Wolfi Landstreicher: Amor libre

by • 25 febrero, 2019 • Artículos, Educación, Feminismo, Género, Organización, Práctico, Reflexiones y otrosComments (0)453

Por el hecho de que los anarquistas revolucionarios de todo tipo reconocen que la libertad de cada individuo para determinar cómo quieren vivir su vida en sus propios términos tiene que ser un objetivo central de la revolución antiautoritaria, tenemos que hablar más a menudo y con más insistencia de la transformación de la vida personal que debe ser parte de cualquier revolución real. Así, cuestiones como el amor y el deseo erótico han sido discutidos abiertamente en círculos anarquistas desde muy temprano. Las anarquistas estuvieron entre los primeros defensores del amor libre, reconociendo en el matrimonio y en las absurdas restricciones sexuales impuestas por la moralidad religiosa, formas en las que se imponía la sumisión a la autoridad. Mujeres como Emma Goldman y Voltairine de Cleyre vieron en la moral puritana uno de los mayores enemigos de la liberación de la mujer en particular, así como de la humanidad en general.

Pero el amor libre por el que abogaban (y abogan) las anarquistas no se debe confundir con el hedonismo cutre defendido por Playboy y otros promotores de la liberación sexual mercantilizada. Esta última es simplemente una reacción al puritanismo desde dentro del contexto social actual. Su continua adhesión a la lógica de la sumisión es evidente en su mercantilización y cosificación de las relaciones sexuales, su actitud despreciante hacia el amor apasionado –ya que éste no puede ser cuantificado y no se le puede poner un precio – y su tendencia a juzgar a la gente basándose en la disposición sexual y el rendimiento. El amor y el deseo erótico liberados de la lógica de la sumisión están claramente en otro sitio.

La lucha contra la lógica de la sumisión comienza con la lucha de los individuos para crear la vida y las relaciones que ellos desean. En este contexto, el amor libre significa precisamente la liberación de los deseos eróticos de cada individuo de las restricciones sociales y morales que los canalizan en unas pocas formas específicas útiles para la sociedad, para que así cada individuo pueda crear la forma en que quiere amar a su antojo en relación a aquellos que el individuo puede amar. Tal liberación abre el camino para una aparente infinidad de posibles relaciones amorosas y eróticas. La mayoría de la gente sólo quiere explorar algunas de estas posibilidades, pero la clave de esta liberación no está en que uno tiene el deber de explorar tantas formas de deseo erótico como sea posible, sino que
uno tenga la posibilidad de realmente elegir y crear formas de amar que le traigan placer, que amplíen su vida y le inciten a aumentar la intensidad de vivir y rebelarse.

Uno de los obstáculos más importantes en los que nos enfrentamos hoy día en este ámbito es la piedad o la lástima por la debilidad y la neurosis. Hay individuos que saben claramente lo que desean en cada potencial encuentro amoroso que tienen, individuos que pueden actuar y responder con una sinceridad propia de aquellos que se han apropiado de sus pasiones y deseos. Pero cuando estos individuos actúan según sus deseos, si otro individuo que es menos seguro de sí mismo, se pone nervioso o siente que sus sentimientos han sido heridos, se espera que el primer individuo cambie su comportamiento para adaptarse a la debilidad de la otra persona. Así, el individuo de voluntad fuerte que ha captado la esencia del amor libre y ha comenzado a vivirlo, a menudo se encuentra suprimido o condenado al ostracismo por sus propios supuestos compañeros. Si nuestros objetivos son la liberación y la destrucción de la lógica de la sumisión en todos los ámbitos de la vida, entonces no podemos ceder a esto. El tema es transformarnos a nosotras mismas en rebeldes fuertes, valientes, apasionadas y con voluntad propia –y por lo tanto, también en amantes fuertes, valientes, apasionadas y con voluntad propia –, y esto requiere la actuación sin culpa, remordimiento o pena. Esta auto-transformación es un aspecto esencial de la transformación revolucionaria del mundo, y no podemos dejar que se desvíe por una lástima que degrada tanto a quien se apiada como a quien se compadece. La compasión – ese sentimiento hacia las demás en el que una reconoce la propia condición en las demás – puede ser un sentimiento hermoso y revolucionario, pero la lástima – que mira desde arriba la miseria de las demás y ofrece la caridad y el sacrificio– no tiene ningún valor para crear un mundo de individuos fuertes que puedan vivir y amar como ellos elijan.

Sin embargo, un obstáculo aún mayor para una práctica real de amor libre y de exploración abierta de la variedad de relaciones posibles, es que la mayoría de la gente (incluso la mayoría de anarquistas) tiene muy poca ambición y, por lo tanto, muy poca generosidad con la pasión, intensidad de sentimientos, amor, placer, odio, angustia – todas las fervientes emociones que nos hacen sentir vivos –. Para realmente dejar florecer la expansividad de la apasionada intensidad y perseguirla allí donde el deseo la quiere llevar, esta exploración requiere voluntad, fuerza y valor… pero sobre todo requiere romper con una visión mercantilizada de las pasiones y las emociones. Es sólo en el reino de la economía mercantil –donde los bienes son mercancías con las que se comercia– que la ambición [individual] y la generosidad [con los demás] se contradicen entre sí. En un reino donde sentimientos, pasiones, deseos, ideas, pensamientos y sueños no están mercantilizados, la ambición y la generosidad van cogidas de la mano. Cuanto más se quieren estas cosas, más generosa hay que ser al compartirlas. Cuanto más generosa se es con ello, más se obtiene. Es la naturaleza de estas cosas ser expansivas, buscar ampliar todos los horizontes, para tomar más y más de la realidad en ellas mismas y transformarla.

Pero esta expansión no es indiscriminada. El amor y el deseo erótico se pueden manifestar de manera expansiva de muchas formas, y los individuos eligen los caminos y los individuos con los que ellos desean explorarlas. No tiene sentido, sin embargo, tomar estas decisiones basándose en una imaginaria escasez de algo que, de hecho, potencialmente lo hay sin medida. Más bien, tales decisiones están mejor basadas en el deseo por aquellas a quienes una elige para relacionarse, y el potencial que una percibe en ellas para hacer que las llamas de la pasión ardan cada vez con más intensidad. Las distintas manifestaciones del deseo erótico – homosexualidad, heterosexualidad, bisexualidad, monogamia, poligamia, etc – no son la esencia del amor libre. La esencia del amor libre se manifiesta en todas estas formas y más. Su esencia se encuentra en aquellas que eligen expandirse a sí mismas, para incitarse a sí mismas a ampliar sus pasiones, sueños, deseos y pensamientos. El amor libre, al igual que la revolución, actúa para recrear la realidad a su imagen, la imagen de una gran y peligrosa utopía. Esto no es un camino fácil. No hay lugar para nuestras debilidades ni tiempo para la autocompasión neurótica. Porque el amor en sus formas más apasionadas y sin restricciones es tan cruel como la revolución. ¿Cómo iba a ser de otra manera cuando su objetivo es el mismo: la transformación de todos los aspectos de la vida y la destrucción de todo lo que lo impide?

Wolfi Landstreicher

Publicado originalmente en Willful Disobedience

Fuente: Contra la lógica de la sumisión


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