Lorenzo Orsetti: La vida de un partisano anarquista del siglo XXI

by • 3 abril, 2019 • Europa, Medio Oriente, Mundo, Noticias, comunicados y columnasComments (0)163

Con 33 años, Lorenzo Orsetti cayó en combate en el noroeste de Siria en una emboscada del Estado Islámico. La tinta habló con Heval Dilsoz, su amigo y compañero de armas.

Por Mikel Tartalo para La tinta


Lorenzo Orsetti era un libertario de 33 años. Tekoser Piling era el nombre de batalla con el que lo habían bautizado. Había viajado al norte de Siria en septiembre de 2017 para unirse a la resistencia kurda que, en ese momento, luchaba contra los últimos yihadistas del Estado Islámico (Daesh) en la ciudad de Raqqa, considerada por varios años como la capital administrativa del grupo islamista en Siria luego de la caída de Mosul en Irak.

Orso, como también apodaban a Lorenzo, se encontraba en Siria sabiendo que el Daesh -la forma despectiva con la que los kurdos llaman al Estado Islámico- no era el único enemigo que amenazaba la libertad y la integridad de los kurdos, yazidíes, asirios, turcomanos y armenios en la región. El Estado turco, capitaneado por el dictador Recep Tayyip Erdogan, ya había utilizado un lenguaje muy hostil contra los kurdos de Rojava (Kurdistán sirio) en el que amenazaba con borrarlos del norte del país. Dichas amenazas se cumplieron meses después, en enero, con la invasión de Turquía al cantón kurdo de Afrin.

Un combatiente incansable, con una moral muy alta, muy convencido por lo que luchaba, así era Lorenzo en palabras de sus compañeros. Sus ideales eran los de Kropotkin, Cafiero y Malatesta: un comunista libertario comprometido y consecuente que defendió hasta el último momento de su vida la libertad, la equidad y la justicia por los oprimidos.

Lorenzo había combatido en la batalla de Afrin contra los yihadistas del Ejército Libre Sirio (ELS), autodenominado “Ejército Nacional Sirio” y el ejército de Turquía. Allí perdió a varios de sus compañeros, entre ellos, al anarquista Sevger Ara Makhno, un militante libertario turco que decidió cruzar la frontera de su país y unirse a la resistencia kurda contra el régimen neo-otomanista y sus socios en Siria. Sevger había compartido una unidad militar con Orso. Ambos eran parte de la brigada anarquista Tekosina Anarsist (Lucha Anarquista, en kurdo) del Batallón Internacional de Liberación.

Lorenzo Orsetti nació el 13 de febrero de 1986 en Florencia, Italia. Durante su vida en su Florencia natal, Orso trabajó desde los 16 años como restaurador, camarero, cocinero y sommelier. Trabajaba en un prestigioso sector de la restauración. En su ciudad, los servicios de ese sector son muy solicitados por la clase burguesa. También trabajó en lujosos restaurantes donde conocía a gente rica todo el tiempo. Siguiendo la lógica y las metas que nos impone el capitalismo, Lorenzo tenía un “buen trabajo” y, pese a ser un obrero, un humilde trabajador, tenía una vida llena de oportunidades en un sector que le permitía hacer una carrera profesional. Sin embargo, estaba cansado de la sociedad individualista europea, de la “mediocridad italiana”, del consumismo y la indiferencia contra los sectores más vulnerables y olvidados. “Estoy cansado de servirle comida a los ricos”, les decía Lorenzo a sus amigos.

Lorenzo cayó mártir en Baghouz, en la provincia de Deir Ezzor, pocos días antes de que esa ciudad fuera liberada por los kurdos. Fue el último bastión del Estado Islámico en Siria. El cuerpo de Lorenzo fue recuperado y será enterrado en su querida Florencia de acuerdo a sus padres. Este domingo 31 de marzo habrá en su Italia natal una manifestación en memoria de Orso, convocada por organizaciones anarquistas, comunistas y antifascistas donde también se pedirá por los voluntarios procesados por la justicia italiana.

Un libertario que no soportaba la indiferencia

“Conocí a Lorenzo en Italia. Éramos compas simplemente, me hice amigo de él en Irak cuando estábamos por cruzar la frontera hacia Siria”, dice Dilsoz, un miliciano italiano que combatió contra el Estado Islámico y compartió cuartel con Orso. También estuvo en el TKP/ML TIKKO al igual que Tekoser.

Heval Dilsoz no es su nombre real, al igual que Tekoser; es su nombre de batalla, que lo utiliza por razones de seguridad. En Italia, la justicia persigue a los combatientes que, como Lorenzo, lucharon contra Daesh. La justicia italiana los considera “personas socialmente peligrosas” y se los procesa por una Ley fascista de 1930 que aún sigue vigente.

“Compartíamos más o menos los mismos ideales”, nos cuenta Dilsoz, que en Italia es militante libertario en espacios autónomos apartidarios. Dialogamos con él y nos contó sobre Orso, sus ideales y acerca de la experiencia revolucionaria kurda por la cual Lorenzo dio su vida.

—¿Quién era Lorenzo? ¿Cómo era él?

—Lorenzo era, antes que todo, una persona con ideales libertarios y, más allá de todo, era un compañero. No era muy activista en la militancia de su ciudad, pero era muy conocido entre sus pares. Era una persona muy simple y humilde. Era camarero, cocinero y sommelier. Había empezado a trabajar a los 16 años en el ambiente de la restauración en Florencia. Ese ambiente es de muy alto nivel y tenía un trabajo de lujo, pese a ser siempre un obrero. Odiaba su posición social, en el sentido que no le gustaba la gente con la que se rodeaba. Era un ambiente en el que conocía a mucha gente rica y famosa. Pero él no se aguantaba más eso. Siempre me decía: “Estoy cansado de traerle comida a los ricos.” Era un trabajador, un compañero y un revolucionario.

Día después de la muerte de Tekoser, su padre Alessandro Orsetti dijo a la prensa italiana que su “hijo no soportaba la indiferencia”. Todos los que lo conocieron dan la misma definición de Lorenzo: un hombre solidario que no tuvo miedo de afrontar las consecuencias que le podía traer el hecho de defender lo que creía justo.

Desde una persecución judicial ideológica, el acoso de los servicios de inteligencia turcos o la misma muerte, nada hacía dudar a Lorenzo sobre su elección. “Lorenzo no tenía miedo de la muerte -asegura Dilsoz-. Siempre decía que ‘es mejor agregar vida a los días que días a la vida’. Eso era Lorenzo: vivir para hacer”.

“Era muy feliz, estaba muy feliz de estar lejos de Italia, de la mediocridad del mundo occidental, del consumismo y del trabajo asalariado. Él amaba su tierra, no a Italia; amaba a su tierra, su ciudad, pero estaba feliz estando lejos”, señala Dilsoz.

De la bella Florencia a la guerra contra Turquía y el Daesh

—¿Por qué decidió desafiar la monotonía liberal e irse de Italia?

—Estaba podrido de Italia, estaba realmente podrido de la mediocridad de Italia: del racismo, de todo, y quería hacer algo realmente revolucionario y estar con el pueblo fuera de Italia, porque en Occidente se habla mucho de la revolución de tal y cual, pero él quería ser parte de un cambio. Vio en los compañeros que se fueron a Siria para pelear una esperanza, una salida, una oportunidad de participar en una revolución, una revolución que no es ni anarquista ni comunista, porque es Medio Oriente y no tiene nada que ver con la sociedad occidental. En mi opinión, no se puede clasificar ni de anarquista ni comunista, pero es una revolución real. La aspiración de todo revolucionario es ser parte de una revolución y ¿si no es hoy, cuándo podremos decir de haber participado en una revolución?

—En Occidente, se suele hablar de “revolución” solo con palabras, como algo nostálgico que solo nos recuerda a eventos del pasado, de los libros de historia. Y tendemos más a hablar de la revolución que en hacerla. Lorenzo decidió, a título personal, llevar sus ideales más allá y defender una revolución que, como bien decís, no es ni comunista ni anarquista. La Revolución de Rojava no es comunista ni anarquista. Es tal vez como socialdemócrata, pero en el contexto de Medio Oriente y la existencia de los poderes tribales. Ahí una revolución con perspectiva de género es algo muy positivo y revolucionario… ¿Es así?

—Sí, exactamente como decís. Yo creo que nosotros, los occidentales, comparamos mucho, somos muy eurocéntricos… Incluso hasta en Argentina. El hecho es que la Revolución de Rojava, y de los pueblos de la Federación de Siria del Norte, viene de 40 años de búsqueda del pueblo kurdo por la libertad. Esta revolución tiene la misma ideología del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK): el confederalismo democrático, al igual que las Unidades de Protección del Pueblo (YPG) y las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS). El PKK antes era marxista-leninista-maoísta y, luego de la caída del muro de Berlín, hicieron una autocrítica sobre el socialismo que estaban buscando y llegaron a la conclusión de que debían buscar un socialismo, pero renunciando al Estado y construyendo un socialismo desde las comunas y cooperativas. Yo no lo llamaría una socialdemocracia, sino una democracia social, pero es mi opinión. Al fin y al cabo, es el confederalismo democrático y tiene elementos del anarquismo, marxismo, socialismo y de cultura kurda y de Medio Oriente en general. Y el tema central es la abolición del patriarcado, del cual estoy completamente de acuerdo, ya que es la forma primaria de opresión, o sea, la dominación del hombre sobre la mujer, del pasaje de la sociedad natural matriarcal a la sociedad patriarcal y de clases.

—¿Cómo impacta esta revolución en la gente?

—A propósito del feminismo, no soy feminista, ya que soy varón -se interrumpe-, pero estoy a favor de la abolición del patriarcado y las clases. Algo que me impresionó en Siria a todos es eso justamente: ver a las mujeres salir de casa a pelear, hacerse cargo de puestos de responsabilidad, etcétera. Esto ha sido, creo yo, con todas las críticas que se le pueden hacer a la Federación de Siria del Norte, algo que no se les puede criticar: la emancipación de las mujeres, porque vienen de un contexto en el que, en Medio Oriente, antes de la revolución, las mujeres eran literalmente esclavas y lo siguen siendo en otras regiones. Es el fruto de 40 años de trabajo del Movimiento de Liberación Kurdo que se ha expandido, por suerte, en diferentes partes no kurdas de Siria del Norte.

—¿Cómo era la reacción de los civiles al ver a mujeres participando en la liberación de sus ciudades del dominio del Daesh?

—Yo estuve en lo militar, así que no pude ver mucho lo civil. Vi casi nada porque estaba en la milicia, pero me siento privilegiado por haber visto la reacción de los civiles cuando varones y mujeres retomábamos ciudades del Daesh. Para la gente era algo muy novedoso, nunca habían visto algo así, sobre todo, los árabes. La gente estaba muy asombrada de ver mujeres armadas y capaz que a muchos no les gustaba, pero, de ahora en adelante, van a tener que acostumbrarse.

Lorenzo: Oso en Italia, Tigre en Rojava

Orso, que en español significa “Oso”, era el apodo que a Lorenzo le gustaba usar en Italia. Tal es así que al llegar a la academia militar en Rojava quiso utilizar un nombre de batalla alusivo a su apodo de toda la vida: eligió la palabra Oso (Hurç, en kurdo), pero sus compañeros lo convencieron de que no era una buena idea, ya que esa palabra no tiene connotaciones positivas en esa región. Así que sus camaradas empezaron a buscarle otro nombre de otro animal y allí surgió Tekoser Piling, cuya traducción literal vendría a ser “Luchador Tigre”.

—Volviendo a Orso, ¿en qué unidades y frentes de batalla sirvió Lorenzo?

Lorenzo era parte del Batallón Internacional de Liberación, el cual es una conglomeración de partidos comunistas y organizaciones anarquistas turcas. Allí se hizo amigo de comandantes del batallón y era enviado a unidades árabes o kurdas. También estaba muy comprometido ayudando a desarrollar (el batallón anarco-comunista) Tekosina Anarsist. Se movía mucho entre los frentes porque quería luchar. Él peleó mucho en la defensa de Afrin y sobre el campo de batalla se ganó la reputación de peleador pesado, de peleador de elite. Luego, combatió en toda la campaña de Deir Ezzor, llamada “Tormenta de Cizire”, hasta el día en el que cayó.

—Lorenzo amaba a los animales, tenía muchas fotos con perros. ¿En el cuartel era así?

—Estaba obsesionado por los perros, los amaba. A mí no me gustan los perros, especialmente cuando supe que allí los perros se comen a los cadáveres. Unos perros se comieron los restos de un compañero que había sido alcanzado por un misil turco. Pero a él eso no le importaba porque amaba a los perros.

La hipocresía, la demagogia y el cinismo

Los muertos ya no molestan. Esta parece ser la premisa que siguen los medios y la justicia italiana. Al conocerse el triste deceso de Lorenzo, la noticia conmocionó a la opinión pública. Las tapas de los diarios del día después ya tenían la imagen: era la del “héroe italiano”. ¿Sobre su ideología anarquista? Bien, gracias. Para la prensa italiana y el gobierno, los anarquistas son borrachos, drogadictos y delincuentes. No les sirve ese dato sobre él y así pueden apropiarse de la imagen de Lorenzo. Los medios, con un tono emocional y amarillista, intentaron crear sobre Lorenzo el estereotipo de héroe nacionalista italiano. Mientras tanto, la justicia del país procesa judicialmente a los compañeros anarquistas y socialistas de Lorenzo que vuelven de Siria de combatir contra el Estado Islámico; dicen que son “socialmente peligrosos”. La “pericolosità sociale” es una figura jurídica italiana vigente desde la época fascista de Mussolini que, increíblemente, aún sigue vigente en el código penal. “Son héroes y los procesan, pero, cuando mueren, todos quieren apropiarse de ellos”, declaró Annalisa, madre de Lorenzo.

“Recemos por Lorenzo y máximo repudio a sus infames asesinos”, fue lo que tuiteó el político ultraderechista Matteo Salvini, ministro del Interior de Italia y líder del partido liberal-conservador Liga Norte. Salvini es un populista que basa toda su campaña política en las redes sociales. Es tristemente conocido por sus posturas xenófobas, islamofóbicas y racistas. Es de los típicos políticos europeos que se desviven hablando sobre lucha contra los “bárbaros musulmanes” y se excusa con el accionar del Daesh para justificar su odio.

“Que Salvini hable de Lorenzo está muy fuera de lugar, Lorenzo era todo lo contrario que él. Salvini quiere un mundo con muros y exclusión, Lorenzo era todo lo contrario, era uno de nosotros a los que Salvini y el gobierno cotidianamente llaman ‘borrachos, drogadictos, ocupas abusivos y delincuentes’ -comenta Dilsoz completamente indignado-. Esto sucede porque siempre se llenan la boca hablando de que hay que hacer una cruzada contra los musulmanes y bla bla blá. Pero a la hora de luchar contra el extremismo islámico y los yihadistas, fueron los anarquistas de los centros sociales quienes los combatieron. Por lo menos, en Italia, no sé en otros países. No se fueron los de la Liga Norte o del Partido 5 Estrellas que están en el gobierno a luchar, fuimos nosotros. Así que sólo hablan”.

—¿Qué sucede con los compañeros de Lorenzo que regresan de luchar contra el Estado Islámico?

—Cinco compañeros de Torino y uno de Cerdeña (que volvieron de Siria) están procesados, acusados de ser socialmente peligrosos. Los compañeros turineses están procesados o por ser procesados. Son de organizaciones anarquistas o autónomas (de izquierda), y especialmente no-TAV (quienes rechazan la construcción de un tren de alta velocidad entre Lion, en Francia, y Turín). El compañero sardo, por ser independentista y ser de una familia sarda independentista.

—¿Eso era lo que le esperaba a Lorenzo si regresaba vivo a Italia?

—Ayer (por el lunes 25 de marzo), durante la audiencia en el Tribunal, se sublevó una gran polémica a raíz de la caída de Lorenzo, porque mucha gente decía “Bueno, ¿cómo es posible que cuando mueran se los glorifique y cuando vuelven vivos se los procese?”. Una Fiscal del caso dijo que si Lorenzo regresaba a salvo, no iba a haber un proceso judicial contra él, porque la mesura que piden para los compañeros es por sus actividades en Italia. Es totalmente hipócrita. Diciendo esta mentira, intentaron salir de una posición muy incómoda para ellos.

—¿Qué es significa ser considerado una persona “socialmente peligrosa”?

La ley de peligrosidad social es fascista, del periodo fascista de 1930, promulgada con el Código (penal) Rocco que todavía está vigente en tiempo de democracia. No es una condena penal, porque no se va a la cárcel por eso. Es una mesura que toman los gobiernos cuando consideran que alguien es peligroso. Es ridículo, es algo fascista. Significa ser privado del pasaporte, incluso de la licencia de conducir. Tenés que tener un domicilio fijo en donde debés estar obligatoriamente desde las 9 de la noche y no podés salir hasta las 7 de la mañana. Además, no podés frecuentar lugares públicos, como asambleas ni manifestaciones políticas. También te pueden expulsar de la ciudad donde vivís si no naciste ahí e, incluso, te pueden prohibir salir de tu ciudad.

—¿Querés decir unas palabras para finalizar?

—Sí. Llamo a todos los revolucionarios a apoyar esta revolución que, para no ser eurocéntrico, no es ni comunista ni anarquista, pero es una lucha del ser humano para la emancipación. Creo que es un paso esperanzador de la humanidad hacia la emancipación. Pasaron cosas feas en Italia, pasaron cosas feas en Argentina, sé que fue el 24 de marzo contra la dictadura, pero la sangre de los pueblos de Oriente no es diferente a la de los pueblos de Occidente. Esto es muy importante recordarlo, porque el mundo necesita un modelo distinto de desarrollo. Yo me fui a Siria, al igual que Lorenzo, porque parecía que era el fin de la historia, el fin del mundo, solo había capitalismo: producir, consumir, morir. Y ahí vi, al menos, una intención de organizar la sociedad de una manera en donde no exista la explotación del hombre sobre el hombre, del hombre sobre la mujer y del hombre sobre la naturaleza. Por lo menos, la intención está. Es una revolución que, en líneas generales, es muy buena. Luego las teorías cuando salen de los libros y son puestas en práctica son distintas, es obvio: no es que un árabe de una comunidad tribal que está acostumbrado a esclavizar a su esposa, llegan las YPG y automáticamente se convierte en anarquista. Pero es muy importante apoyar este proyecto. El mundo necesita una alternativa al capitalismo.

Las últimas palabras de Lorenzo podrían haber sido las que escribió y le encomendó a un compañero suyo por si no volvía a casa.

Hola, si estás leyendo este mensaje, significa que ya no estoy en este mundo. Bueno, no estés tan triste, me está yendo bien; no me arrepiento de nada, morí haciendo lo que pensé que era lo correcto, defendiendo a los débiles y siendo consecuente con mis ideales de justicia, equidad y libertad.

Así que, a pesar de mi prematura partida, mi vida ha sido un éxito y estoy casi seguro de que me fui con una sonrisa en mis labios. No podría haber pedido algo mejor.

Te deseo lo mejor y espero que algún día (si aún no lo has hecho) decidas dar tu vida por los demás. Porque solo así es como se puede cambiar el mundo.

Solo superando el individualismo y el egoísmo en cada uno de nosotros se puede hacer la diferencia.

Estos son tiempos difíciles, lo sé, pero no te resignes, no abandones la esperanza ¡Nunca! ni siquiera por un momento. Incluso si el mundo entero parece perdido, y las cosas malas que afligen a los humanos y la tierra parecen insoportables, sigue encontrando fuerzas e inspira a tus compañeros.

Es exactamente en esos momentos más oscuros que tu luz ayuda.

Y siempre recuerda: “Cada tormenta comienza con una simple gota”. Intenta ser esa gota.

Los amo a todos, y espero que atesoren estas palabras.

Serkeftin! Orso, Tekoser, Lorenzo.

Por Mikel Tartalo, para La tinta

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