¿Por qué All Cops Are Bastards?

by • 10 enero, 2020 • Abya Yala (América Latina), Noticias, comunicados y columnasComments (0)329

Desde hace algunos días, circula el video donde un carabinero detuvo a dos mujeres que iban en un automóvil escuchando la canción “Paco vampiro”. Más allá del actuar descriteriado de la policía, lo que llamó mi atención fue la reacción de ambas mujeres: ninguna le hizo caso a los carabineros y una les llegó a decir “Yo no tengo porqué hacerte caso a ti”. ¿Qué pasó con la autoridad de una institución que hasta hace poco era la mejor evaluada por la “ciudadanía”? ¿Qué ocurrió con esa policía uniformada que era un “ejemplo” para los esbirros de su tipo en todo el continente? Más de alguna persona podría decir que desde hace tiempo el actuar el Carabineros ha dejado mucho que desear, pero no creo que sea eso: a través de la historia, asesinar, reprimir, mutilar o violar son acciones recurrentes en esta policía militarizada. De esta forma, el descriterio de esta institución no es novedoso y siempre ha sido cuestionado por diversos actores y actrices, por lo que pensar que sus prácticas de los últimos meses o años provocaron un “quiebre” con la población creo que es simplista. Entonces, ¿por qué han proliferado en el último tiempo aquellos rayados en las paredes o cantos que dicen “A.C.A.B.”, “1312”, “Fuego a la yuta”, “Paco muerto no viola” o “El que no salta es paco”?

Como dije, el actuar de Carabineros siempre ha sido desmedido. Desde su fundación en 1927, pero sobre todo a partir de la década del 30’, esta institución se caracterizó por violar las leyes que decían defender o realizar matanzas en favor de la oligarquía de la época. Solo por mencionar algunos ejemplos: en 1932 con el llamado “Caso Anabalón”, donde Carabineros mandó a asesinar al periodista L. Mesa por sus denuncias por la tortura y asesinato de un profesor comunista, hecho por la misma policía. Para qué hablar de los manifestantes muertos durante la caída de la dictadura de C. Ibáñez o la “fraternidad” demostrada por Carabineros con las llamadas “Milicias republicanas”, organizaciones paramilitares fascistoides que tuvieron vida durante los años 30’. Independiente de lo anterior, el actuar de esta institución iba más allá de los asesinatos políticos y realizar fiestas en sus comisarías con paramilitares, ya que sólo en esa década realizaron dos matanzas: la primera en 1934, donde ejecutaron a cientos de campesinos en Ranquil; y la segunda en 1938, donde ejecutaron a 59 fascistas del Movimientos Nacional Socialista de Chile en un ridículo intento de golpe de Estado.

No obstante, fue a inicios de la década del 60’ cuando se puede ver un cambio estratégico en su relación con las personas que habitan este territorio. En aquellos años, y gracias al financiamiento de EE.UU., se creó el “Grupo Móvil”, cuya función era reprimir las manifestaciones urbanas: este grupo se hizo famoso por su excesiva violencia, que causó decenas de muertos en las calles. Esto provocó su intento de desmantelamiento durante la Unidad Popular, que no llegó a concretarse por el golpe cívico-militar de 1973: a raíz de esto, el “Grupo Móvil” fue recompuesto y rebautizado como “Fuerzas Especiales”. De ahí en adelante, la policía militarizada no tuvo límites para actuar: diversas matanzas, como las de Cuesta Barriga, Lonquén o Paine, y asesinatos, como el del padre André Jarlán, son demostración de esto. A pesar de lo anterior, estas acciones tuvieron consecuencias: provocaron un distanciamiento con la población, que no tuvo vuelta atrás ni con el retorno a la democracia “en la medida de lo posible”. Ahora bien, esto no afectó en gran medida el imaginario policial: durante los gobiernos de la Concertación, se mantuvieron las prácticas “antisubversivas”, cuyo énfasis ahora está puesto en el pueblo mapuche.

Esta es la principal característica de Carabineros y que la diferencia de otras policías o de las mismas Fuerzas Armadas chilenas. A inicios de los años 60’ comenzó a poner en práctica métodos de la “guerra antisubversiva”, más de 10 años antes del golpe cívico-militar, que fueron reafirmados en dictadura y preservados desde los años 90’. Dicho de otro modo: desde antes de 1973 y después de 1990, Carabineros asocia “manifestación” con “subversión”, asociación mantenida hasta el día de hoy y que hemos visto en videos filtrados desde las mismas Fuerzas Especiales. Ahora bien, ¿esto fue suficiente para que la “ciudadanía” cuestionara la autoridad de la policía uniformada? La verdad, no: hasta hace un par de años seguían siendo la institución mejor evaluada del Estado chileno. Básicamente, la confianza en Carabineros se basaba en su “incorruptibilidad”, lo que la diferenciaba de la gran mayoría de las policías del continente, percepción que comenzó a quebrajarse desde hace algún tiempo pero que no logró desmoronarla. En este sentido, es incuestionable que el desfalco cometido por Carabineros, que va en $28.000 millones, mermó la imagen de esta institución frente a la “ciudadanía”, lo que no implicó una “deslegitimación” de su autoridad necesariamente.

¿Qué fue lo que ocurrió entonces? Desde mi perspectiva, a partir de los acontecimientos del 18 de octubre, la población habría realizado con Carabineros un ejercicio que G. Agamben denomina “desactivar”, o sea, volvió “inoperante” el obrar de la policía: si antes se consideraba que el rol de Carabineros era “garantizar el orden público” y su principal característica era su “incorruptibilidad”, ahora son considerados como una tropa de faloperas/os que se dedican a reprimir manifestaciones pacíficas para defender los privilegios de las élites político-empresariales y que, además, es corrupta. Esto queda reflejado en algunas encuestas publicadas en los últimos días, como la “Agenda Ciudadana Criteria”, cuyas cifras indican que la mayoría de los encuestados y encuestadas considera que Carabineros daña a los manifestantes intencionalmente, incita a la violencia durante las movilizaciones y participa en los desmanes y destrozos de las manifestaciones a través de policías infiltrados/as. No sólo esto, sino que las decenas de ataques a comisarías, realizadas por diversos y diversas manifestantes en los últimos meses, también evidenciarían el descontento con esta institución y la impotencia que provoca la impunidad que disfrutan.

Entonces, ¿por qué All Cops Are Bastards? ¿Por qué ahora las personas responden de manera diferente frente a Carabineros? Quizás, porque hoy en día esas personas ya no consideran que los actos de corrupción, montajes o abusos cometidos por estos esbirros sean “desviaciones” de su obrar, algún “hecho aislado” por policías que no siguieron los “protocolos”. No, ahora probablemente es diferente, ya que la mayoría de la gente creería que el actuar desmedido de Carabineros es la práctica que las/os constituye así mismas/os como Carabineros: ya no son “del débil el protector”, son enemigos contingentes. Así se entiende que, a pesar de los abusos y excesos cometidos por la policía militarizada desde su misma fundación, como asesinatos o matanzas, nunca se haya “deslegitimado” en gran medida su autoridad. Esta idea se ve reflejada en el rechazo que provoca esta institución transversalmente y que ha llegado a plantear desde diversos sectores que sería necesaria una “reforma estructural” de la policía. No obstante, más allá de este reformismo inútil, el actuar de Carabineros nos permite una delimitación de antagonismos: entre aquellas/os que siempre la hemos considerado una institución despreciable, como cualquiera de su tipo, y aquellas/os que aún la defienden debido a su ceguera ideológica.

Manoel Caringa

Colaboración recibida el 9 de enero del 2020


Colaboraciones a edicionesapestosa[arroba]riseup.net


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