El martes 16 de junio, en Roma y en otras partes, se llevó a cabo otra redada contra el movimiento anarquista, con siete mandatos de arresto para otros tantos compañeros y compañeras, varios sospechosos en libertad, registros en toda Italia y el desalojo del espacio ocupado romano Bencivenga. Además, dos compañeros fueron arrestados con el nuevo delito de «terrorismo de la palabra» (artículo 270-quinquies modificado) por la posesión de algunos folletos encontrados durante el registro.
Aunque la información filtrada por los medios es más escasa y fragmentaria de lo habitual, es bastante claro que la investigación gira en torno a algunos sabotajes de las líneas ferroviarias, y en particular al realizado el pasado 14 de febrero en la ruta Roma-Florencia, en contra de los Juegos Olímpicos de guerra de Cortina 2026.
Si bien la difamación y la desinformación de los medios contra los anarquistas no es ninguna novedad, no podemos dejar de detenernos en el nivel alcanzado esta vez por la propaganda del régimen (en particular por el inefable TG1), que resulta particularmente grotesca: «se reunían en una casa de campo como la Mafia», «planificaban la estrategia de la tensión», «tenían la intención de cometer actos de violencia», «terrorismo anarquista»… Si recordamos a estos señores que para los anarquistas la Mafia es un enemigo tanto como la autoridad, y que la «estrategia de la tensión» en este país fue implementada por el Estado, no es difícil identificar detrás de estas palabras sucias una intención muy precisa: la que condujo, en 2015, a transformar la Dirección Nacional Antimafia (DNA) en Dirección Nacional Antimafia y Antiterrorismo (DNAA). Con el resultado de que ahora se aplica a los anarquistas la misma demonización absoluta, y los mismos tratos, reservados hasta ayer a los verdaderos o supuestos mafiosos (y, además, infligidos durante décadas a los comunistas revolucionarios). Con la agravante, para los revolucionarios, de no practicar la violencia por razones de lucro o poder, sino como una especie de fin en sí mismo, por puro gusto de la destrucción o por quién sabe qué oscura pulsión de muerte. Como si miles de personas no se hubieran opuesto a los Juegos Olímpicos de invierno por razones muy claras: la presencia de los militares (en esta ocasión sin uniforme) del equipo israelí, la escolta de las bandas asesinas de ICE, la devastación del medio ambiente alpino en nombre del habitual «gran evento»… y como si estas motivaciones no hubieran sido reivindicadas, con prosa inequívoca, en el comunicado posterior al sabotaje. En cuanto a la acusación habitual de «terrorismo», creemos que Gaza ha aclarado suficientemente la cuestión – y que no puede haber más dudas sobre quién difunde el terror.
En tiempos de guerra, decía un viejo poeta, la primera víctima es la verdad.
Mientras Alfredo Cospito permanece en 41-bis como una especie de chivo expiatorio por las «culpas» de todo el movimiento anarquista, el Estado llega a criminalizar la propia intención de hacer algo para librarlo de la tortura. Mientras todavía tenemos que recuperar el aliento después de la muerte de Sara y Sandro, el Estado intenta usarlo contra nosotros.
No sabemos si los arrestados e investigados han cometido los actos de los que se les acusa. Sólo podemos repetir lo que hemos escrito muchas veces en casos similares: si son «inocentes», tienen toda nuestra solidaridad, si son «culpables», la tienen aún más.
Solidaridad con Nico, Bibi, Micol, Arnau, Stefano, Giulia, Luna, Pietro, Tony
Publicamos las actuales direcciones conocidas donde se encuentran lxs compañerxs encarceladxs:
Nico Aurigemma
Arnau Vallet Casadevall
Stefano Marri
Regina Coeli, via della Lungara 29, 00165, Roma
Micol Marino
C.C. Rebibbia femminile, via Bartolo Longo, 92 00156 Roma
Pietro Rosetti
C.C.di Forlì, via della Rocca 4, 47121, Forlì
Francesco Benedetti
C.C.Lorusso e Cotugno, via Maria Adelaide Aglietta 35, 10151, Torino



