La potencia de la gráfica anarquista. Los trabajos de Clifford Harper

by • 4 agosto, 2020 • Artículos, Coyuntura política, Entrevistas, Historia anarquista, PropagandaComments (0)812

En contadas ocasiones, las redes sociales o internet nos acercan aspectos interesantes. Hace cinco años nos topamos – vía alguna búsqueda random – con una imagen que nos llamó poderosamente la atención. Más que una imagen era, en realidad, una ilustración de estilo xilográfica, monocromática y con trazos bien definidos; donde nos mostraba a un puñado de trabajadores en overol, con periódicos de la IWW y agitando alguna consigna o llamando, tal vez, a la rebelión. Aludía, luego lo supimos, a la histórica Huelga General de 1913 que estalló en la fábrica de neumáticos Akron, ubicada en Ohio (Estados Unidos).

Ese primer impacto que nos causó encontrar una estética proletaria en tiempos dónde el “obrerismo” y la estética clasista parecen incomodar a las nuevas formas de hacer política de la izquierda contemporánea – o por lo menos a un sector – fue, sin duda, conmovedor. Poco a poco, tirando del hilo digital que nos ata a la virtualidad, dimos con el nombre del autor: Clifford Harper. Y comenzamos a descubrir algunas cosas. La primera de ellas era que no se consideraba a sí mismo como artista, sino como un “trabajador calificado, un artesano”; la segunda, que provenía de una familia de trabajadores y que era militante anarquista; y finalmente, que continuaba activo y prolífico.

Pero si es que necesitábamos algún motivo extra para escribir sobre él, fue haber descubierto que algunas de sus ilustraciones eran reproducidas sin cita en varios lados, incluida alguna publicación de Argentina de bastante circulación en ambientes militantes de izquierda. No nos importaba el Copyright (como creemos que tampoco a Clifford), sino que se pueda conocer su trabajo, tan poco divulgado en el sur de América Latina.

Clifford Harper accedió muy amablemente a responder varias preguntas desde el otro lado del mundo a dos desconocidos que, aún sin provenir del mundo de la plástica o del arte, se interesaban por su trabajo. Preguntas que aquí compartiremos en forma de relato y que son el verdadero corazón de este artículo.[1]

Conociendo a Clifford     

Clifford Harper nació en un hogar obrero de Chiswik, en el oeste Londinense de la post guerra, un 13 de julio de 1949. Su padre era cartero y su madre cocinera.

Sabemos que con 13 años las autoridades escolares lo expulsan de la educación formal y que, siendo apenas adolescente, realiza variados trabajos para sobrevivir hasta que, a los 16 años, ingresa como aprendiz en una imprenta. A mediados de los años sesenta aún no existían los sofisticados programas de diseño o edición para computadoras; deberá, entonces, aprender el oficio manual desde cero, como él lo cuenta:

“(…) todo era hecho a mano. Aprendí allí habilidades y técnicas muy precisas y cómo ser paciente para producir de acuerdo con las precisas instrucciones. Por eso, mi trabajo es altamente detallado y con finas terminaciones (…)”

Aprendiendo el oficio llegará el turbulento 68; año de revueltas en Europa, de barricadas y de sueños de libertad, del inicio de un ciclo de luchas donde las ideas de Bakunin eran redescubiertas por la juventud.

Con menos de 20 años, Clifford abraza el anarquismo, renuncia al trabajo en la imprenta y se va a vivir a okupas libertarias. Después de un tiempo en una experiencia en Cumberland, participa en una Comuna en Eel Pie Island, sobre el río Támesis, cerca de Richmond, Surrey.

Una pequeña Comuna donde se intentaba vivir como se pensaba y donde la primera regla será la vieja máxima socialista: “de cada quien, según sus posibilidades, a cada quien según sus necesidades”. Y los y las militantes irán ofreciendo lo que saben. El joven y autodidacta trabajador gráfico aportará lo suyo. Y será un trabajo febril. Hará dibujos, carteles, maquetaciones e ilustraciones para el movimiento. Ávido e inquieto, seguirá aprendiendo técnicas.

Nos dirá de esa experiencia que:

“(…) Cuanto más hacía, mejor me salía. Cuanto mejor lo hacía, más pedidos de trabajo recibía (…)”.

La experiencia duró varios años, pero hacia fines de la década del 70, se fue agotando la posibilidad del trabajo independiente por fuera de los canales comerciales.

Comenzará entonces para Harper una extensa carrera profesional donde desarrollará lo aprendido de diversas formas y plataformas: ilustraciones para revistas y periódicos nacionales, portadas de libros, exposiciones.

Sus trabajos serán publicados en The Guardian, The Times Saturday Review, Oxford University Press, Penguin Books, Vogue, Radio Times, National Union of Teachers, The Daily Telegraph, The Independent, BBC Worldwide y decenas de medios más.[2]

Particularmente intensa y constante fue el trabajo de C.H. en The Guardian, que se extendió durante casi 20 años.

Por supuesto, durante todo este tiempo, Clifford participó, impulsó y colaboró solidariamente en cientos de trabajos para el movimiento anarquista, obrero y de izquierda.

Arte y alienación[3]

“(…) En primer lugar, debo decir que no me llamo artista. Soy un trabajador calificado y artesano. Rechazo el mundo del arte porque es irremediablemente corrupto y descomprometido. El arte y los artistas están encerrados en el mundo del dinero, la fama y el ego; y el arte se ha convertido en ocasiones en enemigo del pueblo. Por supuesto hay muchas excepciones a esto, hay muchos artistas quienes trabajan dentro de la lucha, pero el arte en general sirve a la clase dominante y no a la gente (…)”. Clifford Harper

Tal vez por esto, su estética puede ser de estos tiempos o bien puede remitirnos a principios de siglo XX y a los pintores que ligaron su trabajo artístico a las miserias que iba sembrando el desarrollo industrial capitalista.

Clifford reconoce como sus principales influencias al pintor, grabador, ilustrador y escultor anarquista suizo Felix Valloton (1865-1925); al pintor impresionista francés Camille Pissaro (1830-1903), también simpatizante ácrata; y al pintor impresionista alemán antifascista George Grosz (1893-1959).

Pero a el artista que realmente siente como su inspiración más importante y como a su verdadero Maestro es al belga Frans Masereel (1889-1972), xilografista, pacifista y colaborador de la prensa libertaria y social de la época. Masereel descreía de la palabra y prefería que la ilustración se presentara sin texto.

Harper se siente heredero y solidario con esa tradición del autor de “Historia sin palabras” y nos dice:

“(…) todos, excepto los ciegos, pueden ver. Y una imagen funciona muy rápidamente: lo ves, se te mete en la cabeza y lo entiendes; todo en una fracción de segundo. Con el texto es muy diferente, las palabras pueden mentir. Las imágenes han estado con nosotros desde el principio, el texto en cambio solo tiene unos pocos cientos de años, y por mucho tiempo pocas personas sabían leer (…)”.

Clifford remarca que no siente cercanía con el arte actual, pues lo considera elitista y alejado de los gustos y necesidades de la clase trabajadora; y sueña con poder volver a acercar el arte a la clase obrera, volverlo comprensible, sincero, comprometido.

“Las tareas en el anarquismo siguen siendo las mismas de siempre: agitar, educar y organizar”

En la vida y en el trabajo de Clifford el anarquismo se nos presenta como una esencia fundamental; sería imposible separar al artesano del militante, al ilustrador del activista setentista. Su obra y su ideología se sostienen en un mismo haz, como un solo trazo.

Entre los años 68 al 74 militó activamente en el movimiento Okupa londinense, integrándose a All London Squatters, participando en ocupaciones en Camden, North London, Stepney Green, East London o Peckham.

Eventualmente militó en la IWW[4] en diversos conflictos, fue un asiduo colaborador de Freedom Press[5] y un entusiasta organizador de diversas ediciones de la London Anarchist Bookfair[6] que contó en muchas de sus ediciones con el sello de Clifford en su propaganda y portadas, donde intentaba mostrar una imagen positiva y constructiva del anarquismo. Fueron, en la consideración de Harper, unas de las experiencias más agradables y placenteras de las que le tocó participar.

Durante los últimos 50 años, los trabajos de C.H. estuvieron estrechamente relacionados con la militancia anarquista; de tal forma que son difíciles de cuantificar, sobre todo en países de lengua no inglesa; donde aún no se han divulgado como se lo merece.

Muchas veces las necesidades militantes y las urgencias del activismo diario desprecian la propaganda creativa y el diseño cuidado. Clifford lo explica cuando nos cuenta que:

“(…) he tenido que lidiar a veces con una mala comprensión de la importancia de la creatividad en el campo de la propaganda; por lo que a menudo hubo que dar toda una lucha para que este trabajo sea aceptado. Ahora las cosas son muy diferentes y hay tremendos trabajos creativos que se realizan en todas partes (…)”.

Estas dificultades influyeron para que Clifford, un convencido defensor de la necesidad de la organización desde el anarquismo, decidiera dejar de actuar “como un constructor, sino que prefiero la libertad de trabajar al lado y no dentro de la organización”. Aunque se apura a aclarar:

“(…) siempre acepto y aceptaré el trabajo de los anarquistas. Prefiero dar mi tiempo y mis habilidades para quien las necesite, colocando la unidad primero y las diferencias donde pertenecen: en el basurero (…)”.

Palabras finales

A sus 71 años, Clifford Harper sigue colaborando con las publicaciones anarquistas, de izquierda o de trabajadores que le soliciten su trabajo y de acuerdo con sus actuales posibilidades y ha creado su propia página digital y editorial: Agraphia Press.[7]

Muchas de sus imágenes son compartidas por nuevas generaciones que no conocen su historia y trayectoria.

Sus trazos definidos y amorosos pueden verse en carteles, murales, portadas de libros, volantes, remeras, pins o stickers; la mayoría de las veces sin que se conozca el nombre de su autor.

En su monumental e inspirador libro Anarchy, a graphic guide, escrita e ilustrada por él en 1987, dejaba entrever su confianza en el ideario y la práctica libertaria, intentando llegar a un gran público, a la clase trabajadora; mostrando la simpleza y profundidad del anarquismo, sobre todo su lado constructivo y positivo.

En este sentido, queríamos cerrar esta nota con la propia voz de Clifford, con su optimismo y perspectivas actuales:

“Mi énfasis está puesto en la propaganda, en mostrar claramente el verdadero significado y posibilidad del anarquismo. Necesitamos hacer ver a la gente que el anarquismo es deseable y alcanzable, y que nuestras ideas deben ser vistas como atractivas y positivas. Nuestra historia muestra que esto se puede hacer y que las personas llevan consigo la necesidad y el deseo de libertad, porque el anarquismo proviene de la propia clase trabajadora”.

Mariana Frega y Hernán Langiotti

Fuente: https://www.revistaposiciones.cl


Notas

[1] Agradecemos el trabajo de traducción de Pablo Abufom Silva que hizo posible superar nuestras limitaciones idiomáticas en la comunicación con Clifford Harper.

[2] Se puede acceder al listado completo de sus contribuciones en publicaciones en: https://peoplepill.com/people/clifford-harper/

[3] Título del libro del historiador y crítico de arte libertario Herbert Read (1893-1968)

[4] La mítica IWW (Industrial Workers of the World), fundada en Estados Unidos en 1905 tenía una perspectiva internacional y llegó a constituir secciones en lugares como Australia, Inglaterra, Canadá, Chile, Nueva Zelanda, México o Alemania. Los “wobblies”, como son conocido/as sus adherentes, desarrollaron una militancia sindical de acción y democracia directa, independiente de gobiernos y patronales. En su constitución confluyeron anarcosindicalistas, sindicalistas y marxistas revolucionarios. En la actualidad, absolutamente identificada con el anarquismo, sigue existiendo; aunque vio claramente reducidas sus dimensiones e influencia.

[5] Fundada en 1886 a partir del célebre periódico Freedom, es la editorial anarquista más longeva de la actualidad. Entre sus impulsores, se destacaron Piotr Kropotkin, Charlotte Wilson y, a partir de los años treinta Vernon Richards.

[6] La primera edición de la conocida Feria del Libro Anarquista se llevó a cabo en 1983 y se mantiene ininterrumpidamente hasta la fecha.

[7] http://agraphia.co.uk/


Propaganda y “consenso” en el actual sistema

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