Sobre la propaganda anarquista y su contenido

by • 6 octubre, 2020 • Artículos, PropagandaComments (0)248

El ejercicio de propaganda siempre ha estado vinculado a la política, a la guerra y a la religión, busca la difusión de ideas, transmitir un mensaje y crear un cambio en el receptor. Pero ¿cuál sería la especificidad de la propaganda anarquista informal y de praxis?, ¿qué la dife­renciaría con la de cualquier otra agrupación política, llámese partido u otra organización formal? ¿Es importante la forma del cómo difundimos el conjunto de ideas antiautorita­rias? ¿Existen métodos más validos que otros dentro de la propaganda?

La propaganda anarquista en la larga lucha contra la dominación ha tenido múltiples formas y estrategias. Por ejemplo, podríamos remontarnos a la guerra civil española donde el uso de carteles fue relevante [1]. En otra época se optó por la estrategia de la propaganda por el hecho. Los nómadas crotos se encargaron de difundir, por medio de la palabra, las ideas antiautoritarias. También periódicos y octavillas han sido y son herramientas habituales, ahora pueden ser los medios digitales de contra-infor­mación, una canción o esta misma revista.

Por más que pasen los años el propósito de lxs anarquistas sigue siendo la destrucción de todas las formas de autoridad, por consi­guiente del Estado, entonces lo lógico es que las formas de llegar a dicho objetivo sean coin­cidentes. Así que puede resultar curioso ver que los métodos de propaganda de algunxs anarquistas sean prácticamente idénticos de quienes perpetúan las relaciones de dominio. Cuando se ve a los receptores del mensaje de la propaganda como una masa inerte, dormida, estúpida y que necesita a alguien que los guie se está actuando exactamente igual que un parti­do o una religión.

Muchas veces hemos sido testigos de prácticas lamentables, en donde se usa un lenguaje propio de una vanguardia iluminada que supuestamente posee la llave para terminar con la dominación, lo que no es más que pretender poseer la Verdad, como se puede apreciar en un fragmento de la editorial del periódico La nueva Humanidad de la ciudad de Rosario, Argentina del año 1899; “… convencer a los que no estén convencidos, de enseñar a los que no saben o que saben menos que nosotros”.

Por otra parte, se rebaja o maquilla el discurso creyendo que así se puede persuadir a más personas, pensando que éstas son idiotas e ignorantes, que no entenderían las ideas antiautoritarias o que les asustarían las propuestas que llaman abiertamente al conflicto, pero ¿cómo se pueden difundir las ideas anarquistas si no es de una forma clara?.

Pensamos que no existe la necesidad de usar consignas que rocen posturas socialdemócratas y victimistas, que utilizan un lenguaje que nada tiene que ver con el nuestro, como por ejemplo: “no es delito ser anarquista”, “contra el abuso policial”, “falsa democracia” o “contra la criminalización del anarquismo”. Lenguaje que, a todas luces, intenta entrar en el ámbito de lo legal, de lo permitido y de lo políticamente correcto, lo cual corresponde a una manifiesta contradicción si lo que se pretende es destruir lo existente por todos los medios posibles. Somos claros en afirmar que, en la confrontación permanente, no hay búsqueda posible de puntos de encuentros con la legalidad.

En relación a lo anterior, también hemos podido apreciar diversas iniciativas propagandísticas desde entornos y espacios anarquistas que apuntan al vecinx, al estudiante, al obrerx o al presx,… buscando la figura del sujeto revolucionario, entendiendo que la realidad será cambiada por un grupo puntual de la población, el cual se supone que será el motor que impulsará la revolución. Reproducir este tipo de propaganda, creemos, es adoptar alineamientos marxistas leninistas que ven a los obreros como su sujeto de cambio, forzando situaciones para adecuarlas a su rígido e inflexible programa. Por otra parte, los llamamientos del tipo “únetenos” o “síguenos” corresponden a planteamientos vanguardistas propios de partidos políticos, que priorizan lo cuantitativo por sobre lo cualitativo, e intentan vender un discurso, no importando el contenido. De lo que se trata, en definitiva, es de convencer a personas para que se adscriban a tal o cual proyecto a como dé lugar, entrando en juego la manipulación y el engaño con el sagrado propósito de engrosar las filas de la organización.

Especialistas de la propaganda: leninistas, católicos y publicistas

La especialización como fruto de la división social y sexual del trabajo y de la modernización es contraria al desarrollo heterogéneo del individuo, al coartar sus capacidades, limitarlx a solo una actividad y, en definitiva, domesticarlx para la vida civilizada. La labor propagandística no ha quedado fuera de este proceso, erigiéndose como una rama específica realizada por expertxs dedicadxs únicamente a ésta.

Por ejemplo, para los leninistas, la propaganda tiene que ser realizada por personas preparadas para ello, quienes recibieron una preparación específica y su mensaje está guiado por las directrices del partido. Lenin exigía, ya en los primeros años de la URSS, la liquidación de los todos los métodos individuales de propaganda; todo el monopolio de la información, y por ende de los medios de comunicación, era estatal. Mostrar el paraíso socialista y la entrega necesaria que tenían que dar los campesinos y obreros era el mensaje principal, crear consciencia o “despertar” a quienes aún no han tenido las maravilla de acercarse a las ideas marxistas.

Algo no muy distinto hizo la iglesia católica, que, desde sus inicios, creó diversas formas para la proliferación de la palabra de Dios: Mateo 4:16 “El pueblo asentado en tinieblas vio una gran luz, y a los que vivían en región y sombra de muerte, una luz les resplandeció”.

El adoctrinamiento religioso tiene distintas manifestaciones. La iglesia del Vaticano ha sabido sacar provecho a la propaganda, desde la arquitectura de sus enormes templos, imágenes y un largo etcétera. Por su parte, los únicos capacitados para mostrar la palabra de Dios son los sacerdotes, hombres preparados durante años para realizar esta labor. Las directrices que marcan el camino de los sacerdotes son guiadas por el santo padre mediante encíclicas. Por tanto, podemos apreciar que la iglesia católica posee sus especialistas de la propaganda, labor que no puede cumplir cualquier creyente de manera oficial, ya que los lineamientos emanados de la autoridad superior son estrictos e irrefutables.

La forma de cómo hacer un mensaje más atractivo se tradujo, dentro de la modernidad, en la publicidad, la cual nace para incentivar el consumismo. El/la publicista es unx especialista enajenadx cuya única función es mejorar la imagen de una marca para que ésta se pueda comercializar. Consideran vital que para que una campaña de publicidad tenga el éxito esperado debe ser impactante, creíble, ante todo, debe repetirse de diversas formas para que llegue al receptor.

Esta manera de hacer y entender la propaganda no ha estado ni está ajena a los espacios anarquistas, ya que por desgracia hemos podido apreciar cómo se reproducen estos mismos patrones al usar, como si fuese un producto vendible, las ideas antiautoritarias. En relación a esto, en ocasiones ha surgido la curiosa necesidad de contar con publicistas o profesionales del diseño para elaborar propaganda, evidenciando que existen sectores que utilizan estrategias de marketing para difundir sus planteamientos en donde se prioriza, entre otras cosas, por un buen diseño antes que darle contenido al discurso.

Cuando las palabras no bastaron… propaganda por la acción

A continuación haremos una breve referencia a una de las tantas estrategias de la propaganda anarquista, que ha generado múltiples tensiones y discusiones en distintas épocas.

En el año 1881 en el congreso de la Internacional Antiautoritaria celebrado en Londres, tomó de forma oficial la estrategia de “propaganda por el hecho”, en la proclama final se habló de pasar del periodo de afirmación al de la acción y de unir la propaganda verbal y escrita a la propaganda por el hecho y a la acción insurreccional. Aunque hay registros previos a esta proclama de unir la propaganda escrita y verbal a la acción, como este fragmento del periódico Le Revolte con fecha 25-12-1880 titulado “La acción”:

“Habiendo engendrado en el hecho la idea revolucionaria, es una vez más el hecho el que debe intervenir para asegurar la generalización de aquella […] Es pues, la acción la que necesitamos, la acción y siempre la acción. Al realizar la acción, trabajamos al mismo tiempo para la teoría y la práctica, pues es la acción la que engendra ideas y es ella la que se encarga igualmente de difundir por el mundo […] Pero ¿Qué acción realizaremos? ¿Parlamentos? ¿Consejos municipales? ; ¡No mil veces no! Nuestra acción debe ser la revuelta permanente, por medio de la palabra, mediante el escrito, mediante el puñal, el fusil, la dinamita[…] Todo nos sirve, todo lo que no sea legalidad”.

La propaganda por los hechos buscaba que la acción individual se hiciera colectiva, que se transformara en un acto contagioso y repetible que llamase a la insurrección. La época de los atentados tuvo su auge durante los años 1890-1900 (aproximadamente) principalmente en Europa, en donde muchos fueron los gobernantes que sucumbieron a la venganza anarquista. Esta estrategia fue muy cuestionada por varios antiautoritarios, que la veían poco efectiva en relación a los altos costos represivos que traía. Esta forma propagandística se ha expandido hasta hoy en día y, aunque no tiene el mismo impacto que en sus inicios, busca más o menos los mismos objetivos.

Vemos la propaganda por el hecho como lo que es: una forma más de difusión de ideas en la que se intentó unir la palabra y la acción, establecer una coherencia entre el dicho y el hecho. Sin embargo, somos claros en afirmar que no buscamos realizar un fetiche de la actividad armada, eso sería caer en las patéticas posturas militaristas propias de la izquierda. Cuando una forma de propaganda está por encima del mensaje, ésta ya perdió su validez. Entendemos también que el discurso anarquista necesariamente debe ir acompañado de la práctica, de nada nos sirve la grandilocuencia con un exceso de consignas rimbombantes si no va acompañado del actuar.

Una breve mención a la propaganda armada

Esta estrategia de propaganda ha sido utilizada principalmente por organizaciones político – militares de la extrema izquierda en diferentes partes del mundo, como ETA en el País Vasco, el IRA en Irlanda del Norte, el PKK en barrios urbanos de diversas ciudades de Turquía, el ERP en Argentina o los Tupamaros en Uruguay.

En las tierras dominadas por el Estado chileno esta forma de propaganda nació de los grupos políticos militares de izquierda, que poseían una fuerte presencia en distintas poblaciones de las principales ciudades del país, en donde contaban con militantes, bases y realizaban diversas actividades, entre las que se encontraba la propaganda armada, que consistía en hacer una proclama de forma pública haciendo exhibición de armas. Esta estrategia de propaganda estaba ligada estrechamente al control territorial que ejercían estas organizaciones políticas en dichas poblaciones, lo cual les posibilitaba un resguardo efectivo y la complicidad de gran parte de la población. Hoy, aunque existe presencia de organizaciones y grupos políticos en varias poblaciones de Chile levantando diversas iniciativas, creemos que resulta imposible hablar de control territorial por parte de éstas, debido, entre otros muchos factores, a que la complicidad de lxs pobladorxs ahora generalmente está con la policía y con lxs narcotraficantes.

En los últimos años grupos anarquistas han comenzado a llevar a cabo la propaganda armada emitiendo discursos con armas en mano en actividades públicas de una u otra población [2]. Creemos que este tipo de propaganda, levantada ahora por anarquistas, abre un espacio para generar un enriquecedor debate sobre la pertinencia o no de este tipo de actividad, sobre su trasfondo y sentido, siempre desde una perspectiva anárquica, rompiendo con toda la posible influencia militarista de la extrema izquierda. ¿Las palabras valen más por las armas? ¿Las armas valen por las palabras? ¿El objetivo es buscar una demostración agitativa para la confrontación o resguardar la seguridad de la manifestación?

La libertad individual y la confrontación permanente: elementos centrales en el contenido de la propaganda anarquista

Lejos y contrarixs a posturas que entienden la propaganda como una actividad específica realizada por especialistas y/o profesionales del rubro, que pretenden “vender” o promocionar una imagen, priorizando por sumar adherentes a su “iluminada” causa, apostamos por una propaganda cotidiana cuyo énfasis necesariamente debe estar en el desarrollo cualitativo de nuestra práctica rupturista, por tanto lo expresado en la propaganda y los medios para difundirla deben, inevitablemente, ir ligados con todo nuestro quehacer. En este sentido, no buscamos guiar, persuadir, ni convencer a nadie, lo que se pretende es incidir en la realidad (o realidades) social mostrando un conjunto de ideas y prácticas que alienten y promuevan la confrontación contra lo existente. Al no maquillar ni rebajar discursos, al no transformar nuestros planeamientos (asumiendo que la manipulación es una estrategia de la coerción) para que sean bien recibidos por la “masa”, en definitiva, al intentar ser sinceros y claros en nuestras propuestas, entendiendo al receptor del mensaje como un equivalente que tiene la capacidad de decidir sobre su vida, estamos viendo la libertad individual como un aspecto central e inseparable de nuestra actividad propagandística. Por tanto, no se intenta generar compromisos con el individuo receptor, ya que éste aplicará o no el mensaje de la propaganda según sus motivaciones e intereses personales. Malatesta es preciso en este sentido: “Que cada uno pruebe los caminos que crea mejores y más adaptados a su propio temperamento.”

Por otro lado, creemos que la propaganda anarquista necesariamente debe ser la propagación y la agudización del conflicto. Un llamamiento a utilizar toda la imaginación y los medios disponibles para destruir el poder en todas sus expresiones, y no existen ambigüedades en este sentido: “La propaganda de nuestras ideas se debe hacer no solamente mediante la palabra y la pluma, sino también y sobre todo mediante la acción”. – Kropotkin, Le Revolte 1879.

No vemos las ideas antiautoritarias alejadas de la insurrección y la revuelta, éstas son inseparables y constituyen un complemento indispensable que llena de contenido tanto nuestros discursos como nuestra práctica. Por lo tanto, nos distanciamos de la propaganda que no busca agitar, que no busca la confrontación y sólo se dedica a ensalzar los aspectos positivos del anarquismo, pudiendo llegar a entablar una coexistencia pacífica con el dominio. Generar espacios, instancias y momentos de desborde caótico, ese es, para nosotros, el principal propósito de la propaganda anarquista, el cual evidentemente está ligado a procesos de reflexión y desarrollo cualitativo.

Por último, resulta importante visibilizar la propaganda en la calle, tener una constante presencia en ésta para que se vea y se sienta nuestro discurso, no importando si se le da o no importancia a éste. Al tomar los espacios para realizar tal o cual actividad estamos uniendo la palabra y la acción, lo que representa un aspecto fundamental de la propaganda anarquista.

Publicado originalmente en la Revista Kalinov Most # 2, abril 2018


Notas:

[1] Los carteles, principalmente de la CNT-FAI, representaron importantes herramien­tas de propaganda no solo para rechazar al fascismo, sino que también para llevar a cabo el proceso revolu­cionario en el plano colectivo e individual.

[2] En Grecia podemos apreciar también ex­presiones de propaganda armada por parte de grupos anarquistas en manifestaciones realizadas contra nar­cotraficantes de barrios específicos. En éstas las armas tienen como utilidad la protección de la manifesta­ción de los ataques de grupos de narcos.


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