Huelga masiva en las cárceles de la región chilena

by • 6 junio, 2019 • Abya Yala (América Latina), Noticias, comunicados y columnas, PresxsComments (0)152

Desde las primeras semanas del mes de mayo, más de 5 mil personas se mantienen movilizadas en todas las cárceles de la región chilena. El detonante de las movilizaciones fue la modificación realizada en enero al Decreto 321, que modifica los requisitos para acceder a la libertad condicional, elevando las condiciones dispuestas anteriormente para este beneficio y, por tanto, alargando los años de encierro de un gran número de personas en situación de encierro penitenciario.

No obstante, la modificación del Decreto es tan sola una entre las muchas razones que tienen las personas encarceladas para movilizarse.

En primer lugar, es de conocimiento público el hecho de que Gendarmería es una mafia de carceleros que tortura constantemente a las personas apresadas, que no sólo castiga cruelmente con golpizas y otros métodos, sino que también abusa sexualmente -o permite que se abuse- a quienes están sometidxs a su autoridad. Además, es reconocido por los mismos cabecillas de esta mafia que sus propios miembros introducen drogas duras, entre otros elementos con los que comercian dentro de las cárceles, manteniendo una alianza mafiosa entre Estado y grandes narco-empresarios que posiciona a éstos últimos como los dueños verdaderos de las prisiones.

A ello se agrega el proceso continuado de deshumanización que se opera sobre todos lxs prisionerxs. Si se entiende que la autonomía es una dimensión necesaria para la existencia de la dignidad personal, podemos comprender que la cárcel reduce al individuo preso entre sus muros justamente a lo contrario: esclaviza al individuo a una dependencia absoluta (para comer, para comunicarse, para asearse, etc)., lo somete a una regresión infantil, le impone el sufrimiento físico y psicológico para acabar con la rebeldía individual, reprime su comunicación, tanto de palabras como de sentimientos, y crea un entorno hostil -una guerra de todos contra todos-, en la cual cada presx debe luchar para sobrevivir y evitar ser eliminado o abusado por los demás presxs. En cuanto a lo que concierne a la mera supervivencia física, en estos modernos campos de concentración las personas encarceladas con frecuencia pueden llegar a pasar 16 horas sin recibir ninguna clase de alimentos.  En otras palabras, bajo la dictadura del régimen carcelario los individuos se auto-extinguen, porque son adiestrados con violencia para reprimir por sí mismos sus propios sentimientos.

Por otro lado, un porcentaje no menor de las mujeres encarceladas se convierten en madres dentro de la prisión, lo cual somete a estas mujeres no solo a las condiciones vejatorias de la prisión en sí, sino que, llegada una cierta edad, sus hijos les son arrebatados y enviados al siniestro conjunto de campos de concentración de niños y adolescentes que lleva el nombre de SENAME. Tal es el destino de quienes están condenados a la mayor de las miserias en la sociedad capitalista: una vida dentro las rejas, de violencia en violencia su experiencia de la vida humana se ve reducida a una lucha incesante por la sobrevivencia y la obtención del dinero en un entorno inhumano y sumamente violento.

Teniendo en cuenta éstas y otras crueldades de la cárcel, se ha dicho con frecuencia que los gendarmes son como los nazis -y esto tiene su cuota de verdad-, pero la realidad es que el terrorismo nazi resulta arcaico si se lo compara con la estructura planificada, y cruelmente organizada de la cárcel contemporánea. Los modernos carceleros y tecnócratas de la actual sociedad capitalista han descubierto que mil aislamientos, privaciones y abusos matan tanto como una sola bocanada de gas. El exterminio inmediato de individuales rebeldes o de pueblos -que es una realidad que ha acompañado el desarrollo del capitalismo durante toda su historia-, se combina con el castigo científicamente planificado y ejercido por años sobre los presxs en las cárceles. Así, el miedo y exterminio, violencia y control, forman pilares permanentes y centrales del sistema de la dominación actual, revelando la dictadura inserta dentro de la falsa libertad democrática: la dictadura del capital sobre la vida humana. Quien no quiera adaptarse al sistema, es decir, quien no encuentre el encanto de una vida hipotecada al trabajo asalariado, bien podrá hacerlo por miedo. Este es el chantaje implícito al que todxs estamxs sometidxs en la sociedad capitalista.

Se dice que la cárcel es una escuela del crimen, y es cierto: Esta sociedad es una sociedad criminal, y lo inhumano es su ambiente natural. La cárcel termina de matar lo que hay de humanidad en las personas, es decir, desintegra por fin el lazo social y afectivo que conecta a las individualidades humanas, y los sustituye por los vínculos del egoísmo y la avaricia que dan movimiento a la sociedad capitalista. Y, así también, las personas privadas de sentimientos -producidas por la misma dinámica de la sociedad capitalista- se alegran incluso del trato inhumano que se da a lxs prisionerxs, incluso a sus hijxs, y piden penas más duras para quienes violen las leyes creadas por el Estado. En su enajenación, son incapaces de comprender que esta sociedad necesita del crimen, que la sociedad capitalista produce espontáneamente asaltantes, mafias y criminales en general de la misma forma en que produce banqueros, policías y guardias de supermercado. La existencia del capital y la existencia del crimen son inseparables; y el crimen se eleva a potencia social hasta el punto en que el mayor criminal puede llegar a ser gobernante de naciones enteras y movilizar ejércitos, mientras que los criminales de poca monta o los simples proletarios obligados a vivir del mercado ambulante terminan encerradxs por años en las mazmorras de las modernas cárceles-empresas.

Nosotrxs no exigimos ni creemos en ninguna clase de reinserción social, porque no existe un “afuera” de la sociedad desde el cual reinsertarse. Más bien, la cárcel es la verdadera “reinserción” de los elementos rebeldes producidos por la misma dinámica capitalista: convierte el crimen en la justificación de todo su orden represivo. Por consiguiente, para nosotrxs la única forma de reinserción posible de los presxs en la sociedad sería su participación en la creación colectiva de una comunidad humana[1], en una dinámica de relaciones humanas des-alienantes que permita prefigurar la revuelta comunitaria contra el Estado y el capital,

Toda revuelta social encierra un espíritu universal -y luchar por un mundo sin cárceles es, de facto, una revuelta social-, porque es una protesta humana contra un mundo inhumano; porque para que una revuelta social viese logrados sus fines últimos, necesariamente tendría que cambiar la totalidad de la sociedad. Es, aun cuando sus propios protagonistas puedan no ser conscientes de ello, una crítica radical contra la sociedad en su conjunto, porque le exige a la sociedad algo que ésta no puede cumplir sin desmoronarse. La sociedad capitalista necesita de la cárcel, no puede existir ni perpetuar su existencia sin ella. Aunque de forma superficial no lo parezca, todas las miserias de la sociedad capitalista forman un todo unificado en permanente movimiento, una unidad complementaria en la que cada parte nutre y potencia a la otra. La destrucción de la cárcel, por consiguiente, sólo puede ser un proyecto realista si se la considera como parte integral del proyecto general de la emancipación humana: la abolición de la sociedad capitalista, y la creación de una sociedad comunista.

¡Solidaridad con lxs presxs en huelga!¡Un mundo sin dinero es también un mundo sin prisiones!

En qué consista la reforma retroactiva al Decretro-Ley 321

La norma que regula la “libertad condicional” en Chile es un decreto del año 1925. En el modelo original se trataba de un “derecho” que las personas condenadas a penas de cárcel tenían para ir accediendo a la libertad bajo el control de delegados estatales una vez que cumplieran la mitad de la pena, y cumpliendo algunos requisitos como conducta intachable por a lo menos 3 bimestres.

En el año 2016, cuando se aprobó la “agenda corta” de Bachelet II que entre otras cosas creó el infame “control preventivo de identidad” se aumentó el listado de delitos en que para poder postular a libertad condicional se requiere haber cumplido 2/3 de la pena. El año 2018 este Decreto fue modificado por la Ley 21.124. Para la socialdemocracia y la izquierda se trataba de endurecer los requisitos para otorgar este beneficio a los criminales de lesa humanidad recluidos en el hotel de Punta Peuco. Sin embargo, el efecto general de endurecimiento de los requisitos para postular al “beneficio” (la nueva ley dice que ya no es un “derecho”) lo están sufriendo los 40.000 presos comunes que pueblan los recintos penales del país, el tercer país más encarcelador de la OCDE (sólo superado por EE.UU. e Israel).

Por otro lado, la exigencia que se contemplaba para que los violadores de derechos humanos tuvieran que declarar por escrito su arrepentimiento antes de postular a libertad condicional fue declarada inconstitucional por el Tribunal Constitucional por violentar su libertad de conciencia. Esto es muy llamativo pues ¡el mismo Decreto exigió a los presos políticos subversivos de los 90 el requisito de suscribir mediante una carta una declaración de renuncia al uso de la violencia!

Así las cosas, donde antes al preso común le bastaba con tener 6 meses de conducta calificada por Gendarmería como Buena o Muy Buena, ahora se le exigen 8 meses de conducta MB. Fácil es percibir que se trata de condiciones que, por ser más desfavorables para el preso, no deberían aplicarse con efecto retroactivo, lo cual va contra las bases mismas del auto proclamado Derecho Penal burgués. Pero no importa: el Poder pisotea a cada rato sus propios principios y reglas, cuando se trata de ejercer una criminalización que refuerce la posición de la clase capitalista.

Ante esta injusticia evidente se están movilizando miles de personas presas en el país.

Comunidad de Lucha, 6 de junio del 2019

Fuente: https://comunidaddelucha.noblogs.org


Notas

[1] Tampoco esto es un llamado a la ingenuidad. No todas las personas presas son compañeras ni aliadas en la lucha revolucionaria. De hecho, hay torturadores, aunque privilegiados, que están presos. Más bien queremos decir lo siguiente: una sociedad comunista no puede existir con prisiones. Dentro de las cárceles hay personas, la mayoría seguramente, que serían valiosas aliadas en la lucha contra el capital y el Estado. Decidir si es posible su integración a la lucha revolucionaria es un asunto que no puede resolver ningún individuo ni grupo revolucionario, sino que es tarea de la comunidad que lucha en su conjunto.

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