El “enemigo interno” de la democracia

by • 18 diciembre, 2019 • Abya Yala (América Latina), Noticias, comunicados y columnasComments (0)622

Durante los primeros días de la insurrección desatada en territorio chileno, el payaso que administra al Estado, S. Piñera, dijo que estaban “en guerra contra un enemigo poderoso, implacable, que no respeta a nada ni a nadie” y que está dispuesto a “usar la violencia y la delincuencia sin ningún límite”. ¿Un “enemigo poderoso”? ¿Acaso eso no se parece al discurso que se escuchaba en la dictadura cívico-militar? Claro que sí, porque ambos apuntan a lo mismo: el “enemigo interno”. Ahora bien, este recurso del famoso “enemigo interno” provoca que nos desilusionemos aún más de la clase dominante por la poca imaginación que demuestra. Este mecanismo es tan viejo como el autoritarismo que recorre este territorio: cada vez que tambalearon los cimientos del “Orden” apareció, por arte de magia, un “enemigo interno” que atentaba contra la clase dominante y que justificó el restablecimiento de las relaciones de dominación que conocemos profundamente. En este sentido, hoy en día volvemos a ver esto: la democracia ya está insinuando la nueva amenaza inserta dentro de la “sociedad chilena” y que conjura contra ella misma.

Ahora bien, ¿cómo se justifica un “enemigo interno” en democracia? Podría parecer contradictorio, pero consideró que no lo es: tal como lo indica el Comité Invisible, la democracia no es más que el gobierno en estado puro. En sus propias palabras: “Lo que en el fondo se pretende cuando se habla de democracia es la identidad entre gobernantes y gobernados, sin importar cuáles sean los medios por los que esta identidad es obtenida”. En este sentido, la democracia es una forma específica de gobierno, es “conducir las conductas de una población, de una multiplicidad que es preciso cuidar como un pastor lo hace con su rebaño para maximizar su potencial y orientar su libertad”. Esta naturalización de la democracia como mecanismo de control, la podemos apreciar desde la educación primaria en las escuelas: las Bases Curriculares del Ministerio de Educación indican que niños y niñas deben reconocer símbolos y conmemoraciones patrias, distinguir el sistema institucional y defender la propiedad privada en “democracia”, presentada como la única alternativa.

En este sentido, el famoso “enemigo interno” ha sido un mecanismo funcional a cualquier forma de gobierno en territorio chileno, como lo evidencia la historia. En los inicios del siglo XX, en pleno auge de las movilizaciones durante la Cuestión Social, la oligarquía no encontró mejor respuesta al descontento popular que culpar a “agitadores extranjeros” de lo que pasaba. Para qué hablar de lo que ocurrió después con el auge anticomunista, que llevó al gobierno de Gabriel González Videla a prohibir al partido de la policía de rojo a través de la “Ley Maldita”. No sólo eso, ya que la insurrección ocurrida a inicios de abril de 1957 fue interpretada por la elite político-empresarial, al mando de Carlos Ibáñez de Campo, como otra “confabulación comunista”. Finalmente, no tenemos que ir tan atrás para ver la aplicación de este mecanismo: la Doctrina de Seguridad Nacional, impulsada desde EE.UU., promovió la noción de un “enemigo interno” que fue combatido por la dictadura cívico-militar a través de la persecución, tortura, asesinato y desaparición de personas.

Ahora bien, esto lleva a una pregunta: ¿quién sería ahora el “enemigo interno”? Bueno, se venía insinuando desde hace algunos años, pero a partir de los hechos ocurridos desde el 18 de octubre ya está más claro: desde las autoridades hasta la prensa, el “enemigo interno” de la democracia son los/as anarquistas. Apenas unos días de iniciada la revuelta, el presidente Piñera ya culpaba a narcotraficantes y anarquistas por los hechos de violencia, teoría que reafirmó tiempo después frente a graduados y graduadas de la Policía de Investigaciones (PDI). Lo mismo ha hecho el impune General Director de Carabineros, M. Rozas, al culpar a “delincuentes, traficantes de drogas, lumpen y anarquistas” de los “eventos graves” ocurridos en este Estado. Para qué hablar de la prensa, que ha ido más allá de la poca claridad y ambigüedad de las autoridades, al difundir “nexos” entre anarquistas del territorio chileno y argentino, que explicaría la violencia de las movilizaciones. Como se ve, de manera cada vez más evidente, se va articulando un discurso que identifica, excluye y criminaliza a todo aquel o aquella que no se someta a las bondades democráticas.

La democracia representativa, esa que las Bases Curriculares del Ministerio de Educación buscan naturalizar desde la niñez, apesta a autoritarismo como cualquier forma de gobierno. Eso sí, tengo que ser justo: por lo menos produce la sensación de sentirnos poderosos y poderosas, aunque evidentemente no lo seamos… Como dicen por ahí: “Peor es nada”. Y como cualquier forma de gobierno, la democracia también necesita su “enemigo interno”, aquel o aquella caricatura de “terrorista” que justifique la “defensa” de esa misma democracia, de la democracia “En la medida de lo posible”. Esa caricatura terrorista ha sido diversos sujetos a lo largo de la historia, como comenté más arriba: desde los agitadores y agitadoras de inicios del siglo XX, pasando por el “comunismo” hasta llegar, ahora, a los/as anarquistas. No obstante, ¿en verdad es preocupante esta situación? ¿Alguien en verdad pensó que esto no ocurriría o que no se daría así? ¿Nadie proyectó, alguna vez, lo que se nos venía? Al final, la historia del anarquismo es la historia de la persecución y en esto ya tenemos bastante experiencia. En este sentido, veo difícil que logren amedrentarnos.

Manoel Caringa

Colaboración recibida el 17 de diciembre del 2019


Colaboraciones a edicionesapestosa[arroba]riseup.net


Comité Invisible: A nuestros amigos (2014)

Comité Invisible: Ahora (2018)

Giorgio Agamben: Del Estado de derecho al Estado de seguridad

La producción de la figura terrorística (ejercicio de flash-back vintage)

Introducción a la guerra civil (I)

Autoatentados, montajes y sospechas: Cuando la teoría del Estado entra en nuestras cabezas

Tomás Ibañez: Los nuevos códigos de la dominación y de las luchas

Informativo del actual contexto represivo

Pin It

Related Posts

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *