Pedagogía incendiaria: la escuela tiene los días contados

by • 18 mayo, 2021 • Biblioteca & HemerotecaComments (0)961

Palabras preliminares

“Demasiado tiempo encerradas en lo errado. Recibiendo educación dentro de un cuadrado. Repitiendo la lección todo el tiempo sentados, humillados si queremos expresar lo que pensamos.”1

El Sistema Educativo exige cambios urgentemente. Ya terminó la hora de imitar experimentos de Skinner, Watson o Pavlov; ahora es el tiempo de entender a Freire, Robinson, Tonucci o Meirieu, por citar sólo a algunos de los nombres que recorren los pasillos y conversaciones de las salas de maestr@s. La educación debe ir a la par de los progresos tecnológicos y debe reestructurarse porque sino quedará completamente obsoleta (aún más que hoy). ¿Y sin escuelas, qué hacemos? Se preguntará alguna maestra de más experiencia. Bueno, la tiramos abajo y empezamos de cero. Prendemos fuego lo que creíamos que era inalterable, que era sagrado. Si la magnificencia del docente ya está siendo cuestionada abiertamente entonces ¿por qué no llevarlo a otro nivel? ¿Quién nos obliga a ser sacrosantos si la educación dejó de ser religiosa hace tiempo? Convirtámonos en el ejemplo a seguir de nuestr@s alumn@s, que buscan en nosotr@s no sólo contenido y conocimiento nuevo, sino apoyo, cariño y razones para seguir investigando en la vida que se les presenta a diario. Somos responsables del bienestar físico y mental de aquellas personas que, por fortuna o decisión, terminaron ocupando un banco en nuestras clases. Y no sólo le pertenecemos al presente, sino al futuro, porque esas mentes que se forman en nuestras filas son las mentes que liderarán empresas, que publicarán artículos o que propondrán cuáles son las leyes a seguir en la sociedad que gobernará cuando nosotr@s no estemos. Hay una gigantesca responsabilidad en la tarea docente que parece que poc@s ven o poc@s consideran tan relevante. Mientras tanto, este complejo sistema tiene secuestrados contra su voluntad a miles de individuos que no saben para qué están en una institución que no l@s valora o que sólo l@s identifica por un nombre, un apellido, un grupo etáreo y calificaciones, no por su valor humano. Esto es principalmente lo que debe cambiar, lo que debe hacernos notar que estamos haciendo las cosas mal. Si dejamos que la sociedad de consumo exprima a nuestr@s jóvenes con sus promesas de bienestar, con sus bellos discursos sobre lo que la misma cree que es la felicidad y utiliza a la juventud como sujetos de experimento social, obligándoles a comprar y gastar y deshumanizarse, ¿qué nos dejan a nosotr@s, si ocupan ese espacio mental para venderles productos en lugar de enriquecerles de conocimiento? ¿Cómo podemos hacerle frente a la sociedad del no-pensar, que busca que compren y se muestren pero que no reflexionen? ¿Quién nos obliga a hacer lo mismo con conductas rígidas, estrictas y con exámenes que sólo sirven para medir logros adultos? ¿Por qué no miramos más allá de las notas y de las apariencias y observamos al sujeto que tenemos por educar? ¿Por qué no sugerirle contenidos a su medida y preguntarle lo que quiere hacer para acompañarl@ en la búsqueda de ese conocimiento? ¿De qué le sirve aprender temas de memoria si después es inviable que los recuerde o que los utilice en su vida cotidiana? Sí, ya sé lo que me van a decir: que son jóvenes y no saben lo que quieren o les falta descubrir un mundo de posibilidades más allá de sus gustos. Y es verdad, no tienen todo servido, aunque parezca que sí, pero por eso mismo hay que estar atent@s e ir probando lo que podemos lograr con ell@s. La escuela DEBE ser paido y efebocéntrica, no más adultocentrismo por favor. Duran más las cicatrices de los llantos exprimidos por un mal desempeño académico o por la crítica despiadada de un docente que una buena nota escolar. Tenemos en frente nuestro a un grupo de personas con ganas, con alegría, con energía, con mucho amor para dar. Resta en nosotr@s escucharl@s, o exigirles una vida de sacrificio que no necesitan conocer. Ya no hay un Dios observando las clases y viendo si lo que hicimos está bien o mal, o un dictador inescrupuloso que exige que todas las personas aprendan por igual más allá de sus diferencias, como si su humanidad no valiera más que para sacrificarse por la Patria; ahora es nuestro turno de comprender libremente lo que sucede en nuestras aulas con l@s alumn@s. O mejor dicho en las suyas. Este es el concepto principal de la PedagogíaIncendiaria, sean tod@s bienvenid@s.

Abel Lisman


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