De la desobediencia civil a la insurrección popular: una reflexión en torno a la revuelta y el terrorismo de estado en la región chilena (español/english/português)

by • 3 noviembre, 2019 • Abya Yala (América Latina), Mundo, Noticias, comunicados y columnasComments (0)1171

Versión original en español

De la desobediencia civil a la insurrección popular: una reflexión en torno a la revuelta y el terrorismo de estado en la región chilena

El neoliberalismo agoniza en la región chilena y quiere llevarnos con él. La rabia acumulada por décadas encontró su chispa en el alza del metro de Santiago extendiéndose por los diferentes territorios controlados por el estado chileno. No es raro, por tanto, que los actos de sabotaje, saqueos e incendios apuntasen a la infraestructura de las instituciones que representan a los sectores de la elite chilena que explotan día a día a millones (1)

Militares desplegados en el centro de Santiago

Si el estado policial avanzaba implacable con nuevas legislaciones represivas –la última década vio recrudecer la ley antiterrorista (2011) y la ley de control de armas (2015), junto a la instalación del control preventivo de identidad (2016) y la ley Aula Segura (2018), entre otras-, las protestas, principalmente de lxs estudiantes, frente a la intensidad de la criminalización en contra de quienes denunciaban la violencia sistemática del estado y del mercado, nunca cesaron; las evasiones masivas que comenzaron con el aumento del pasaje del metro (2) -la cuarta en dos años- terminaron por desenmascarar el fascismo y la soberbia de la clase política conservadora, que en un primer momento se burló de la rabia social y amenazó con aplicar la ley de seguridad interior del estado, para luego desencadenar una ola represiva extrema -como no se había visto desde tiempos dictatoriales (3)-, invocando el estado de emergencia en prácticamente la totalidad del territorio que pretenden controlar. El paraíso del consumo neoliberal, vio nuevamente a los militares empuñar las armas en contra de las personas que dicen defender, castigando la desobediencia con varias muertes, centenares de heridxs y miles detenidxs; socavando la dignidad de los luchadores sociales a través de las más aberrantes torturas, utilizando el secuestro y la violencia política sexual en numerosos casos conocidos (4) -aplicando en el nuevo contexto algunos de los métodos de contrainsurgencia- para instaurar el miedo y buscar frenar el movimiento social insurrecto, todo ello para resguardar la propiedad privada, privilegiando la defensa de las multinacionales (supermercados, farmacias, mall, etc.) e instituciones estatales frente a las vidas de las personas (5), recordándonos su función como defensores de los privilegios de lxs poderosxs.

Estación Metro Baquedano ha sido señalada como un centro de tortura en Santiago

A pesar de esta creciente ola de violencia perpetrada por militares y policías, los barrios y comunidades han respondido con valor y dignidad enfrentándose incansablemente contra las fuerzas represivas, tomándose las calles una y otra vez con barricadas y ataques a las instituciones y símbolos de poder, de quienes llevan décadas robando a todxs quienes habitamos la región chilena, la sociedad no creyó el discurso oficial que con ahínco el gobierno de turno intentó posicionar por medio de una guerra psicológica criminalizadora de las legítimas demandas de un pueblo exhausto, que finalmente comienza a ver de manera clara cómo funcionan los engranajes de un sistema social y económico desigual al borde del colapso. Es necesario no olvidar que la actual revuelta viene a aglutinar una variedad de demandas de parte de las comunidades y barrios más desfavorecidos en la región; en donde el puntapié inicial puede identificarse en el mochilazo (2001), que continuó con varias protestas en las últimas dos décadas: revolución pingüina (2006), huelga de hambre de los presos políticos mapuche (2010), movilizaciones estudiantiles contra el lucro (2011), revuelta social de Aysén (2012), protestas de pescadores artesanales contra la ley de pescas (2012), revuelta social de Chiloé (2016), protestas contra las AFP (2016), la revolución feminista (2018) y la revuelta por la crisis medioambiental de Puchuncaví-Quintero (2018), por nombrar algunas de las más relevantes.

Creemos necesario enfrentar la instalación, sin caretas, del estado policial y tomar la posta de lxs caídxs sin bajar los brazos, enfrentando los ataques del estado desde todas las trincheras posibles. Es la hora de reencontrarnos en nuestros territorios y comunidades, reconstruir confianzas al fuego de las barricadas y cacerolas por la eliminación de un sistema ecocida y autodestructivo, a forjar auto-determinación y recuperar nuestra libertad. Que la crisis terminal del neoliberalismo –en su versión chilena- no nos lleve con él. Evitemos que se instale el fascismo en nuestros espacios, hoy más que nunca es hora de golpear al capital. La revuelta se levanta en diferentes territorios: Ecuador, Honduras, Hong Kong, Francia son ejemplos visibles de organización y resistencia al dolor universal que el exterminio capitalista de millones de formas de vida ha ocasionado durante siglos. Las opciones son simples: revolución o extinción.

Grupo Solenopsis

gruposolenopsis@riseup.net

Octubre 2019

Santiago, Región chilena

PD: Recomendamos la crónica del colectivo CrimethInc sobre la represión en los primeros día de la revuelta: https://lapeste.org/2019/10/resistiendo-bajo-la-ley-marcial-un-reporte-una-entrevista-y-una-llamada-a-la-accion/


Notas

(1) Mientras la tonica ha sido aumentar las penas en contra de lxs luchadores sociales, criminalizar el comercio ambulante y reprimir los delitos en contra de la propiedad, por otra parte para lxs grandes empresarios ha existido grandes perdonazos y penas menores: colusión de los pollos (https://ciperchile.cl/2016/01/06/nueva-colusion-por-el-precio-del-pollo-acusan-a-las-tres-principales-cadenas-de-supermercados/); colusión farmacias (https://ciperchile.cl/2009/04/09/el-dossier-del-caso-farmacias-asi-se-subieron-los-precios-segun-fasa/); colusión del papel (https://ciperchile.cl/2018/10/11/colusion-del-papel-el-secreto-que-cubre-los-2-795-millones-que-recibieron-conadecus-y-odecu/); financiamiento irregular de lxs políticos (https://ciperchile.cl/especiales/financiamiento-irregular-politica/), entre otras.

El nivel de cinismo de lxs poderosxs ha sido tan grande que en el caso Penta los empresarios Délano y Lavín pese a un millonario fraude al fisco solo recibieron multas y la obligación de realizar clases de ética sin perder su libertad.

(2) El pasaje del metro aumentó $50 en lo que va del 2019, siendo la cuarta alza en dos años, posicionándose como el tercer año en que más sube su tarifa. Cabe destacar que el punto sin retorno en las alzas desmedidas del metro ocurre en 2010, poco después de la creación del panel de expertos -que dictaminan el valor del transporte público- quienes estipularon cinco alzas, lo que se traduce en $120. https://www.eldinamo.cl/nacional/2019/10/19/el-ano-en-que-mas-subio-la-tarifa-del-metro/

(3) La última vez que se invocó el estado de emergencia para aplacar manifestaciones sociales fue en 1987 en la dictadura de Pinochet.

(4) https://www.24horas.cl/nacional/indh-suma-120-denuncias-por-violaciones-a-los-derechos-humanos-durante-el-estado-de-emergencia-3690240

(5) El ex-presidente de Evópoli (partido oficialista), Francisco Undurraga, señaló a los medios de comunicación que los atentados a los derechos humanos realizados por agentes del Estado eran de igual gravedad que los ataques sufridos por el Metro de Santiago. https://www.cooperativa.cl/noticias/pais/manifestaciones/ex-presidente-de-evopoli-atentados-al-metro-son-igual-de-graves-que/2019-10-28/145251.html


English Version

From Civil Disobedience to Popular Insurrection: A Reflection on Revolt and State Repression in the Chilean Region

Neoliberalism is dying in the Chilean region, and it wants to take us with it. The rage that has accumulated for decades found its spark in the raise in metro fares, and now has extended throughout different territories controlled by the Chilean State. Its not strange, therefore, that acts of sabotage, looting, and fires are being directed towards the infrastructure and institutions that represent the Chilean elite, which exploit millions of people on a daily basis.

Even as the police state grew implacably with new repressive legislation—the last decade saw the worsening of the antiterrorist law of 2011 as well as a law that criminalized weapon possession in 2015, along with the installment of the identification control law in 2016 and “Aula Segura” or “secure hallways” law in 2018, which was aimed at placing police in schools and repressing student activities—the protests, primarily by students, never ceased, despite facing the intensity of criminalization of whoever denounced the systematic violence of the state and market. The massive fare evasions that began with the new raise in metro fare—the fourth such increase in two years—ended up unmasking the fascism and arrogance of the conservative political class. From the beginning this class mocked the rage in the streets and threatened to apply martial law and declare an official state of emergency in practically the entire territory, in order to unleash a wave of extreme repression, one that hadn’t been seen since the times of the dictatorship.

The paradise of neoliberal consumption has again been defended by a military with force of arms, punishing disobedience with several deaths, hundreds of wounded, and thousands of arrests. These forces have violated the dignity of those struggling in the streets with exceptional torture, using kidnapping and political and sexual violence in numerous instances. State forces are applying, in this new context, the methods of counter-insurgency in order to reimpose fear and put the brakes on the social insurrection, all to protect private property, especially privileging the defense of multinational and corporate property (like supermarkets, pharmacies, malls, etc.) and State institutions over the lives of people, reminding us once again of its function as the defender of the privileges of the powerful.

In spite of this growing wave of violence perpetrated by the military and police, the neighborhoods and communities have responded with bravery and dignity, tirelessly confronting these repressive forces, taking the streets again and again with barricades and attacks on the institutions and symbols of power. Society does not believe the official narrative coming from those who have robbed us for decades, pushed forth by a government using a psychological war of criminalization in the media against the legitimate demands of an exhausted people. Society has finally begun to see with clarity the machinery of an unequal social and economic system on the edge of collapse.

It’s important to remember that the current revolt has brought together a variety of demands on the part of the most marginalized communities and neighborhoods in the region, in which earlier catalysts can be identified in the mochilazo, or backpack protests, of 2001 that have continued with several protests in recent decades, the “penguin revolution” (a student rebellion) in 2006, the hunger strike by indigenous Mapuche political prisoners in 2010, student mobilizations against the privatization of education in 2011, the uprising in Aysén in 2012, protests by small fishermen against the fishing law in 2012, the uprising in Chiloé in 2016, protests against the privately managed social security fund, or AFP, in 2016, the revolución feminista of 2018, and the revolt against the environmental crisis in Puchuncaví-Quintero in 2018, just to name a few.

We believe it’s necessary to confront the apparatus of the police state, without illusions, and take the side of the fallen without raising the white flag, confronting the attacks of the state from all possible positions. It’s time again to find each other in our territories and communities, rebuild trust in the fire of the barricades and cacerolazos, in order to rid ourselves of this ecocidal and self-destructive system, and instead forge self-determination and recover our freedom, so that the terminal crisis of neoliberalism, in its Chilean version, does not take us down us with it. We must avoid the imposition of fascism upon our spaces, and seize the time now, more than ever, to attack capital. Revolt is appearing right now in many different territories: Ecuador, Honduras, Hong Kong, and France are all visible examples of organization and resistance to the universal pain brought by capitalism’s extermination of millions of forms of life for centuries. The options are simple: revolution or extinction.

Grupo Solenopsis

gruposolenopsis@riseup.net

October 2019

Santiago, Región chilena

Translated by CrimethInc


Versão em português

Da desobediência civil à insurreição popular: Uma reflexão sobre a revolta e o terrorismo de Estado na região chilena

O neoliberalismo agoniza na região chilena e quer levar-nos com ele. A raiva acumulada durante décadas encontrou sua faísca com o aumento da tarifa do metrô de Santiago, se estendendo pelos diferentes territórios controlados pelo Estado chileno. Não é estranho, portanto, que os atos de sabotagem, saques e incêndios apontassem para a infraestrutura das instituições que representam os setores da elite chilena que lucram dia a dia milhões (1).

Se o estado policial avançava implacável com novas legislações repressivas -na última década piorou a lei antiterrorista (2011) e a lei de controle de armas (2015), junto com a instalação do controle preventivo de identidade (2016) e a lei Aula Segura (2018),entre outras -, os protestos, principalmente dos estudantes, diante da intensidade da criminalização contra aqueles que denunciavam a violência sistemática do Estado e do mercado, nunca pararam. As evasões massiva que começaram com o aumento da passagem do metrô (2) – a quarta em dois anos- terminaram por desmascarar o fascismo e a soberba da classe política conservadora, que num primeiro momento zombou da raiva social e ameaçou em aplicar a lei de segurança interior do Estado, para logo desencadear uma onda repressiva extrema – como não se via desde tempos ditatoriais (3) -, invocando o estado de emergência em praticamente todo território que pretendem controlar. O paraíso de consumo neoliberal, viu novamente os militares empunhar as armas contra as pessoas que dizem defender, castigando a desobediência com várias mortes, centena de feridos e milhares de detidos, minando a dignidade dos lutadores sociais através das mais aberrantes torturas, utilizando o sequestro e a violência política sexual em numerosos casos conhecidos (4) – aplicando no novo contexto alguns dos métodos de contrainsurgência – para instaurar o medo e frear o movimento social insurreto, tudo isso para resguardar a propriedade privada, privilegiando a defesa das multinacionais (supermercados, farmácias, shoppings, etc.) e instituições estatais antes das vidas das pessoas (5), lembrando-nos sua função como defensores dos privilégios dos poderosos.

A pesar dessa crescente onda de violência perpetrada por militares e policiais, os bairros e comunidades têm respondido com valor e dignidade, enfrentando incansavelmente as forças repressivas, ocupando as ruas uma e outra vez com barricadas e ataques as instituições e símbolos do poder que estão há décadas roubando a todos que habitamos a região chilena. A sociedade não acreditou no discurso oficial do governo de turno, que tentou se posicionar por meio de uma guerra psicológica criminalizadora das legítimas demandas de um povo exausto, que finalmente começa a enxergar de maneira clara como funcionam as engrenagens de um sistema social e econômico desigual a beira do colapso. É necessário não esquecer que a atual revolta vem para aglutinar uma variedade de demandas de parte das comunidades e bairros mais desfavorecidos na região; onde o pontapé inicial pode identificar-se no mochilaço (2001), que continuou com vários protestos nas últimas duas décadas: revolução dos pinguins (2006), greve de fome dos presos políticos mapuche (2010), mobilizações estudantis contra o lucro (2011), revolta social de Aysén (2012), protestos de pescadores artesanais contra a lei de pescas (2012), revolta social de Chiloé (2016), protestos contra as AFP (2016), a revolução feminista (2018) e a revolta pela crise ambiental de Puchuncaví-Quintero (2018), para nomear só algumas das mais relevantes.

Acreditamos que é necessário enfrentar a instalação, sem caretas, do estado policial e relevar os caídos sem baixar os braços, enfrentando os ataques do Estado desde todas as trincheiras possíveis. É a hora de nos reencontrar em nossos territórios e comunidades, reconstruir confianças ao fogo das barricadas e caçaroladas pela eliminação de um sistema ecocida e autodestrutivo, a forjar auto-determinação e recuperar nossa liberdade. Que a crise terminal do neoliberalismo – em sua versão chilena – não nos leve com ele. Evitemos que se instale o fascismo em nossos espaços, Hoje, mais do que nunca, é hora de golpear o capital. A revolta se levanta em diferentes territórios: Equador, Honduras, Hong Kong, França são exemplos visíveis de organização e resistência a dor universal que o extermínio capitalista de milhões de formas de vida tem ocasionado durante séculos. As opções são simples: revolução ou extinção.

Grupo Solenopsis

gruposolenopsis@riseup.net

Outubro 2019

Santiago, Região chilena

PS: Recomendamos a crônica do coletivo CrimenthInc sobre a repressão nos primeiros dias de revolta: https://lapeste.org/2019/10/resistiendo-bajo-la-ley-marcial-un-reporte-una-entrevista-y-una-llamada-a-la-accion/


Notas

[1] Enquanto a tônica tem sido aumentar as penas contra os lutadores sociais, criminalizar o comércio ambulante e reprimir os delitos contra a propriedade, por outra parte para os grandes empresários tem existido grandes perdões e penas menores: conluio de frangos (https://ciperchile.cl/2016/01/06/nueva-colusion-por-el-precio-del-pollo-acusan-a-las-tres-principales-cadenas-de-supermercados/); conluio das farmácias (https://ciperchile.cl/2009/04/09/el-dossier-del-caso-farmacias-asi-se-subieron-los-precios-segun-fasa/); conluio do papel (https://ciperchile.cl/2018/10/11/colusion-del-papel-el-secreto-que-cubre-los-2-795-millones-que-recibieron-conadecus-y-odecu/); financiamento irregular dos políticos (https://ciperchile.cl/especiales/financiamiento-irregular-politica/), entre outras.

O nível de cinismo dos poderosos é tão grande que, no caso Penta os empresários Délano e Lávin, apesar de uma milionária fraude ao fisco, só receberam multas e a obrigação de realizar aulas de ética sem perder sua liberdade.

[2] A passagem do metrô aumentou 50 pesos no ano 2019, sendo o quarto aumento em 2 anos, posicionando-se como o terceiro ano que sobe a sua tarifa. Cabe destacar que o ponto sem retorno nos aumentos desmedidos do metrô ocorre em 2010, pouco depois da criação do grupo de especialistas – que determina o valor do transporte público – que estipulou 5 aumentos, o que se traduz em 120 pesos. https://www.eldinamo.cl/nacional/2019/10/19/el-ano-en-que-mas-subio-la-tarifa-del-metro/

[3] A última vez que se invocou o estado de emergência para eliminar manifestações sociais foi em 1987 na ditadura de Pinochet.

[4] https://www.24horas.cl/nacional/indh-suma-120-denuncias-por-violaciones-a-los-derechos-humanos-durante-el-estado-de-emergencia-3690240

[5] O ex-presidente Evópoli (partido oficialista), Francisco Undurraga, apontou para os meios de comunicação “que os atentados aos direitos humanos realizados por agentes do Estado eram de igual gravidade que os ataques sofridos pelo Metrô de Santiago. https://www.cooperativa.cl/noticias/pais/manifestaciones/ex-presidente-de-evopoli-atentados-al-metro-son-igual-de-graves-que/2019-10-28/145251.html


CrimethInc: Resistiendo bajo la Ley Marcial Un reporte, una entrevista y una llamada a la acción

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