Wolfi Landstreicher: Amistad apasionada

by • 11 marzo, 2019 • Artículos, Coyuntura política, Educación, Historia anarquista, Organización, PoderComments (0)199

Vivimos en un mundo en el que la mayoría de los encuentros e interacciones implican un intercambio de mercancías o de trabajo. En otras palabras, las formas dominantes de relación son de carácter económico, basados en la dominación de la supervivencia por encima de la vida. En un mundo así, no es de extrañar que el concepto de la amistad ya no tenga mucho valor. Hoy en día, ni las interacciones diarias de nuestras “comunidades” (esas extrañas y desconectadas comunidades que son la familia, la escuela, el trabajo) ni los encuentros casuales (en el mercado, en el autobús, en algún evento público) dan pie a crear un interés real e intenso hacia los demás, no generan una apasionada curiosidad en conocer a los demás ni en descubrir lo que podríamos ser capaces de crear con ellos. Lo que une estas interacciones y encuentros es que se originan en los procedimientos de la dominación y la explotación, en el orden social que encierra nuestras vidas, un orden social al que la mayoría de la gente se somete a regañadientes.

Los tipos de relaciones que más probablemente surjan de este tipo de situaciones son las que reflejan la humillación y el empobrecimiento inherente a ellas. Están basadas en la necesidad de escapar del aislamiento de una sociedad llena de gente, pero atomizada, y en una “amabilidad” generalizada que no es más que mera cortesía (ya que permite un coqueteo inofensivo, insustancial, seguro y de bromas tontas). Sobre las bases de esta “amabilidad” generalizada, es posible conocer a algunos individuos con los que se simpatiza más cercanamente – gente con la que compartir una cerveza en el pub, ir a partidos de futbol, a conciertos o ir a ver una película… – , y estos son los amigos de uno.

Entonces no es de extrañar que a lo que hoy se le llama amistad tan a menudo parece no ser nada más que una camaradería de humillación mutua y de una tolerancia carente de afecto. Cuando todo lo que realmente tenemos en común es nuestra explotación compartida y la esclavitud para el consumo de mercancías, y nuestras diferencias están principalmente definidas en nuestras identidades sociales, que a su vez están en gran medida definidas por nuestros puestos de trabajo o la carrera que estudiamos, por los productos que compramos a los que nos gobiernan y los usos que les damos, en todo esto, hay muy poco que pueda despertar el orgullo, el placer, la curiosidad y la pasión en nuestras llamadas amistades. Si la profunda soledad de la masificada y mercantilizada sociedad es lo que nos acerca a los demás, lo poco que nuestros empobrecidos seres tienen para ofrecer a los demás pronto conducirá al resentimiento. Por lo tanto, las interacciones entre amigos en este momento parecen ser dominadas en su mayoría por burlas “tontas” y diversas formas de rivalidad. Mientras que tales formas de juego pueden ser incluso divertidas como parte de una relación fuerte basada en el placer mutuo, cuando se convierte en la principal forma de relacionarse, sin duda, algo falta.

Algunos de nosotros nos negamos a aceptar las imposiciones de la explotación y la dominación. Nos esforzamos en crear nuestras propias vidas y en el proceso de crearlas buscamos crear relaciones que escapen a la lógica de la sumisión, a la proletarización y al consumo de mercancías. Por nuestra propia voluntad redefinimos lo que tenemos en común y nuestras diferencias, sincerándolas a través de la mezcla de la lucha y la rebelión, basándolas en nuestras pasiones y deseos. Esto hace que la amistad tienda a tomar una forma completamente desagradable en esta sociedad: para, simplemente tolerar otra forma de soledad y considerarla una amiga –¡qué patético!–. A partir de este sentido de orgullo que nos motivó a rebelarnos, ese punto de dignidad propia que no tolerará más humillaciones, buscamos construir nuestras amistades en la grandeza que descubrimos en los demás –el placer, la pasión y la curiosidad producidas tanto por lo que compartimos en común como por nuestras diferencias–. ¿Por qué deberíamos esperar menos de la amistad que de lo que esperamos del amor erótico? ¿Por qué esperamos tan poco de las dos cosas? La rebelión enciende chispas de fuego en los corazones de aquellos que se alzan, y este fuego atrae a relaciones que queman: amores, amistades, y, sí, incluso odios que reflejan la intensidad de la rebelión. El insulto más grande que podemos dar a otro ser humano es simplemente tolerarlo, así que persigamos la amistad con la misma intensidad con la que perseguimos el amor, desdibujando los límites entre ellas, creando feroces y hermosas formas propias de relacionarnos libres de la lógica de la sumisión a la mediocridad impuesta por el estado y el capital.

Wolfi Landstreicher

Publicado originalmente en Willful Disobedience

Fuente: Contra la lógica de la sumisión


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