Notas para la superación de la alienación y la realización de la vida

by • 15 mayo, 2019 • Artículos, Ciudadanismo, Coyuntura política, TrabajoComments (0)479

Primero

El pobre ama más el pan que la libertad

Jean Jacques Rousseau

La alienación en nuestra sociedad consiste en que los explotados han sucumbido al chantaje histórico del despotismo de clase, encontrando sentido en su rol de fabricantes de apropiación y riqueza, como autores de su propia exclusión en la sociedad. Su sobrevivencia en este mundo los empuja a naturalizar su propia explotación.

Gracias al análisis antropológico de las sociedades pre capitalistas (1) podemos concluir, que la necesidad progresiva de controlar la supervivencia frente a lo desconocido, fue un importante factor en la delimitación de las reservas y del territorio como forma de asegurar la vida para las nacientes sociedades de clases.

Las sociedades de clase pre capitalistas, comenzaron a organizar su sobrevivencia delimitando los recursos a su haber, lo que, entre otros factores (geográficos, religiosos, guerreros, etc.), gatillaron una embrionaria división del trabajo y el origen de la apropiación privada del territorio. A diferencia de las antiguas comunidades primitivas, al transformar el territorio en recurso, las sociedades de clase instituyen la privación del uso común a través del dominio sobre el territorio y su organización monopólica (2) por las minorías dominantes. Con ello, surge como separación de la vida, la esfera económica; forma de organizar socialmente la privación de la tierra e imponer la sobrevivencia a costa de la vida.

La alienación social tiene sus orígenes en el pliegue de este proceso histórico por imponer la seguridad económica ante el medio natural; el ser humano a la par que produjo las herramientas tecnológicas para emanciparse de sus necesidades materiales, edificó los fantasmas que lo esclavizarían a su propia producción.

Desde ahí hasta el presente el devenir histórico de las sociedades de clase no ha dejado de definirse en función del movimiento de la apropiación privada y su acumulación permanente. Los “propietarios” de la tierra, gradualmente fueron extendiendo su propiedad sobre los “no poseedores” obligándolos (por la fuerza de la necesidad o de la violencia) a transferir la producción de su propia vida para cubrir su sobrevivencia, o sea perpetuar una no-vida. Este proceso en la historia se corresponde en orden cronológico a la esclavitud, la servidumbre, y el trabajo asalariado.

Así, el movimiento por la perpetuación de la no-vida ha disminuido cuantitativamente las posibilidades de sufrimiento y de muerte, mientras que la muerte se instala en la vida de cada uno como una enfermedad incurable.

Segundo

Pero Dios no ha muerto; está incorporado en el destino del hombre. La transición del planeta hombre, siguiendo su órbita absolutamente solitaria en la casa de la desesperación.

Walter Benjamin

El éxito de la alienación en el capitalismo radica en que los explotados hayan su “sentido” en las necesidades de la mercancía, esta identificación de los explotados con la sociedad producida a su coste, fue posible, gracias a una larga tradición ideológica extendida y enraizada en las sociedades de clase pre capitalistas.

Históricamente la posición social del poseedor se fue instituyendo en primera instancia a través de la mitología narrativa y posteriormente en la idolatría a uno o más dioses. Esta mitología unifica las contradicciones de la naturaleza, disipa en apariencia sus misterios, y justifica sus relaciones ante cualquier imagen o concepto que intente destruir las estructuras dominantes de la sociedad. Es aquel lugar ilusorio donde se armonizan los opuestos y se resuelve ilusoriamente el problema del bien y el mal, donde las contradicciones generadas por la apropiación privativa se resuelven.

“El mito une al poseedor y al no-poseedor, los envuelve en una forma en la que la necesidad de sobrevivir, como ser físico o como ser privilegiado, obliga a vivir en forma de apariencia y bajo el signo invertido de la vida real, que es la de la praxis cotidiana.” (3)

Para que esto fuera posible se produjo en la historia una secularización de la dominación religiosa a la civil, pues su contenido material expresa una continuación refinada de la dominación del humano por el humano. El capitalismo se desarrolló en Occidente como un parásito en el cristianismo, de tal manera que, al final, la historia del cristianismo es esencialmente la historia de su parásito, el capitalismo.

La filosofía se fusiona con el iluminismo, la práctica de la magia animista se encuentra relegada en tanto fe no científica, pero así mismo el hombre y su razón se erigen como un Dios, suplantando a la magia y a la mitología. Nace la ideología totalitaria moderna.

“Con la expansión de la economía mercantil burguesa el oscuro horizonte del mito es aclarado por el sol de la ratio calculante, bajo cuyos gélidos rayos maduran los brotes de la nueva barbarie. Bajo la coacción del dominio el trabajo humano siempre se ha alejado más del mito para recaer, bajo el dominio, siempre de nuevo en su poder” (4).

El Dios de los judíos se ha secularizado y se ha convertido en Dios universal, este Dios es el dinero. Dios de la necesidad practica y del egoísmo, ante el no puede prevalecer ningún otro Dios, humilla a todos los otros dioses y los convierte en una mercancía, el dinero es el valor general de todas las cosas constituido en ídolo al que solo cabe contemplar y admirar, ha despojado por tanto de su encanto al mundo entero, tanto a humanidad como a al resto de la naturaleza. Por tanto el ser humano con la implantación de la las relaciones de producción mercantiles no se vio liberado de la religión, sino que solo obtuvo la libertad religiosa.

El capitalismo, de hecho, es un movimiento profundamente religioso, pero mucho más profundo e internalizado que el cristianismo u otras religiones. Sus celebraciones no requieren de días particulares ni de festivos, sino que se expanden por todo el calendario como realización permanente. No posee UNA creencia particular: sino que en él todo cobra sentido a través de la creencia en su funcionamiento, la mano invisible del mercado.

Tercero

El derecho humano de la libertad no se basa en la vinculación entre los hombres sino, al contrario, en su aislamiento.

Es el derecho de este aislamiento, el derecho del individuo restringido, circunscrito a sí mismo.

Sobre “la cuestión judía”, Karl Marx

La institución de la enajenación sistemática se aseguró con el surgimiento del Estado. Su poder y función estuvo definido por perpetuar la cohesión de la sociedad, lo que conlleva “imponer” la expropiación de la vida a los no-poseedores por medios coercitivos o derechamente violentos. Por donde fuera que esta centralización orgánica del poder se fuese consolidando, los poseedores pudieron eternizar su estirpe, imponer su posición jerárquica enquistándola –casi siempre por la fuerza– en la conciencia de los despojados, empleando el terror y el control para perpetuarse en el poder. De este modo y principalmente a partir del miedo, se apuntaló la sociedad de clases instaurando la esclavitud y la servidumbre como formas propias de la vida en sociedad (5).

Con el advenimiento de la ilustración y la “emancipación” política (6) y económica (7) llevada a cabo por la burguesía, el ser humano deviene “ciudadano”; un hombre abstracto, artificial, perfectamente cuantificable. La unidad básica de este momento histórico es expresada filosóficamente en el concepto de individuo; entendiéndose como ser liberado del vínculo comunitario y eyectado a la competencia mercantil del mundo capitalista, expresando su objetividad mercantil.

A la par de la asunción del Estado moderno (republicano o monárquico) como monopolio de las fuerzas materiales, (re)surge la ideología democrática como superación del absolutismo feudal (8).

Esta, no es más que una nueva unificación mitológica de la sociedad de clases pero esta vez en clave racional y moderna. Este paraíso terrenal de la burguesía, donde el burgués y los explotados conviven en forma de ciudadanos libres e iguales, conspira en la unificación de los explotados para unificar sus fuerzas, su clase se diluye en el “pueblo libre” y sus derechos y deberes ocultan su necesidad de emancipación. Para la democracia de la burguesía capitalista –con los ojos puestos en sus antecesores que inventaron esta forma de gobierno en otras sociedades de clase: Grecia y Roma antiguas–, no existen clases, todos son ciudadanos iguales ante la República ideal de la comunidad abstracta. Esta inversión ideológica de larealidad no existe superficialmente en el mundo de las ideas, es material y esta imbricada en las reproducción del Capital, pues constituye el imaginario social debido al cual, hasta el día de hoy los explotados del mundo no han podido constituir un movimiento emancipador; unitario y antagónico contra el capital.

La democracia es el mito por el cual la sociedad moderna une –en abstracto– lo que el capital ha dividido –en términos materiales–, su ciclo histórico coincide con el de la mercancía, pues es la forma política más apta para regular su reproducción. La democracia necesita de la existencia de individuos, de clases y del estado, como mecanismo de conciliación aparente que explica el funcionamiento de la sociedad capitalista. En ella la contemplación de los explotados, consiste en la delegación de la esfera “política” a profesionales que deciden el bien común.

En este sentido, decimos que el terreno de la política es un terreno alienado, pues es una esfera separada de la vida que aleja el mundo de nuestra intervención. El voto como “participación política” nos aleja de constituir un movimiento orgánico, unitario y antagónico como humanos proletarizados, pues reproduce en si mismo nuestra impotencia. El Estado, el Derecho, la Justicia y todas estas abstracciones burocráticas son parte del mismo mundo alienado de la democracia, ajeno a nuestra autonomía, y ajeno al mundo comunitario que buscamos construir.

Por otra parte, son aburridísimas, y nada que pueda ser tan aburrido será revolucionario o emancipador.

Cuarto

El aburrimiento es contra-revolucionario.

Internacional Situacionista

Así como en la pre historia del capitalismo vimos al ser humano esclavizado por los fantasmas de su propio cerebro (religión), en las relaciones modernas, gracias a la regulación y el control del Estado, le vemos esclavizado por su propia producción (economía). La explotación, necesaria para sostener la economía, con la instauración generalizada del capitalismo ha conseguido sobreponerse históricamente a los embates del proletariado, pues nunca se han puesto en entre dicho sus componentes centrales. El Capital, en tanto que relación, pese a todos los esfuerzos proletarios, ha encaminado el curso de la historia presente y monopolizado el dialogo del cuerpo social, dirigiendo el uso hacia su propia valorización.

El mundo de las cosas domina al ser humano; las circunstancias sociales y políticas que este crea se han adueñado de él, esta consolidación de nuestros propios productos en un poder material erigido sobre nosotros, sustraído a nuestro control, ocupa actualmente, la totalidad de la vida social, invirtiendo el poder de definir la realidad a su favor. Así entonces, el ser humano enajenado que cree haberse convertido en amo de la naturaleza, se ha convertido en esclavo de las cosas y las circunstancias, en apéndice impotente de un mundo que es, al mismo tiempo, la expresión coagulada de sus propias facultades.

El tránsito histórico de nuestra sociedad se traduce en el devenir de SER a TENER y de TENER a PARECER. La humanidad proletarizada cuanto más acepta reconocerse en las imágenes que proyecta la sociedad del consumo, menos comprende su propia existencia, su propio deseo, menos comprende para qué vive, qué quiere, y se transforma en instrumento de su propia explotación: se entrega con abnegada necedad a las necesidades del capital.
La separación entre el productor y la producción de mercancías, esconde el secreto de su idolatración. Las mercancías a simple vista parecen meros objetos de uso determinado, pero si hurgamos en el proceso que las produce encontramos una fuerza invisible que define el tránsito de la sociedad. A esto Marx lo llamó “el fetichismo de la mercancía”.

El fetichismo de la mercancía responde al desdoblamiento de la actividad humana en trabajo asalariado, que se expresa en dos aspectos, el valor de cambio y el valor de uso. Esta separación que se encuentra en el origen del proceso, se generaliza y extiende con la dominación mundial de la economía sobre la vida, impone como única necesidad la igualación de los trabajos bajo la forma del dinero. La separación entre las necesidades del productor y la producción, ha alcanzado su clímax con la producción capitalista, la priorización de la ley de valor ante la actividad humana, ha independizado el movimiento del valor autonomizándolo (9).

El progreso de la alienación económica en el seno de las relaciones sociales ha llevado al ser humano a interpretar el mundo en forma de cosa, a poseer lo vivo, consumirlo, usarlo.

El éxito de la producción capitalista y su abundancia, convierte la abundancia de productos en desposesión del productor. Con este proceso, el tiempo y el espacio se tornan extraños al mundo de la humanidad proletarizada, con la acumulación de su trabajo –asalariado y reproductivo–, la contemplación del trabajador con respecto a este flujo marca un punto decisivo para la evolución de la sociedad capitalista, mientras más avanza la automatización tecnológica y el progreso, más se desarrolla su rol de espectador en torno a la sociedad que produce.

La banalidad de la sociedad contemporánea entregada a la cosificación y al absurdo de reproducir valor provoca una nihilización vital generalizada. Actualmente la pobreza de nuestra existencia no se mide únicamente en el grado de satisfacción de nuestras necesidades elementales, pues en nuestros tiempos, la pobreza gana en profundidad sobre el modo de vida lo que pierde en extensión sobre la estricta supervivencia.

Quinto

La ideología es la base del pensamiento de una sociedad de clases en el curso conflictual de la historia. Los hechos ideológicos no han sido jamás simples quimeras, sino la conciencia deformada de las realidades, y como tales factores reales ejerciendo a su vez una real acción deformante.

La sociedad del espectáculo, Guy Debord

Ninguna ideología de la “liberación”, podrá socavar todo este entramado de fuerzas que doblegan al ser humano, pues cualquier ideología particular responde a la materialización ideológica que entraña el éxito de la producción económica independizada. La ideología materializada carece de nombre propio, pues se encuentra en cada afirmación particular que busque unificar en lo abstracto, lo que se ha separado en la práctica. Democracia, Política, y Cultura, son vedettes de la ideología en representación de la vida, obstruyendo toda comunicación fluida en el seno de las relaciones de producción capitalista.

En este sentido, todas nuestras desgracias sobrepasan incluso la derrota de un Estado o un poder político, pues su triunfo radica en la potencia de las fuerzas abstractas producidas por los propios trabajadores que ponen en pie el poder unitario de su desposesión.

Si tan solo fuese cuestión de explicar muy pedagógicamente los hechos, pasado mañana el viejo mundo habría quedado atrás, pero no es así, lxs explotadxs se sienten cómodxs con sus cadenas porque están entrampadxs en la relaciones sociales mercantiles que ocultan su explotación bajo el velo de la conciliación democrática o le resignación nihilista, dos polos del mismo centro ideológico.

Si lo que realmente buscamos es la transformación radical del mundo, debemos ocuparnos del análisis del momento histórico que nos contiene. En la actualidad no hay problema alguno que no nos remita a preguntarnos por la naturaleza de la mercancía, del trabajo, la democracia, el dinero, la propiedad privada y la alienación; categorías universales que moldean y ejercen una dominación real sobre todo ser viviente del planeta.

Contra la usurpación de la autonomía vital. ¡Abajo la economía!

Publicado originalmente Anarquismo & Comunismo, N°11, Invierno 2018


Notas

(1) Ver Sahlins, Malinowski, Clastres, Harvey.

(2) Esto no implica fijar un determinismo económico respecto a la dominación humana, como también no implica que todas las comunidades primitivas hayan atravesado cronológicamente estos procesos (al día de hoy aún subsisten comunidades primitivas donde estos procesos no se han gatillado), más bien nos remitimos a constatar históricamente lo que ha llevado a la civilización moderna a su contexto histórico actual, buscando en los orígenes de sus principales fundamentos; el trabajo y la propiedad privada.

(3) Vaneigem Raoul, “Banalidades de base”, Internacional Situacionista N°7, abril de 1962.

(4) Adorno y Horkheimer, “Dialéctica del iluminismo”.

(5) Friedrich Engels en El estudio de la familia, la propiedad privada y el Estado concluyó que el Estado se desarrolló por la necesidad de proteger la propiedad privada y controlar el excedente que quedaba tras la producción de las tierras. Por otra parte, el antropólogo Morton Fried argumenta que para el desarrollo de las sociedades de clase el ejercicio del terror fue una actividad sistemática que permitía perpetuar los privilegios de los poseedores, y fue la dinámica subyacente que produjo el incipiente desarrollo del Estado.

(6) En términos “políticos” la mistificación religiosa fue desacreditada por autores como Hobbes, Kant, o Hegel, que en un plano filosófico dieron sustancia a la metodología individualista de la sociedad moderna.

(7) Con el advenimiento de la ilustración, asciende a un nivel de ciencia la disciplina económica con autores como Adam Smith y David Ricardo. El poder político y el económico siempre cumplieron un papel íntimamente relacionados en el desarrollo de la historia, pues el devenir autónomo del mercado fue regulado por el Estado y potenciado por las guerras internacionales de colonización. (De hecho la intervención estatal en el comercio fue un proceso impulsado por el feudalismo político).

(8) La democracia como sistema político surge particularmente en Grecia, pero no fue hasta la imposición ilustrada que se comienza a instaurar y se reivindica como ideal supremo.

(9) Este proceso define lo que podríamos determinar cómo alienación económica de nuestros tiempos; movimiento extraño a los humanos que solo contemplan el progreso de la economía, invirtiendo el sentido de la vida donde las necesidades humanas pasan a ser subordinadas a las necesidades del mercado.

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