Esbozo sobre la articulación de la desarticulación

by • 6 mayo, 2020 • Artículos, Coyuntura política, Filosofía, PoderComments (0)260

“Solo cuando ha ocurrido algo irrevocable podemos intentar trazar su historia retrospectivamente.

El acontecimiento ilumina su propio pasado y jamás puede ser deducido de él”

Hannah Arendt, Comprensión y Política.

El acontecimiento que ha transitado desde octubre a la fecha en el territorio chileno, no solo debe ser pensado como fenómeno operacional, es decir, dentro de la constelación teo-economía y su práctica tecnocrática que ha desplegado el sistema capitalista tanto en su aparataje de dominio institucional-gubernamental, como en su hegemonía biopolítica. Sino que, aún más principialmente, el acontecimiento se ha presentado como fractura de aquello comprendido como realidad circundante, como espacio escénico.

Ahora bien, el acontecimiento irruptivo, trae consigo una apertura de sentido total. Es decir, la fractura en la realidad, a la vez que destituye un sistema de signos y significaciones normalizados y normativizados, constituye una aperturidad hermenéutica en lo social. Desde este lugar, se desprende una condición ontológica y epistemológica radical, a saber: el acontecimiento de octubre se presenta como un nuevo ἀρχή (arché). Esto es, un nuevo punto a partir del cual se devela una serie de significaciones que re-ordenan el espacio social.

Comprender el acontecimiento en clave de ἀρχή, supone dos elementos que, para la filosofía pre-socrática, articulaban la realidad (el ser). Por un lado, el ἀρχή se constituye como origen de aquello que es y aquello con lo que interactuamos; por otro, es el fundamento que subtiende dicho espacio personal e interpersonal. En este contexto, el acontecimiento irruptivo de octubre ha develado un nuevo sentido de lo real o, dicho de otro modo, ha articulado lo real desde una desarticulación radical. Esto, principalmente, a partir de cuatro instancias que revisaremos a continuación: temporalidad, espacialidad, tecnicidad e imaginación.

Temporalidad

La cotidianidad de la existencia es marcada según su pauta temporal, que no solo permite un auto-reconocimiento, sino que devela un mundo interpersonal y poblado de alteridades. Como señala Sartre, la temporalidad se da a la existencia como la estructura que conduce la relación del para-sí con el en-sí. Es, en efecto, el medio más íntimo que posee la conciencia para su proyección en la realidad[1].

Por lo tanto, nos encontramos y reconocemos en un mundo circundante a partir de la capacidad temporal de la existencia. Sin embargo, como esta capacidad es condición para situarse en el mundo, se naturaliza y neutraliza en un hacer mecánico acrítico. En este contexto, el acontecimiento de octubre ha desarticulado la corriente temporal, pero no en clave mecánico-espacial del tiempo, en el sentido, por ejemplo, del cambio en trayectos, mayor demora en viajes, etc. La temporalidad que se ha fracturado es aquello que el mismo francés denomina temporalidad originaria, es decir, el ritmo existencial mediante el cual (nos)comprendemos.

Ahora bien, es preciso señalar una cuestión clave. La noción de ritmo no solo marca la pauta sobre el modo en que interactuamos, sino también tensiona la forma en que nos proyectamos en un determinado contexto. En nuestro caso, lo que abre la irrupción del ritmo existencial es, justamente, la comprensión de nuestra sociedad bajo una nueva lógica, una nueva temporalidad de vida. Nuevamente, una temporalidad que no es el cambio matemático que impugna Aristóteles a Zenón de Elea, es decir, una temporalidad actual, sino que es aquella temporalidad potencial, aquella posibilidad infinita de ser, una temporalidad en sentido rítmico-imaginal que nos sitúa en un nuevo espacio posible.

Espacialidad

Heidegger señala “que detrás del espacio no hay nada más a lo cual éste pudiera ser reducido. Y delante de él no hay desvío que lleve a otra cosa”[2]. Dicho de otro modo, el espacio es la totalidad de sentido desde el cual es posible comprender la realidad, por lo tanto, el espectáculo hace del espacio un modo de captura de lo posible, una re-presentación de la totalidad de sentido.

No obstante, a la vez que la espacialidad es la totalidad de sentido, la fractura temporal abre un nuevo sentido respecto de la espacialidad. Esto ha quedado demostrado notablemente desde octubre. Muestra de esto es la notable acción iconoclasta en contra de las figuras, estatuas y memoriales a personajes militares, históricos y/o políticos que la racionalidad chilensis valora como mártires, ídolos o héroes. Otra muestra ilustrativa es el re-nombramiento de espacios icónicos, como Plaza de la Dignidad (popularmente Plaza Italia) o Plaza de la Revolución (antiguamente Plaza de Maipú). O bien, el re-pensar la ciudad como un gran lienzo sobre el cual se plasman consignas sociales, epitafios, denuncias, cantos o, incluso, funas.

Todo ello da muestra de una re-flexión respecto de la espacialidad, es decir, a diferencia de la temporalidad, que se fractura de raíz, la espacialidad, posterior a un devenir rítmico en la vida, se dobla sobre sí mismo para presentarse como un nuevo espacio. Es necesario que siga esta lógica, pues, como se observa en cada ejemplo, el espacio re-flexionado se erige sobre uno que ha sido superado, trascendido, re-significado. Dicho de otro modo, la espacialidad sigue siendo la totalidad de sentido, como señala Heidegger, solo que, esta vez, esta totalidad de sentido se encuentra articulada desde un uso determinado. De allí que sea posible re-pensarlo, re-significarlo y re-flexionarlo.

Tecnicidad

La utilización del espacio no es nada nuevo. Basta recordar a Ortega y Gasset, quien señala que el humano es un animal para el cual sólo lo superfluo es necesario, y la técnica es el medio de producción de lo superfluo: hoy y en la época paleolítica[3]. El animal se define como ser atécnico, puesto que se contenta con vivir y con lo objetivamente necesario para existir, el hombre por su parte, es animal técnico, porque el existir solo tiene sentido cuando se identifica con el bienestar, por ello es a nativitate técnico, creador de lo superfluo[4].

En este sentido, el humano produce una serie de quehaceres no biológicos que llama “vida humana”. Ortega afirma que “esta nueva vida trasciende la realidad natural, no le es dada como le es dado a la piedra caer y al animal el repertorio rígido de sus actos orgánicos (…), sino que se la hace él, y este hacérsela comienza por ser la invención de ella”[5]. Efectivamente, la humanidad se relaciona con el medio transformándolo, moldeándolo y definiéndolo según su cosmovisión. Pero, este relacionarse es posible solo gracias a la tecnicidad inherente a lo humano, pues el humano devela la realidad de una manera técnica[6].

Ahora bien, la irrupción de octubre, nuevamente, nos muestra una originalidad radical en su articulación interna. La tecnicidad que ha dado movimiento a este acontecimiento -y que muchas veces ha sido utilizada por la clase política para tachar de terrorismo o delincuencia- ha mostrado una novedad respecto a lo que se venía mostrando en las revueltas sociales.

Lo más inmediato, es la denominada Primera Línea y su tecnicidad. Independiente si existe una organización previa, una articulación rigurosamente delineada, o bien, si es expresión espontanea (pulsional, como peyorativamente señaló Carlos Peña), independiente si hemos participado o no, lo que constituye a este grupo es su tecnicidad con la que opera. Al igual que las revueltas en Hong Kong y Francia, la revuelta social chilena adoptó estrategias, movimientos y mecanismos determinados para dar respuesta a la represión de un Estado militarizado como es el chileno.

La tecnicidad, en este contexto, es un modo de volver a ver el medio en el cual nos desenvolvemos, y, entrelazándose con la espacialidad, adopta significados propios de su movimiento, ejemplo de ello es que existan lugares específicos para enfrentar a la policía, como también existen espacios determinados donde se encuentran los voluntarios de salud para prestar ayuda. Es decir, se produce una abertura sobre lo establecido como cierto, como dado-siendo, por tanto, se traza la grieta que abre la imaginación de posibles, de nuevas significaciones, nuevos ritmos y nuevos lugares para ser(nos).

Imaginación

En efecto, lo que concatena los sucesos de octubre a la fecha, es la constatación de una nueva perspectiva respecto de nuestra existencia. La imaginación, por tanto, ocupa un lugar primordial, pues imaginar es pro-poner un objeto al margen de la totalidad de lo real (en tanto actual), es, pues, tener a lo real a distancia, liberarse de ello, negarlo, y negarlo es constituir proyectadamente la conciencia, pues, como nos dice Sartre “la tesis no se superpone a la imagen, sino que es su más íntima estructura”[7].

En este sentido, presentificar imaginalmente lo irreal, no implica caer en un proceso de fantasía, puesto que, producto de la estructura tempo-constituyente, toda conciencia que imagina está en situación en el mundo. Es por ello que “la imaginación no es un poder empírico y superpuesto a la conciencia, sino que es toda la conciencia en tanto que realiza su libertad (…) toda situación concreta y real de la conciencia en el mundo está llena de imaginario, en tanto que siempre se presenta como una superación de lo real[8].

En efecto, imaginar es constituir la realidad como dada-ausente, dicho de otro modo, el contenido ausente imaginado se constituye presentificándolo como nada[9]. La presentificación de lo posible es, por tanto, la proyección temporal de la conciencia, puesto que su sentido se desprende téticamente hacia una tesis imaginal, posible, una posibilidad de presencia en tanto no es la constitución tética de su actualidad y contingencia. Es decir, la imaginación trae a presencia un nuevo orden de coordenadas para existir en un plano interpersonal. Dicho de otro modo, la imaginación es el subsuelo desde donde se erige la desarticulación de lo presente como realidad contingente (aquello que hasta el 18 de octubre se creía un orden definitivo) y abre la posibilidad de imaginar un nuevo sistema de signos y significaciones que constituyen tanto la individualidad, como las relaciones interpersonales dentro del espacio que nos re-une.

* * *

Ahora bien, si la temporalidad, espacialidad y tecnicidad se restituyen como elementos irruptivos de la normatividad/normalidad en la potencia imaginativa, cabe preguntarnos sobre la dirección de esta imaginación. Si bien su sentido es la aperturidad de posibles, la dirección a la cual se dirige la imaginación, dentro de una sociedad institucionalizada como lo es la sociedad chilena, debiera ser, precisamente, el traer a presencia un nuevo orden institucional.

La presentificación de un nuevo orden, de una nueva forma de existir, es aquello que el acontecimiento ha des-cubierto. La necesidad de constituir un espacio vital renovado, re-situado lejos de la normatividad capitalista, pues, este es un sistema radicalmente opuesto a la imaginación, a la potencia irruptiva que ha despertado (en) nuestra sociedad. En efecto, tal como señala Agamben, el “capitalismo, (…) es tal vez el poder más anárquico nunca existido, en el sentido literal de que no puede tener ningún arché, ningún inicio ni fundamento”[10]. El capitalismo es radicalmente destrucción y depredación de recursos naturales, es explotación y dominio de los cuerpos, pues “el capitalismo (…) no apunta a la transformación del mundo, sino a su destrucción”[11].

Sergio González Araneda

Santiago, Chile

Recibido el 5 de mayo del 2020


Colaboraciones a edicionesapestosas[arroba]riseup.net


Notas

[1] SARTRE, Jean-Paul. El ser y la nada. Trad. J. Valmar. Editorial Altaya, Madrid, 1993, pp. 70-77.

[2] HEIDEGGER, Martin. El arte y el espacio. Trad. J. Escudero. Herder Editorial, Barcelona, 2009, p. 19.

[3] ORTEGA Y GASSET, José. Meditaciones de la técnica y otros ensayos sobre ciencia. Revista de Occidente, 1982, p. 35.

[4] ORTEGA Y GASSET, José. Meditaciones de la técnica, p. 35.

[5] ORTEGA Y GASSET, José. Meditaciones de la técnica, p. 44.

[6] HEIDEGGER, Martin. Filosofía, ciencia y técnica. Trad. F. Soler. Editorial Universitaria, Santiago, 2017, p. 85.

[7] SARTRE, Jean-Paul. Lo imaginario. Trad. M. Lamana. Editorial Losada, Buenos Aires, 2005, p. 252.

[8] SARTRE, Jean-Paul. Lo imaginario, p. 257.

[9] SARTRE, Jean-Paul. Lo imaginario, p. 252.

[10] AGAMBEN, Giorgio. Para una teoría de la potencia destituyente. El capitalismo como religión, Trads. V. Alba y A. Cruz. Editorial Nocturnidad, Santiago, 2019, p. 37.

[11] AGAMBEN, Giorgio. Para una teoría de la potencia destituyente. El capitalismo como religión, p. 29.


Bibliografía

AGAMBEN, Giorgio. Para una teoría de la potencia destituyente. El capitalismo como religión, Trads. V. Alba y A. Cruz. Editorial Nocturnidad, Santiago, 2019.

HEIDEGGER, Martin. El arte y el espacio. Trad. J. Escudero. Herder Editorial, Barcelona, 2009.

HEIDEGGER, Martin. Filosofía, ciencia y técnica. Trad. F. Soler. Editorial Universitaria, Santiago, 2017.

ORTEGA Y GASSET, José. Meditaciones de la técnica y otros ensayos sobre ciencia. Revista de Occidente, 1982.

SARTRE, Jean-Paul. El ser y la nada. Trad. J. Valmar. Editorial Altaya, Madrid, 1993.

SARTRE, Jean-Paul. Lo imaginario. Trad. M. Lamana. Editorial Losada, Buenos Aires, 2005.


La autoabolición del proletariado como el fin del mundo capitalista (o porqué la revuelta actual no se transforma en revolución)

Apuntes contra las separaciones

Imaginarios y discusiones en torno a la “primera línea”

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