Wolfi Landstreicher: Realismo

by • 27 marzo, 2019 • Artículos, Coyuntura política, ReflexionesComments (0)327

“¡Seamos realistas: pidamos lo imposible!”

Este famoso lema, que adornaba las paredes de París en el mayo de 1968, fue verdaderamente revolucionario en su tiempo, dándole la vuelta a todas las concepciones del realismo basadas en el sentido común. Hoy día, realidades virtuales y artificiales han llegado a dominar las relaciones sociales. La vida no se vive tanto como se mira, y todo puede ser visto con nuevas tecnologías. Teniendo esto en cuenta, no es de extrañar que un eslogan que una vez cambió tanto el orden social entero, se haya convertido ahora en un eslogan publicitario. En el reino de lo virtual, todo es posible por un precio. Todo, excepto las cosas que no tienen precio, es decir, lo verdadero, la autodeterminación, las relaciones cara a cara en las que uno elige sus actividades y los actos concretos sobre la realidad del mundo.

El pan y circo de hoy día se nos presenta con espectáculos que nunca antes habíamos visto. Sitios exóticos, criaturas extrañas con poderes mágicos, explosiones fantásticas, batallas y milagros, todo esto se nos ofrece para nuestro entretenimiento, manteniéndonos pegados al asiento como espectadores, nuestra actividad se limita a chasquear un botón –que no es muy diferente a la principal función que se realiza cada vez en más puestos de trabajo–. Así que “lo imposible” que esta sociedad nos ofrece no es nada más que efectos especiales espectaculares en una pantalla, la droga de la virtualidad nos adormece en la miseria del mundo que nos rodea, en el que las posibilidades de una vida real cada vez son menos.

Si estamos por la labor de escapar de esta miserable existencia, nuestra rebelión debe ser, precisamente, contra la realidad social en su totalidad. El realismo en este contexto se convierte en aceptación de la realidad. Hoy en día cuando uno habla sinceramente de la revolución –de tratar de revertir la realidad actual con el fin de abrir la posibilidad de una vida autodeterminada y de libertad individual– uno está siendo poco realista, incluso utópico. Pero ¿acaso puede otra cosa poner fin a la miseria actual?

Cada vez más, frente al monstruo de la civilización y de la realidad social actual, escucho a muchos radicales decir: “es necesario ser realista; voy a hacer lo que esté en mis manos.” Esta no es la declaración de una fuerte individualidad haciéndose el centro de una rebelión contra el mundo de dominación y alienación, sino más bien una resignación, un retiro hacia el jardín de uno mismo, mientras el monstruo avanza y se viene encima. Los proyectos “positivos” desarrollados en el nombre de este tipo de realismo no son nada más que las formas alternativas de sobrevivir dentro de la sociedad actual. No sólo no consiguen amenazar al mundo del capital y el Estado; además, alivian la presión sobre aquellos en el poder, proporcionando servicios sociales voluntarios bajo el pretexto de la creación de “contra-instituciones”. Utilizar la realidad actual como el lugar desde el que ver el mundo, hace que, aquellos que no pueden dejar de ver la destrucción revolucionaria de esta realidad en la que vivimos como algo imposible –y, por lo tanto, un objetivo peligroso–, se resignen a mantener una alternativa dentro de la realidad actual.

Existe también una forma “activista” de entender el realismo. Se encuentra en una perspectiva que no tiene en cuenta la totalidad de la realidad actual, eligiendo un lugar o instante concreto para verla sólo parcialmente. De esta manera, la realidad de alienación, dominación y explotación se divide en categorías de opresión que vemos como algo separado como el racismo, el sexismo, la destrucción medioambiental, etc. Aunque tal categorización puede ser útil para entender los detalles de cómo funciona el orden social actual, por lo general, en lugar de hacer entender a la gente la totalidad, tiende a permitir que avance el proyecto izquierdista de desarrollar especializaciones en formas específicas de opresión, desarrollando métodos ideológicos para explicar estas opresiones. Este enfoque ideológico separa la teoría de la práctica conduciendo a una descomposición más de las cuestiones sobre las que actúa: salario igual para las mujeres, aceptación de gays en el ejército, protección de reservas naturales, y una tras otra así, siendo una ronda interminable de demandas a las autoridades. Una vez que las cosas se descomponen a este nivel, donde cualquier análisis de esta sociedad como un todo desaparece, uno está viendo una vez más las cosas desde dentro de la realidad actual. Para el “activista realista” –también conocido como izquierdista–, la eficacia es lo que prima. Cualquier cosa que funcione es buena. De este modo se pone énfasis en los pleitos, la legislación, las demandas a las autoridades, la negociación con los que nos gobiernan, sólo porque así se obtienen resultados –eso sí, cuando los resultados que se buscan son simplemente la mejora de un problema en particular o la asimilación, por parte del sistema, de un grupo o causa particular–. Pero estos métodos no son eficaces en absoluto desde una perspectiva revolucionaria anarquista, porque se basan en la aceptación de la realidad actual, en la perspectiva de que “esto es lo que hay y de esto hay que hacer uso”. Y esta es la perspectiva de la lógica de la sumisión. Para liberarnos de esta lógica es necesaria una inversión de esta perspectiva.

La inversión de esta perspectiva requiere encontrar un lugar diferente desde el cual percibir el mundo, una posición diferente desde la cual actuar. En lugar de empezar desde el mundo tal como lo conocemos, uno puede optar por empezar desde la voluntad de entender la vida como algo propio. Esta decisión pone de inmediato a uno en conflicto con la realidad actual, porque aquí uno entiende que las condiciones de su existencia y, por lo tanto, las posibilidades de cómo uno puede vivir, han sido determinadas por el orden dominante. Esto ocurre porque algunas personas se las arreglan para tomar el control de las condiciones de existencia de todos –precisamente, a cambio de pan y circo, es decir, supervivencia amenizada con un poco de entretenimiento–. Por lo tanto, la rebelión individual necesita armarse con un análisis de la totalidad –que contemple todas las opresiones y que amplíe su crítica– despertando una perspectiva revolucionaria. Cuando uno empieza a entender también los medios institucionales y tecnológicos a través de los cuales la clase dominante mantiene, fortalece y expande su control, esta perspectiva adquiere una dimensión social y crítica con el “progreso” y la tecnología.

La lógica de la sumisión nos dice que seamos realistas para limitarnos a las, cada vez menos, posibilidades que la realidad actual nos ofrece. Pero cuando esta realidad marcha hacia la muerte –a través de la represión permanente del espíritu humano y la destrucción de la vida–, ¿es verdaderamente realista “ser realista”? Si uno ama la vida, si uno quiere expandirse y florecer, es absolutamente necesario, para liberar al deseo de los mecanismos que lo constriñen, dejar fluir nuestras mentes y corazones con una pasión que despierte los sueños más salvajes. Entonces uno debe comprender estos sueños y, de ellos, afilar un arma para atacar esta realidad: una causa rebelde y apasionada capaz de formular proyectos encaminados a la destrucción de lo existente y la realización de nuestros deseos más maravillosos. Para los que queremos reapropiarnos de nuestras
vidas, hacer menos sería poco realista.

Wolfi Landstreicher

Publicado originalmente en Willful Disobedience

Fuente: Contra la lógica de la sumisión


Wolfi Landstreicher: Odio

Wolfi Landstreicher: Amistad apasionada

Wolfi Landstreicher: Una vida proyectual

Wolfi Landstreicher: Más allá del feminismo, más allá del género

Pin It

Related Posts

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *