Horst Stowasser: El proyecto A

by • 17 diciembre, 2019 • Antidesarrollismo, Artículos, Organización, Poder, Práctico, Teoria políticaComments (0)494

Prólogo

Lo que publicamos como Proyecto A no es sino la presentación del mismo que hiciera su autor en una conferencia de mayo de 1986 con motivo de la celebración del centenario del movimiento anarquista en Australia. En esta ponencia, Horst Stowasser delinea las bases, fundamentos y objetivos de lo que define como «un proyecto anarquista para una ciudad media alemana, hoy», al tiempo que se aventura en la especulación acerca de los futuros primeros pasos y de las implicancias posibles del proyecto a mediano y largo plazo.

En su fase inicial, el Proyecto A es un «plan de conquista» de una ciudad por parte de un movimiento político, económico y, sobre todo, cultural de carácter libertario. Evitando deliberadamente todo pronunciamiento acerca de la Revolución, Stowasser apunta a la creación de una cultura libertaria en la que esta revolución —cualquiera sea la forma en que se la conciba— sea posible.

Según los últimos datos de los que disponemos (de 1991, cinco años después de la ponencia que presentamos), el Proyecto A se estaba desarrollando de manera satisfactoria en Neustadt, ciudad del sudoeste alemán, cercana a la frontera con Francia, una de las tres ciudades que resultaron elegidas después de una rigurosa selección. Allí se habían federado trece empresas económicas, una docena de iniciativas político-culturales y unas ocho comunidades de convivencia que involucraban directamente a unos ochenta adultos (y sus respectivos niños) más un número difícil de determinar de simpatizantes. (Nota de Biblioteca Anarquista)


El «Proyecto A»

A mí me gusta mucho cocinar. También me gusta jugar con mi pequeño hijo y escribir artículos políticos. Me gustan los paseos en barco velero, nadar, hablar con amigos y compañeros, discutir con la gente; el trabajo con madera, viajar por el mundo, dar charlas públicas, participar en conferencias, pintar, dibujar, participar en actividades políticas y proyectos anarquistas, preferentemente con muchas personas y sin violencia; también me gusta mi trabajo (actualmente me dedico a la fotocomposición). Me gusta tocar la guitarra al igual que leer, me gusta editar revistas y escribir libros, mantener la biblioteca que he creado, y, finalmente, me gusta dedicarme, ocasionalmente, al avance de la revolución mundial: la anarquista, por supuesto.

Posiblemente os preguntéis: ¿qué demonios tiene esto que ver con el tema? Bueno, me parece, que ya estamos entrando en lo que el Proyecto A significa y quiere.

Un proyecto multidimensional

Estoy casi seguro de que la mayoría de vosotros —y, en realidad, todos aquellos que son personalidades multidimensionales— tenéis los más diversos intereses, deseos, sueños, preferencias, «hobbies», esperanzas y planes. No es una sola cosa la que nos hace mover y que nos ha reunido en este lugar. Y al igual que la Anarquía no consiste en una sola cosa como por ejemplo la abolición del Estado o del dinero, la práctica del «amor libre» o dar de comer a todos, también nuestras vidas y nuestras realidades son combinaciones bien sofisticadas de múltiples factores.

En este hecho casi banal reside una fuerza, un empuje dinámico, capaz de cambiar nuestras vidas al igual que la sociedad.

Tres acercamientos diferentes

Por lo tanto, existen diversos acercamientos hacia lo que llamo «El Proyecto A». Uno podría ser meramente político. Otro, podría ser un acercamiento económico. Una tercera forma podría ser la «vida privada». Veamos un sencillo ejemplo: una persona puede estar interesada en participar en este proyecto, porque está buscando nuevas formas de acción, estrategia y perspectiva anarquista con el fin de superar el «callejón sin salida» en el que el movimiento libertario mundial se encuentra, actualmente, con muy escasas alternativas. Este podría ser un posible acercamiento político. Otro camino posible hacia el proyecto sería el de alguien que está buscando una forma mejor de trabajar y de ganarse la vida. Mejor, en el sentido de más satisfactorio, más creativo, más ecológico, trabajando en colectividad, con un mínimo de autoridades y de alienación, asegurando un ingreso económico decente, capaz de ganarse su vida y la de su familia. Este sería un posible acercamiento económico. Finalmente, alguien puede estar interesado en cambiar las bases de su vida, deseando realizar una existencia más satisfactoria en cuanto a la felicidad personal, convivencia en grupos colectivos, crear mejores condiciones en las cuales crezcan adultos y niños, realizarse como persona en la sociedad, etc.

Este anhelo de mejores condiciones en la «vida privada» podría ser una tercera forma de acercamiento, una forma «privada».

Balance entre lo económico, lo político y lo privado

Para daros una primera idea «filosófica» sobre el fondo del Proyecto A, quiero destacar que este proyecto tiende a unificar esos tres puntos de partida, proponiéndose superar sus contradicciones, rompiendo con los límites artificiales que existen entre «lo político», «lo económico» y «lo privado». La meta sería llegar a un punto en el que fuera imposible calificar cualquier actividad que una persona esté realizando como una «actividad política», «ganar dinero» o simplemente «estar feliz» gozando la vida. La vida no debería seguir dividida en áreas específicas, bien delimitadas; la vida debe ser trabajo que dé gusto hacerlo y capaz de ganar el pan cotidiano, debe ser una forma de cambiar la sociedad instalando así formas anárquicas y a la vez debe ser fuente de felicidad y satisfacción. El Proyecto A intenta dar la misma importancia a todos estos sectores, integrando sus elementos en todas sus estructuras.

El viejo sueño anarquista

Sabéis, naturalmente, que esta idea no es nada nueva. En realidad es la síntesis del anarquismo de todos los tiempos. El sueño anarquista siempre intentó convertir el trabajo en un juego creativo, convertir la vida en felicidad, ganarse la vida divirtiéndose y «hacer política», dando ejemplos y creando experiencias vividas. El Proyecto A, por lo tanto, no es otra cosa que un manual para realizar los primeros pasos de este sueño en las realidades concretas de la República Federal Alemana de hoy día y en las circunstancias del sistema capitalista contemporáneo. El Proyecto A intenta dar ideas, sugerencias y respuestas —incluso en los detalles más aburridos—, en problemas cotidianos y en la realidad asquerosa y nada revolucionaria de un Estado capitalista llamado «democracia social». Al mismo tiempo, este proyecto intenta dar una respuesta a la pregunta vigente: ¿cómo podemos, al crear tales ejemplos de Anarquía vivida, hacer el anarquismo atractivo y accesible a miles, a millones de individuos de la así llamada «gente normal» y evitar al mismo tiempo los errores y las desviaciones más frecuentes como el reformismo, el aislamiento, la quiebra económica y tantas otras «enfermedades» comunes a tantos proyectos libertarios?

La separación fatal en los grupos políticos

En realidad, el deseo de armonizar estos tres sectores —política, economía y vida privada— es casi general entre anarquistas.

Pero, en la realidad, encontramos por doquier esta separación fatal. En el caso general, el (o la) «anarquista medio» de hoy en día va a su trabajo o estudio unas ocho horas diarias en un lugar determinado. Esta es una parte de su vida, una realidad separada de todo lo demás. Al volver a casa, vive su «vida privada», solo, con su familia o con el grupo de comunidad con el que convive. Otra realidad, otro lugar. Finalmente, este individuo se convierte en una «persona política», en un(a) anarquista, frecuentemente una vez por semana, cuando su grupo, sindicato o círculo tiene su reunión periódica. Puede ser un viernes por la tarde, entre las ocho y las diez de la noche. Es esa la tercera realidad en un tercer lugar. Así, en el caso general, el trabajo, la vida personal y la actividad política están limpiamente separados y los límites entre estos sectores saltan a la vista. Lo mismo se da si se trata de un obrero activo en tareas anarcosindicalistas, ya que muchas veces los sindicatos son débiles, los activistas se encuentran aislados en la fábrica y las actividades del sindicato se realizan fuera del horario y del lugar de trabajo, frecuentemente con temas y metas ajenos a la realidad cotidiana del individuo.

Aislamiento y esterilidad

Nosotros pensamos que, en esta nefasta separación, pueden ubicarse muchas de las causas por las que tantos proyectos e iniciativas —no solamente de índole libertaria— son tan débiles, fallan, llegan rápidamente a una situación estéril, crean sus propios ghetos de aislamiento o simplemente no funcionan. Porque la situación que acabo de describir no refleja otra cosa que la ausencia casi total de popularidad del anarquismo, la falta de raíces y aceptación de los anarquistas en las sociedades contemporáneas en lo que se refiere a la vida cotidiana con sus aspectos banales, al contexto social, a la vecindad, a la vida laboral, etc. Este déficit es casi general en todos los países y existen muy pocas excepciones como —tal vez— en algunas regiones de España y EE.UU. Normalmente, el movimiento anarquista tiende a cubrir este defecto bajo un triunfalismo superficial o sirviéndose de ejemplos históricos.

El anarquismo hoy…

Los anarquistas, por regla general, están organizados —si lo están…— en pequeños grupos ideológicamente definidos, logrando asegurar así la supervivencia de la cultura y la tradición libertaria, participando ocasionalmente en luchas o movimientos sociales y siendo generalmente excelentes críticos de la sociedad y profetas de estos desastres que se avecinan. Pero, ¿para qué sirve todo esto? ¿Qué vale un profeta incapaz de indicar de qué manera pueden evitarse o superarse los desastres y todos los terribles caminos que la sociedad está tomando ahora de cara al futuro? Los anarquistas hoy en día, y desde hace más de 50 años, no son capaces de dar esta respuesta general. No están en condiciones de señalar una salida accesible y atractiva a la condición actual. No saben cómo cambiar la sociedad a gran escala ni tampoco cómo crear nuevas formas sociales libertarias para y con la gran mayoría de la gente, tal como fueron capaces, en algunos lugares del mundo, antes de la Segunda Guerra Mundial con las ideas y la práctica del anarcosindicalismo.

…Su crisis y su falta de popularidad

Pero esos «días gloriosos» están lejos y no se pueden repetir así como así ni de la misma forma. El anarquismo actual no está al día ni es popular. Aquellas pocas excepciones de proyectos anarquistas que, actualmente, intentan romper con este gheto se encuentran, generalmente, aislados o económicamente muy débiles o terriblemente pequeños; o, en caso contrario, prosperan económicamente de tal manera que fácilmente se vuelven reformistas. Sobre todo son sumamente escasos.

Una combinación sofisticada contra el «anarquismo purista»

Por lo tanto, el Proyecto A es una combinación de ideas, que intenta superar aquel anarquismo purista y aislado. No nos consideramos como misioneros ni como jesuitas del anarquismo. Tratamos de movilizar puntos de vista pragmáticos, profesionales y realistas, uniéndolos para crear una base estable de las actividades político-sociales y a la vez como puntos de defensa contra el sistema que nos rodea. Al mismo tiempo, esta base viene a ser combinada con todo el empuje que nos dan nuestros sueños, nuestras utopías, nuestro cariño y nuestros ideales anarquistas, tanto en nuestras relaciones internas como en las estructuras sociales que deseamos crear. Estos ideales seguirán siendo los ideales anarquistas de siempre.

Los tres acercamientos son igualmente legítimos

En consecuencia, los tres tipos de acercamiento mencionados son para nosotros igualmente legítimos y equivalentes.

Consideramos la felicidad personal tan importante como el éxito político o como ganarnos la vida de una forma decente. ¿Por qué seríamos anarquistas, sino por un sano egoísmo, en el sentido positivo de la palabra? Si soy anarquista no es principalmente porque quiera que mis nietos vivan mejor. En primer lugar quiero poder gozar la Anarquía durante mi propia vida, al menos un anarquismo inicial, en sus primeros pasos y en sus primeras conquistas. Y si al hacerlo, al vivir, actuar y trabajar de esta manera, puedo iniciar una nueva estrategia para vivir el anarquismo, que se expanda y difunda de manera virulenta, dándole una nueva vitalidad, un nuevo dinamismo revolucionario, ¿qué más puedo esperar?

Egoísmo positivo

Un egoísmo positivo, que define mi propia felicidad, únicamente posible si las demás personas que me rodean son igualmente felices, libres y autónomas, es —a mi entender— la forma más sana para justificar cualquier trabajo «político» y para promover cualquier actividad social. Yo, personalmente, desconfío profundamente de todos aquellos «revolucionarios profesionales» —también si se llaman anarquistas— que luchan «por los principios», «por las ideas», por «la bella bandera negra» u otros conceptos sublimes, sin incluirse a sí mismos, sin cambiar sus propias vidas, sin entenderse ellos mismos como parte de este cambio y de esta lucha. Si queremos comenzar hoy mismo a «practicar el anarquismo» en sus formas rudimentarias, esto debe también significar que nosotros podamos empezar a vivir de una forma mejor, más libre y más feliz. Si no podemos cumplir con esta meta, el anarquismo jamás será una forma de vida y de organización social atractiva, accesible y simpática para nadie, excepto para masoquistas políticos y meros pensadores teóricos de índole purista.

Solo una posible alternativa entre muchas otras

El Proyecto A, sin embargo, quiere ser solamente una entre tantas respuestas posibles a ese dilema general. Una respuesta, que ha crecido y madurado durante más de nueve años y que se basa en unos quince años de experiencias en luchas anarquistas locales, nacionales e internacionales del «viejo estilo» que hemos vivido.

Después de tantas consideraciones generales, temo que aún no tengáis la más mínima idea de qué es, concretamente, el Proyecto A. Pero antes de explicaros los detalles más básicos de su estructura y dinámica, tengo que insistir en algunos detalles y conceptos que debo explicar previamente. Sin ellos, la «filosofía» en que se basa nuestro proyecto apenas puede ser entendida.

El anarquismo «panfletario»

Uno de esos conceptos es lo que llamamos «anarquismo panfletario». Quiere decir que las ideas anarquistas están difundidas y transferidas por manifestaciones más o menos abstractas; mediante papeles escritos, folletos, libros, discursos, manifestaciones, literatura, pegatinas, posters, graffiti; también por video, música y teatro en escala menor. En muchos países, sobre todo en Alemania Federal, los anarquistas suelen ser enloquecidos productores de papel. A veces, al mirar la prensa anarquista de determinados países, uno fácilmente puede tener la impresión de que estamos en la víspera de la revolución social y nos movemos en medio de fuertes agitaciones y luchas sociales con los anarquistas bien implantados. Sin embargo, todos sabemos que no es así. La difusión de las ideas anarquistas por medios de impresión y similares, sin duda es necesaria, pero no es suficiente para lograr nuestros fines. Muy poca gente «se hace anarquista» simplemente leyendo palabras, e incluso si estas personas llegarían a llamarse «anarquistas», esto no significa que realmente haya cambiado algo, ni en sus vidas particulares ni en la sociedad que los rodea. Mediante el «anarquismo panfletario», por muy preparado que esté, nunca podremos llegar a más del 3-6% de la población, por la simple razón de que muy poca gente está acostumbrada a leer. E incluso si llegásemos a este 3-6%, haríamos probablemente una selección fatal, porque haríamos el anarquismo accesible solo a aquellas personas que les gusta la lectura, el estudio, los debates teóricos y la literatura, en otras palabras: a los intelectuales.

El gheto anarquista

A este sector se adhieren solamente en escala menor y por temporadas de luchas sociales algunos grupos marginados de oprimidos, desprivilegiados y perseguidos. Estos grupos abandonan frecuentemente los medios anarquistas, una vez desaparecida la dinámica de la lucha y la razón concreta de la rebelión, porque —aparte del motivo concreto— el movimiento libertario no ha sido capaz de crear un ambiente, una base sólida y una cultura libertaria, en la que estas personas puedan encontrar una nueva forma de vida cotidiana y satisfactoria. Así, exactamente, se presenta la situación actual de la mayoría de los grupos libertarios en casi todos los países. Así se presenta la estructura y el dilema del anarquismo contemporáneo.

Exclusión de la «gente normal»

Como consecuencia, un número inmensamente grande de la así llamada «gente normal» queda automáticamente excluida.

En las experiencias libertarias del pasado, esta gente tan solo se interesó y se comprometió por el anarquismo u otras ideas revolucionarias si estos movimientos eran capaces de proponer vías de solución concretas, comprensibles y no exóticas a problemas concretos que existían en la vida real y cotidiana. En este marco de valores es importante introducir otro concepto: el «anarquismo vivido», que nos gustaría oponer al «anarquismo panfletario». Si los anarquistas del pasado, en varias ocasiones, eran capaces de proponer soluciones revolucionarias a problemas existentes —seguidos por vastos sectores de la población—- era, sobre todo, porque estos anarquistas de antaño eran capaces de hacer entender a sus vecinos, compañeros de trabajo y amigos lo que era y significaba el anarquismo, ya que ellos intentaban vivirlo.

El «anarquismo vivido»

En varias «situaciones históricas», los anarquistas ya no eran aquellos animales exóticos que, a veces, incluso adoptaron actitudes arrogantes hacia la «gente normal», sino que eran aceptados como amigos, buenos vecinos y compañeros de trabajo en su ambiente social cotidiano. Aún pueden encontrarse huellas de esta antigua cultura libertaria en algunos lugares de Italia, España, Francia, América Latina… Para estos viejos movimientos, una cosa era obvia: el mejor predicador es aquel que predica con el ejemplo. En esos movimientos la propaganda, los libros, las revistas, también eran muy importantes, pero no eran otra cosa que herramientas necesarias para el cambio social en la vida real, y no, como muchas veces hoy día, empresas autosuficientes, absorbiendo las pocas energías disponibles para su propia existencia. Y esos viejos compañeros no se consideraban demasiado «finos», demasiado «nobles» o demasiado «intelectuales» como para entrar en contacto con «esta gente estúpida, inculta, normal, pequeño-burguesa y mediana» de la vida cotidiana. Ellos realizaban una labor de presencia libertaria a largo plazo, incluyendo la cultura, la lucha social, el sindicalismo y la acción. Esta labor lo abarcaba todo: desde problemas «banales» en la vecindad, pasando por huelgas generales hasta llegar a motines revolucionarios y la realización de la revolución social generalizada.

Pensamos pues, en nuestro análisis político, que el «anarquismo panfletario» es necesario, pero debiera existir en una proporción sana en relación con la cultura, vida y lucha anarquista real. Actualmente, la relación de «panfletario» a «vivido» podría estimarse en un 70% y en un 30%, respectivamente. A nuestro entender, debiera de ser exactamente a la inversa.

¿Qué es ser revolucionario?

Pensamos, además, que no todo aquello relacionado con lo «panfletario» o con gestos de violencia no es automáticamente «político» o «revolucionario», y que todo aquello que no lleva la etiqueta «anarquista» o «acción directa» es automáticamente apolítico y «reformista». En otras palabras: vender pan puede ser tan político como vender un periódico anarquista. Depende solamente de su contexto político, su estrategia y de la táctica más amplia, en la que está envuelto.

El populismo de ayer y hoy

Finalmente, estamos en desacuerdo con aquellos que piensan que-el «populismo» del anarquismo o es un bello asunto del pasado que ya no podemos volver a lograr o bien un bello asunto de países lejanos donde la gente tenga otra mentalidad. En cambio, afirmamos —basándonos en nuestras experiencias en pequeñas y medianas ciudades alemanas— que la gente «normal» no la forman los estúpidos, aburridos y reaccionarios idiotas, a condición de que los anarquistas no permanezcamos como arrogantes, aislados y sectarios provocadores que hemos sido durante tantos años en nuestro comportamiento político, nuestra labor social, nuestra estrategia y nuestra vida, y como muchos lo siguen haciendo pensando que el «buen anarquista» es aquel que le escupe su desprecio a la cara a todos los que no son como él.

Sostenemos —incluso— que hoy en día, un camino popular, basado sobre el «anarquismo vivido» es posible y, por supuesto, necesario. En ese camino, los contactos sociales son extremadamente importantes al igual que, de hecho, es mucho más eficaz darle a la gente ejemplos en lugar de palabras impresas. Esto no debe significar, desde luego, que queremos crear una especie de jardín zoológico, donde los no-anarquistas acudan a contemplar a los anarquistas bien educados, peinaditos, encorbatados y bien aplicados que hacen el payaso para ganar las simpatías del pequeño-burgués. No queremos disfrazarnos ni ocultar nada. Tan solo queremos vivir lo que sentimos y anhelamos hacer esta forma de vida accesible con ejemplos y posibles soluciones a los problemas que ellos tienen en sus propias vidas.

El anarquismo constructivo

Para mí, el anarquismo siempre ha sido una forma de vida creativa y constructiva. Si eso es verdad y, si logramos hacer de esa filosofía una línea general en nuestras vidas y nuestras actividades, no tengo duda que estos ejemplos serán vistos, observados y seguidos atentamente por mucha gente y no rechazados como algo aventurero, exótico o escandaloso que se deba temer.

Todo eso, ciertamente, aún suena muy abstracto y me parece que es tiempo de entrar en los detalles concretos de lo que el Proyecto A quiere desarrollar y ser. Debo hacerlo de una forma muy general, debido a la escasez de tiempo. El libro básico sobre el Proyecto A tiene 100 páginas de gran tamaño y la discusión apenas ha comenzado. Mientras tanto, esa discusión cubre más de 800 páginas con propuestas, críticas y cambios y el Proyecto está en plena marcha de preparación (nota del autor, invierno de 1988). Por lo tanto, lo único que puedo hacer aquí es daros un esquema general del proyecto sin entrar en muchos detalles e intentar evitar los malentendidos y prejuicios más frecuentes. Es muy fácil interpretar mal este proyecto.

Los posibles malentendidos

Frecuentemente, algunos oyen del Proyecto A algunos detalles, rasgos o rumores y contestan en el acto: «Bueno, esto ya lo conocemos, es tal y cual cosa…». Sin embargo, puedo aseguraros lo siguiente: este proyecto es un plan netamente nuevo, con ciertas ideas viejas, algunas nuevas y otras muy originales, combinadas y relacionadas, planeadas con profesionalismo y proyectadas con un máximo de fantasía, impulso revolucionario y visión utópica. Basta de propaganda, vayamos al grano:

Dos aspectos básicos

Hay que ver el Proyecto A bajo dos aspectos diferentes: Por una parte, la microestructura de organización y economía que constituye la base sólida de ese proyecto y, por otra parte, la dinámica política, el desarrollo y la perspectiva que ha de emerger de esta base.

La microestructura económica

Hablemos pues, primeramente, de la microestructura económica sin olvidarnos que ella no es el Proyecto A, sino solo la base sólida sobre la cual queremos construir todo aquello que va más lejos.

Proyecto para una ciudad de tipo medio

El Proyecto A es —en su fase inicial— un plano de conquista de una ciudad alemana de tipo medio (alrededor de 50.000 habitantes) por un movimiento libertario de tipo político-económico-cultural con el fin de hacer del anarquismo una fuerza popular, accesible e importante en la vida social de dicha ciudad y sus alrededores. Ese intento debe, por un lado, posibilitar a sus participantes una vida mejor, tal como lo he descrito anteriormente y por otro lado, debe constituir una perspectiva libertaria política. Este proyecto específico, «Projekt A», fue elaborado para una ciudad alemana de tipo medio y para las necesidades específicas de la República Federal Alemana, pero la idea general que hay detrás de este proyecto, así como algunos detalles, pueden ser adaptados fácilmente a cualquier otra realidad tal como ciudades grandes, el campo u otros países.

El «doble-proyecto»

La unidad más pequeña, por la cual está compuesta toda esa base del Proyecto A, es el así llamado «doble-proyecto». Lo simbolizamos con dos cuadrados:

La idea existente detrás del «doble-proyecto» es muy simple. Intentamos siempre combinar un proyecto que aporta dinero con otro que necesita dinero, es decir, un proyecto próspero con otro deficitario. En otros términos se podría decir: la combinación de un proyecto «comercial» con otro político. No obstante, no sostenemos esta separación porque justamente, debido a las relaciones mutuas de todos los proyectos dentro de una estrategia general, queremos que todos los proyectos tengan una cierta importancia política. Para dar un ejemplo: en una ciudad media, una librería política apenas puede dar beneficios y, mucho menos, servir para que se ganen la vida los compañeros que la mantienen. Por lo tanto, combinaríamos esta librería con un café, un bar o una especie de club. Debido a esta combinación, este «doble-proyecto», instalado en un mismo edificio y organizado por un mismo colectivo de compañeros, logra su balance económico y puede, si está regido responsablemente, incluso elaborar una ganancia modesta después de haber pagado los sueldos y gastos generales.

El balance económico

De esta manera, después de cubrir el déficit de la librería por el beneficio del café, aún quedará un margen de ganancia a disposición que puede ser empleado para otros fines, de lo cual hablaremos más adelante.

Posibles combinaciones

Existen cientos de combinaciones útiles e inteligentes de doble, triple y cuádruples proyectos. Se puede combinar una discoteca con un centro cultural o ateneo, un cine con una cooperativa de películas, una finca con una cooperativa de alimentos, una granja macrobiótica con un centro de información sobre alimentación sana, una peluquería con un club político, una universidad popular con un centro de asistencia de emigrantes, una imprenta con una revista libertaria, una oficina de publicidad con una editorial, un colectivo de abogados con un proyecto de asistencia jurídica, una carpintería con un centro de formación profesional, un taller mecánico con un centro de desarrollo tecnológico alternativo, una tienda de ultramarinos con un centro de apoyo al tercer mundo, etc. O, para daros un ejemplo concreto: el Centro de Documentación Anarquista («Das Anarchiv») que mantenemos desde hace más de 15 años, podría combinarse con un servicio de fotocopias y una papelería, situada cerca de un colegio. U otro ejemplo: la firma de fotocomposición en la que trabajo será combinada con un estudio de publicidad (comercial) y una revista-editorial anarquista (político) que estamos planeando.

Productos y servicios diferentes

Mediante esta combinación de dobles y triples proyectos también queremos disminuir esa dichosa producción de artículos tipo «izquierdista», «hippie» o «ghetto», es decir, la producción de artículos que no son de primera necesidad sino más bien folclóricos, como hacen muchas comunidades en Europa y América. En cambio, nosotros queremos cubrir en producción y servicio todos esos sectores que nosotros mismos, e igualmente la «gente normal», necesita en su vida cotidiana. Hasta el momento no hemos encontrado ninguna profesión que no pudiera combinarse inteligentemente con otros proyectos, salvo labores como policías, jueces, latifundistas, generales, prostitutas, guardianes de cárcel, etc., muy raros de encontrar en el ambiente anarquista…

La comunidad de convivencia

Naturalmente, nuestro fin no se limita a la creación de una serie de empresas prósperas de tipo «doble-proyecto» con el objeto de asegurarle la vida a un puñado de anarquistas. Es más: cada «doble-proyecto» a su vez, está vinculado con una comunidad de convivencia. En esta, aquellos que trabajan en los dobleproyectos y los organizan, comparten viviendas, estilo de vida, la «vida privada», educación de los niños, actividad política, recreo, etc. Por lo tanto, en el caso normal, el colectivo de trabajo y la comunidad de convivencia de un doble-proyecto es idéntico, trabajando y viviendo en un mismo lugar. Este principio viene a ser simbolizado por un triángulo encima de los dos cuadrados:

Así creamos «unidades», constituidas por el «doble-proyecto» (sector «político»/«económico») y la convivencia (sector «privado»). Cada «unidad» de ese tipo es autónoma en lo que se refiere a asuntos del trabajo, estilo de vida, forma de producir, productos y su comercialización, nivel de consumo, forma de pago, manera de educar a los niños, hasta llegar a cuestiones de diferentes convicciones como ser vegetarianos o no, consumo de alcohol, tabaco y otras drogas, la abolición del dinero, propiedad privada y muchas otras cosas. De esta manera queremos lograr la creación de un vasto campo de experimentación de modos y estilos diferentes de vida, trabajo y actuación, que son a la vez colectivos sin oprimir la individualidad.

Experimentando la diversidad

Así evitamos el uniformismo, la coacción impuesta y el terror de un falso colectivismo tipo autoritario, sin caer en el otro extremo de una dispersión individualista. Este modelo nos da la oportunidad de compartir las más diversas experiencias interesantes sin necesidad de escisión. Podemos poner en evidencia la diversidad de una sociedad libertaria, la multiformidad dentro de la unidad, es decir: «anarquismo vivido». Diversidades entre diferentes caracteres que no podrían colaborar en un mismo colectivo, en nuestro modelo pueden perfectamente cooperar en diferentes «unidades» o cambiar de lugar sin que estas diferencias lleguen al desmantelamiento de todo el proyecto, como es frecuente en tantas experiencias colectivas de los últimos años. Lo que es igualmente importante es la posibilidad, para nosotros mismos, de aprender así una virtud indispensable para la Anarquía: la «tolerancia libertaria». Podemos combatir nuestros propios prejuicios hacia convicciones y estilos de vida de otros libertarios. En vez de polemizar contra compañeros con otras convicciones, podemos cooperar con ellos sin necesidad de obligarnos mutuamente a cambiar nuestras vidas.

Podemos observarlos, conocerlos y tal vez entendernos mutuamente mucho mejor que hoy en día. Pacifistas y militantes, vegetarianos y consumidores de carne, aquellos que mantienen y aquellos que superan la propiedad privada, compañeros de tendencia obrera, punk o alternativa, aquellos que viven en relaciones de pareja y los que practican el amor libre, los que educan a sus niños colectiva o individualmente, aquellos que cultivan un estilo de vida frugal y aquellos otros que lo prefieren exuberante, todos ellos pueden —pese a sus diferencias— cooperar, aprender mutuamente y mantener cientos de relaciones útiles en lugar de polemizar entre ellos y pelearse con espíritu de misionero. Todavía más: pueden superar sus prejuicios mutuos o cambiar sus puntos de vista por observaciones y experiencia propia. Nadie está obligado a vivir cierta moral o determinado estilo; nadie es coaccionado a un nivel de vida y consumo siempre que las diversas formas practicadas no sean directamente antianarquistas u opuestas a un consenso mínimo de lo que podemos llamar una ética libertaria general.

Todos estamos en condiciones de ver de qué manera funcionan las cosas en la comunidad vecina y cómo los compañeros trabajan y viven en la cooperativa o en la casa del otro barrio.

Pueden incluso ensayar aquella otra forma de vida que tal vez les interesa, sin contraer compromisos al instalarse en otra comunidad a modo de prueba, por un período determinado. Si les gusta, pueden quedarse o introducir esta forma de vida en su comunidad y, si no le gusta, pueden volver tranquilamente y sin perder nada.

Todo esto es, por un lado, un rico campo de experiencias para nosotros, para aprender la diversidad y la tolerancia libertaria, condición indispensable si realmente queremos realizar una sociedad libertaria sin violencia ni opresión. Por otro lado, podemos demostrar a todos los demás, con ejemplos evidentes, que nuestra «microsociedad» es capaz de vivir las formas más diversas sin necesidad de una uniformidad impuesta por el colectivo entero, lo que puede hacer comprensible la visión anarquista de la abolición del Estado como nivelador artificial; entonces sería una experiencia accesible y comprensible para cualquier persona «normal».

Sin dogmas

Desde luego, esto significa que la idea de que los que trabajan en un colectivo deberían vivir en comunidad solo es una idea-modelo y no un dogma. Naturalmente, habrá personas que vivan solas y trabajen en un colectivo, así como otras vivirán en una comunidad y trabajarán fuera de ella. Suponemos que la realidad de un proyecto tal no seguirá estrictamente las formas del «doble-proyecto», sino será una mezcla más bien «caótica». Solamente damos esquemas generales y no formamos nuevas leyes ni reglas estrictas del correcto comportamiento anarquista. Pensamos que la intención de un proyecto de este estilo no puede ser vivir en un uniformismo, sino demostrar la evidencia y las ventajas de la colectividad y de la diversidad libertaria. El precio de esta libertad es la posibilidad de desviaciones, de abuso y de decadencia. Un poco más tarde volveré a este peligro e intentaré explicar cómo queremos evitarlo o reducirlo.

La esterilidad de muchos proyectos alternativos

De todas formas, todo esto no sería aún nada extraordinario. Actualmente, en muchas ciudades alemanas, encontramos un red más o menos densa de pequeños proyectos y comunidades «alternativos», parcialmente de inspiración libertaria. El número de puestos de trabajo creados en esta red alternativa asciende a los 30.000, pero apenas existen relaciones entre ellos (excepto redes de tipo meramente económico) y de esta manera, todos estos colectivos permanecen —en su mayoría— estériles, inertes y contribuyendo muy poco a un cambio de sociedad. La mayoría de ellos apenas logran organizar su propia supervivencia, lo que absorbe todas sus energías. Como consecuencia, con los años, se convierten en empresas puramente comerciales que se diferencian del resto del mercado capitalista tan solo por su historia ideológica, su forma ecológica de producir y la ausencia de jefes y jerarquías, pero ya no participan activamente en otras luchas sociales o actividades políticas más allá de su empresa. Por lo tanto, en el Proyecto A intentamos ir mucho más lejos de lo que hasta ahora he descrito con las «unidades» de los «doble-proyectos».

Enlaces comunes

El primer paso para superar el aislamiento de las «unidades» en dirección a esta perspectiva más amplia es, ‘simplemente, el uso de las ganancias que los «doble-proyectos» generan después de haber cubierto sus necesidades y su déficit interno. Con este dinero, naturalmente, ofrecemos una ayuda a aquellos «doble-proyectos» que no están en balance, es decir, que generan un déficit entre los proyectos que lo constituyen. Con el resto de la caja colectiva podemos crear nuevos «doble-proyectos» o añadir un tercer sector a un «doble-proyecto» que no funciona bien.

Proyectos políticos

También existe la posibilidad de invertir este dinero en cosas que no caben en el marco de los «doble-proyectos»: podríamos, por ejemplo, financiar una campaña reivindicativa, apoyar una huelga, crear núcleos locales de resistencia o acción social, actividades culturales, comprar equipos de uso colectivo (megáfonos, equipos de vídeo, multicopistas, pagar octavillas, pegatinas, posters…) y de esta forma intervenir directamente y con considerable infraestructura y potencia financiera en las luchas sociales de dicha ciudad. En resumen: mediante la «caja común» y nuestra dedicación, podríamos intervenir en todas aquellas actividades político-sociales en las que también participamos activamente hoy, pero con la diferencia de que actualmente carecemos de una base sólida, de una infraestructura de personas, equipos y dinero y también de un trasfondo psicológico de colectivo fuerte, capaz de superar frustraciones.

Repito: en el Proyecto A no terminamos ni con el «anarquismo panfletario» ni tampoco con las actividades político-sociales que hoy en día desarrollamos, sino al contrario, los elevamos a una base sólida, potente y ágil, que nos permita intervenir de forma mucho más coherente y satisfactoria. En estos campos de actividades político-sociales puede participar todo el mundo: gente de las diferentes colectividades y comunas así como fulano y mengano, ciudadanos de dicha localidad que no están envueltos en nuestras estructuras específicas. La ventaja que esto tiene respecto de la situación actual es, entre otras, que nuestras intervenciones en aquellas luchas las haríamos con los cientos de contactos que tenemos a través de nuestros «doble-proyectos», empresas y servicios con la población de esta ciudad, es decir, contando con el respeto que nuestro proyecto haya adquirido entre la gente, la vecindad, los obreros, la juventud, las mujeres… Esto nos da la posibilidad de que cualquier actividad político-social pueda ser desarrollada con mucha más probabilidad de éxito que cualquiera de las actuales.

El «consejo»

El campo político-social-cultural, entonces, es la perspectiva más amplia que ha de unificar los diferentes «doble-proyectos» y que tiende a evitar que estos caigan en decadencia y en un espíritu apolítico de autosuficiencia. Para estructurar y coordinar este efecto, creamos el así llamado «Consejo» cuyas funciones son mucho más amplias que simplemente administrar la «caja común» y repartir ese dinero. Es una especie de «fuero» o «parlamento» del Proyecto A entero. En su fase inicial podía ser fácilmente una reunión plenaria de todos los participantes, de forma estructurada y periódica. Más tarde, al crecer el proyecto y adquirir estructuras más complejas, este «Consejo» podría adoptar formas de reunión de delegados, todos bajo un «mandato imperativo», con la «rotación» de funciones, con diferentes comités responsables de temas y problemas específicos…, es decir, un modelo de democracia directa parecido al sistema practicado en la revolución española o a los primeros y auténticos consejos (soviet) de la revolución rusa. Este Consejo ha de ser estructurado siempre de una manera tal que impida de antemano la burocratización y cualquier estructura autoritaria y dictatorial. El «Consejo» no tiene poderes ejecutivos.

No puede decidir, sino realizar decisiones colectivas. No puede ordenar a ningún «doble-proyecto» lo que tiene que hacer o dejar de hacer ya que estos, en sus asuntos internos, son autónomos. Tan solo puede dar consejos, estructurar los debates y la crítica, llegar a acuerdos cuyo cumplimiento siempre está a cargo de los diferentes colectivos y, a fin de cuentas, de los individuos que los componen. En última instancia, el «Consejo» no puede imponer multas ni penas ni sentencias, sino solo llegar a excluir a individuos o «doble-proyecto», en caso de que todos los intentos de llegar a un consenso, un acuerdo o un compromiso hayan fallado.

Aprendiendo el apoyo mutuo y la discusión

Por lo tanto, el carácter del «Consejo» no es realmente el de un «órgano ejecutivo» sino más bien un lugar donde se reúne, se habla, se discuten los problemas, donde se buscan las soluciones adecuadas y donde se intercambian informaciones y propuestas y donde tenemos que aprender los difíciles artes de hablar, escuchar, pensar y razonar, el apoyo mutuo y el entendimiento recíproco. En realidad, su buen funcionamiento es para todos nosotros una prueba dura y difícil pero, a la vez, un desafío. Es un esfuerzo practicar aquella «democracia anarquista», intentando llegar a un consenso en las cuestiones más importantes y vivir con nuestras diversidades sin romper las relaciones y sin poner en peligro el proyecto entero, olvidándonos de nuestros fines comunes. El Consejo es, por lo tanto, uno de los puntos más delicados de todo el proyecto, donde ponemos a prueba nuestra madurez y nuestra seriedad.

El posible impacto

En nuestro croquis, el «Consejo» es simbolizado por una nueva figura:

Si ahora intentáis imaginar que todo este escenario va a ser instalado en una de estas ciudades de tipo provincial y medio con estructuras políticas, culturales y económicas débiles, tal vez podéis comprender que en este modelo reside una dinámica subversiva considerable. Esta estructura puede difundirse como un cáncer (un cáncer benigno —por supuesto—) o instalarse como una mafia, dirán probablemente nuestros enemigos, con el fin de conquistar estructuras, poderes e influencias en esta ciudad: poco a poco, antes de que las autoridades locales y provinciales comprendan realmente lo que está pasando, nuestras estructuras se difunden, se instalan y toman determinadas posiciones conquistándolas, si existían previamente o bien creándolos, si aún no existían.

La juventud como «segunda generación»

Ahora intentad imaginaros lo que pasaría, si adicionalmente «secuestrásemos» a la juventud de esta ciudad… Esto lo intentamos, creando numerosas de puestos de aprendizaje… ¡y esto en un momento en que el paro es uno de los azotes más graves de la gente y especialmente de la juventud! Los padres de aquellos jóvenes apenas podrían polemizar contra estos «anarquistas malos» y seguir con sus prejuicios si precisamente estos anarquistas le dieron trabajo a su hijo o hija. Y para aquellos jóvenes que después de haber crecido durante dos, tres años rodeados por y enrollados con nuestros proyectos, empiezan un aprendizaje en una de nuestras empresas, gesta forma de «anarquismo» ya no tiene nada de exótico ni de extraño, sino que es una alternativa totalmente normal, común y corriente. Con esta forma de vida alternativa ya han estado en contacto múltiples veces, sea en nuestro centro juvenil, en nuestra discoteca, en nuestro club cultural, en nuestra banda de rock o en nuestro café. Y ellos podrían ver perfectamente que el trabajar en un colectivo anarquista significa vivir y trabajar en condiciones más libres, agradables, satisfactorias, sin jefes y sin ser una persona explotada, participando ellos mismos en las decisiones.

Ellos constituirán la «segunda generación» de nuestro proyecto. Ellos provienen directamente de la ciudad escogida y crecen directamente en la «Anarquía vivida».

La población no puede escapar de nuestra realidad

Si dejáis penetrar estas y muchas otras perspectivas en vuestra imaginación y si arriesgáis una mirada hacia el futuro, entonces al cabo de unos diez años, una familia media en esta ciudad de tipo medio, apenas puede escaparse de nuestra presencia y de esta nueva realidad. Una familia cualquiera tendrá, día tras día, los más diversos contactos con nuestros diferentes proyectos, iniciativas y actividades. Más tarde o más temprano, estarán obligados a tomar posición hacia nosotros. Y la posibilidad de que esta toma de postura vaya a ser más bien positiva que negativa es incomparablemente más grande que en cualquier circunstancia de actividades anarquistas actuales.

Entonces, por primera vez desde hace muchas décadas, tendríamos la posibilidad de que grandes partes de la población simpaticen abiertamente con la vida, el trabajo, la actividad y las propuestas anarquistas. Esto podría convertirse en una posibilidad realista en los primeros cinco a diez años después del inicio del proyecto.

La posibilidad de una vasta simpatía

No pensamos, sin embargo, que esta posibilidad sea nuestra meta final. Obviamente, solo es el comienzo. Únicamente significa eso: preparar el campo, crear bases sólidas, sobre las cuales luchas ofensivas y defensivas pueden ser organizadas y desarrolladas, al menos con la esperanza realista de un soporte por parte de la población local.

Esto es lo que queremos decir cuando hablamos de «salir del gheto» o de «volver a hacer anarquismo popular».

Las perspectivas individuales. Cambiar las profesiones. Viajar

Con todas estas consideraciones políticas no deberíamos olvidar las perspectivas individuales. Naturalmente, en la fase inicial de los primeros años, habrá poco descanso y mucho trabajo duro. No tenemos las más mínimas ilusiones al respecto.

Pero en años posteriores, dentro de las estructuras previstas, cada uno tendrá posibilidades más excitantes y satisfactorias para sus planes y perspectivas individuales, como por ejemplo: cambiar de oficio cada par de años y trabajar en los más diversos campos; participar en las más diversas actividades políticas, culturales y recreativas; poder combinar los tres puntos básicos —trabajo, felicidad personal y actividad política— sin tener que hacer mayores distinciones y separaciones entre ellos; hacer extensos viajes sin temor a perder el puesto de trabajo y los contactos sociales; desarrollar relaciones personales de cariño, amor y solidaridad dentro de un vasto círculo de amigos y compañeros; crecer junto a sus niños en un ambiente mejor; compartir toda una serie de establecimientos, equipos e instalaciones colectivas, que un individuo solo jamás podría disponer, excepto siendo millonario y, finalmente, desarrollar y realizar los sueños personales más exóticos y «utópicos».

Ejemplo de un proyecto «exótico»

Quisiera daros tan solo un ejemplo muy personal de un sueño parecido: siempre soñé con hacer un viaje a través de todo el mundo en un gran barco velero. Como un individuo, tal vez, lo podría lograr trabajando duramente y dedicando todo mi dinero y energía a este único sueño. Pero esto significaría, automáticamente, que no podría estar al mismo tiempo activo en el movimiento anarquista ni tampoco realizar media docena de otros sueños y proyectos que me parecen importantes. En el Proyecto A, en cambio, una vez que haya alcanzado cierta estabilidad, este sueño podría perfectamente realizarse, convirtiéndose en un «doble-proyecto»: podríamos comprar, acondicionar y equipar un barco, haciendo uso de la «caja común» e invirtiendo nuestra mano de obra, utilizando nuestros propios medios de producción como talleres, herramientas… Acto seguido este barco se utilizaría durante período de dos a tres años para ganar dinero, por ejemplo, llevando turistas por el Mediterráneo. Así, mientras el dinero invertido se amortiza; de paso, este barco ya da de comer a dos o tres compañeros que, a la vez, se perfeccionan en la navegación.

Viaje mundial propagandístico

Luego, este barco sería equipado con una librería internacional con las obras más interesantes, exposiciones, una pequeña impresora offset, equipos de filmación, diapositivas y video, una estación de radio y otros medios de propaganda útiles, con el fin de emprender un viaje mundial de propaganda y fraternidad anarquista, pasando por todos los puertos del mundo donde haya grupos libertarios, comunidades, iniciativas ecológicas, antimilitaristas y afines. Todo esto se haría con una gran campaña publicitaria que podría realizarse bajo un lema actual e internacional como por ejemplo desarme, internacionalismo, antinuclear… De esta forma, fácilmente podríamos lograr una atención pública mundial, comparable con las campañas de Greenpeace o Amnesty International (posiblemente colaborando con ellos), especialmente si combinamos nuestro viaje con espectaculares acciones directas relacionadas con el lema durante nuestro itinerario. Durante el viaje podríamos organizar —en coordinación con los compañeros de los puertos a visitar— actividades tales como semanas culturales, festivales de cine, conciertos de rock y folclore, manifestaciones, fiestas, teatro, rodaje de películas, edición de folletos, publicación de periódicos y octavillas… De esta manera, haríamos una espléndida labor de difusión de las ideas libertarias en muchos países, relacionando grupos y compañeros de diferentes lugares, demostrando que el anarquismo es un movimiento internacional capaz de organizar campañas internacionales. Podríamos animar e invitar a compañeros de los diferentes lugares a unirse a la tripulación por una temporada, creando así un colectivo internacional. En los puertos invitaríamos a la población a subir a bordo, participar en fiestas, conferencias, charlas, actos, proyección de películas, etc. La tripulación podría renovarse por avión, por ejemplo —llegados al mar Caribe— efectuando un cambio, realizar otro año de turismo para ganar dinero, continuar el viaje, etcétera.

El fin de las separaciones artificiales

Si ahora imagináis un solo instante de este viaje en barco, ¿podéis definirlo como ganar dinero, gozar la vida o realizar una misión política? Es todo a la vez y sería imposible diferenciar entre los tres sectores. Es eso lo que quería decir al comienzo cuando hablaba de superar los límites artificiales entre lo económico, lo privado y lo político, y este solo es un ejemplo entre todos los que estamos planeando en nuestro proyecto.

Pragmático y profesional… soñador y cariñoso

Así, la filosofía general existente detrás del Proyecto A es, simplemente, lograr una estabilidad política, moral y económica, combinando estos tres elementos de una manera inteligente y sofisticada. Al hacerlo, logramos una fuerza interna y externa que hará muy difícil que puedan desprestigiarnos, criminalizarnos o ridiculizarnos, ni siquiera ignorarnos. Esta fuerza nos dará, por otra parte, la posibilidad de ganar las simpatías de la gente, simplemente viviendo la Anarquía. En este marco de valores y estrategias, no vacilamos en admitir que seremos pragmáticos y profesionalistas en la medida necesaria, como tampoco nos avergonzamos en admitir que seremos sensibles, soñadores, tiernos y cariñosos en nuestras relaciones internas. El Proyecto A es una utopía para realistas, una visión para pragmáticos.

Al contar con esta fuerza, al combinar esos tres aspectos básicos en todos los detalles de nuestra labor, pensamos realizar esta base fuerte y ese trasfondo estable.

¿Dónde existe esto, hoy en día, en el movimiento anarquista?

Críticas

Bueno, ¿para qué sirve todo esto? ¿No es acaso un pretexto de algunos anarquistas exuberantes para prestarse el lujo de una buena vida con justificación política? Pensamos que no.

Si alguien ha entendido el Proyecto A de esta manera, no ha entendido nada de nuestras ideas y probablemente muy poco de la Anarquía. Naturalmente no solo es legítimo sino necesario realizar una vida mejor, y si lo puedes hacer viviendo y difundiendo la «Anarquía vivida», ¡tanto mejor! Toda esta crítica que nos dice que no se puede lograr nada dentro de este sistema, que es imposible instalarse y corromper el capitalismo desde dentro, que en tiempos no-revolucionarios poco y nada se puede hacer…, toda esta crítica al fin y al cabo se reduce a una sola cuestión: ¿existe una vida antes de la revolución? Esta pregunta la contestamos decididamente de manera afirmativa.

¿Reformista o revolucionario?

Al contrario, ¿no será que el lamento eterno de los «malos tiempos», del desinterés de la gente en conceptos revolucionarios, de la imposibilidad del cambio bajo estas circunstancias, etc. no es otra cosa que una excusa de la propia inactividad, falta de ideas y fatalismo? Vale pensarlo…

Afirmación revolucionaria

Pero, ¿no podría, al contrario, ser que el Proyecto A no cumpliera otro efecto que un remedio para las enfermedades de la sociedad capitalista? ¿Acaso no será otra cosa que una inmensa empresa cooperativista, tolerada mientras funciona en rincones neutrales de la sociedad, donde no pueda causar daño? ¿No es muy grande el peligro de que toda esta estructura sería perfectamente integrada y digerida por este sistema? ¿No llegará, finalmente, a ser una columna sostenedora de un sistema podrido, que le permite sobrevivir ya que realiza tareas sociales en rincones escondidos de la sociedad, donde las estructuras del Estado no llegan y no funcionan, haciendo las contradicciones del sistema más soportables para la gente? En una palabra: ¿es el Proyecto A reformista o revolucionario? Damos dos respuestas:

1- El peligro de integración, sin duda, existe, pero pensamos poder contrarrestarlo.

2- El Proyecto A es plenamente revolucionario.

Confusiones sobre la revolución

Quiero aclarar esta postura: La cuestión es, naturalmente, lo que entendemos por «revolución». Existe mucha confusión al respecto y proliferan muchos conceptos extraños. Nosotros entendemos el término «revolución» sobre todo en el sentido original, etimológico de la palabra: re-volver una sociedad, generar un cambio profundo y no superficial, derrocar un sistema y reemplazarlo por otro mejor. Este concepto no dice nada sobre la forma de la revolución: si ha de lograrse con barricadas u octavillas, violenta o pacíficamente, por la clase obrera o los intelectuales o por un fulano cualquiera, por oposición frontal y directa al sistema o creando otro nuevo que venza al viejo, por sindicatos, grupos de afinidad o colectivos, etc. En realidad, el Proyecto A adopta una postura de neutralidad hacia los diferentes conceptos actuales e históricos de la revolución. No tiene preferencias específicas y no reclama conocer el camino correcto hacia «la revolución». No somos profetas y tememos predicar si la revolución debe realizarse de esta u otra manera.

El proyecto no es «la revolución» sino su condición preliminar

El Proyecto A no es la revolución, sino una serie de pasos preliminares y necesarios hacia ella. El Proyecto A solo intenta —en la medida que lo estamos planeando, preparando y previendo— preparar el fundamento sólido sobre el cual la revolución llegue a ser una posibilidad concreta. Quiere construir el marco en el cual exista una cierta garantía de que, después de una posible superación del viejo sistema, habrá formas embrionales, funcionales y virulentas de otro sistema mejor, listo a reemplazarlo.

Pacifista, no; pacífico, sí

En el Proyecto A, actualmente, tenemos anarquistas de todo tipo: pacifistas y militantes, sindicalistas y filósofos, currantes y teóricos, ecologistas y pragmáticos y la gran mayoría no pertenece a ninguna tendencia definida. Igualmente diversos son nuestros conceptos de cómo ha de suceder y realizarse una revolución. Pero nos une un consenso fuerte, de manera que cualquier revolución deseable tendría que realizarse con el mínimo de violencia posible.

Revolución e insurrección

Frecuentemente, se mezclan dos conceptos que no deberían ser confundidos: la revolución y la insurrección. Una insurrección es una revuelta, un motín, una contestación espontánea que, quizá, pueda derrocar a un sistema. Esto no quiere decir que una insurrección se transforme automáticamente en una revolución. La historia nos ofrece experiencias de todo tipo: hubo insurrecciones que solo llegaron a instalar nuevas dictaduras, hubo revoluciones que triunfaron sin insurrección y hubo insurrecciones que llegaron a generar una revolución triunfante. Todo, pues, es posible. Sin embargo, en la imaginación de la gente —y de los anarquistas— el concepto de revolución está estrechamente ligado con el de insurrección. Frecuentemente es un simple sinónimo.

Fenotipo y genotipo

Este punto de vista no solo es incorrecto, sino dañino, porque conduce a resultados equívocos. En realidad, aquellos que piensan que todo lo violento es automáticamente revolucionario y todo lo pacífico automáticamente reformista, tan solo tienen en cuenta los fenómenos de las cosas. Intentan calificar el carácter de un acontecimiento atendiendo solo a sus formas.

No podéis juzgar el contenido de una lata sin mirar en su interior. En el Proyecto A solemos hablar de «fenotipo» y «genotipo», dos términos tomados de la biología. El «fenotipo» viene a ser el aspecto exterior, la presentación superficial, la forma de un acontecimiento. El «genotipo» es el desarrollo interior que lleva este mismo acontecimiento, la dirección que va a tomar, su calidad. En consecuencia, nos manejamos con muchísimo cuidado juzgando si los movimientos sociales son revolucionarios o reformistas, mirando solo sus formas superficiales de actuación.

Chicago, 1886

Por ejemplo, los trabajadores anarquistas del Chicago de 1886, ¿eran revolucionarios o reformistas? Bueno, bajo el juicio de algunos jóvenes anarco-puristas alemanes actuales, tienen que haber sido llanamente reformistas. ¿Para qué han luchado? ¡Para la jornada de ocho horas! Tenían, pues, el mismo fin que la sindical reformista alemana DGB. Tal punto de vista solo tiene en cuenta el «fenotipo» del movimiento y «olvida» que aquellos obreros formaron parte de una estrategia con fines revolucionarios y lucharon por la mejora de sus condiciones de vida, mejores salarios y reducción de la jornada laboral no como parte integral del sistema, sino como primer paso para vencer ese sistema. La reivindicación como fenómeno puede ser reformista o revolucionaria, depende del contexto de lucha y perspectiva en la cual está envuelta, es decir, del «genotipo».

Los trabajadores de Chicago desarrollaron sus luchas dentro de un movimiento popular, contando con una base sólida y solidaria y una buena estructura organizativa, al igual que nosotros intentamos crearla (de una forma adecuada a nuestra sociedad de hoy día) en nuestro proyecto. En síntesis: el «genotipo» de las luchas de Chicago era revolucionario, si bien el «fenotipo» de algunas de sus acciones, vistas separadamente, puede parecer «reformista».

España, 1936

O tomamos el famoso ejemplo español. Es realmente asombroso que tan pocos anarquistas comprendan que la revolución española no comenzó en 1936, sino unos cuarenta años antes.

¿Qué hacía la CNT durante todos estos años? ¿Qué hacía la Internacional en España antes de crearse la CNT? No solamente aquellos intentos heroicos y bien conocidos de huelgas generales, revueltas, insurrecciones y expropiaciones, sino también y al mismo tiempo, toda una serie de cosas «reformistas»: crearon e instalaron sus sindicatos, crearon escuelas y economatos, cooperativas obreras y agrarias, talleres, ateneos, editaron libros, revistas culturales y filosóficas, formaron estructuras en barrios y entre el vecindario, lucharon por pan, trabajo, mejores sueldos, reducción del horario, condiciones dignas de trabajo y muchas cosas más.

La labor cotidiana

En otras palabras, también realizaron todo ese paquete de trabajo silencioso de base, esa labor continua, cotidiana, aburrida, sucia, frustrante y difícil de pasos pequeños, clásicamente «reformista» y bajo un punto de vista «fenotípico», idéntica a la labor que realiza cualquier partido socialdemocrático, liberal o democristiano de hoy en día o, incluso, como lo hace la iglesia católica en sus tareas sociales. Pero solo en la superficie.

Porque, precisamente, la CNT se preparó al mismo tiempo para tomar las fábricas en sus manos, revolucionar el campo, organizar la distribución, implantar el comunismo libertario. Se armó para el caso de derrocar a la reacción y finalmente triunfó, aunque solo por pocos años. Pero sin esta base de fenotipo «reformista», nunca hubiera existido un «pueblo en armas» y aquellos que hubieran tomado el fusil hubieran sido unos pocos locos, totalmente aislados y sin la más mínima posibilidad de vencer. Si miráis la actividad media de cualquier núcleo cenetista habitual en cualquier año entre 1906 y 1936, encontraréis precisamente un «fenotipo» reformista. Sin embargo, todos sabemos que la CNT era extremadamente revolucionaria. ¿Una contradicción? ¡De ninguna manera! Justamente cuando tenéis en cuenta el «genotipo», la esencia, del anarcosindicalismo español, podemos comprender que en su conjunto todo cambiaba de valores: entonces incluso aquellos actos de «fenotipo» reformista formaban parte de un proceso de «genotipo» revolucionario. Ambos conceptos se condicionaron mutuamente. La CNT logró varias mejoras, pequeñas reformas, antes del 36. Pero ninguna de ellas jamás hubiera cambiado la sociedad de una forma radical. Por otra parte, el puro gesto heroico e insurreccional no hubiera triunfado como lo hizo en el 36, si la CNT no hubiera creado esta base estable con su labor continua, de pequeños pasos «reformistas» durante todos aquellos anteriores.

La «receta secreta» de la revolución española

Esa es la «receta secreta» de la revolución española y de las otras pocas revoluciones anarquistas que por corto tiempo lograron triunfar: que los anarquistas de antaño no se consideraron demasiado finos como para ocuparse también de los pequeños problemas cotidianos de sus contemporáneos y de ellos mismos, con el fin de proponer una solución radical en el momento propicio, que podía ser seguida por las así llamadas «masas».

Hay que prepararse para la crisis del capitalismo

La estrategia del Proyecto A sigue la misma filosofía: No sabemos cómo y cuándo llegará aquel «momento propicio».

Un sistema estatal puede caer en crisis muy rápidamente y de forma imprevista, casi siempre debido a factores ajenos y no a causa de nuestra agitación social. Nadie puede predecir, hoy en día, si una situación revolucionaria en Alemania puede darse mañana o dentro de veinte años. Pero tendríamos que estar preparados, bien preparados, para responder a una situación tal de forma adecuada. Un vacío de poder, como se efectuó en España en julio de 1936, no debe necesariamente conducir a una revolución libertaria. Puede fácilmente caer en el otro extremo: una dictadura fascista u otra asquerosidad similar.

Derrocar la confianza en las instituciones

Por eso, la mejor forma de prepararnos es la de crear estructuras sólidas, hacer vivir a mucha, mucha gente las más diversas experiencias de Anarquía vivida, hacerles ver que la autogestión es posible, hacerles perder todo miedo, respeto y confianza en las instituciones estatales, hacerles capaces de tomar su propio destino en sus propias manos en la ocasión dada y darles el coraje necesario. Y ese autocoraje se adquiere mediante muchas experiencias pequeñas y cada vez más grandes, experiencias que podemos empezar hoy mismo. Desde luego, la revolución española no hubiera triunfado solo con esos pequeños pasos y sin que los obreros tomaran los fusiles de los cuarteles y quebraran la resistencia de los generales facciosos. Ése no era un paso pequeño, sino grande. ¡Pero es que los obreros también se habían preparado para esto, lo habían aprendido de antemano! Sin embargo, ellos no eran revolucionarios militaristas-profesionales, sino simplemente trabajadores en lucha. Y después de dos, tres días de lucha abierta en las calles de Barcelona, estos mismos obreros sabían perfectamente cómo organizan sus fábricas sin jefes y cómo organizar la vida social de todo un país. ¡Porque se habían preparado también para esto! Y tenían la base, la simpatía, la solidaridad y la confianza como para vencer y realizar esta profunda revolución. Ellos no tenían problemas en combinar inteligentemente elementos de fenotipo «reformista» y otros de tipo «revolucionario».

El mito de la lucha violenta

Es este el camino correcto para lograr la revolución y, pienso, que esta es la razón por la cual muchos de los compañeros y compañeras del Proyecto A no son ciento por ciento pacifistas.

Lo que pasa es que no glorificamos la violencia ni la vemos como un valor por sí mismo. El problema es, lamentablemente, que en los mitos históricos de las revoluciones viene a ser glorificada siempre la lucha y la insurrección, olvidándose del resto.

La analogía con el anarcosindicalismo

En el Proyecto A no queremos olvidarnos de este «resto».

Comenzamos a dar un primer paso y pensamos que, incluso pareciendo «reformista» a algunos, es genuinamente revolucionario. Cualquiera que relea las discusiones históricas que tuvieron lugar cuando, a principio de siglo, la nueva idea del «anarcosindicalismo» penetró en el movimiento anarquista —por ejemplo, el famoso Congreso de Amsterdam de 1908— verá también que, en aquel entonces, muchos anarquistas puristas sostenían que cualquier tipo de sindicalismo debería ser necesariamente reformista. También ellos solo tenían en cuenta el «fenotipo» del anarcosindicalismo y se olvidaron de su «genotipo».

En la realidad, el anarcosindicalismo fue hasta nuestros días la corriente libertaria con más éxito. Pero ya no vivimos en los años treinta y lo único que intentamos nosotros es dar una respuesta actual a nuestra realidad actual.

Este concepto nuestro de revolución es capaz de resolver la aparente contradicción de que en la historia de las revoluciones, esfuerzos idénticos llevaron a resultados diferentes. ¿Por qué un levantamiento heroico, por ejemplo en Alemania, Italia o EE.UU. falló, mientras que otro levantamiento igualmente heroico triunfó en otras partes, por ejemplo en España, Ucrania y la Argentina? La razón más importante es el hecho de que para el triunfo de una revolución no es suficiente tanto el grado de heroísmo y dedicación sino su contorno: la estabilidad y el nivel de la base de la cual la revuelta emerge.

La «línea imaginaria de resistencia»

Cada revolución tiene que tratar con lo que llamamos la «línea imaginaria de resistencia». Esta línea está compuesta por dos factores: la resistencia en las mentes de la gente que más bien temen a una revolución en vez de desearla. El fin táctico de cada revolución debe ser debilitar esta línea de resistencia, perforarla y hacer que desaparezca.

Pinchazos y labor constante

Eso puede hacerse de dos maneras: perforarla y destruirla con continuos pinchazos o bien debilitarla y vencer así la resistencia en la mente de la población. Es obvio que no podremos jamás vencer esta línea en la mente de dictadores y capitalistas simplemente con buenos argumentos. Por eso, levantamientos, rebeliones, huelgas generales, etc., es decir, los «pinchazos» serán, con toda probabilidad, necesarios en momentos determinados. Esto significa perforar la «línea» mediante la lucha directa. Por otra parte, jamás podremos vencer la «línea de resistencia» en las cabezas de esta gente que queremos «liberar», empleando la fuerza y la insurrección contra ellos. Por eso, la tarea de debilitar esta «resistencia en las mentes» ha de efectuarse con modelos de «Anarquía vivida», mediante ejemplos, creando contraestructuras virulentas, haciendo así de la revolución algo que, cada vez más gente, en lugar de temer, desee, contando con múltiples pequeñas experiencias, que les darán el coraje y los conocimientos para realizarla. Esto quiere decir, en consecuencia, que ambas formas son necesarias y que la tarea de los anarquistas debe ser la de mantener la forma violenta lo mínimo posible.

Elevar el nivel de la base

Esto puede lograrse estando activo en dos campos: primero tenemos que levantar el nivel de la base, desde la cual una revuelta puede levantarse. Es esta la «base sólida», de la cual hablé tantas veces en el principio. En segundo lugar tenemos que debilitar la resistencia en las mentes de la gente. Es en estos dos campos donde el Proyecto A quiere empezar a trabajar ahora mismo. Nosotros enseñamos tan solo un camino posible y cualquiera puede realizar cosas similares y análogas.

Es este el lugar del Proyecto A en el esquema de la revolución. El Proyecto A no es, ni lo pretende, «la revolución», sino un paso preliminar necesario.

Crear una vasta cultura libertaria en la vida cotidiana

Lo que queremos lograr dentro de los próximos diez, veinte, treinta años es precisamente crear una vasta cultura libertaria en la vida cotidiana. En el croquis anterior, esto sería la capa gris, el nivel del caso 2, la base para la revolución, que a su vez puede alimentarse de esta misma base. En este dibujo podéis ver fácilmente que un esfuerzo idéntico de revuelta, que parte de una base débil e inferior no toca siquiera la «línea de resistencia» o apenas la perfora durante escaso tiempo. Conocemos todos —sobre todo en Alemania— esta dinámica de las pequeñas luchas militantes locales de los últimos veinte años que precisamente fallaron por falta de una base adecuada y cada vez, de nuevo, cayeron a cero. Partían de un nivel muy bajo. Por otra parte, la línea de resistencia que tenían que perforar aún era muy espesa y fuerte. Un idéntico esfuerzo sin embargo puede perfectamente perforar la línea de resistencia actuando de forma repetida y constante, si parte de un nivel más alto y estable, que —a su vez— ya haya debilitado esta línea de resistencia. Y si estas perforaciones se repiten y se hacen frecuentes, tenemos lo que llamamos por definición una situación revolucionaria y, si la perforación es permanente, tenemos la revolución misma. La revolución española, en realidad, partió de un nivel muy alto y tenía que perforar una línea de resistencia muy débil, por parte del sistema y muy pequeña en las mentes de mucha gente. Y esta situación era precisamente el fruto de cuarenta años de labor continuada, de dedicación y de una cultura libertaria vastamente difundida. Es precisamente esto lo que queremos crear con nuestro Proyecto A.

La «identificación negativa» con el estado

Quisiera ilustrar esta teoría con una simple experiencia, que —probablemente— podéis compartir en muchísimas ocasiones: hoy día, la mayoría de la gente no es entusiasta del Estado o del gobierno ni mucho menos. Tiene lo que llamamos una «identificación negativa» con el Estado. Es muy fácil hacer a una persona cualquiera coincidir con vosotros en los siguientes juicios: que el gobierno es una mafia, que el Estado es criminal, que los impuestos son un robo, que los funcionarios son corruptos, que las autoridades son una banda de arrogantes, que los precios son un chantaje, etc.; muchos anarquistas entonces creen que aquellas personas también son anarquistas en el fondo de sus corazones y que quisieran igualmente abolir el Estado. Estos anarquistas simplemente se olvidan de la otra cara de la moneda: esta misma gente teme cualquier revolución y se acuerda rápidamente de que el Estado, pese a todo, también es una especie de compañía de seguros, que paga la renta y el subsidio de paro, construye escuelas, carreteras y hospitales, mantiene cierto orden e impide —en principio— que seas asaltado y robado a golpes de navaja… «Pese a todo», suele decir la gente, «las cosas no están tan mal y si el Estado desaparece, podría ser mucho peor».

El temor a la revolución

Por eso no desean ninguna revolución. Tienen algo que perder y lo que nosotros queremos ofrecer es muy nebuloso: no ha sido jamás una experiencia vivida, al alcance, accesible. ¿De dónde ha de venir la confianza de esta gente, de que ellos mismos podrían construir un futuro mucho mejor? Esta «identificación negativa» con el Estado de hoy día es probablemente mucho más difícil de superar que el nacionalismo ciego y el chauvinismo irracional de tiempos pasados. Por eso ya no podéis convencer a la gente simplemente con algunos argumentos bien estructurados que les hagan comprender su malestar ni tampoco con alguna que otra acción ejemplar, sino más que nada con ejemplos concretos, que los convenza de que las cosas irán mejor si las tomamos en nuestras propias manos.

Nuestros primeros pasos concretos

Bueno, me parece que ya he hablado suficiente de sueños y teoría. Al hacerlo, me he alejado bastante de aquella ciudad alemana y la gris realidad que estamos viviendo ahora mismo.

La cuestión importante que se impone ahora es ¿cómo vamos a pasar del «ahora» al «mañana» que acabo de describir y plantear? ¿Cuáles serán nuestros pasos concretos? ¿Cuál será el horario que queremos seguir?

Cronología

La cronología que trato de daros ahora tiene que ser muy corta y abreviada. Tiene muchos detalles técnico-administrativos particulares de la República Federal Alemana y trataré de no perderme en ellos, ya que la realidad en cada país es diferente. Por lo tanto, poco se podrá concluir de ello dadas las diferentes realidades nacionales.

La «fase preparatoria»

Para nosotros, una muy buena preparación del proyecto es de singular importancia. La mayoría de nosotros proviene, y permanece activo, en el movimiento libertario alemán desde hace muchos años. Así, todos sabemos lo rápido que pasa el tiempo y la facilidad con la que se escapan los años. No queremos gastar tiempo debido a una mala o precipitada preparación, ni con tonterías prematuras. Nuestro lema al respecto es muy sencillo: «tenemos mucha prisa, por eso lo preparamos muy lentamente».

Hacernos grupo

Después de haber publicado el libro se definió la «fase preparatoria». En ella nos encontramos ahora mismo (nota del autor: sobre la respectiva situación actual, ver la hoja de introducción). Durante esta fase ciertas cosas tienen que lograrse: tenemos que conocernos mutuamente, no solo escribiéndonos cartas o intercambiando ideas políticas y opiniones, sino también como personas en nuestras vidas y nuestros caracteres.

Tenemos que hacernos grupo en el sentido amplio de la palabra: política, económica, individual y psicológicamente. Son procesos variados que necesitan tiempo.

Profesiones

Tenemos que encontrar personas con las profesiones adecuadas: ya sea con título o conocimientos autodidactas o bien concluyendo las formaciones profesionales en curso y los oficios que los compañeros desean realizar en el futuro proyecto.

Discutir el concepto

Tenemos que formar los pequeños grupos que constituirán los futuros «doble-proyectos». Tenemos que juntar el dinero necesario para la compra de equipos, inmuebles y terrenos, una vez elegida la ciudad. Tenemos que volver a discutir críticamente todo el contenido del libro «Das Projekt A», que no es otra cosa que una propuesta general, a fin de cambiarlo, completarlo y así elaborar un nuevo concepto con el cual nos identifiquemos todos.

Tenemos que conocernos en situaciones normales y extraordinarias. Para ello nos visitamos mutuamente, organizamos encuentros y mitines, campamentos y viajes, planeamos pequeños proyectos temporalmente limitados para trabajar juntos, etcétera.

Estructura orgánica

Tenemos que organizar toda una estructura de encuentros a escala nacional, regional o profesional, donde desarrollemos la discusión, adoptemos decisiones, elaboremos los detalles y planeemos los próximos pasos. Hemos de crear un boletín de debate interno, de crítica e información, donde cada uno pueda expresarse sin censura. Tenemos que hacer sesiones y juegos de tipo psicodinámico e intentar abrirnos mutuamente, entrenar nuestra sensitividad y nuestra comprensión entre todos. Tenemos que analizar los puntos débiles y los posibles peligros de nuestro proyecto e intentar elaborar contraestrategias. Tenemos que prever y calcular el posible rechazo y represión. Todo eso y mucho más ha de realizarse en dicha «fase preparatoria».

Final de la preparación

Esta fase no se define por tiempo, sino por calidad. Es decir, que esta fase no termina después de determinado tiempo, sino en el momento en que estemos convencidos de haber cumplido con todas esas necesidades y de que ya no hay nada de que hablar sino que el asunto esté maduro para empezar. Una vez que tengamos las personas precisas en el lugar correcto, el dinero y las profesiones unidas, encontrada la ciudad adecuada y elaborado el proyecto justo, sintiéndonos grupo, empezaremos.

Encontrar el lugar adecuado

La ciudad adecuada debe encontrarse durante la fase preparatoria. Para ello elaboramos una especie de lista de criterios con un sistema valorativo. Estos criterios abarcan aspectos como por ejemplo el ambiente ecológico, la calidad urbanística, los precios de casas, terrenos y locales, actividades políticas y culturales, presencia de otros movimientos sociales, estructura político-administrativa, fuerza económica, estructura coexistente con industrias, servicios públicos y comercio, distancia a otros centros urbanos mayores, agricultura y artesanía, posibilidad de colaboración con otros proyectos alternativos locales y mucho más. En una segunda fase, creamos «patronazgos» para las ciudades preferidas y propuestas por diferentes compañeros, reduciendo así las candidaturas a un número menor. En una tercera fase, tras haber reducido nuevamente el número de ciudades, enviaremos «espías» a los lugares restantes, con el fin de vivir allí una temporada y obtener el máximo de informaciones e impresiones. Al mismo tiempo, cada integrante del grupo tiene la ocasión de visitar estas ciudades personalmente. Finalmente tomaremos una decisión común de acuerdo con los resultados obtenidos, esperando encontrar así para nuestro proyecto específico una ciudad más o menos «óptima».

Archigrupo y grupos pioneros

Mientras tanto, los procesos de clarificación en los más diversos grupos habrán progresado, de manera que ya podemos crear lo que llamamos el «archigrupo», es decir, gente, que ya está del todo convencida y dispuesta a contraer compromisos y obligaciones. Hasta este momento, la presencia en el grupo era totalmente libre y no obligaba a nada. Ahora, sin embargo, habrá compromisos de toda clase, libremente contraídos, de tipo moral, legal y económico. Cada grupo puede unir a sus componentes según su parecer y pensamos que, en los casos en que existan grandes inversiones de dinero, conviene incluso firmar contratos legales que eviten una pelea eterna en el caso de que el compromiso político-moral fallase.

Contraer compromisos

Quisiera recordar, sin embargo, que cada «doble-proyecto» es autónomo al fijar sus estructuras y que, hacia el proyecto entero, solamente existen obligaciones de tipo moral. Sin embargo, según la experiencia de muchos proyectos alternativos de los últimos veinte años, parece ser conveniente que se fije de antemano la manera en que un grupo se disuelve en caso de pelea, convención que debería establecerse cuando el grupo esté en plena armonía.

Juntar fondos económicos

Otro proceso que hay que realizar durante la fase preparatoria es el de reunir las sumas de dinero necesarias que deben ser invertidas. En principio, cada colectivo (doble-proyecto) tiene que arreglarse por sí solo. Eso se hará probablemente de manera muy convencional y clásica: trabajar y ahorrar dinero, conseguir un crédito, contribuyendo con capitales ya existentes (libretas de ahorro, venta de inmuebles, etc.), obtener préstamos de familiares y amigos, organizar campañas de solidaridad, cobrar herencias futuras o actuales. Otros pueden contribuir inicialmente con bienes materiales como equipos, vehículos, maquinaria, terrenos, casas, experiencias, etc. Adicionalmente podemos vender bonos de solidaridad, organizar conciertos en beneficio del proyecto y crear una especie de grupo de soporte entre simpatizantes, amigos y compañeros fuera del proyecto, que pueden efectuar donaciones. Por otra parte, desde el comienzo, abriremos una cuente corriente común, en la que cada interesado y futuro participante contribuirá con una mensualidad determinada por él mismo, en función de su situación económica.

Este dinero, no demasiado al principio pero que irá acumulándose como un ahorro nutrido por muchas pequeñas donaciones mes por mes, no ha de utilizarse para ni por ningún «doble-proyecto» específico, sino que será fondo común.

Nuestra caja común

Es una primera suma «simbólica» de nuestra unidad colectiva, y debe emplearse justo después del comienzo para beneficios de todos, sea como caja de emergencia o para comprar equipo general que todos necesitamos. Esta caja común y su administración es el comienzo, la forma embrional, del «Consejo» anteriormente descrito y de esta forma este «Consejo» ya puede empezar a funcionar antes del comienzo real. Como ya dije, posteriormente este fondo será nutrido por las ganancias que cada «doble-proyecto» genere. Será, pues, una de las medidas preventivas con las cuales pensamos superar las más diversas crisis que, seguramente, sufriremos en la etapa de los primeros meses y años.

Independencia financiera del estado

Estamos todos de acuerdo que queremos mantener el volumen de créditos y préstamos lo más reducido posible y que ningún proyecto dependa de ayudas y subsidios estatales o semi-estatales, muy frecuentes en Alemania, Escandinavia, Australia, etc. Esta decisión no es tanto una decisión moral como pragmática. No tenemos inconvenientes en aceptar dinero del Estado (porque al fin y al cabo es dinero que viene del pueblo y nosotros lo emplearemos mejor que, por ejemplo, el ejército), sino que queremos evitar que nuestro proyecto dependa del Estado y se vuelva objeto de toda clase de presiones y chantajes, como ha sucedido con muchos proyectos en Alemania. Cualquier subsidio será pues, para nosotros, una suma extraordinaria, pero cada proyecto debe ser conceptuado de forma que pueda también existir sin esta clase de «propinas».

¿Dónde encontrar a la gente?

La última cuestión importante referente a la fase preparatoria es la siguiente: ¿dónde y cómo encontramos la gente que necesitamos para empezar el proyecto?

Un proyecto para todos

Obviamente, el primer «reclutamiento» se efectuará mediante la difusión del libro. Esta gente vendrá en su mayoría, directa o indirectamente del movimiento anarquista. Esto no es necesariamente una ventaja. El Proyecto A no está definido como un proyecto para anarquistas. Por contra se define como un proyecto anarquista para todo el mundo. Tenemos a este respecto otro lema muy sencillo: «Cualquier persona, que realmente desee vivir de esta forma y lo demuestre con seriedad, para nosotros es suficientemente anarquista, no importa cómo se defina ella misma». No ponemos etiquetas a la gente sino que queremos valorarla como personas. Sin duda, ningún carácter autoritario se sentirá a gusto entre nosotros y dentro de estas estructuras libertarias. Lo que queremos lograr, ya desde el comienzo, es crear estructuras abiertas y acogedoras para todos, especialmente para esta dichosa «gente normal» que es a quienes queremos convencer. Quisiera recordar lo que ya dije: que en la fase inicial queremos ya emplazar a nuestros «pioneros» por la «segunda generación» que queremos encontrar e integrar desde la población local.

Evitar la publicidad sensacionalista

Pese a todo, no dudamos que este proyecto empezará con un 80% de anarquistas. Esto se debe a que estamos cuidadosamente evitando toda publicidad y prensa sensacionalista. No queremos alertar de forma innecesaria ni a la policía, ni a la justicia, ni a las autoridades locales, entidades bancarias, ni a la administración, ni a la prensa, televisión, etc. De otra manera, estos podrían fácilmente montar el fantasma de una «oscura conspiración anarquista» que podría obstaculizar nuestro camino incluso antes de haber empezado, provocando así el fracaso de todo el proyecto. Por eso, el libro y las demás informaciones no se transmite ni por librerías ni públicamente, sino de persona a persona y por las redes libertarias ya existentes en Alemania. No quiere decir que sea un proyecto secreto o paranoico, solamente queremos disminuir el riesgo de una publicidad prematura y dañina.

Evitar debilitar el movimiento anarquista

El peligro de que de esta manera desviemos de otros proyectos y organizaciones anarquistas a los mejores militantes, debilitándolos de esta forma, es relativamente pequeño, ya que el Proyecto A interesa, sobre todo, a aquellos anarquistas que hasta ahora no tenían perspectivas claras o no estaban satisfechos con el trabajo que iban realizando.

El balance del grupo. Proceso de «selección»

Por todo ello, estamos intentando crear cierto balance para llegar a un grupo armónico. Decimos, abiertamente, que el proceso de formar el «archigrupo» es un proceso de selección. Es un proceso de selección «mutua». No hay una autoridad que decide, sino que decidimos todos en un proceso diario de conocernos y compartir experiencias. Quien no aporte la seriedad y el interés necesario, no encontrará a otros compañeros que constituyan con él un doble proyecto y se autoexcluirá de esta manera por falta de confianza, seriedad y madurez. Bajo este aspecto, el Proyecto A no es abierto para «todos». No somos liberales, sino libertarios. Tomamos muy en serio el principio del libre acuerdo y del contrato social, tal como cualquiera puede hacerlo.

Advertencia

Por eso dimos y seguimos dando una clara advertencia a todos los entusiastas de poca voluntad, que puedan cruzar nuestro camino: este proyecto significa trabajo duro y requiere disciplina, dedicación, entusiasmo, realismo y entrega. No es un pasatiempo, sino, para la mayoría de nosotros, una perspectiva para toda la vida. Es un proyecto para soñadores, pero solamente para soñadores realistas. En consecuencia, hemos publicado una especie de «ideal» de la composición de nuestro grupo.

La simpatía mutua. Jóvenes, mujeres, niños y ancianos

En primer lugar, buscamos a gente simpática que no se una al proyecto siendo frustrados, agresivos o indiferentes. Necesitamos gente optimista, sin perderse en un entusiasmo ciego.

Probablemente el criterio de «simpatía mutua» adquirirá una gran importancia en los primeros contactos, quizá más que la afinidad teórica en ideales políticos. Sería peligroso, si la mayoría de los componentes fueran muy jóvenes. Compañeros de dieciséis o dieciocho años se entusiasman fácilmente por un concepto, pero al cabo de unos meses o años sienten la gran necesidad de un cambio, de andar por el mundo, de vivir otras experiencias. Sería irresponsable someterlos a la presión moral de permanecer y cumplir con sus compromisos. Por otra parte, su marcha podría —si se tratara de muchos— poner rápidamente en peligro todo el proyecto. Esta consideración, naturalmente, es de carácter general y la edad sola no es siempre un factor de peligro. En realidad, ya hay una serie de excepciones positivas.

Solo queremos lograr que el promedio de los integrantes sea equilibrado y, desde luego, habrá gente joven así como gente adulta y de edad más avanzada. Por otra parte, las personas que buscamos tienen que aportar alguna experiencia tanto en el campo político como laboral.

El participante «ideal»

Una persona que nunca antes haya sufrido una derrota política, fácilmente se desilusionará de tal manera al vivir las primeras frustraciones del proyecto que perderá todas las esperanzas. Y no tenemos la menor duda que viviremos muchas frustraciones y que sufriremos alguna que otra derrota… Una persona que ya ha sufrido frustraciones anteriores, sin que estas la hayan hecho pesimista y amargada sería ideal para nuestro proyecto. Otra preocupación es el equilibrio entre mujeres y hombres que normalmente está en pésimas condiciones. Esperamos firmemente que el marco de este proyecto sea capaz de dar a las mujeres todas las posibilidades de realizarse y sentirse bien y haga posible que, incluso los hombres, puedan convertirse en buenos «feministas» en el mejor sentido de la palabra. De hecho ya existe un grupo de mujeres que desarrolla su propia actividad. También queremos integrar a muchos niños en nuestro proyecto, ya que una educación libre y libertaria es una de nuestras preocupaciones para el futuro. Un proyecto sin niños es un proyecto sin vida y sin futuro… Por último, queremos crear lugares donde la gente anciana pueda vivir con dignidad. Tenemos muchos planes en este sentido, imposibles de desarrollar aquí pero, al fin y al cabo, todos sabemos que nosotros seremos los viejos de mañana y ninguno de nosotros quiere vivir la vejez en estas condiciones inhumanas e indignas frecuentes en los modernos estados sociales. Además, un aspecto que llevó a estas consideraciones es el hecho vergonzoso de cómo el movimiento anarquista, que reclama un alto ideal humanitario, muchas veces dejó vivir y morir a sus propios compañeros ancianos en lamentables condiciones.

En suma, estamos buscando personas de edad media, experimentadas, con oficio, de inclinaciones libertarias, si es posible que contribuyan material e ideológicamente siendo soñadores realistas, con cierta capacidad de digerir frustraciones y la cantidad necesaria de entusiasmo. Introduciendo estos criterios de selección, preferimos crecer lentamente en favor de una más elevada calidad del grupo. Estas condiciones, que pueden parecer algo rígidas, están en realidad abiertas a excepciones que, tanto el proyecto entero como cualquier «doble-proyecto» puede hacer. Están previstas más que nada para la composición del «archigrupo» y de los primeros «grupos pioneros» y sabemos perfectamente que estos se encuentran, en la fase inicial, en una situación dura y difícil, que requiere todas las energías para la instalación del proyecto y sus defensas contra los primeros ataques. En períodos posteriores, una vez el proyecto instalado y sólido, podemos reducir estas condiciones o prescindir totalmente de ellas.

Apoyo para grupos «problemáticos»

Pensamos, incluso, que entonces el proyecto puede adquirir una gran función de integración a grupos marginados o de cierta problemática, como por ejemplo, drogadictos, alcohólicos, psíquicamente débiles, etc. integrándolos en los diferentes colectivos.

Infiltración del lugar

El primer paso hacia la ciudad elegida, desde luego, no será de tal manera que una invasión de anarquistas hunda a la localidad en un día determinado. Nos instalamos poco a poco y comenzamos por instalar aquellos proyectos que, por su necesidad técnica o para la infraestructura, son imprescindibles.

Queremos que también aquellos compañeros que se encuentran actualmente en paro consten entre los primeros que se instalen. Mientras tanto, otros proyectos menos importantes, que ya funcionan, permanecen a la espera, al igual que aquellos compañeros, que aún trabajan en sus antiguas profesiones y cobran sueldos altos. Así, en caso de necesidad, ellos pueden prestar ayuda financiera y moral a las primeras crisis que los «pioneros» puedan sufrir. Estos, a su vez, pueden buscar locales, viviendas y terrenos adecuados para aquellos que están esperando. Así efectuamos una especie de «infiltración» que puede durar, aproximadamente, dos años.

Seguridad

Evitamos así un «choque» masivo dentro de la población que pueda sentirse invadida y a la vez damos una especie de seguridad económica al inicio. Recién terminada esta «fase de infiltración» con tres, cuatro o cinco olas de instalación, comienza realmente el Proyecto A en cuanto a un factor político, abierto y ofensivo. Una vez superados los primeros problemas y crisis, tendremos el tiempo y la dedicación necesaria para salir al público y presentarnos abiertamente como alternativa social, política y cultural.

Y ahí se cierra el círculo. Lo que queremos que se desarrolle y suceda, ya lo he explicado anteriormente.

Cambiar el concepto, si es necesario

Estas son nuestras ideas básicas, para poner el Proyecto A en marcha. Desde luego, la situación específica de la localidad también debe ser considerada: si allí ya existen proyectos que nosotros queríamos instalar, podemos cambiar nuestros planes o bien intentar combatir los existentes; depende si nos son simpáticos o no. En cambio, si vemos faltas y necesidades que no habíamos considerado anteriormente, podemos cambiar de planes y montar otros proyectos nuevos. Adicionalmente, antes de empezar, queremos contactar con toda gente de tipo «alternativo» en la ciudad, intentando saber su opinión hacia nuestros planes y tal vez ganando su soporte o incluso su integración en el proyecto.

La expansión del proyecto. Atracción para la gente de conciencia. Una red cubriendo todo el país

Obviamente, nuestra meta final no es la infiltración de una pequeña ciudad, actuar allí subversivamente con el fin de crear así una especie de isla anarquista.

…Nuestra meta final es, por el contrario, que el espíritu del Proyecto A, su esencia, se difunda y crezca. Queremos ser contagiosos en todos los sentidos. Queremos animar este proceso en dos niveles: a nivel local y a nivel nacional, pensando en un futuro tal vez no lejano, incluso vemos interesantes posibilidades de contactos y cooperaciones internacionales. A nivel local, queremos expandirnos rápidamente a los suburbios, a los pueblos vecinos, a toda la comarca, a otras ciudades cercanas. No creando nosotros, en primer lugar, nuevos «doble-proyectos» y núcleos subversivos, sino animando a los simpatizantes que hayamos conocido poco a poco, a crear sus propias iniciativas, tanto políticas, culturales y económicas. Pensamos que rápidamente estableceremos lazos de confianza con la gente de la región y que nosotros podremos darles un empuje, un apoyo moral y material, para que ellos realicen el proyecto que crean oportuno. Pensamos además que, en la primera fase, nuestra forma de vida y actuación será más atractiva a la gente «alternativa» y «progresista» que a la gente «normal». Si realmente funcionan nuestros modelos, pensamos que servirán de inspiración a muchos de estos. Así, el Proyecto A empieza a crecer y expandirse en los alrededores de la ciudad. A nivel nacional, naturalmente queremos mantener relaciones estrechas y fraternas con toda clase de grupos e individuos libertarios, invitándolos también a seguir experiencias similares o adaptar alguna que otra de forma análoga. Es muy probable que la discusión del Proyecto A, durante su fase preparatoria, no genere un solo proyecto A, sino proyectos B, C, D, en diferentes lugares de Alemania, Austria o Suiza. Pero incluso si no es así, pensamos que al no fallar nuestra experiencia, podrá darle cierto entusiasmo al movimiento libertario y llegar a inspirar a algunos, que acto seguido intenten montar proyectos similares en sus ciudades, siguiendo así nuestro ejemplo. Este proceso lo pensamos apoyar editando una revista informativa del proyecto, realizando un trabajo de relaciones públicas, recibiendo visitas e invitando a los curiosos. De esta manera, en un período de unos diez años, aproximadamente, pensamos cubrir toda Alemania con una red más o menos densa de proyectos o iniciativas similares. Cada uno de ellos, al igual que el nuestro, también se difundirá en su propia región, haciendo esta red cada vez más densa.

Las perspectivas internacionales

Existen también ideas maduras, para que «el Proyecto» pueda convertirse en un fenómeno internacional. Primeramente nos serviríamos de los múltiples contactos que ya existen con el movimiento libertario internacional, informándoles, invitándolos y animándolos a desarrollar conceptos similares, adaptados a las realidades de sus países. Desde luego, no se trata de instalar una nueva corriente ideológica, sino de transferir algunas ideas básicas como la de romper con el gheto anarquista, conquistar popularidad y confianza entre la población, tratar de unificar el sector político con el privado y el económico, etcétera.

Adaptar las ideas

Y es evidente que una adaptación del Proyecto A, que fue diseñado para las realidades de Alemania, será muy diverso por ejemplo en Estados Unidos, España, Turquía, Australia o Uruguay. Mientras que en España habrá probablemente que buscar una unión de las luchas militantes del anarcosindicalismo con la vida cotidiana, en Alemania aún es una meta futura de crear o desarrollar un movimiento obrero libertario. En Turquía, sin duda, la cuestión agraria jugará un papel más importante que en EE.UU. y, en Australia, los proyectos probablemente estarían muy influidos por la existencia de grandes comunas en el campo. Pero eso son diferencias del «fenotipo»; en cuanto al «genotipo», podría perfectamente darse una solidaridad y una cooperación internacional.

En Alemania tenemos para lograr esta difusión internacional la gran ventaja de la emigración. Mediante los lazos que los emigrantes turcos, norteafricanos, españoles, portugueses, italianos… tienen, podemos crear núcleos en dichos países. Análogamente hay posibilidades en los países del Este, como por ejemplo, Alemania Oriental o Polonia.

Precisamente en países sin tradición ni movimiento libertario como por ejemplo Marruecos o Turquía, pensamos que modelos libertarios con base económica (por ejemplo, cooperativas) tienen muchas ventajas respecto de la simple propaganda anarquista de tipo «panfletario», casi automáticamente ilegal en estos lugares. En cambio con aquellos países donde existen fuertes estructuras libertarias como por ejemplo España, Francia, Italia, Estados Unidos y algunos lugares de América Latina podemos ya establecer lazos fuertes y directos, tanto a nivel político como a nivel económico y cultural. Pensamos en un intercambio intensivo de compañeras y compañeros, viviendo y trabajando una época en diversos colectivos en diferentes países.

Campañas internacionales

Podemos perfectamente organizar campañas de solidaridad e información en apoyo a luchas directas que tengan lugar en países extranjeros. Y finalmente podemos importar y comercializar productos de cooperativas libertarias o talleres autogestionados para comercializarlos en Alemania, utilizando la venta de estos productos para una información política sobre las condiciones específicas de su producción y distribución. Así, otra vez, tenemos un ejemplo de unir lo político con lo económico… Pero todo esto son planes para el futuro, una vez instalado y estabilizado nuestro proyecto.

La difusión de un «virus»

Nuestra meta principal, pues, es la de convertir el Proyecto A en una realidad social y de difundir este «virus» sobre toda la superficie de nuestro país. Así pensamos dar un nuevo impulso revitalizador al movimiento libertario y acercar a mucha gente la forma de vida y a la cultura libertaria, es decir, al «anarquismo vivido». Esto podía ser fácilmente una nueva y fuerte estrategia del anarquismo, que podría perfectamente completarse con otras estrategias ya existentes como el anarcosindicalismo, el antimilitarismo, la lucha ecológica, el pacifismo o la lucha local militante.

Abrir un nuevo frente

Si queréis podemos hablar de abrir un «nuevo frente» en la lucha contra el sistema; un «frente» muy sofisticado y difícil de definir y combatir por nuestros enemigos por tratarse de una superficie completamente legal y un dinamismo subversivo difícil de detectar. Este dinamismo subversivo combate el Estado en las mentes de la gente, genera experiencias autogestionarias, crea formas embrionarias de contrasociedad y dará el coraje y el ánimo necesario a mucha gente para oponerse directamente al sistema. Estamos bastante convencidos de que, al expandirse nuestras múltiples experiencias populares, mucha gente pierda su confianza hacia el Estado y gane paralelamente una fuerte confianza en sus propias capacidades. No creemos, sin embargo, que toda esta gente «infectada» por el virus libertario se convierta automáticamente en anarquistas convencidos.

La tolerancia «positiva»

Tampoco es necesario. Pero sí creemos que, mediante este procedimiento, tenemos por lo menos la posibilidad realista de que mucha «gente normal» llegue a lo que llamamos una «tolerancia positiva» hacia las ideas y formas de vivir y actuar anarquistas que sustituirá la «identificación negativa» con el Estado, anteriormente descrita. Es este el primer paso. Este primer paso significa nada menos que los anarquistas tendrían una posibilidad que (al menos en Alemania) no existió durante cincuenta años. Si en nuestra ciudad, por ejemplo, un 30% de la población simpatiza abiertamente con nosotros, esta «tolerancia positiva» sería un soporte y una base que los anarquistas nunca han tenido en las últimas décadas. Y esta «tolerancia positiva» podría convertirse en un soporte activo y directo en cualquier conflicto concreto que pueda surgir.

Síntesis

En resumen, con nuestro proyecto

  • descomponemos la sociedad actual;

  • aprendemos, experimentamos y creamos formas embrionarias de una nueva sociedad;

  • enseñamos modelos de autogestión a la población;

  • ridiculizamos, combatimos y sustituimos las instituciones estatales, haciéndolas superfluas. Las debilitamos y derrumbamos;

  • creamos nuevas estructuras mejores, accesibles a todos, y

  • realizamos, al hacer todo ello, una vida modesta pero feliz para nosotros.

Entrar en la sociedad en lugar de retirarse

Nosotros no queremos así crear un «nuevo mundo» aparte del capitalismo, aislado y autárquico como lo propuso, por ejemplo, el anarquista alemán Gustav Landauer antes de la Primera Guerra Mundial (aunque estamos cercanos a Landauer en algunos otros aspectos), sino que queremos ser núcleos activos, virulentos y subversivos dentro de la sociedad, para vencer al capitalismo. Sabemos perfectamente que la auténtica autogestión y una verdadera sociedad libertaria no son posibles dentro del capitalismo. Pero esto no debe llevarnos al fatalismo y dejar por ello de construir nuevas estructuras embrionarias, capaces de descomponer al sistema aunque sea, inicialmente, en sectores aparentemente pequeños y poco importantes. No nos retiramos, entramos. Atacamos al sistema en múltiples formas, en múltiples niveles, abierta y subterráneamente.

Evitar el conflicto militar

No lo atacamos necesariamente allí donde el sistema está extremadamente fuerte y preparado, sino en esos campos donde esté débil y no tenga ya preparadas las contraestrategias a su alcance. Consideramos, por ejemplo, una estrategia idiota, atacar al sistema estatal-capitalista en batalla abierta precisamente en aquel campo donde se encuentra en una superioridad clásica: la lucha militar. No solo perderíamos esta batalla debido a nuestra increíble inferioridad de fuerza, experiencia y mentalidad, sino que además tendríamos que sacrificar los ideales anarquistas para convertirnos en aparato militar semiprofesional.

Privar al estado de la lealtad de la gente

Nosotros preferimos vencer al Estado primero en las conciencias y luego en las realidades sociales y mediante la actuación ofensiva, subversiva y directa de la gente. Queremos que la gente se desvincule de toda lealtad al Estado, tomando su destino en sus propias manos.

Quisiera ahora haceros una simple pregunta: ¿Qué nación puede resistir a un movimiento así por largo tiempo?

Revolución mundial

Por eso, en última instancia, nuestra perspectiva final no es otra que la revolución mundial. Una revolución mundial anarquista, desde luego. Quizá sería una revolución un poco diferente a los clisés e imaginaciones clásicas de heroicas luchas en barricadas, francotiradores y bombas que estallan. Sin embargo, sería una auténtica revolución, con una posibilidad realista de que de ella nazca una sociedad libertaria. Sería una revolución que podemos iniciar ahora mismo. Y sería un proceso revolucionario, que de paso, nos ofrece una vida satisfactoria al realizarlo.

Puntos débiles del proyecto

Esto, naturalmente, suena muy eufórico.

Sin duda somos entusiastas, sin ser eufóricos. Pero también vemos los muchos puntos débiles de nuestro proyecto. En el libro, hay un capítulo entero que trata de ellos. En la discusión, seguramente encontraremos otros. El punto débil más importante será seguramente la naturaleza humana, su subjetividad. Pienso que tendremos muchos problemas que surgirán de los más diferentes e irracionales sentimientos humanos, de comportamientos absurdos, animosidades, celos, abusos, odios, competencias… Los seres humanos no somos simples «factores» que funcionen dentro de un planteamiento, por «genial» que sea.

Otro punto débil es el peligro de que el proyecto sea integrado por el sistema, se aburguese o se comercialice. Las diferentes formas de represión constituyen otro punto débil, que nos preocupa, pues no pensamos que el sistema permanezca indiferente a nuestros intentos, una vez comprendido el peligro que significa. Y hay muchos otros puntos débiles, que no puedo enumerar aquí…

Reducir los riesgos

Pero pensamos que los obstáculos tienen que ser superados y que los problemas deben ser resueltos. No los superaremos con lamentaciones. Nuestra estrategia general hacia estos puntos débiles es la de eliminar de antemano, en la fase preparatoria, cuantos más mejor. Considerar todos ellos al crear nuestras estructuras internas que deben ser diseñadas de tal manera que impidan su desarrollo o, al menos, reduzcan el riesgo de que esos peligros pongan en jaque al proyecto. Finalmente pensamos que, al tener estos peligros presentes en nuestras conciencias, dentro de un gran colectivo, podemos tal vez reconocer y combatir toda clase de desvíos y desvirtualizaciones. Claro que, con todos estos «filtros» instalados en nuestras estructuras, aún quedan muchos obstáculos, pero tenemos coraje suficiente para enfrentarnos con el resto.

Experimento, peligro y esperanza

Solo reducimos los riesgos y no existen ninguna garantía de lo que va a suceder. Pero, ¿cuándo ha habido un intento revolucionario con un seguro de éxito? Claro que habrá aún mucho experimento, mucho peligro y mucha esperanza, pero todo ello basado en un fundamento realista.

Pero… ¿conocéis alguna otra alternativa? Yo no veo ninguna. Todas nuestras vidas son riesgos, experimentos, peligros y esperanzas y, sin embargo, no nos suicidamos. Luchamos. Queremos que estos riesgos, experimentos, peligros y esperanzas ya no permanezcan en las manos de otros. Yo, por mi parte, prefiero tomar mis riesgos en mis propias manos.

Bakunin lo dijo con otras palabras: «Aquellos que reclaman lo posible, jamás logran nada. Pero aquellos que reclaman lo imposible, al menos logran lo posible».

Muchas gracias por vuestra atención y paciencia.

Horst Stowasse*

Conferencia pronunciada el 4 de mayo de 1986 en la Sala 218 del Melbourne College for Advanced Education con motivo de las celebraciones del Centenario del Movimiento Anarquista en Australia — ligeramente modificada.

Fuente: https://es.theanarchistlibrary.org


*Nota sobre el autor

Nació en 1951 y militó durante unos veinte años en el movimiento libertario. Tuvo los primeros contactos con el anarquismo en la Argentina. Estudió agronomía e idiomas, trabajando muchos años en la Universidad Popular, sobre todo entre emigrantes económicos. Publicó numerosas revistas y publicaciones libertarias, entre ellas la revista Impulso en castellano. Ingresando en la CNT en 1973, realizó las más diversas tareas relacionadas en España y Alemania, participando en varios congresos y plenarios de dichas organización, así como en congresos de la AIT, IFA y otros encuentros internacionales. Fue uno de los animadores de la CNT en Alemania y uno de los primeros miembros de la FAU, abandonándola de forma fraternal después de formular ciertas criticas. Creó el archivo y la biblioteca anarquista «Das Anarchiv», único centro de documentación anarquista en Alemania, que lleva más de diez años de existencia. Ha escrito media docena de libros y folletos populares sobre temas anarquistas y realiza una constante labor de conferencias y actos públicos sobre temas libertarios. En el año 1985 cumplió una condena carcelaria por «insultar al ejército», que tuvo un vasto eco en la prensa libertaria. Actualmente trabaja como fotocompositor en una firma «alternativa». En 1990 pasó a vivir en Neustadt, uno de los lugares donde empezó a funcionar el Proyecto A, formando parte del Grupo WESPE.


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