Desde la tierra (cuento sobre el despojo de tierras en México)

by • 30 julio, 2020 • Antidesarrollismo, Artículos, Liberación animal y de la TierraComments (0)374

Un día llegaron hombres vestidos de traje y mujeres de alto tacón. Nosotras estábamos jugando en la plaza cuando vimos como se acercaron a nuestras casas. Con grandes herramientas midieron el terreno, hicieron pruebas en el agua y una que otra consulta a las personas del pueblo, bueno en realidad fue a los extranjeros, que son quiénes administran casi todas las tiendas del centro de nuestro hogar. Pasaron a nuestro lado, pero a nosotras nos nos vieron, le lanzaron unas monedas a Doña Naya, aunque no se las pidió. Ella sólo estaba recostada en la banqueta de la plaza, tomando el sol con las brazos extendidos. Después de jugar durante toda la tarde, regresábamos a nuestras casas cuando vimos, como los hombres y mujeres se iban del pueblo.

Tres meses después escuchábamos a través del televisor de mi madre, hablar sobre un proyecto moderno que pretendía cubrir prioridades de las comunidades y pueblos indígenas. Nos sorprendimos cuando nuestro pueblo fue mencionado, así que ese mismo día la comunidad comenzó a llamar a una reunión, para articular el proyecto del que ya se hablaba nacionalmente. Los hombres de la televisión decían, que el proyecto mejoraría la calidad de nuestras vidas, de nuestra población, de nuestra comunidad. Que por fin habría comunicación y conectividad con toda la República.

—¿Quién carajos quiere estar en conectividad con toda la República?— decía mi padre.

Al principio nosotras nos reíamos y con el entendimiento de niñas de 10 años, intentábamos de cierto modo compartir su enojo. Mi madre lo miraba y ambos se tomaban de la mano.

Días después, los hombres y las mujeres de traje volvieron para seguir recorriendo nuestro pueblo, pero no hablaron con nosotras. Se acercaron a nuestra casa, pero jamás tocaron a nuestra puerta. Tomaron unas fotos y se fueron nuevamente. Le pregunté a mi padre sobre el porqué de la ruta ferroviaria, pero no obtuve respuesta, le pregunté el porqué de la necesidad de pasar por nuestra tierra, pero no obtuve respuesta. Por último le pregunté qué si al pasar por nuestra casa, los hombres nos darían dinero para poder vivir durante unos años, él me respondió:

—Carmen, ya no eres una niña, debes entender que estos hombres solo quieren una cosa y eso es dinero, ellos jamás nos darán algo a cambio, ni siquiera si tu vida se interpusiera—.

Mi mamá se unió a la conversación.

—No importa cuantas veces digan y repitan que es por nuestro bien, ¡TU JAMÁS LES CREAS!—

—No importa cuantas veces te hablen del desarrollo económico y social, ¡TU JAMÁS LES CREAS!—

No importa cuantas veces… y así siguió durante un largo rato, al final terminó diciéndome…

—Y si tu padre y yo no estamos para resistir, tu debes hacerlo por ti y por el bien de nuestra comunidad—.

Esa tarde no me quedaron más dudas, no tenía que ser grande para darme cuenta que durante toda mi vida, la de mis padres y la de mis abuelos, siempre había habido hombres forzándolos a huir de sus tierras, de sus raíces, de sus hogares. Que nuestro pueblo, pese a lo que decía la historia mal llamada oficial, no estaba condenada a terminar bajo el desarrollo, o mejor dicho bajo la explotación.

Mi abuela decía que la única forma en la que la pobreza se terminaría, sería cuando se deshagan de nosotras las pobres, cuando los y las campesinas nos prestemos a trabajar para ellos en las pequeñas industrias sin derechos y desprendidos de nuestra esencialidad. Pero que siempre y cuando haya personas que como nosotras luchen hasta el final por defender la dignidad humana, este mundo seguirá valiendo la pena.

Ellos, esos hombres y mujeres deseosos de poder querían nuestro pueblo, porque supieron de nuestra zona minera rica en oro, quisieron nuestra riqueza natural y no toleraron que no la compartiéramos con ellos. Parece que las grandes empresas no han aprendido que nosotras no queremos su dinero, nosotras queremos sabernos felices y vivas. Sus vías férreas no quieren construir desde el entendimiento, lo hacen desde la imposición y el ordenamiento. Desde el daño ambiental, el daño social y la denigración humana. Desde la globalización empresarial, desde la industria militar, policial y política. Desde la ocupación, desde la explotación y desde la proliferación. Quieren arrebatarnos nuestro territorio, el territorio que hemos trabajado durante años para ganarnos la vida, nos roban y nos reprimen porque no queremos dejar de ser libres. No quieren que usemos nuestra lengua porque no la entienden, nos criminalizan por ser pobres y quieren ser nuestros salvadores. No se dan cuenta que no necesitamos que nos ayuden, lo que necesitamos es que dejen de pensar que ellos son quienes nos otorgan la dicha de estar vivas. Ellos no solo están aquí para ganar concesiones mineras, quieren desmantelar los territorios comunales, quieren contaminar lo acuíferos, quieren sembrar alimentos transgénicos, construir parque eólicos, desarrollar algo llamado eco turismo. Nos encierran, nos encarcelan, nos desaparecen, nos asesinan y todo por generar mas dinero.

Han pasado seis meses desde que empezaron las revueltas campesinas en el sur de México y ahora más que nunca, ellos saben que no estamos dormidas. A ellos les respondemos; ni nuestro pueblo, ni nosotras somos territorio de conquista, nuestro pueblo no esta en venta y no lo estará jamás. Nuestra comunidad no se detendrá hasta sabernos libres, no importa cuantas veces quieran alejarnos de ella, nosotras seguiremos luchando por el bien comunal. Nosotras no vamos a dejar que nos sigan desplazando y cuando ellos lleguen a quitarnos con armas la tierra, nosotras responderemos con resistencia.

FIN

Karla Fernanda Corona de la Garza 

Recibido el 28 de julio del 2020

Sobre la autora

“Soy una morra libertaria amante de la anarquía y la libertad del ser humano. A través de las letras me gusta expresar las múltiples formas de resistencia y sobre todo de desobediencia. Creo fielmente que, a este desorden social hay que tumbarlo con nuestro discurso literario y nuestra práctica violenta. Soy latinoamericanista y estudiante de derecho. Mis trabajos de investigación están centrados en la violencia en Centroamérica.”

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