Sobre la necesidad de salirse de nuestros espacios

by • 22 enero, 2019 • Artículos, Coyuntura política, Organización, Reflexiones y otrosComments (0)206

El siguiente texto es un aporte recibido al mail que reflexiona sobre la atomización y desconexión con la comunidad de lxs anarquistas en la región chilena, tema que nos parece crucial para quienes buscamos por medio del anarquismo organizado impulsar la revolución social y la anhelada libertad y autonomía de nuestras vidas.

Frente a la discusión planteada por el compa, solo comentar que creemos necesario mantener la cautela ante la asociación con cualquier organización y/o sujeto que apele a la vía electoral, pues comúnmente este tipo de organizaciones se acerca más con un fin coaptador que otra cosa (aunque no negamos que puedan existir instancia en donde se deban dejar las diferencias de lado para apuntar al verdadero enemigx, es decir al capitalista o para la defensa de compas presxs, etc.).

Rescatamos el afán de plantear la pregunta sobre que debe hacer el anarquismo organizado para salir de sus guetos con el fin de socializar la anarquía, lejos de dogmas y con humildad, es decir, sin creernos lxs dueños de la verdad.  Invitamos a realizar la discusión, dejar de el sectarismo y buscar las mejores formas para golpear la dominación.

K.L.


«Los anarquistas no debemos desdeñar o menospreciar a las personas políticamente atrasadas, sino acercarnos a ellas, unirnos con ellas, convencerlas y alentarlas a avanzar»

Errico Malatesta

Recientemente un colectivo anarcofeminista publicó un muy bien logrado afiche llamando a un 8 de marzo sin flores, ni bombones, ni peluches; pero sobre todo, sin solidarizar con mujeres en estructuras de poder (como policías y políticos). La respuesta fue masiva, pero provino de una audiencia que no entendió la propuesta y la malinterpretó. Así, las nobles intenciones de las compañeras fueron sepultadas en un alud de críticas vagas y los más bajos insultos.

El colectivo hizo bien en intentar explicarse reiterando, esta vez más articuladamente, su crítica al feminismo que caracteriza la jornada del 8 de marzo en los medios: un feminismo orientado exclusivamente a reformas políticas y al consumo, completamente desprovisto de un discurso crítico de los cimientos culturales desde los que emanan los problemas de género, como la cuestión de clase, el especismo o el colonialismo. Así lo expresaban: «En ningún momento hemos afirmado que las pacas no sufren violencia machista, pero también son unas de las mayores abusadoras y perpetradoras de la violencia machista, racista y clasista. Las pacas son quienes deportan a las inmigrantes, las pacas son las que roban a las comerciantes ambulantes, las pacas son quienes nos golpean y manosean en las comisarías, las pacas son quienes torturan y asesinan. Nuestro feminismo no abraza pacas porque sean mujeres, sino porque son opresoras y brazo armado del Estado patriacal-capitalista».

Lamentablemente, sus explicaciones cayeron en oídos sordos. Pero más preocupante que todo lo anterior fue la respuesta de muchos compañeros y compañeras frente a esta situación; pues había una cantidad inquietante de personas que compartían el mensaje del colectivo, pero rápidamente descartaban todas las críticas como ataques fascistas, o peor, se rebajaban y respondían al mismo nivel.

Esta situación llama a una necesaria autocrítica, que tiene mucho que ver con esta porción del pensamiento de Malatesta. Más allá de que el ataque que recibieron las compañeras fue completamente injustificado, y no puede sino provocarnos rechazo, bien haríamos en preguntarnos por qué ocurrió esto. ¿No es la autoridad algo obviamente criticable? Pues sí, y este hecho, piensan los anarquistas, no requiere mayor demostración. ¿Por qué, entonces, recibimos una respuesta así al indicar algo a todas luces obvio? Anarquistas tienden a razonar de tal manera, pero la respuesta a estas dos preguntas es una sola: la organización necesaria entre anarquistas, en asambleas, en congresos, en grupos de acción y de estudio; pero además, y no menos importante, la organización necesaria de anarquistas entre personas no-anarquistas.

No tendríamos dificultad en continuar predicando cómodamente nuestras ideas entre los convencidos, en espacios predispuestos para la práxis libertaria. Y pese a que es necesario seguir levantando espacios que permitan relacionarse y organizarse, esto también contribuye a profundizar el gran problema del anarquismo: está aislado del resto. Anarquistas viven, piensan, actúan y discuten en una esfera perfectamente cerrada al resto de las personas tanto políticamente organizadas, como a las no organizadas. Y cuando una idea anarquista escapa de este aislamiento, carece de los atributos que la hacen tan obvia, como su argumentación y contextualización. La idea es, en consecuencia, terriblemente malentendida. Este aislamiento, producto de años de propaganda y persecusión política, no puede ser derribado sino a partir de la inserción social.

Existe una doctrina, presente en la educación y los medios, que predispone a las personas al respeto a la autoridad, y esperar combatir esta doctrina haciendo lo mínimo posible es pecar de ingenuos.

Movimientos por el agua, por la tierra, por la vivienda, por la salud: movimientos que nacen desde las demandas de los oprimidos han sido numerosos en los últimos años, pero ninguno se caracterizó por la acción directa, la horizontalidad o la autogestión. En estos movimientos es en donde los anarquistas deben estar, y su objetivo debe ser claro: propagar estos bellos ideales que diferencian a la organización anarquista del resto de las organizaciones sociales. ¿Qué hay de malo en pensar un movimiento por la salud que, a la vez que crítico de la salud pública, autogestione sus necesidades sanitarias? O por lo menos, aquellas que puedan ser cubiertas. ¿Es acaso pecar de utópicos concebir una sociedad compuesta enteramente de tales organizacione sociales? Pero, «somos utópicos, es cosa sabida; en efecto, tan utópicos, que llevamos nuestra utopía hasta creer que la revolución debe y puede garantizar a todos el alojamiento, el vestido y el pan…». Y de nuevo: no hablo de organizaciones entre y para anarquistas, hablo de organizaciones que estén insertas en la sociedad. No aparte, ni mucho menos al frente de los movimientos sociales, sino dentro de ellos. En lugar de hacer esto, anarquistas, desde sus espacios exclusivos para otros anarquistas, critican los esfuerzos nacidos desde los oprimidos por parecerles autoritarios y verticales, y se distancian de ellos. Pero, ¿cómo superarán las personas el autoritarismo y la verticalidad inmanente a sus organizaciones, si no es a partir de nuestro accionar?

Si no somos capaces de organizarnos con personas que son igualmente críticas de la autoridad —pero proponen vías que no nos son favorables, como el electoralismo o el reformismo—, y de impregnar estos espacios con los bellos ideales del anarquismo, ¿cómo seremos capaces de llevar estas ideas a personas que ni siquiera se organizan en primer lugar?

Esta situación es aún más grave si la pensamos desde el feminismo. Todavía en la mayoría de las organizaciones sociales no existe un cuestionamiento antipatriarcal; empero, prevalecen todavía en los movimientos de izquierda muchas actitudes y discursos machistas. Pues repito: si no somos capaces de llevar la crítica feminista a personas que se organizan desde la crítica a la autoridad, ¿cómo seremos capaces de llevar esta crítica a personas que ni siquiera se organizan en primer lugar?

Por supuesto que las compañeras fueron atacadas cuando elaboraron una crítica al poder policial desde el feminismo. Pero eso no significa que todas las personas que atacaron al colectivo son enemigas, mucho menos fascistas. Significa que nosotros hemos fracasado en insertarnos en el resto de la sociedad y propagar nuestras ideas. Porque no se trata de hacer de todo el mundo anarquistas, esto es claro, pero sí se trata de que los principios e ideales que rigen nuestra organización (como la autogestión, la horizontalidad o la acción directa) sean esparcidos, y emanen algún día de la libre voluntad de personas que se están organizando políticamente, sean anarquistas o no.

Esto es lo que quiere decir Malatesta, a mi entender.

La ausencia de esta autocrítica es cada vez más inquietante. Muchos anarquistas siguen contribuyendo a este hermetismo al cultivar cada vez más diferencias entre ellos, que vuelven incompatibles a las distintas vertientes del anarquismo. ¿Cómo podemos esperar organizarnos con el resto de la sociedad, y divulgar así los ideales ácratas, si no somos primero capaces de conciliar nuestros propios ideales? Porque sí, es primordial y debería ser nuestra principal tarea propagar estos ideales en el resto de la sociedad. De lo contrario, estas situaciones seguirán ocurriendo, y el anarquismo seguirá por siempre aislado.


Aportes: edicionesapestosas[arroba]riseup.net


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