Concepto de soberanía: La historia de la biopolítica (Segunda Parte)

by • 14 enero, 2020 • Artículos, Poder, Técnica, Teoria políticaComments (0)711

Puedes leer la primera parte en el siguiente link: Concepto de soberanía: La historia de la biopolítica (primera parte)


Ahora bien, las tecnologías de los siglos XVII y XVIII se centraban especialmente en el cuerpo, en las formas, una especie de poder apolíneo siendo su objetivo, el cuerpo individual. Por consiguiente aplicará toda su tekhne — alineación, segmentarización, adiestramiento y supervisión — al cuerpo. Estas tecnologías son Expresiones de un tipo de poder disciplinario, guiado por la racionalización económica, cuyo fin es lograr el mayor beneficio posible al menor costo: estas son las sociedades disciplinarias.

A partir del XVIII comienzan a acoplarse al poder disciplinario “nuevas”[1] tecnologías. Ya que, es preciso señalar que no se produce una sustitución de unas por otras, sino más bien una complementación. Dado que su ejercicio se lleva a cabo en diferentes niveles, las tecnologías son, en el caso del poder soberano, una especie de causa primera.

Esta nueva tecnología no se aplica al hombre como cuerpo sino al hombre como especie. Enmarca en si, una nueva concepción del “sujeto” sobre el cual se ejerce el poder. El hombre como parte de un todo que está sujeto a procesos globales y naturales como el nacimiento, la muerte, la higiene, la salud, etc. La complementación se manifiesta a partir de la evolución de una primera etapa enfocada sobre el hombre el cual hay que adiestrar, supervisar y vigilar, hombre con su cuerpo al que se somete de manera individual, hacia una segunda, donde la complementación es visible y se manifiesta: ya que se considera al hombre como parte de un todo y como el poder no se ejerce sobre la parte sino sobre la totalidad, es masivo.

Aquí, la frase que inicia un camino de investigación: “Luego de la anatomopolítica del cuerpo humano, introducida durante el siglo XVIII, vemos aparecer, a finales de este, algo que ya no es esa anotomopolítica sino lo que yo llamaría una Biopolítica de la especie humana”.[2]

El interés que despliega el biopoder será sobre los procesos que, de manera global, afectan al hombre, ya no como cuerpo sino como especie. Tasas de natalidad, longevidad, mortalidad, distribución poblacional, niveles de producción, distribución de las áreas de producción, serán sus instrumentos. Esta observación inicia una línea de investigación y, en este sentido, el mismo texto no es más que una simple presentación.

Al abarcar procesos globales, la manera de ejercer el poder cambia y con ello el arte de gobernar debe — necesariamente — hacerlo también. La magnitud de su objeto — la totalidad de la población — obliga, ya que la cantidad hace que el poder individualizador ejercido sobre cada hombre sea demasiado costoso. Se pierde en eficacia, ya no se vigila y supervisa, se controla. Deleuze le atribuye a William Burroughs el término de “sociedades de control”[3] pero, como se puede observar, Foucault lo detecta y, si bien su mención no es expresa, la problemática es ya pensada. Es que el biopoder es una tecnología de poder aplicable a sociedades de control.

En síntesis, la biopolítica se va a desplegar sobre los procesos de natalidad, morbilidad, las incapacidades biológicas y lo efectos del medio, entre otras formas. El desafío que enfrenta el poder en el siglo XVIII es el de ejercerse sobre una figura completamente “nueva”, en tanto objeto para un poder: la población como fenómeno, como una composición de múltiples cuerpos, de innumerables individuos, que se ve afectada a fenómenos globales.

De esta manera y partir de lo hasta aquí expuesto vemos desarrollarse en el ámbito de injerencia del poder soberano dos procesos contiguos, por un lado la población como nuevo sujeto-objeto del poder-saber y, por el otro, los procesos colectivos, los fenómenos de masa que la afectan en un periodo de tiempo determinado. Estos fenómenos de masa, hasta ese momento aleatorios y de duración determinada, serán los ámbitos que el “nuevo” biopoder tiene que dominar. Hay que controlar y manejar estos fenómenos masivos que, si bien son aleatorios, presentan cierta repetición y algunos son de carácter cíclico. Piénsese, por ejemplo, en la sequía que afecta los cultivos. La situación de falta de lluvias siempre existirá, en tanto el clima del año sea el de la época de sequía, pero lo que varia — y la torna aleatoria — es la falta de agua extendida durante un determinado tiempo. Por consiguiente, el interés de la tecnología del poder está en las previsiones, estimaciones, mediciones estadísticas, etc. Se trata de “intervenir en el nivel de las determinaciones de esos fenómenos generales, esos fenómenos en lo que tienen de global”.[4]

El poder aplicado a este nivel tiene por objetivo controlar, lograr cierta regularización en los procesos globales que afectan al hombre como especie. Supone la introducción de la vida del colectivo — la totalidad de la población— a la temática política, desarrollando con esto el segundo aspecto del poder soberano, según la famosa frase “el hacer vivir”.

Si los procesos de disciplina aplicados sobre el individuo antes tenían como objetivo principal la posibilidad de provocar la muerte, ahora el biopoder despliega todo el aparato positivo para invertir esa vieja formula del poder soberano. La biopolítica utiliza su tecnología de poder para preservar la vida de la población. En síntesis, es un poder que controla procesos globales a fin de hacerlos regulables. La inversión ya está hecha y, así como antes se ritualizaba la muerte, ahora se hace lo mismo con la vida. Esto también tiene un desarrollo evolutivo, si desde un principio era la intervención para preservar la vida ahora, poco a poco, el poder se va introduciendo cada vez más en el “cómo” de ese vivir.

En realidad, este “cómo” trae consigo un ideal o, por lo menos, hace referencia a ello. El desarrollo del biopoder nos lleva a la constitución de un tipo de sujeto: la conformación del sujeto ético[5], ética que tiene una genealogía y camina al compás del tipo de poder que se despliegue. La construcción del sujeto ético no será la misma en el marco de un sociedad disciplinaria que en una de control. Sus mecanismos y finalidades son diferentes.

Este poder que abandona la muerte (que pasa a partir de aquí al ámbito privado) para dedicarse de lleno a la vida tiene un nuevo desafío, el de un nuevo objeto de estudio. Por ello, necesita de nuevos instrumentos para poder abordarlo.

Aquí se presentan las diferencias entre una tecnología disciplinaria aplicada, en el marco del sistema que ejerce para dar muerte y una tecnología regularizadora que trata de abarcar la totalidad de la vida.

Pongamos énfasis en esta tecnología cuyo núcleo será la vida. Esta va a tratar de controlar todos los riesgos que afecten a la masa viviente: maneja probabilidades y busca compensar los efectos. Opera ya no en el adiestramiento individual sino en el equilibrio global. Es una tecnología que busca la seguridad del conjunto y que ubica a los cuerpos (individuo) sobre los cuales también ejerce poder dentro de procesos biológicos de conjunto.

Se presentan entonces dos series, productos de la adaptación del poder a lo largo de la historia, estas son: “la serie cuerpo-organismo-disciplina-instituciones” y la serie “población- procesos biológicos-mecanismos regularizadores”. La órganodisciplina de la institución frente a un conjunto biológico y estatal, la bioregulación por el Estado”.[6]

Nahuel Muñoz

Fuente: https://medium.com


Notas

[1] Novedad, como tal, constituye para nuestro trabajo e, inclusive, para el propio Foucault en el marco de las investigaciones de sus cursos. Pero, a pesar de ello, no significa que sea una novedad absoluta para la ciencia.

[2] Foucault, Michel. Defender la sociedad. Curso en el Collège de France (1975–1976), op. cit., pág. 220.

[3] Sobre este tema trabajaremos en el capitulo ocho.

[4] Foucault, Michel. Defender la sociedad. Curso en el Collège de France (1975–1976), op. cit., pág. 223.

[5] Volveremos sobre este concepto para trabarlo con precisión. Particularmente a partir de su relación con el poder pastoral y el cristianismo (página 35 de este mismo trabajo) y luego al hablar de sociedades de control, en el capitulo ocho.

[6] Foucault, Michel. Defender la sociedad. Curso en el Collège de France (1975–1976), op. cit., pág. 226.


Concepto de soberanía: La historia de la biopolítica. (Primera Parte)

Los mecanismos de poder: bio-política y “población” en el pensamiento de M. Foucault.

Una introducción a la vida no fascista (Prefacio de Michel Foucault a la edición estadounidense de El Anti-Edipo)

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