Johannesburgo: Entrevista con Warren McGregor, del Frente Anarquista Comunista Zabalaza (ZACF), Sudáfrica

by • 18 febrero, 2019 • África, Noticias, comunicados y columnasComments (0)145

Construyendo un contrapoder de la clase obrera negra contra la opresión estatal, capital y nacional

Entrevista con Warren McGregor, del Frente Anarquista Comunista Zabalaza (ZACF), Sudáfrica. Warren McGregor es un activista nacido en los municipios de color de Cape Flats, ahora vive en Johannesburgo, donde participa en la educación de la clase obrera y sindical.

¿Qué es el anarquismo? ¿Quién gobierna realmente Sudáfrica? ¿Debemos formar un “partido de los trabajadores”? ¿Cómo aborda el anarquismo la opresión racial y nacional? ¿Cómo podemos construir el contrapoder de la clase obrera? ¿Cuál es la situación de la izquierda? ¿Cómo vinculamos las luchas por las reformas con la transformación revolucionaria y el contrapoder? ¿De dónde viene el anarquismo y cuál es su historia en Sudáfrica? ¿Hacia dónde vamos ahora?


Leroy Maisiri (LM)[2] En primer lugar, muchas gracias por su tiempo y por hacerme un hueco en su apretada agenda. Por favor, comience indicando su nombre y cualquier afiliación política que tengas con organizaciones o movimientos de la izquierda.

Warren McGregor (WM): Es un placer, pero por favor, llámame “Warren” (tuteame). Soy miembro del Frente Anarquista Comunista Zabalaza (ZACF)[1], así como del Colectivo Anarquista Africano Tokologo (TAAC), y me identifico políticamente como anarquista.

LM: Parece que, en estos momentos, ha surgido de nuevo interés en formar un “partido obrero” en Sudáfrica. Algunos piensan que la Unión Nacional de Metalúrgicos de Sudáfrica (NUMSA) sería el corazón de ese partido, dada su reciente separación [Leer más…] de la Alianza Tripartita del Congreso Nacional Africano (ANC), el Congreso de Sindicatos Sudafricanos (COSATU) y el Partido Comunista Sudafricano (SACP). Otros ponen sus esperanzas en formaciones como el nuevo Workers and Socialist Party (WASP), o incluso en el Economic Freedom Fighters (EFF) de Julius Malema. Y mucha gente tiene grandes esperanzas de que el ANC pueda ser derrocado por tales partidos en las próximas elecciones. ¿Crees que en Sudáfrica se necesita un partido de los trabajadores?

WM: ¿Creo que hay necesidad de ello? No. En última instancia, hay que ver cuál sería el propósito del partido de los trabajadores: obviamente sería el mismo que el de todos los demás partidos, para, de cualquier manera, acceder al poder estatal. Históricamente, las ideas de un partido obrero como medio para que la clase obrera tome el poder y cambie la sociedad provienen de la tradición marxista y de la socialdemocracia, con el deseo de acceder al poder estatal a través de medios revolucionarios o (normalmente, en estos días) electorales.Lo que los anarquistas podemos decir es que no hay necesidad de un partido obrero. Y, de hecho, sería muy perjudicial, no sólo aquí en Sudáfrica sino en todo el mundo, para la lucha de los trabajadores.

Fundamentalmente para nosotros, como anarquistas, el poder estatal es parte del problema de por qué tenemos una sociedad desigual. El poder real, el hegemónico, que ya es dominante en la sociedad es el poder de la clase dominante. Por “clase dominante”, los anarquistas entendemos a aquellos que dominan tanto en la esfera económica como en la esfera estatal. E incluimos en la clase dominante a los jefes de las grandes empresas, pero también a los jefes de estado: a sus principales políticos y a los que dirigen el ejército, la policía y el poder judicial (por cierto, ninguno elegible), así como a los principales burócratas en el aparato gubernamental (tampoco no elegidos).

Así que los podemos incluir en la clase dominante. Nuestro análisis del estado incluye a las personas que dirigen el estado, como parte de la clase dominante. Las élites que dirigen las empresas, las élites dirigen el estado.

Debido a nuestro análisis del estado, no creemos que el mismo sea un instrumento a utilizar para reconstruir la sociedad, o para construir una sociedad igualitaria, y por lo tanto no creemos que el socialismo pueda ser creado a través del estado. Y por “socialismo” nos referimos a una sociedad sin clases y a la redistribución equitativa de la riqueza y el poder en la sociedad, lo que significa una sociedad sin Estado, porque el Estado centraliza el poder.

Siempre digo: si queremos crear una sociedad sin Estado e igualitaria, ¿cómo podemos utilizar el Estado? Es como decir: “De aquí a un año, quiero vivir con una dieta sin chocolate, así que no quiero comer chocolate – ¡y para hacerlo comeré mucho chocolate! ¡Y entonces tal vez el chocolate comience a desvanecerse!”

LM: Ya que has dicho “no” a un partido obrero, ¿cuál es la alternativa, según tú?

WM: Es continuar trabajando para construir el poder de la clase obrera en el país, pero lo que nosotros como anarquistas, con el programa del anarquismo, construiríamos específicamente es “contrapoder”. Este es el poder que está en contra del poder hegemónico, esencialmente un poder en contra, y fuera y en contra del poder de la clase dominante – y de los estados y corporaciones.

Para nosotros esto significa cosas muy concretas. Se trata de construir el poder de la clase obrera para desafiar a la clase dominante, y su capacidad para reconstruir la sociedad desde abajo en algún momento en el futuro. Y los órganos del contrapoder incluirían sindicatos revolucionarios (sindicalistas) y grupos comunitarios y otras formaciones. Por “clase obrera” no incluimos aquí sólo a los obreros. Todas las personas que trabajan para otros por un salario y carecen de poder son trabajadores, sin importar sus trabajos, y además de trabajadores, la clase obrera incluye a las familias de los trabajadores, así como a los desempleados y, en general, a los pobres.

Al mismo tiempo, las organizaciones de la clase obrera del contrapoder no sólo deben ser organizaciones de lucha, sino también organizaciones de educación. Necesitamos una educación radical que incluya la capacidad de analizar críticamente lo que te rodea, no sólo la sociedad, sino también a ti mismo y a tu organización.

Se trata de construir una “contracultura” popular revolucionaria que aborde también las ideas, y temas como lo que entendemos por “revolución” o “democracia”, y los ideales que queremos para la sociedad del futuro, ayudando a poner en práctica, ahora, en el desarrollo de nuestras organizaciones, estos ideales. Por lo tanto, el contrapoder y la contracultura están vinculados fundamentalmente.

Por “democracia” como objetivo, hablamos de una democracia radical, de una democracia directa, en la que las personas que forman parte de un determinado proyecto, comunidad, fábrica, estén implicadas en las decisiones claves y sean conscientes de las mismas, participando de los beneficios que se deriven de la puesta en práctica de las decisiones.

Para llegar a una sociedad directamente democrática en todas las esferas, necesitamos una transformación revolucionaria en todas las esferas. Pero para llegar a una transformación revolucionaria, necesitamos desarrollar la democracia directa ahora mismo en las organizaciones de contrapoder. Y también necesitamos desarrollar una actitud revolucionaria, un entendimiento y una conciencia revolucionarios. Al fin y al cabo, la capacidad de los órganos del contrapoder de desarrollarse hacia una transformación revolucionaria está determinada por el desarrollo de una contracultura revolucionaria, de una conciencia revolucionaria.

LM: Gracias, muy completo. Dices “transformación revolucionaria”, ¿pero estamos destrozando el estado aquí? ¿Cómo encajan las reformas y las luchas inmediatas? ¿Y qué significa, concretamente, “transformación revolucionaria”?

WM: El anarquismo apunta a una transformación revolucionaria de la sociedad, y con esto queremos decir una revisión completa de la forma en que se gobierna y se organiza la sociedad, para “revolucionar” los asuntos económicos, sociales y políticos. El anarquismo no es caos o ausencia de reglas: pide un conjunto diferente de reglas, un orden diferente. No nos referimos a cambiar a la gente en lo alto de la sociedad, ni a nacionalizar la industria por parte del Estado: esto sigue significando que una clase dominante controla un sistema desigual.

Nos referimos a una sociedad en la que los medios de producción sean de propiedad común, una sociedad autogestionada y democratizada, sin jerarquías, sin opresión y sin clase dominante. Significa una sociedad autogestionada, socialista, igualitaria y democrática, con propiedad colectiva y libertad individual.

Esto es lo que entendemos por revolución.

Pero para llegar allí es necesario construir un contrapoder revolucionario de la clase obrera hasta el punto en que se pueda tomar el control de la sociedad, reemplazar al estado y al capital. Esto significa construir una base de masas.

Por lo tanto, en el proceso de desarrollo del contrapoder, es necesario atraer a la gente a las organizaciones. Eso significa poder efectuar cambios en el día a día, utilizando las luchas del día a día, basadas en la acción directa, no en las elecciones y el cabildeo, para mejorar la vida de las personas: luchar por mejores salarios, mejores condiciones de vivienda y acceso a mejores condiciones por parte del capital y del Estado.

Ser antiestatal no significa necesariamente que no se utilice la batalla por las reformas dentro de la lucha revolucionaria. La idea es que las reformas no son el todo y el fin de la lucha, y que el contrapoder sigue siendo autónomo, fuera y contra el Estado, y que las luchas por las reformas se ganan a través de la acción directa de los movimientos autónomos, y están vinculadas a la lucha por construir el contrapoder revolucionario y la contracultura.

Las luchas reformistas ayudan a desarrollar las capacidades revolucionarias, y estimulan, y las victorias y derrotas en las luchas cotidianas son herramientas educativas no sólo para las organizaciones populares en su conjunto, sino también para las personas de las organizaciones.

Las victorias ayudan a desarrollar un sentido de confianza de la persona como militante de la organización, como organizador y en la propia organización. Las derrotas pueden ser educativas si decidimos estudiarlas con un análisis crítico. La revolución es la meta, el fin, y las reformas son necesarias, no decisivas ni definitivas, sino pasos en el camino hacia la transformación revolucionaria.

LM: Quiero conocer tu opinión general sobre el estado de la izquierda y del anarquismo, ahora mismo.

WM: En general, la izquierda, durante los últimos treinta años, ha estado de retirada. La llegada de la globalización neoliberal y la reestructuración del control en las sociedades, han cambiado el equilibrio a favor de la clase dominante en todo el mundo, acompañado de ataques a las formaciones de la clase obrera. El colapso de la Unión Soviética, que fue básicamente el colapso del marxismo clásico, ha tenido un impacto masivo: se ve en un declive masivo del socialismo autoritario.

Pero también hemos visto, a pesar de que Francis Fukuyama llamó al período “el fin de la historia”, varias luchas, en particular, las luchas de los movimientos sociales, las luchas de los desempleados, y la población rural y los campesinos. En todo el mundo hemos visto brotes, y estos nuevos movimientos han tomado hasta cierto punto el relevo de los que solían ser los sindicatos. Aunque los sindicatos están lejos de estar muertos.

También vemos una resurrección de un socialismo más libertario, en particular, el anarquismo. Ahora el anarquismo global está todavía en un proceso de no definirse necesariamente a sí mismo, sino de redefinición y redescubrimiento, de vincularse de nuevo a sus raíces históricas, y de recuperar partes de la teoría y la historia anarquistas que se han perdido o distorsionado. Por ejemplo, desde después de la Segunda Guerra Mundial, escribir sobre la historia anarquista se ha centrado en el norte de Europa y América, apoyándose en perspectivas que descartan la mayor parte del anarquismo que existió y existe a nivel mundial e histórico.

Y vemos que muchas de las luchas de hoy, por ejemplo, los movimientos de ocupación, también reflejan la influencia de ideas más libertarias e ideas anarquistas sin ser necesariamente puramente anarquistas. Muchas de esas ideas están empezando a encontrar más espacio en el mundo.

Sin embargo, queda un largo camino por recorrer para recuperar el espacio que los movimientos de la clase obrera solían tener hace unas décadas, cuando solían influir en la sociedad, y también para recuperar el espacio para las ideas revolucionarias de izquierda, especialmente el anarquismo, que pueden cambiar radicalmente la sociedad.

El hecho es que la derecha radical – en las variantes religiosa, fascista, populista y antiextranjera – es la que está acaparando la insatisfacción popular masiva contra las élites gobernantes.

LM: Sudáfrica también tiene una larga tradición de política de izquierda y de clase obrera: ¿dónde encaja el anarquismo aquí?

WM: El anarquismo a nivel mundial tuvo su edad de oro en términos de influencia entre los años 1870 y la década de 1930, y siguió siendo importante a posteriori, pero menos que los movimientos estatistas como el nacionalismo anticolonial y el marxismo clásico. Pero antes de eso el anarquismo era sin duda la idea socialista más dominante en el mundo, y su sindicalismo tuvo una gran influencia. Desempeñó un papel clave en el mundo colonial y postcolonial, incluso en las luchas anticoloniales y antiimperialistas.

Esto incluyó una influencia importante en las formaciones de trabajadores blancos y negros sudafricanos a principios del siglo XX. Pero es sólo a finales de la década de los 90 cuando se reaviva la presencia anarquista en Sudáfrica y se intenta organizar una nueva participación en las luchas de la clase obrera. Esto quiere decir que el anarquismo aquí todavía es una fuerza bastante pequeña, en primer lugar en la izquierda, y en segundo lugar, aún más pequeña en términos de influencia entre la clase obrera y los pobres.

Pero por otro lado, estamos creciendo no sólo como una organización y una fuerza organizada, sino que, lo que es más importante, las ideas del anarquismo, cuando se abordan de una manera adecuada y honesta, se ven favorecidas por la clase obrera negra de aquí. Más importante que formar parte de comités en coaliciones como el nuevo Frente Unido, promovido por NUMSA, o perseguir los sueños de los partidos políticos, es el trabajo sistemático con la clase obrera de base, para ganar influencia y desarrollar un cuadro de anarquistas de la clase obrera negra que estén involucrados en las luchas cotidianas, las luchas comunitarias, las luchas sindicales, etc.

LM: ¿Y la izquierda en Sudáfrica?

WM: Tengo mucho respeto, a pesar de los desacuerdos ideológicos y las diferencias en las opciones tácticas y estratégicas, por otros en la izquierda y en el movimiento progresista.

Hay diferencias reales en términos de estrategia y tácticas. Pero no somos sectarios: nuestra historia lo demuestra. Llevo en el movimiento anarquista unos seis años y medio, y los anarquistas conscientes tienen una larga tradición de participación en la lucha con las organizaciones de la clase obrera, y esto ha incluido el trabajo con una variedad de grupos socialistas y no socialistas.

No rechazamos en absoluto trabajar con otras organizaciones políticas, pero trazamos la línea cuando se trata de lo que estamos buscando: si algo va en contra de nuestros principios o va en contra de la clase trabajadora, trazamos la línea y no cooperamos.

Promovemos enfoques estructurados, democráticos y basados en el mandato para organizar y rechazar el estilo “populista” sudafricano. Esto está estrechamente relacionado con el ANC y sus filiales, y se centra en los líderes no electos e irresponsables y en los demagogos autoproclamados que dirigen las acciones de las multitudes que no tienen voz ni voto.

Fundamentalmente, no hay manera de que consideremos que un partido político, ya sea de izquierda o de derecha, pueda ser útil para la transformación revolucionaria o incluso para las reformas. Esto no excluye la posibilidad de que trabajemos, cuando sea necesario, con los partidos políticos – y no sólo con los socialistas independientes o revolucionarios, porque trabajaríamos con los miembros ordinarios del SACP y del ANC en las luchas. Estas organizaciones tienen un gran número de miembros de la clase trabajadora de base y se pude interactuar con los mismos.

Pero ¿como medios para un cambio radical? El SACP y el ANC y, de hecho, todas las demás partidos, incluido el FEP, no pueden ser estos medios. Las elecciones no ayudarán y no ayudan. Para llegar a cualquier parte en las elecciones, la izquierda tendría que destinar recursos, recursos que podrían utilizarse para construir la organización de la clase obrera y la educación, para conseguir que la gente vote, e incluso si se ganan escaños, los representantes se convierten en parte del problema, en parte del aparato estatal y de la clase dominante. Si la militancia se canaliza hacia las elecciones o hacia un partido de los trabajadores, significa finalmente la subyugación de la militancia de la clase obrera a las elecciones.

Apoyaremos cualquier iniciativa que movilice a la gente y que tenga el potencial de convertirse en contrapoder o en un espacio para ganarse a la gente con nuestras ideas, y para construir una contracultura. Pero un partido obrero y la campañas electorales son un callejón sin salida, una tumba para la izquierda, la democracia y la política de la clase obrera.

Lo que va a cambiar la sociedad es una oleada de organización de la clase obrera, estructurada, democrática y capaz de desarrollarse en la dirección de la contracultura y la contracultura, no una unidad de la izquierda, que no es realmente posible. Y esta oleada requiere no sólo organizar a la gente, sino también cambiar las ideas que tienen.

Nosotros, los anarquistas, no somos mesías que vamos a cambiar el cambio actual, la transformación revolucionaria. Es la clase obrera la que, a través de una larga y dura lucha tanto con la victoria como con la derrota, construyendo organización y conciencia, a pesar de sufrir muchas pérdidas, la que cambiará el mundo. No es una solución rápida, no es una política de promesas electorales o de libertad desde arriba. El poder estatal y las elecciones nunca han funcionado para la clase obrera: esa es la solución rápida que no arregla nada.

Por ejemplo, el EFF: en el poder se ha retractado de sus promesas y ha reproducido muchas de las características del populismo del CNA.

LM: Gracias una vez más, por su aportación y su tiempo.

Fuente: https://www.anarkismo.net


NOTAS

1] El Frente Comunista Anarquista de Zabalaza (ZACF), formado en 2003, es un grupo revolucionario que trabaja principalmente con grupos en municipios de la provincia de Gauteng. Rechaza la participación en las elecciones, con el objetivo de construir una democracia radical, algo similar al proyecto de “poder popular” del Frente Democrático Unido (UDF), pero fuera y contra el aparato estatal. La UDF, formada en 1983, era una amplia coalición antiapartheid de organizaciones eclesiásticas, comunitarias, deportivas, juveniles y de otro tipo. Esto implicaría una sociedad igualitaria basada en la propiedad colectiva de los medios de producción, la autogestión, la planificación participativa, y la producción y distribución por necesidad, en un sistema socialista sin estado.

2] Referencia: Warren McGregor, 2018, “Anarquismo-Comunismo: Building Black Working Class Counter Power against State, Capital and National Oppression[Entrevista con Leroy Maisiri]”, en Kirk Helliker y Lucien van der Walt (eds.), Politics at a Distance from the State: Radical and African Perspectives, Routledge: Londres, Nueva York, págs. 156-161.

Pin It

Related Posts

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *