Wolfi Landstreicher: La subversión de la existencia

by • 13 junio, 2019 • Artículos, Coyuntura política, OrganizaciónComments (0)215

El deseo de cambiar el mundo seguirá siendo un mero ideal abstracto o un programa político a menos que devenga la voluntad de transformar la propia existencia de uno mismo. La lógica de la sumisión se impone en la vida diaria ofreciéndonos miles de motivos para que uno se resigne a la dominación de la supervivencia por encima de la vida. Así, sin un proyecto consciente de rebelión y transformación, todos los intentos de cambiar el mundo siguen siendo básicamente algo estético –poniendo maquillaje en úlceras que tienen gangrena–.

Sin una proyectualidad intencional hacia la libertad y la rebelión aquí y ahora, un sinfin de proyectos dignos –la okupación de espacios abandonados, compartir comida gratis, la publicación de periódicos o publicaciones anarquistas, sabotajes, radios piratas, manifestaciones, ataques contra las instituciones de dominación– pierden su significado, convirtiéndose en más bullicio y confusión dentro de un mundo que ya es confuso y que está confundido. Es la decisión consciente de reapropiarse la vida, en desafío a la realidad actual, lo que puede dar a estas actividades un significado revolucionario, porque esto es lo que proporciona la conexión entre las diversas actividades que conforman una vida insurgente.

Tomar una decisión como esta nos reta a imaginar cómo vamos a ponerla en práctica, y su realización no es solo algo que nos involucra en una variedad de proyectos de acción. También, y más esencialmente, significa crear la vida propia como una tensión hacia la libertad, proporcionando así un contexto para las acciones que hacemos, una base para el análisis. Por otra parte, esta decisión nos puede llevar a una rebelión más allá de lo político. El deseo consciente de libertad total requiere una transformación de nosotras y de nuestras relaciones en el contexto de una lucha revolucionaria. Se hace necesario no apresurarse en hacer ésta, aquella o aquella otra actividad, sino aprovechar y aprender a usar estas herramientas, que podemos hacerlas nuestras, y usarlas contra la existencia actual basada en dominación, en particular, a través de un análisis del mundo y de nuestra actividad en él, de relaciones de afinidad y de un espíritu indomable. También se hace necesario reconocer y rechazar todas las herramientas sociales ofrecidas por el propio orden social que sólo pueden reforzar la lógica de la dominación y la sumisión –la delegación, la negociación, las demandas a las autoridades, la evangelización, la creación de un imaginario de nosotras mismas, y demás–. Estas últimas herramientas precisamente refuerzan la jerarquía, la división y la dependencia a las estructuras de poder, esa es la razón por la nos las ofrecen para que las usemos en nuestras luchas. Cuando una acude a estas herramientas, la rebelión y la libertad degeneran en un mero programa político.

El análisis que no surge del deseo de una misma de reapropiarse de su vida aquí y ahora, tiende a reforzar la dominación, porque sigue sin tener fundamentos o sus fundamentos se vuelven una ideología o un programa político. Mucho de lo que pasa por el análisis social de hoy cae en formas pasadas, impidiendo imaginar realidades nuevas. Sin tener una base desde la cual hacer su crítica, aquellos que siguen este patrón tienden a caer en una incesante rueda de deconstrucción que últimamente concluye que la dominación está en todas partes y en ninguna parte, que la libertad es imposible y que, por lo tanto, sólo debemos hacer lo mejor que podamos, ya sea conformándonos o siendo la escena opositoria, al igual que hacen grupos como “tute bianche” (los famosos “monos blancos”, grupo antiglobalización), los cuales no pretenden desafiar nada. Podría decirse que esto no es un análisis, sino una excusa para evitar un análisis real, y con ello hacer tangible la rebelión.

Pero el camino de las ideologías y los programas políticos no es útil al proyecto de la subversión. Debido a que este proyecto es la transformación de la existencia en una forma que destruye toda dominación y explotación, es inherentemente anti-política. La libertad, concebida políticamente, no es más que un eslogan vacío destinado a ganarse el visto bueno de los gobernados (como la “libertad americana” la cual para Bush es bombardear Afghanistan y aprobar cada vez más leyes represivas) o meramente la solución de un problema con más dominación. Concebida así, la libertad y
la dominación devienen en cuestiones cuantitativas –cuestiones de grados– y la última aumenta en proporción a lo que decrece la primera. Es precisamente este tipo de pensamiento el que motivó a Kropotkin a apoyar a los Aliados en la primera guerra mundial y lo que sirve de base para cada proyecto reformista. Pero si la libertad no es una mera cuestión de grados de dominación –si jaulas más grandes y cadenas más largas no significan mayor libertad, sino una aparente mayor movilidad dentro del contexto de un esclavismo constante– entonces todos los programas políticos y todas las ideologías devienen inútiles para nuestro proyecto. En vez de esto, es precisamente por nosotros y nuestros deseos, que debemos cambiar la dirección de nuestros deseos hacia una existencia cualitativamente diferente. Y el punto de partida para la transformación que buscamos son nuestras vidas y relaciones. Es aquí donde empezamos a socavar la lógica de la sumisión con el objetivo de destruir toda dominación. Entonces, nuestros análisis del mundo están dirigidos a conseguir entender cómo llevar a cabo nuestra lucha en el mundo y encontrar puntos de solidaridad (donde vemos nuestra lucha reflejada en las luchas de otros) para extender la lucha contra la dominación, sin crear una interpretación del mundo en términos de una ideología. Y nuestro análisis de lo que hacemos, está dirigido a determinar lo realmente útiles que son nuestras acciones para lograr nuestras aspiraciones, y no a llevar a cabo nuestras acciones en base a un programa.

Si nuestro objetivo es la transformación de la existencia, entonces, el desarrollo de relaciones de afinidad no es sólo una maniobra táctica. Es el intento de desarrollar relaciones de libertad en el contexto de una lucha. Las relaciones de libertad se desarrollan a través de un profundo y cada vez mayor conocimiento del otro –un conocimiento de sus ideas, sus aspiraciones, sus deseos, sus capacidades, sus inclinaciones–. Es un conocimiento de las similitudes, sí, pero más aún, es un conocimiento de las diferencias, porque es en las diferencias donde empieza un conocimiento práctico real, el conocimiento de cómo una puede llevar a cabo proyectos y crear la vida con otras. Es por esta razón que entre nosotras –igual que en nuestra relación hacia aquello por lo que estamos luchando– es necesario evitar la práctica del compromiso y la constante búsqueda de un terreno común. Estas prácticas son, después de todo, el corazón y el alma de las formas democráticas de dominación que rigen actualmente el mundo, y por lo tanto son expresiones de la lógica de la sumisión que necesaitamos erradicar de nuestras relaciones. Las uniones falsas son más bien un detrimento para el desarrollo de un proyecto insurreccional, que un conflicto real desde el cual pueda florecer la inteligencia y la imaginación creativa individuales. El compromiso, desde el cual las falsas uniones se desarrollan, es un signo de la sumisión del proyecto insurreccional a la política.

Las uniones provocadas por el compromiso son, de hecho, todo lo contrario a la afinidad, ya que surgen de una supresión del conocimiento de una misma y de las demás. Es por esto por lo que estas uniones requieren la creación de procesos formales de toma de decisiones que mantienen las raíces de una metodología burocrática. Allí donde hay un conocimiento real de las demás con quienes una lleva a cabo un proyecto, no es necesario un consenso formal. La conciencia que cada una tiene de la individualidad de las demás, crea una base donde la decisión y la acción no necesitan estar separadas. Esta es una nueva forma de sociabilidad que puede ser traída a la existencia aquí y ahora, en lucha contra el orden de dominación, una forma de sociabilidad basada en el pleno disfrute total de la singularidad de cada individuo, de las maravillosas diferencias que cada cada una de nosotras lleva dentro de sí.

En este tipo de relaciones de afinidad, se desarrollan proyectos reales que reflejan los deseos y aspiraciones de los individuos envueltos, en lugar de simplemente la sensación de que uno tiene que hacer algo. Tanto si el proyecto es una okupación, un reparto de comida gratis, un acto de sabotaje, una radio pirata, un periódico, una manifestación o un ataque contra las instituciones de dominación, no será llevado a cabo como una obligación política, sino como parte de la vida que uno está tratando de crear, como el florecer de la propia existencia autodeterminada. Y es entonces, y sólo entonces, que el potencial subversivo e insurreccional florecen. Si lo que queremos es, el placer, la maravilla y la belleza de una existencia indomable, necesitamos intentar conseguir esto aquí y ahora en desafío rebelde contra toda dominación, erradicando la lógica de la sumisión de nuestras vidas, nuestras relaciones y de nuestra lucha revolucionaria, por la destrucción de la política y la creación de una vida sin medida.

Wolfi Landstreicher

Publicado originalmente en Willful Disobedience

Fuente: Contra la lógica de la sumisión


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