Felipe Corrêa: Apuntes para una historia anarquista global (Parte I)

by • 8 agosto, 2019 • Artículos, Decolonial, Historia anarquistaComments (0)1327

El siguiente es un extracto del trabajo «Teoría e historia anarquista en perspectiva global» presentado por Felipe Corrêa en el I Congreso de Investigadorxs sobre anarquismo, realizado en Buenos Aires los días 26, 27 y 28 de octubre del 2016. En el mencionado texto, el autor expone las conclusiones de Bandera Negra: rediscutiendo el anarquismo (Editorial Prismas, Brasil, 2014, 346 pp.), libro desarrollado colectivamente por el Instituto de Teoría e Historia Anarquista (ITHA) que tuvo como objetivo  definir que es el anarquismo, así como realizar un balance de las investigaciones sobre el anarquismo a escala global.

Bandera Negra propone observaciones teórico-metodológicas para abordar la investigación del anarquismo (lo cual compartimos en esta primera entrega), junto con describir los principales debates y corrientes del pensamiento anarquista (que compartiremos en una futura publicación en esta misma web). Compartimos este trabajo buscando incentivar la investigación y práctica anarquista desde perspectivas descolonizadoras, entendiendo que el conocimiento de nuestra historia contribuye en nuestra praxis revolucionaria y en el desarrollo de prácticas y formas organizativas más fuertes que zanjen caminos de autonomía y libertad.  (Nota Peste.org)


Nuevo abordaje teórico-metodológico

Bandera Negra propone nuevos fundamentos de método y teoría para los estudios del anarquismo, los cuales son capaces, según sostiene, no solamente de enfocar este objeto de manera más adecuada, sino de demonstrar el equívoco de las conclusiones anteriormente presentadas. Antes que nada, el libro recomienda recurrir a – en su propio caso, elaborar – una definición histórica y precisa de anarquismo que contemple los aspectos comunes de sus autores y episodios y que sea capaz de diferenciarlo de otras ideologías, abarcando sus continuidades y permanencias a largo plazo.

Además, enfatiza en marcar una clara distinción entre dos cosas diferentes: una tradición histórica anarquista y un universo “libertario” más amplio y no necesariamente histórico, siendo la primera, parte del segundo. Así, todo anarquista es libertario, pero no todo libertario es anarquista. La tradición histórica anarquista, según esta concepción, involucra un conjunto de fenómenos históricos que se desarrollan y se difunden a partir de bases comunes y se explican por las relaciones sociales establecidas por distintos medios (contactos presenciales, epistolares, libros, prensa etc.), al igual que adaptaciones y modificaciones en función de los diferentes contextos en los cuales se presenta. El universo libertario es un todo no necesariamente relacionado en términos históricos y que incluye luchas e iniciativas antiautoritarias, contrarias a la dominación y defensa de formas igualitarias las relaciones. (35)

En término de metodología historiográfica y alcance geográfico hay algunas recomendaciones, que encuentran aportes en la Nueva Historia del Trabajo y la Historia Global del Trabajo, así como en la producción teórico-metodológica de organizaciones, investigadores y militantes anarquistas (36). Esto contribuye con la elaboración de conceptos capaces de subsidiar los estudios del anarquismo, los cuales no tienen que ser necesariamente elaborados por los anarquistas. Entre ellos, se pueden mencionar los de totalidad e interdependencia, que se aplican, en el caso de los estudios del anarquismo, a la relación entre teoría e historia, entre pensamiento y acción, entre autores y episodios, entre forma y contenido, anarquismo y luchas sociales, críticas y propuestas.

Bandera Negra considera necesario operar con un método histórico: que haga uso de los elementos de la historia desde abajo (37); que permita relacionar a los clásicos con los movimientos y luchas de su tiempo; que haga una precisa relación del anarquismo y de los anarquistas con el contexto en lo cual estuvieron insertos; que lleve a consideración, conforme sea necesario, reflexiones globales del anarquismo, tomando en cuenta el período amplio que se extiende desde su surgimiento en el siglo XIX hasta el presente; que identifique los caminos de la difusión del anarquismo, por medio de contactos entre militantes, cartas, lecturas compartidas etc. y que responda en qué medida los trazos generales de este anarquismo en difusión se mantuvieron y se fueron modificando/adaptando a realidades locales incorporando otras tradiciones de lucha y resistencia; que permita identificar las continuidades y permanencias del anarquismo en el tiempo y en el espacio, así como sus modificaciones contextuales fruto de relaciones sociales. El libro propone, incluso, siempre que sea posible o deseable, extrapolar el eje Atlántico Norte y abarcar los cinco continentes, recurriendo, también en caso de necesidad, a las comparaciones.

Redefinición del anarquismo

Por medio de este nuevo abordaje, se puede constatar que el anarquismo es un tipo de socialismo, caracterizado por un conjunto preciso de principios, que se manifiesta históricamente en el mundo moderno y contemporáneo. Éste cuenta en su trayectoria con la oposición al Estado, la defensa de la libertad individual (aunque dependiente y relacionada a la libertad colectiva) y la distinción frente al marxismo (aunque compartiendo algunas posiciones similares); pero que no puede ser resumido como anti-estatismo, individualismo o antítesis del marxismo. Más bien,

el anarquismo es una ideología socialista y revolucionaria que se fundamenta en principios determinados, cuyas bases se definen a partir de una crítica a la dominación y de una defensa de la autogestión; en términos estructurales, el anarquismo defiende una transformación social fundamentada en estrategias, que deben permitir la substitución de un sistema de dominación
por un sistema de autogestión (38).

Hablar de ideología, aquí, no significa adoptar el significado marxista de “falsa consciencia”, sino el sentido de praxis, de un conjunto de pensamiento y acción que emerge en la relación entre movimientos populares y teóricos. El anarquismo es, principalmente, una praxis históricamente conformada y que se expresa en un cuerpo de principios político-ideológicos centrados en la transformación social revolucionaria, en relación al cuál hay significativa unidad por parte de los anarquistas.

El anarquismo no es, pues, una manera homogénea de leer la realidad, un corpus de teoría y método. Sin embargo, se funda en análisis racionales, métodos y teorías que tienen elementos en común y que no pueden ser caracterizadas como idealistas, en el sentido de las explicaciones teológicas y/o metafísicas, y tampoco como un corpus que prioriza a modo general las ideas en relación a los hechos.

El anarquismo tiene como trazo constituyente la apertura, la pluralidad y el anti-dogmatismo en el campo de teoría y método para la comprensión de la realidad. El trípode crítica de la dominación / defensa de la autogestión / estrategia fundamental puede ayudar a detallar la mencionada definición, visto que es, el mismo, en Bandera Negra, el núcleo explicativo del concepto de anarquismo.

La crítica de la dominación se caracteriza por una crítica de las relaciones jerárquicas, en las cuales unos deciden sobre lo que se dice respecto a muchos o todos y que involucran vinculación de mando y obediencia. Las relaciones de dominación se encuentran en la base de las desigualdades e injusticias sociales, y pueden abarcar varios tipos: explotación del trabajo, coerción física, dominación políticoburocrática, alienación cultural; pueden ser dominaciones de clase, nacionales, de género, de etnia/raza, etc. Su generalización implica la existencia de un sistema de dominación.

La defensa de la autogestión se caracteriza, como antítesis de la dominación, por la participación en los procesos decisorios en la medida que se es afectado por ellos, o sea, las decisiones son tomadas desde la base y las delegaciones rotativas con control de la base. Una sociedad autogestionaria se caracterizaría por la socialización de la propiedad, habiendo sido conciliada con la propiedad familiar en el campo; por el autogobierno democrático, involucrando la socialización de la política, gestionada por asociaciones de trabajadores y delegaciones rotativas con control de la base; por la cultura autogestionaria, apoyada en una nueva ética y en una nueva educación, comunicación y ocio libertarios. Su generalización implica la existencia de un sistema de autogestión.

La estrategia fundamental se caracteriza por un conjunto de fines y medios – o sea, objetivos, estrategias y tácticas – concebidos para salir del sistema de dominación y llegar al sistema de autogestión y en el cual hay subordinación de los medios a los fines. Este conjunto incluye la movilización de las clases dominadas como un todo: trabajadores de la ciudad y del campo, campesinos, precarizados y marginales – entendiendo que las clases sociales son concebidas más allá de las relaciones de producción o de la esfera económica. Incluye también la permanente búsqueda por transformar, en las tres esferas – económica, política/jurídica/militar y cultural/ideológica – la capacidad de realización de estas clases en fuerza social concreta y, con esto, pelear por la constitución de un poder autogestionario no dominador. Rechaza la movilidad individual o sectorial en el capitalismo o en el Estado y se defiende la transformación social por medio de procesos autogestionarios de lucha que implican una revolución inevitablemente violenta, que puede tener mayor o menor duración (39).

Este trípode, que se sostiene en el libro, puede ser expresado en un conjunto relativamente fijo de diez principios político-ideológicos, que han sido mantenidos, continua y permanentemente, entre los anarquistas. Ellos constituyen las bases fundamentales de esa definición de anarquismo y permiten comprender dónde está su coherencia.

1) Ética y valores. La defensa de una concepción ética, capaz de subsidiar críticas y propuestas racionales, pautadas en los siguientes valores: libertad individual y colectiva; igualdad en términos económicos, políticos y sociales; solidaridad y apoyo mutuo; estímulo permanente a la felicidad, la motivación y la voluntad. 2) Crítica de la dominación. La crítica de las dominaciones de clase – constituidas por la explotación, coacción física y dominaciones político-burocráticas y cultural-ideológicas – y de otros tipos de dominación (género, raza, imperialismo, etc.) 3) Transformación social del sistema y del modelo de poder. El reconocimiento de que las estructuras sistémicas fundamentales en distintas dominaciones constituyen el sistema de dominación y la identificación, por medio de una crítica racional, fundamentada en los valores éticos especificados, de que ese sistema ha de ser transformado en un sistema de autogestión. Para eso se torna fundamental la transformación del modelo de poder vigente, de un poder dominador, a un poder autogestionario. En las sociedades contemporáneas, esa crítica de la dominación implica una oposición clara al capitalismo, al Estado y a las otras instituciones creadas y sustentadas para el mantenimiento de la dominación. 4) Clases y lucha de clases. La identificación de que, en los diversos sistemas de dominación, con sus respectivas estructuras de clases, las dominaciones de clase permiten concebir la división fundamental de la sociedad en dos grandes categorías globales y universales, constituidas por clases con intereses irreconciliables: las clases dominantes y las clases dominadas. El conflicto social entre esas clases caracteriza la lucha de clases. […] Otras dominaciones deben ser combatidas concomitantemente a las dominaciones de clase, siendo que el fin de las últimas no significa, obligatoriamente, el fin de las primeras. 5) Clasismo y fuerza social. La comprensión de que esa transformación social de base clasista implica una práctica política, constituida a partir de la intervención en la correlación de fuerzas que constituye las bases de las relaciones de poder
vigentes. Se busca, en ese sentido, transformar la capacidad de realización de los agentes sociales que son miembros de las clases dominadas en fuerza social, aplicándola en la lucha de clases y buscando aumentarla permanentemente. […] 6) Internacionalismo. La defensa de un clasismo que no se restringe a las fronteras nacionales y que, por eso, se fundamenta en el internacionalismo, lo cual implica, en el caso de las prácticas junto a los actores dominados por relaciones imperialistas, el rechazo del nacionalismo y, en las luchas por la trasformación social, la necesidad de la ampliación de la movilización de las clases dominadas más allá de las fronteras nacionales. […] 7) Estrategia. La concepción racional, para ese proyecto de transformación social, de estrategias adecuadas, que implican lecturas de la realidad y el establecimiento de caminos para las luchas. […] 8) Elementos estratégicos. Aunque los anarquistas defiendan estrategias distintas, algunos elementos estratégicos son considerados principios: el estímulo a la creación de sujetos revolucionarios, movilizados entre los actores que constituyen parte de las clases sociales concretas de cada época y localidad, las cuales dan cuerpo a las clases dominadas, a partir de procesos que incluyen a la consciencia de clase y del estímulo a la voluntad de transformación; el estímulo permanente al aumento de fuerza social de las clases dominadas, de manera que permita un proceso revolucionario de transformación social; la coherencia entre objetivos, estrategias y tácticas y, por ende, la coherencia entre fines y medios y la construcción, en las prácticas de hoy, de la sociedad que se quiere para el mañana; la utilización de medios autogestionarios de lucha que no impliquen la dominación, sea entre los propios anarquistas o en la relación de los anarquistas con otros actores; la defensa de la independencia y de la autonomía de clase, que implica la oposición a las relaciones de dominación establecidas por partidos políticos, Estado u otras instituciones o agentes, garantizando el protagonismo popular de las clases dominadas, lo cual debe ser promovido por medio de la construcción de la lucha por la base, de abajo hacia arriba, incluyendo la acción directa. 9) Revolución social y violencia. La búsqueda de una revolución social, que transforme el sistema y el modelo de poder vigentes, siendo que la violencia, como expresión de un nivel de mayor tensión de confrontación, se acepta, en la mayoría de los casos, por ser considerada inevitable. Esa revolución implica luchas combativas y cambios de fondo en las tres esferas estructuradas de la sociedad y no se encuentra dentro de los marcos del sistema de dominación actual – está más allá del capitalismo, del Estado, de las instituciones dominantes. 10) Defensa de la autogestión. La defensa de la autogestión que fundamenta la práctica política y la estrategia anarquista constituye las bases para la sociedad futura que se desea construir e implica la socialización de la propiedad en términos económicos, el autogobierno democrático en términos políticos y una cultura autogestionaria (40)

Se observa, sin dificultades, que así conceptuado el anarquismo niega no solamente la idea de que podría ser considerado sinónimo de anti-estatismo, individualismo o antítesis del marxismo, sino, de la misma manera, la idea de que defendería la negación de la política y mismo del poder. No parece haber duda que, a depender de cómo se conceptúa política y poder, los anarquistas no pueden ser considerados apolíticos y contrarios a todo tipo de poder (41).

Esta manera de concebir el anarquismo, aunque sea acusada de restrictiva por algunos opositores tales como Robert Graham y Nathan Jun, en realidad no lo es. Como contestó a estos autores L. van der Walt, si por un lado ella implica la exclusión de algunos pensadores y episodios que vienen siendo
presentados como anarquistas, por otro lado permite que se incluyan, con mucho más coherencia metodológica, una cantidad innumerable de otros anarquistas en el canon de sus grandes representantes y de varios otros episodios en su trayectoria de luchas (42).

Por ejemplo, según el abordaje de Bandera Negra, W. Godwin y M. Stirner no deben ser considerados anarquistas. No solamente por su no identificación teórico-lógica con la definición ya señalada, sino principalmente porque no tuvieron ninguna relevancia en el período de conformación del anarquismo entre 1868 y 1886; fueron, mas bien, rescatados después, en el esfuerzo de creación del mencionado “mito legitimador”.

Pero, por otro lado, el libro propone que muchos otros anarquistas sean incluidos en el canon anarquista al lado de M. Bakunin y P. Kropotkin: Ricardo Flores Magón (mexicano, 1874-1922), Ida Mett (rusa, 1901-1973), Edgard Leuenroth (brasilero, 1881-1968), Ba Jin (chino, 1904-2005), Mikhail Gerdzhikov (búlgaro, 1877-1947), He Zhen (china, 1884-1920), T.-W. Thibedi (sudafricano, 1888-1960), Kim Jwa-Jin (coreano, 1889-1930), Sam Dolgoff (ruso-estadunidense, 1902-1990) Emma Goldman (lituana, 1869-1940), Enrique Roig de San Martin (cubano, 1843-1889), Constantinos Speras (griego, 1893-1943), Monty Myler (australiano, 1839-1920), Lucy Parsons (estadunidense, 1853-1942) y muchos otros más, incluso recientes, que tuvieron y/o tienen importancia en el campo del pensamiento y/o de la acción anarquista.

Otro ejemplo es que, según el abordaje de Bandera Negra, si lo que pasó en Europa Occidental y Estados Unidos es indudablemente significativo, como la Revolución Rusa (1917-1921) y la Revolución Española (1936-1939), es también necesario mirar a otros episodios de estas partes y tiempos así como otros, de partes y tiempos diferentes. El libro propone que muchos otros episodios sean incluidos, junto a estos, como parte considerable del anarquismo en acción. Un punto de partida para la enumeración de estos episodios con las respectivas referencias bibliográficas se encuentra en el libro online Surgimiento y Breve Perspectiva Histórica del Anarquismo, 1968-2012, producido como soporte a Bandera Negra.43 Un balance de estos episodios en los cuales hubo presencia e influencia significativas de los anarquistas permite afirmar que la extensión y el impacto del anarquismo son amplios y van de 1868 hasta el presente en los cinco continentes, con flujos y reflujos; autoriza, también, sostener que el anarquismo movilizó trabajadores de todos los tipos: principalmente del proletariado de las ciudades, pero también de los proletarios del campo, los campesinos y aquellos llamados “lumpen-proletariado” por la tradición marxista.

Los anarquistas desarrollaron y fortalecieron distintas iniciativas y herramientas de movilización y lucha: sindicalismo de intención revolucionaria, organizaciones políticas y grupos de afinidad, insurrecciones urbanas y rurales, ocupaciones y tomas de empresas y regiones, consejos de trabajadores, cooperativas de producción y consumo, escuelas, libros, periódicos, volantes de propaganda, atentados contra autoridades, manifestaciones callejeras, etc.

Para complementar los mencionados episodios del anarquismo en acción se podría mencionar, en una lista no definitiva ni exhaustiva, un amplio conjunto de acontecimientos, en los cuales tuvieron participación más o menos determinante de los anarquistas.

La Asociación Internacional de los Trabajadores (especialmente entre 1868 y 1877), la Comuna de Lyon (Francia, 1870), la Comuna de París (Francia, 1871), las Revueltas Cantonalistas (España, 1873), la Insurrección de Boloña (Italia, 1874), la Insurrección de Benevento (Italia, 1877). La participación en la Confédération Générale du Travail (Francia, 1895-1914) y en los Industrial Workers of the World (Estados Unidos, a partir de 1905), la Revuelta de Macedonia (Macedonia, 1903), la Revolución Mexicana (México, particularmente en 1911), la Revolución Ucraniana (1919-1921), las coordinadoras que involucraran a muchos países – tales como la East Asian Anarchist Federation (fundada en 1928), la Asociación Continental Americana de Trabajadores (fundada en 1929) y Comisión Continental de Relaciones Anarquistas (fundada en 1948) –, la Revolución en Manchuria (Corea, 1929-1932), la militancia en torno a la Federación de los Anarco-Comunistas de Bulgaria (Bulgaria, entre los años 1920 y 1940). Las articulaciones internacionales de la Internacional Sindicalista (IWA-AIT), fortalecida en los años 1950, y la Internacional de Federaciones Anarquistas (IFA), fundada en 1968; la Revolución Cubana (Cuba, 1959), la militancia en torno a la Federación Anarquista Uruguaya (Uruguay, especialmente entre 1963 y 1973), el Mayo de 1968 francés (Francia, 1968). Después de esto, hubo y vienen habiendo episodios importantes, con presencia e influencia anarquista. Un ejemplo, que puede ser complementado por otros, es el movimiento de resistencia global (“anti-globalización”) en general, y la Acción Global de los Pueblos, fundada en 1998, en particular.

Felipe Corrêa

Extracto del «Teoría e historia anarquista en perspectiva global«. I Congreso de Investigadorxs sobre anarquismo, Buenos Aires,  26, 27 y 28 de octubre del 2016

*No se incluyeron las notas al pie ni la bibliografía


Hacia una historiografía anarquista: Análisis del poder y de la dominación

Sobre historiografía del anarquismo*

David Graeber: ¿Por qué hay tan pocos anarquistas en la academia?

¿Anarquistas asiáticos?: Orígenes, historia y grandes revoluciones en China y Japón

Historia del anarquismo en Rusia

Historia del anarquismo en Indonesia

Pin It

Related Posts

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *