Responsabilidad Social Empresarial (RSE) Un arma de Pacificación Social

by • 28 mayo, 2019 • Antidesarrollismo, Artículos, Coyuntura política, Ecología, EconomíaComments (0)212

A inicios del siglo XXI, en los territorios dominados por el Estado chileno, la máquina extractivista abre territorios y cerca comunidades, que así son encadenadas a las dinámicas globales de acumulación capitalista. En este nuevo ciclo de colonización y despojo, se impone una territorialidad neoliberal que desplaza y/o subordina las territorialidades preexistentes; proceso que supone un meticuloso trabajo de ‘ingeniería social’ que reorganiza las dinámicas cotidianas y moldea las relaciones. En el Chile neoliberal, el diseño de este nuevo orden emerge de las ‘alianzas público-privado’ que, sin renunciar a la violencia física directa, operan complejas estrategias psicosociales para prevenir, contener y canalizar las resistencias. En este contexto, las políticas de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) cumplen un rol clave en tanto mecanismos de ‘Pacificación social’ que hacen viable y a la vez legitiman el extractivismo.

En los discursos oficiales, la RSE se entiende como el conjunto de prácticas con que las empresas se hacen responsables de impactos sociales, ambientales y económicos, que pueden derivar de sus faenas, estas responsabilidades se ejercen de forma voluntaria y sobrepasan las exigencias legales de los países en que operan.

Las políticas de RSE se concretan en programas y proyectos de intervención
comunitaria que se complementan con estrategias comunicacionales orientadas a posicionar a las empresas como actores centrales de la cotidianidad local; éstas articulan el sentido tradicional de la ‘filantropía patronal’ con los principios de innovación y sustentabilidad que generan valor agregado a las corporaciones en el mundo globalizado. La RSE surge en el cambio de siglo, bajo el paradigma del ‘Desarrollo Sustentable’ y se vincula a las políticas de inclusión social, multiculturalismo y superación de la pobreza, que organismos multilaterales promueven para gestionar los efectos de un modelo de desarrollo centrado en el mercado.

En territorios subalternizados bajo la forma de enclaves extractivos (mineros, forestales, pesqueros, etc.) las corporaciones asumen en diversos grados y formas las funciones tradicionalmente atribuidas al Estado. En estos contextos de extrema desigualdad, las empresas proveen no solo trabajo, también educación, salud, conectividad, atención social, proyectos culturales, deportivos y recreativos, que vehiculizan los valores del mundo empresarial; Así, cada empresa construye el ‘mejor mundo posible’ para rentabilizar su inversión. Pero como la hegemonía es un proceso en permanente disputa, las resistencias siempre son posibles, lo que obliga a las empresas a desarrollar formas cada vez más sofisticadas de RSE. De hecho, a diferencia de la ‘filantropía patronal’ que caracterizó las relaciones asistenciales entre empresariado y comunidad en el siglo XX, la RSE no se asume como una práctica caritativa, que se sostiene en el trabajo voluntario y es externa al negocio, sino como una dimensión de éste, altamente profesionalizada, donde equipos de psicologxs, antropólogxs, sociologxs, periodistas e ingenierxs construyen relaciones eficientes y planifican el desarrollo local. La ‘vinculación con el medio’ es el resultado de un trabajo profesional que gestiona emociones, tradiciones, sueños.

Así, encontramos empresas que, con distintos niveles de éxito, logran copar los espacios de producción y reproducción de comunidades empobrecidas, desplegando discursos mesiánicos, que ofrecen la salvación desarrollista. Entre las experiencias emblemáticas de este tipo de intervención, destacamos: (a) El accidentado trabajo de Pascua Lama (Barrick) con comunidades de Huasco, que incluye un polémico proceso de etnificación, donde la empresa promueve y financia organizaciones diaguitas que le son funcionales, mientras se desarticula el tejido social; (b) El trabajo de Rockwood Litio Lta. (actual Albemarle Corporation) con el Consejo de Pueblos Atacameños, y desde antes con la comunidad de Peine, donde la empresa traspasa una renta directa, formalizada en un ‘Convenio’ que les garantiza la licencia social; (c) El trabajo de Minera Los Pelambres (Grupo Lucksic) en la provincia de Choapa, que incluye elaboradas campañas de educación y protección ambiental, que junto a los fondos de microemprendimiento, instala un ‘Estado dentro del Estado’; (d) La polémica intervención del proyecto Dominga en la comuna de La Higuera, donde el trabajo comunitario previo a la aprobación del proyecto, genera las condiciones para la movilización de sectores sociales que defienden los intereses de la empresa; y (e) El trabajo de forestal Mininco que, paradójicamente, a la vez que tala bosques, levanta huertos medicinales y el Centro de medicina mapuche del Hospital de Nueva Imperial. Se trata de intervenciones en territorios asolados por la sobre explotación, donde los bienes naturales que sostenían la vida, han sido mercantilizados. Aquí las empresas participan en acuerdos ‘público-privado’ con los municipios, pero también establecen relaciones directas con grupos locales, que dividen familias y comunidades.

Cabe destacar que la RSE se inscribe en un innovador ‘campo discursivo’  que se apropia de la crítica para despojarla de su potencial transformador. A través de intensas campañas comunicacionales e intervenciones situadas de compensación y mitigación de daños, las políticas de RSE permiten a las empresas desresponsabilizarse de la crisis ambiental y, paradójicamente, posicionarse como guardianes de la naturaleza y el patrimonio cultural de
las comunidades aledañas a sus faenas; normalizar los efectos ambientales como externalidades compensables, construir una identidad positiva desde el rol del ‘buen vecino’ y minimizar el conflicto empresa/comunidad. Estos discursos de legitimación dan lugar a sofisticadas prácticas de RSE, donde empresas empáticas buscan las estrategias para lograr la sustentabilidad. Más allá de los discursos, el auge extractivista que caracteriza estos tiempos requiere legitimación, y la RSE lo consigue, a la vez que abre nuevos mercados. En tiempos de pacificación social, la profesionalización de la empatía y la solidaridad puede ser más eficiente que una intervención armada.

Publicado originalmente en Cuadernos del Capitaloceno, N°1. Primavera 2018, Norte-semiárido, Región chilena.


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