petróleo sostienen las elevadas condiciones de vida de los que fueron pobres, casi que se abolieron las clases y se vive en plena igualdad social; que en Venezuela se gobierna con asambleas de democracia directa y que los trabajadores, con sus “milicias populares”, son la base del régimen; que los misiles y fusiles de las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas, los revólveres de la Guardia Nacional Bolivariana y la Policía Nacional Bolivariana, las akas y escopetas de los colectivos y la formación en inteligencia de los rusos para con los aparatos de seguridad como el SEBIN, apuntaban a los yanquis. Todo ese mito se ha derrumbado hasta más no poder.
A tanto ha llegado esa campaña que hay quienes llegan a decir que los venezolanos que tuvieron que emigrar —de los cuales entre un 75 % y un 80 % trabaja en la informalidad en sectores como el comercio ambulante, la hostelería, los servicios domésticos, la construcción y el reparto a domicilio— son todos “fachos”, “gusanos de la derecha y de Trump”.
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El pacto de Trump con los bolivarianos se convierte en la última palada de tierra de una temporal derrota de los explotados en Venezuela, un nuevo paso en la recuperación del control yanqui de Latinoamérica en desmedro de las otras potencias mundiales, todas ellas que miden sus fuerzas sobre el despojo de los oprimidos.
Se pudo llegar a este punto solo porque la clase que puede oponerse a la burguesía en todos sus estatus, imperialista o local, estaba aplastada bajo las suelas de los bolivarianos e imperialismos de Oriente, también de los yanquis, que hace poco habían empezado a repuntar sus negocios allí, y de los españoles. La clase trabajadora se encontraba soportando el desastre social de un país hundido, lamentablemente con un gran número de ellos confundidos.
La revolución social no es un ideal romántico; es la búsqueda de una nueva vida para los trabajadores y sus familias, con el objetivo de cubrir todas las necesidades físicas y sociológicas que, bajo el capitalismo, son convertidas en una mercancía. Busca el fin del despojo que obliga a la esclavitud en esta sociedad organizada para la explotación, liberándose del yugo del trabajo asalariado y de la destrucción de la naturaleza, en aras de cultura, educación y arte para los pobres, quienes han sido privados de ello debido a que, en lo alto de la jerarquía social, la burguesía acumula ganancias, riquezas… capital. La revolución quiere destruir al estado que impone esos flagelos mediante la violencia.
No es producto del azar que tristemente muchos trabajadores de Venezuela vean en Trump o a la oposición burguesa venezolana una salida, si desde los bolivarianos les dijeron que revolución y socialismo es miseria, dictadura y autoritarismo del gobierno y las fuerzas armadas (muy similar a lo que ocurre en Cuba). Es una tragedia que, a los que en su momento se acercaron a conquistar una conciencia de clase igualitaria en levantamientos como el Caracazo del 89, o en las ocupaciones de fábrica de 2002 contra los paros patronales, o en cada una de las jornadas de lucha que dio de ahí en adelante les hayan distorsionado la conciencia.
Pero no todo está dicho, la clase obrera existe, con su trabajo mueve la producción y los servicios, con su espontaneidad, capaz de romper con los aparatos burocráticos y proburgueses, y con su autoorganización de abajo hacia arriba tiene el potencial de pararlos y con ellos las ganancias de los capitalistas. En Venezuela tiene una gran experiencia en ello y en ocupar las fábricas y centros de producción petrolera para atacar la propiedad burguesa. Con su autodefensa ha enfrentado cara a cara la represión más sanguinaria, muchas veces obligándola a retroceder.
Los trabajadores del mundo también tienen mucho que decir, el capital no tiene fronteras. En Estados Unidos tienen que desarrollarse las marchas, protestas y movilizaciones autoconvocadas contra el Estado y régimen yanqui asesino y secuestrador de inmigrantes, los fascistas de la Guardia Nacional, los ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) y la policía. También contra su apetito imperialista y sus ofensivas militares en todo el mundo. Lo mismo en Europa, China, Rusia, Irán, el sudeste asiático, Latinoamérica, etc.
Creemos en que solo así podrá reconstruir su movimiento y su conciencia la clase trabajadora venezolana y del mundo.
¡Total independencia de clase!
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Delcy Rodríguez y su reunión con el director de la CIA
Delcy Rodríguez se acaba de reunir con el director de la CIA John Ratcliffe, el mismo que organizó y dirigió la captura de Maduro. Toda la burguesía bolivariana aún en el poder y sus fanáticos defensores en el mundo (algunos no tuvieron escapatoria y han reculado, como la “novia de la revolución bolivariana” Eva Golinger), han dicho que fue un “acto de soberanía” porque supuestamente su presidenta está forzando a EE. UU. a negociar bajo sus términos. Su más “fuerte” argumento es que Estados Unidos “no invadió Venezuela como sí lo hizo en otras ofensivas”.
O sea, los yanquis ponen su Cuarta Flota en costas venezolanas, sin despeinarse se llevan al presidente bolivariano, el carnicero Trump declara que la nueva mujer en ese cargo “les da todo lo que piden”; que el petróleo está bajo su control; cita a una reunión en la Casa Blanca a los directores de las petroleras más grandes del mundo para organizar las nuevas inversiones en Venezuela; impone lo que él mismo llama “cuarentena petrolera” que entre otras cosas significa que todo el petróleo vendido en ese país, bajo supervisión yanqui, será para importar solo productos de Estados Unidos, pero Delcy se reúne con el más alto cargo de uno de los organismos más criminales de los pueblos trabajadores del mundo a imponerle “soberanía”.
Y el punto que dicen tener a favor de los bolivarianos es que los yanquis no invadieron militarmente Venezuela. Pero entonces de cualquier país completamente sometido a los depredadores intereses de Estados Unidos, económicos, políticos y militares (como ahora Venezuela), pero que conserve ejército propio, se puede decir que “es soberano”, solo falta un hipócrita que se atreva a decir tan terrible despropósito. Justamente, eso fueron las “repúblicas bananeras” de Honduras, Guatemala, Costa Rica, Panamá y Colombia de fines de 1800, sus ejércitos bajo el control de los yanquis desangraron esas regiones, con masacres, guerras civiles, golpes de Estado, etc., para enriquecer a multinacionales como la United Fruit Company, la Standard Fruit Company y la Cuyamel Fruit Company.
¿Qué fueron las sanguinarias dictaduras de Uruguay, Chile, Argentina y Bolivia en los ‘70? “Soberanía de los pueblos” ya que en esos países la Doctrina de la Seguridad Nacional de la CIA yanqui no necesitó invadirlos.
Por favor, con cuánto más veneno quieren seguir intoxicando a los trabajadores y jóvenes combativos que quieran luchar. El mito, el fraude bolivariano se tumba por sí solo, es un castillo de naipes.
Vida, idea y acción por la total independencia de clase
18 de enero de 2026
Recibido el 18 de enero de 2026



