El pacto del 15 de noviembre y la Asamblea Constituyente: una política de engaño y trampa contra nuestra lucha

by • 4 diciembre, 2019 • Abya Yala (América Latina), Noticias, comunicados y columnasComments (0)247

QUE SE VAYAN TODOS, QUE NO QUEDE NI UNO SÓLO

Han sido semanas de una histórica lucha de los trabajadores y el pueblo explotado de Chile. Este combate es parte de las luchas que en decenas de países están desarrollando las masas del mundo en respuesta al ataque que las transnacionales y bancos imperialistas han lanzado contra los explotados del planeta.

Una nueva crisis económica mundial asecha a las potencias imperialistas. De la mano de los gobiernos y Estados que son sus lacayos, intentan detenerla rebajando más aún nuestras condiciones de vida, con más explotación, arrebatos y una mayor destrucción y depredación de las riquezas naturales del planeta. Nuestros hermanos de clase de Ecuador encabezaron estas rebeliones, los siguieron los de Bolivia, Haití y Colombia en Latinoamérica, Cataluña y Francia en Europa, y el Líbano, Irak e Irán en Medio Oriente.

En Chile la burguesía comprendió el carácter histórico de nuestro combate. Superamos las políticas reformistas de las burocracias sindicales, de la izquierda burguesa, conquistando en decenas de jornadas la unidad de millones en las calles, oponiéndonos como trabajadores y pueblo explotado a los dueños del país: el imperialismo y sus socios de la burguesía nacional.

Ni el Estado de Emergencia y toque de queda nos detuvo, menos el cambio de gabinete y las migajas anunciadas por el gobierno. Encabezamos una lucha política-revolucionaria de masas, pues reunimos todas las demandas en una sola: fuera Piñera y el régimen pinochetista de la Constitución del ’80. Y por semanas no hemos retrocedido hasta que eso suceda.

Por eso es que las últimas semanas los partidos políticos del régimen, desde el parlamento y el propio gobierno, comenzaron a hablar de una nueva constitución y de las formas para implementarla, hasta que llegaron a firmar, el 15 de noviembre, el pacto antidemocrático para llamar a plebiscito por una nueva constitución. Un intento por desviar esta lucha a una reforma de maquille al régimen.

Pero también advirtieron del carácter de nuestra lucha las direcciones políticas y sindicales agrupadas en la Unidad Social. El odio de las masas hacia Piñera y el Régimen pinochetista los incluye a ellos, por eso es que se conquistaron jornadas de lucha revolucionaria completamente espontáneas, sin su convocatoria y participación, superando todas sus políticas rastreras, de presión sobre la burguesía.

Su política histórica de pactos y acuerdos para “profundizar la democracia” -incluyendo a los “actores sociales” en las comisiones parlamentarias y ministeriales que elaboraran las leyes y reformas de maquillaje para las demandas más urgentes y modificando el sistema electoral para que haya más parlamentarios que representen en él dichas reformas- son las que permitieron las miserables condiciones de vida contra las que nos hemos rebelado millones de trabajadores y explotados del país. Ellos han sido quienes han sostenido y salvado durante los últimos 30 años al régimen y sus gobiernos.

En un intento por prestigiarse, para montarse y copar nuestra lucha, vienen de realizar algunas conferencias de prensa llamando a 3 “huelgas generales”. Así buscaban descomprimir nuestras energías. Y junto a toda la izquierda Latinoamericana lanzaron una tremenda campaña a favor de la democracia burguesa parlamentaria, centrada en la Asamblea Constituyente. El Frente de Izquierda (FIT) de Argentina, con sus dirigentes sindicales y diputados del Congreso, recorrió varios lugares del país mostrando como ejemplo la “democracia” argentina y su parlamento.

Son parte del engaño del régimen para desviar y llevar a punto muerto nuestra heroica lucha. De inmediato retomaron los cabildos constituyentes que creara en 2017 el gobierno de Bachelet para una “nueva constitución”, acompañando así, nuevamente, la política del conjunto de la burguesía para que Piñera continúe en el poder y se mantenga intacto lo fundamental del régimen: la entrega de las riquezas a las transnacionales y los bancos, los tratados y acuerdos que atan a la nación al imperialismo y el poder supremo de las FF.AA. y el presidente. Pero realizándole reformas cosméticas de segunda y tercera importancia mediante la “nueva Constitución”.

Por eso dijeron que el paro del 12 de noviembre fue exitoso, ya que según ellos permitió que el parlamento llamara a plebiscito por una nueva constitución. Pero conservaron cautela, manteniendo una posición “crítica” del pacto sellado en el ex Congreso, denunciándolo como “cocina”, “de espaldas al pueblo”, diciendo que aspiran a que los cabildos y asambleas que ellos organizaron sean vinculantes y que sus deliberaciones trasciendan en una Asamblea Constituyente y la nueva Constitución. Para lo cual llaman a retirar el mecanismo que acordaron de votación por 2/3, incluir una “representación igualitaria de mujeres y pueblos originarios” y “una agenda social de verdad”.

Los colaboracionistas de la Unidad Social conspiran en nuestra contra asegurando que si se consigue implementar la metodología que ellos proponen para una Asamblea Constituyente, podremos obligar a las transnacionales y los bancos, al gobierno y el régimen proimperialistas que velan por sus intereses, a someterse a la mayoría de la población del país que somos los trabajadores y el pueblo. Pero todo trabajador y joven que haya participado de la lucha dada las últimas semanas sabe que esto es completamente tramposo, una política para llevar a la impotencia total nuestro combate.

Lejos de oír nuestras demandas y recapacitar sobre sus políticas, la respuesta de Piñera y la burguesía ha sido resistir a los millones que nos unimos en las calles lanzándonos los milicos y la policía militar como en los peores años de la dictadura de Pinochet. Asesinó a cerca de 30 luchadores, hirió a miles, detuvo a más de 15 mil manifestantes, abusó de niños y mujeres. En vez de tomar las sugerencias de sus consejeros de “izquierda” y maquillar con más tintes democráticos el pacto por plebiscito y nueva constitución, anunció una agenda de seguridad para poner más pacos en las calles y seguir hasta el último rincón a los luchadores. No paro de mutilar los ojos de cientos y cientos de compañeros pese a ser un escándalo internacional. Junto a los generales de las FF.AA. asesinas se atrevió a rechazar hasta las tibias denuncias de los organismos de DD.HH., y ahora planea incluir al ejército en “labores de resguardo”.

La verdad es que en tanto no caiga Piñera y el régimen pinochetista, el pacto del 15 de noviembre por plebiscito y una nueva constitución, es lo más “democrático” que pueden ceder el imperialismo y sus socios de la burguesía nacional. Tan reaccionario es que, pese a enfrentar la lucha de millones que lo quieren derrotar, sólo cedió ese pacto fraudulento, una trampa de la burguesía y sus colaboradores para sacarnos de las calles, romper la unidad de los trabajadores y el pueblo, y recuperar así el terreno que han perdido, después de lo cual volverán a imponer descaradamente su voluntad, que es condenarnos a la más profunda explotación y miseria.

Ahora que creen que la lucha retrocede, pues suponen que se desgastaron nuestras energías luego de que consiguieran que no se desarrollara una verdadera huelga general, que no paráramos completamente la producción, los servicios y el funcionamiento del aparato estatal para acabar con Piñera y el régimen, desde el gobierno invitan a dialogar a la Unidad Social y ésta ha aceptado su llamado. Es un claro intento por dividir y desmoralizar nuestra lucha.

La igualdad democrática de los “ciudadanos” ante la ley, sin importar condición social, sexo, raza, etnia, religión, nacionalidad, etc., que demanda Unidad Social con su fórmula de Asamblea Constituyente, no las puede resolver Piñera ni el régimen pinochetista, pero tampoco una república democrático burguesa que convoque a la Asamblea Constituyente más democrática que pueda existir. Esto es sólo una campaña demagógica, tramposa de esta organización.

Esas desigualdades están determinadas por las profundas relaciones de explotación y desigualdad social que hay en el país, cuya causa fundamental es el completo dominio imperialista de la nación, amarrada con decenas de acuerdos y tratados de sometimiento colonial. Como las favorables a la inversión extranjera, los Tratados de Libre comercio (a los que esperan sumar el TPP11) con las potencias imperialistas, la deuda externa, bases y acuerdos militares, etc., de los que se han beneficiado sectores de la burguesía nacional que se ha asociado a las transnacionales y bancos imperialistas que controlan Chile. Sólo los trabajadores, uniendo en un combate independiente a la juventud revolucionaria y las clases medias y campesinos pobres, podemos romper el total sometimiento de la nación al imperialismo, a sus transnacionales, a sus ejércitos, estados y organismos de dominación. Somos la única clase verdaderamente antimperialista porque a diferencia de la burguesía nacional no tenemos ningún interés común con los buitres imperialistas, por eso podemos garantizar la verdadera democracia para la mayoría de la nación que es el pueblo explotado.

¡Sigamos confiando en nuestras propias fuerzas, resolvamos nuestros problemas con nuestras propias manos! Por eso es que en oposición a estas políticas de paz social y colaboración de clases ha comenzado a surgir la tendencia a poner en pie organismos que coordinen nuestra lucha y nuestros reclamos. Pero debemos llevar esa tendencia más allá, extendiéndola a todo el país, para que no quede faena o centro productivo estratégico, ningún gran centro de prestación de servicios, ni establecimiento que concentre a trabajadores estatales, así como ningún liceo, universidad, barrio o población, sin organizarse bajo la autodeterminación y democracia directa. Debemos llegar a las minas de cobre, a la industria maderera, agroindustrial y agropecuaria, a los puertos y aeropuertos, a los bancos, la administración pública y establecimientos de educación.

Eso permitirá que derrotemos a las burocracias sindicales y la izquierda burguesa agrupadas en la Unidad Social. Para triunfar tenemos que romper definitivamente la dispersión y darle centralidad a nuestro combate. Por eso debemos seguir el ejemplo de los trabajadores y campesinos de Ecuador que demostraron que para derrotar a los gobiernos hambreadores y represores, lacayos del imperialismo, hay que golpear donde más les duele: su bolsillo. Paralizaron la producción, la economía y todo el orden social burgués.

Hay que ocupar con piquetes de lucha y barricadas las principales ciudades del país, en las minas, puertos, industrias, lugares de trabajo, aeropuertos, rutas; en los edificios de los ministerios y palacios de gobierno, hasta que caiga Piñera y el régimen de la constitución del ’80. Sobre sus escombros el pueblo trabajador chileno podrá recuperar las conquistas históricas que perdió desde el golpe pinochetista del 11 de septiembre de 1973.

Nosotros somos quienes movemos al país y con nuestro trabajo creamos las multimillonarias ganancias que la patronal extranjera y nacional se apropian. Hay que derrotarlos, tenemos la fuerza y las ganas de hacerlo.

30 de noviembre de 2019

contacto.internacionalista@gmail.com /Facebook: veintisiete millones

Aporte recibido el 2 diciembre


Colaboraciones a edicionesapestosas[arroba]riseup.net


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