CrimethInc: El movimiento de los chalecos amarillos en Francia. Entre el neoliberalismo ecológico y el movimiento apolítico

by • 5 diciembre, 2018 • Europa, Mundo, Noticias, comunicados y columnasComments (0)316

Hace dos semanas hemos visto como surgía en Francia un movimiento masivo de confrontación y oposición al impuesto “ecológico” del presidente Emmanuel Macron sobre los combustibles fósiles. Este movimiento combina varios elementos contradictorios: acción directa organizada horizontalmente, un discurso “apolítico”, la participación de elementos de la extrema derecha y la genuina rabia de las explotadas. Está claro que el capitalismo neoliberal no ofrece otra solución para el cambio climático que ejercer aún más presión sobre las empobrecidas; pero cuando la rabia de estas se traduce en indignación consumista reaccionaria aparecen amenazantes oportunidades para la extrema derecha. Con este artículo, queremos informar sobre el movimiento de los “chalecos amarillos” detalladamente y debatir las cuestiones que suscitan.

Prólogo: el Centro gobernante y la derecha rebelde

Durante la campaña electoral para la elecciones de 2018 en Estados Unidos, escuchamos muchos argumentos sobre que sería mejor que las opciones centristas ganaran el control del gobierno. Pero, ¿qué pasa cuando éstas llegan al mismo y utilizan su poder y autoridad para estabilizar el capitalismo en detrimento de las empobrecidas? Una consecuencia es que las opciones de extrema derecha nacionalista obtienen la oportunidad de presentarse a sí mismas como rebeldes intentando proteger a la “gente corriente” de las maquinaciones opresivas del gobierno. En momentos en los que el Estado poco puede hacer para mitigar el sufrimiento que el capitalismo está causando, puede ser más favorable posicionarse fuera del foco del poder. Por lo tanto, las opciones de extrema derecha pueden ser capaces de ganar más terreno con gobiernos centristas que gobernando ellas mismas.

En su tentativa por asociar el ecologismo, el feminismo, el internacionalismo y el antirracismo con el neoliberalismo, el centrismo consigue que al menos algunos de los movimientos que se rebelan contra el orden imperante sean antiecológicos, misóginos, nacionalistas y racistas. Esto favorece a los primeros, porque les permite presentarse ante el mundo como la única alternativa posible a la extrema derecha. Esta es exactamente la estrategia que llevó a Macron a ser elegido frente a Marine Le Pen. En este sentido, centristas y nacionalistas son oponentes políticos que buscan repartirse todas las opciones posibles entre ellos, haciendo imposible imaginar soluciones reales a las crisis creadas por el capitalismo.

En resumen, si la ola de victorias nacionalistas alrededor del mundo deja espacio eventualmente a un contraataque centrista, sin que anarquistas y otras opciones revolucionarias sean capaces de generalizar prácticas y movimientos que aborden adecuadamente la catástrofe que muchas personas enfrentan, esto puede allanar el camino a una oleada aún más profunda de populismo de extrema derecha.

Debemos estudiar a los movimientos sociales populistas bajo gobiernos centristas con el objetivo de identificar las maneras en las cuales los grupos de extrema derecha pueden apropiarse de ellos y así entender como podemos prevenirlo. Esta es una de las razones por las cuales es necesario prestar mucha atención al movimiento de los “chalecos amarillos”, que se desarrolla en la Francia del “totalcentrista” Macron.

Este movimiento nos muestra fracturas desconocidas bajo las contradicciones del centrismo moderno: por encima de todas en este caso, la falsa dicotomía entre abordar el cambio climático y abordar la desolación del capitalismo. Esta dicotomía es especialmente peligrosa por cuanto pertrecha a los nacionalistas de una narrativa que les permite beneficiarse de la crisis económica desacreditando al ecologismo, asociándolo con la opresión del Estado.

Lo que está ocurriendo en Francia evoca a los sucesos de Brasil en 2013, cuando un movimiento contra la subida del precio del transporte público provocó una crisis nacional. Esta crisis dio a decenas de miles de personas experiencias en organizaciones horizontales y acción directa, pero también abrió el camino para que los nacionalistas ganaran terreno presentándose a sí mismos como rebeldes contra el poder.

Hay, sin embargo, dos diferencias relevantes entre el Brasil de 2013 y la Francia hoy. En primer lugar, el movimiento en Brasil fue iniciado por anarquistas, pero creció demasiado y demasiado rápido para que sus ideas se mantuvieran hegemónicas; mientras que en el caso de los “chalecos amarillos” el anarquismo no tuvo ningún papel como iniciador. En segundo lugar, el movimiento en Brasil se desarrolló bajo un gobierno pretendidamente de izquierdas. La apropiación del movimiento brasileño sentó las bases para una cadena de acontecimientos que culminaron en la victoria electoral de Bolsonaro. En Francia el contexto parece incluso menos alentador.

¿Qué puede hacer el anarquismo en una situación como esta?. No puede posicionarse con el estado contra manifestantes que están ya luchando por sobrevivir, de la misma manera que no puede hacerlo con quienes se organizan contra el medio ambiente. Tiene que establecer una posición antinacionalista junto a las protestas en contra del estado y una posición antiestatal alineada con un discurso ecologista. El movimiento de los chalecos amarillos provee de una oportunidad muy instructiva para pensar en estrategias en un momento histórico de conflictos a tres bandas que nos enfrenta en la misma medida contra nacionalistas y centristas.

El movimiento de los “chalecos amarillos en Francia

Hace varias semanas, el gobierno de Macron anunció oficialmente que, a partir del 1 de enero de 2019, volvería a incrementar el precio de los combustibles. Esta decisión se justificaba como un paso hacia la transición hacia una modelo energético más ecológico.

Los vehículos diésel suponen dos tercios del parque automovilístico en Francia. Después de décadas animando a la compra de este tipo de vehículos, el gobierno ha decidido que los diésel ya no son eco-fiendly y por lo tanto la gente tiene que cambiar sus hábitos y, por supuesto, sus vehículos. Macron, que redujo los impuestos a las grandes fortunas en Francia al inicio de su mandato, no ha dado pasos para hacer a estas partícipes económicamente de la transición ecológica, especialmente teniendo en cuenta que han sido quienes han disfrutado de los beneficios del modelo industrial altamente pernicioso para el medio ambiente. En consecuencia, los argumentos ecológicos de Macron han sido sistemáticamente ignorados. Mucha gente ve en la decisión del incremento del precio de los combustibles un nuevo ataque hacia las empobrecidas.

El gobierno francés es responsable de crear una falsa dicotomía entre ecologismo y las necesidades de las trabajadoras. Décadas de planificación territorial han concentrado la actividad económica y las oportunidades laborales en las grandes metrópolis y desarrollado las redes de transporte público en dichas áreas, aislando a la vez las zonas rurales y convirtiendo al coche en una necesidad para una parte importante de la población. Sin otra opción, mucha gente es ahora completamente dependiente de sus coches para trabajar y vivir.

En respuesta al anuncio del aumento de los precios, la gente empezó a organizarse a través de internet. Varias peticiones online contra la medida se convirtieron en virales, llegando a alcanzar millones de firmas y publicándose en los medios de comunicación. El 17 de septiembre, una organización de camioneros invitó a sus miembros a enviar sus facturas de combustible al presidente Macron como protesta por el aumento, acompañadas de cartas explicando su rechazo al mismo. El 10 de octubre, dos camioneros crearon un evento de Facebook llamando a un bloqueo nacional contra la medida para el 17 de noviembre. Aparecieron un gran número de páginas y grupos en redes sociales donde la gente compartía vídeos explicando su rechazo a la medida y las complicaciones de sus situaciones cotidianas, enfatizando que el incremento solo las haría empeorar.

Con la mirada puesta en la convocatoria nacional del 17 de noviembre, alrededor de 2000 grupos en todo el país anunciaron acciones de bloqueo de carreteras, estaciones de servicio y refinerías, acciones de peajes gratuitos o al menos manifestaciones de protesta. Para identificar a quienes participaran en las acciones, se decidió utilizar el chaleco de emergencia amarillo, pidiendo también que se colocaran en los coches. El simbolismo detrás de esta prenda es claro: la conexión entre la emergencia de las situaciones vitales individuales con la utilización como vestimenta de emergencia. Por extensión, los medios y quienes apoyaban la protestas empezaron a llamar al movimiento por el nombre que se le conoce.

Durante el fin de semana del 17 de noviembre se llevaron a cabo miles de acciones. Aproximadamente 288.000 “chalecos amarillos” estuvieron presentes en las calles. Considerando que no recibieron ningún apoyo de los sindicatos y organizaciones políticas mayoritarias, la jornada fue un éxito. Desafortunadamente, la situación se agravó debido a los conflictos entre chalecos amarillos y otras personas que no participaban en la protesta. Una mujer de sesenta años fue atropellada por una madre que estaba intentando llevar a su hijo al hospital cuando se encontró con un bloqueo. En total, más de 400 personas resultaron heridas y 200 detenidas en este primer fin de semana.

A pesar de los incidentes, el movimiento se mantuvo fuerte. Los bloqueos continuaron a lo largo de los días siguientes a pesar de la participación decreciente. El movimiento volvió a convocar una jornada de paro nacional con el objetivo de seguir presionando al gobierno para el sábado 24. Siguiendo la misma lógica, diferentes grupos en redes sociales planearon acciones a lo largo y ancho del país y llamaron a converger en París en una gran manifestación. En un primer momento, ésta tenía previsto desarrollarse en el Campo de Marte, cerca de la Torre Eiffel, donde la policía puede fácilmente rodear y contener a quienes se manifiesten. Sin embargo, esta decisión oficial no satisfizo a algunas personas integrantes del movimiento, por lo que empezó a circular otra convocatoria  por las redes sociales.

El 17 de noviembre la manifestación parisina no consiguió alcanzar su objetivo: el Palacio presidencial; por lo tanto, los “chalecos amarillos” que estaban organizándose para converger en París decidieron repetir el intento del 17 en la siguiente jornada del 24 de noviembre. En lugar de reunirse en la base de la Torre Eiffel, lo hicieron en los Campos Elíseos, bloqueándolos. Esta lujosa avenida tiene un importante valor simbólico: es una de las zonas más lujosas de París y el Elíseo (el Palacio presidencial) está localizado al final de la misma. Tal y como hicieron la semana anterior, los chalecos intentaron acercarse tanto como fue posible al Elíseo. Durante todo el día tuvieron lugar enfrentamientos y levantamiento de barricadas a lo largo de la gran avenida parisina. Las cifras de esta nueva jornada de movilización arrojan un total de 106.000 participantes en toda Francia, 8.000 solo en París, 24 personas resultaron heridas y 103 fueron detenidas, de las cuales 101 están siendo juzgadas desde el pasado día 26.

¿Qué clase de movimiento es?

El movimiento de los “chalecos amarillos” se describe a sí mismo como espontáneo, horizontal y sin líderes. Es difícil estar seguro de estas declaraciones. El movimiento empieza a través de los grupos en redes sociales que facilitan acciones descentralizadas en las que la gente decide localmente qué es lo que quieren hacer y como hacerlo. En este sentido, hay claramente algunas organizaciones horizontales detrás.

Sobre el hecho de que el movimiento realmente no tenga líderes, es algo más complejo. Desde el principio, los “chalecos amarillos” insistían en que su movimiento era “apolítico” y no tenía líder, que surgió del esfuerzo de diferentes grupos de gente trabajando juntos con su propia rabia compartida como base. Sin embargo, como en casi todos los grupos – los proyectos anarquistas incluidos – hay dinámicas de poder. A menudo se da el caso que alguna gente puede tener más influencia que otros, debido a su acceso a medios, su capacidad para persuadir, o simplemente su destreza con las nuevas tecnologías.

Escudriñando algunos de los autoproclamados portavoces del movimiento de los “chalecos amarillos” podemos ver quien ha sido capaz de acumular influencia dentro del movimiento y considerar cual debería ser su agenda.

Christophe Chalençon es el portavoz del departamento de Vaucluse. Se presenta como “apolítico” y “sin afiliación a ningún sindicato”, sin embargo presentó su candidatura para las elecciones legislativas de 2017 como miembro de la “nueva derecha”. Cuando excavamos en profundidad en sus relaciones personales en su perfil de Facebook, podemos ver que su discurso es claramente conservador, nacionalista y xenófobo.

En Limoges, el organizador de la acción el 17 de noviembre de los “chalecos amarillos” en la región fue Christophe Lechevallier. Una vez más, el perfil de este “ciudadano enfadado” es bastante interesante. Lo menos que se puede decir es que Christophe Lechevallier parece ser un oportunista. En 2012, presentó su candidatura para las elecciones legislativas como miembro de un partido de centro (los MoDem). Después se unió al Frente Nacional (ahora llamados Rassemblement National) e invitó en 2016 a su líder Marine Le Pen a una reunión. Mientras tanto, también trabajó con la organización agrícola francesa pro-OGM FNSEA (la Federación Nacional de Sindicatos de Propietarios Agrícolas), conocidos por defender el uso de químicos, como el glifosfato, para intensificar sus producciones.

En Toulouse, el portavoz de los “chalecos amarillos” es Benjamin Cauchy. Este joven ejecutivo fue entrevistado varias veces en medios locales y nacionales. De nuevo, este portavoz es fuertemente “apolítico” si consideramos su pasado. Benjamin Cauchy habla abiertamente sobre su experiencia política como miembro de un sindicato neoliberal de derechas (en ese momento, el UMP, ahora conocido como Les Républicains). Sin embargo, durante su carrera de derecho, Benjamin Cauchy fue uno de los líderes de la organización estudiantil UNI – bien conocida por sus conexiones con la derecha conservadora y los grupos y partidos de extrema derecha. Pero incluso más interesante, no se conoce públicamente que Benjamin Cauchy sea ahora miembro del partido nacionalista Debout La France cuyo líder, Nicolas Dupont-Aignan, hizo una alianza con Marine Le Pen (del Rassemblement National) durante la segunda vuelta de las últimas elecciones presidenciales con la esperanza de derrotar a Macron.

Por lo que claramente estos grupos conservadores y de extrema derecha esperan imponer su discurso, difundir sus ideas, y usar este “movimiento apolítico de ciudadanos enfadados” como forma de ganar más poder. Esto no ha sido del todo sin resistencia. Los “chalecos amarillos” de Toulouse decidieron echar a Benjamin Cauchy de su movimento debido a sus opiniones políticas. El 26 de noviembre, mientras era invitado en un programa de radio, este último dijo que como respuesta a su expulsión estaba creando una nueva organización nacional llamada “Les Citrons” (los limones), para continuar su lucha contra el aumento de tasas y tener la oportunidad para denunciar la “falta de democracia que existe en el movimiento de los “chalecos amarillos”.

Finalmente, parece que el también llamado “movimiento sin líderes” cambió completamente su estrategia por las consecuencias de la segunda manifestación parisina. El lunes, 26 de noviembre, la lista de ocho portavoces del movimiento se presentó a la prensa. Aparentemente, el día anterior, los chalecos amarillos pidieron que se votase online para elegir sus nuevas figuras principales. Estas nominaciones y estratégicas decisiones están todavía creando tensiones en el movimiento. Algunos chalecos amarillos están ahora criticando la legitimidad de la elección, planteando preguntas sobre cómo estos líderes fueron seleccionados en primer lugar.

Mientras tanto, algunos miembros del movimiento han convocado otro día de acciones el Sábado 1 de diciembre. Las peticiones son claras: 1) Más poder adquisitivo; 2) La cancelación de todas los impuestos en la gasolina. Si estas peticiones no están garantizadas, los manifestantes han dicho que “marcharán por la dimisión de Macron”. Hasta la fecha, 27.000 personas han anunciado que participarán en este evento. Una vez más la unidad, que era el lema hace algunas semanas, parece haberse evaporado, al tiempo que varias organizaciones locales se han desvinculado del movimiento en oposición a caminos de mayor confrontación que el movimiento parece estar tomando.

En lugar de dirigir la pregunta a la horizontalidad, los medios de comunicación corporativos se han centrado en otra pregunta: ¿Es la rabia de los manifestantes legítima?. Muchos medios de comunicación han sugerido que este movimiento está principalmente compuesto por gente pobre de baja educación que están en contra de proteger el medio ambiente; describen las manifestaciones como violentas para deslegitimar la rabia de los participantes. A pesar de esto, algunos medios de comunicación han cambiado su discurso a lo largo del tiempo, empezando por ser ligeramente menos condescendientes y más dispuestos a difundir las preocupaciones de los manifestantes. Por ejemplo, después de las confrontaciones en los Campos Eliseos el último sábado, Christophe Castaner, el nuevo Ministro del interior, dijo: “la cantidad de daños es poca, la mayoría son daños materiales, es lo más importante”. Una declaración bastante sorprendente, considerando que los medios de comunicación corporativos y los políticos habían denunciado acciones similares durante las manifestaciones del Primero de Mayo y las protestas contra la Ley del Trabajo.

Desde nuestra perspectiva, no hay duda de que la rabia es legítima. La mayoría de la gente que forma parte de este movimiento habla de las difíciles situaciones con las que tienen que lidiar todos los días. Tiene sentido que estén diciendo que ya es suficiente; el problema de la gasolina es simplemente la gota que colma el vaso. La clase baja tiene que luchar cada vez más fuerte para sobrevivir mientras que el resto sigue estando lo suficientemente cómodo para no verse afectado por los cambios económicos y el aumento de tasas a los consumidores. Por ahora, al menos.
Por lo que la rabia – y la acción directa – son legítimas. La pregunta es si la visión política y los valores que está llevando este movimiento pueden dirigirse hacia algo bueno.

Aguas turbulentas

Numerosas acciones racistas, sexistas y homófobas se han dado lugar durante las protestas de los “chalecos amarillos”. Durante la manifestación del 17 de noviembre en París, algunas/os conocidas/os antisemitas y nacionalistas fueron vistos entre los manifestantes. Miembros de la extrema derecha y grupos nacionalistas también participaron en la manifestación del 24 de noviembre en París. Alguna/os camaradas han reportado que la presencia de la extrema derecha en la manifestación es “innegable”. Describen haber visto a grupos monárquicos con su bandera, la multitud consideraba su presencia “insignificante” en comparación con los cañones de agua y las fuerzas del orden durante los enfrentamientos.

El mismo informe menciona varios elementos difícilmente interpretables. Por ejemplo, mientras la multitud en París cantaba eslóganes clásicos de Mayo del 68 (“CRS SS”) y de las protestas contra la Ley del trabajo (“Paris debout, soulève toi!”), también cantaban los primeros versos de la Marsellesa, que se asocian en la actualidad con los partidos republicanos tradicionales y con los de extrema derecha, pero no con los radicales. Estos cánticos pueden ser entendidos como una referencia a los orígenes de la revolución francesa, pero la canción ha sido recuperada como el himno del Frente Nacional Francés, dándole un tono patriótico y nacionalista.

Otro ejemplo: mientras marchaba por los Campos Eliseos, la multitud cantaba “estamos en casa”. Para alguien de fuera, puede parecer una declaración evidente, una afirmación de manifestantes que han tomado las calles, como señalan las/os autoras/es del informe anterior. Sin embargo, es el mismo que el usado de forma habitual por las/os seguidoras/es del Frente Nacional durante sus mitines. Comprendido en su contexto, “estamos en nuestra casa” tiene una connotación más oscura. Para las/os nacionalistas significa que Francia es y será siempre un país blanco, cristiano y nacionalista. Todas aquellas personas que no encajen en su identidad y agenda política serán consideradas/os como extranjeras/os o intrusas/os. En otras palabras, este eslogan crea una narrativa sobre quien encaja y quien no. El uso de ese cántico durante las manifestaciones de los “chalecos amarillos” está pésimamente escogido, si no es una señal de mal agüero.

París no es el único sitio donde las tendencias reaccionarias han emergido en el movimiento. En efecto, el 17 de noviembre en Cognac, manifestantes del movimiento asaltaron a una mujer racializada que iba conduciendo. Durante el altercado, algunas/os manifestantes le dijeron que “se volviese a su país”. El mismo día en Bourg, Bresse, un representante electo y su compañero fueron también asaltados por ser homosexuales. En algunos departamentos los “chalecos amarillos” llamaron a Inmigración cuando se dieron cuenta de que había inmigrantes escondidas/os en camiones. Y la lista sigue.

Para finalizar, algunas/os participantes de este movimiento “apolítico” han expresado abiertamente su desprecio hacia los movimientos sociales en general – incluyendo el movimiento a favor de una mejor educación, el movimiento de defensa de los hospitales públicos y al acceso a la sanidad, y el movimiento de las/os agentes ferroviarios. En efecto, este movimiento que pretende disociarse de luchas colectivas para que “todo el mundo” pueda beneficiarse, acaba promoviendo intereses individualistas: el derecho aislado de las/os consumidoras/es para seguir utilizando sus coches cuando quieran, sin tener que pagar mucho y sin ninguna visión real de un cambio social.

¿Deberíamos implicarnos?

Argumentos para distanciarnos

El movimiento de los chalecos amarillos afirma ser “apolitico”. En general las/os manifestantes se describen a sí mismas/os como ciudadanas/os contrariadas/os que trabajan duro pero que siempre son las/os primeras/os en sufrir los impuestos y decisiones del gobierno. Es un discurso que tiene mucho en común con el Poujadismo, un movimiento reaccionario y populista de los años 50 que coge el nombre del diputado Pierre Poujade, o con el movimiento más recientemente de los “Bonnet rouges”.

La idea de que un movimiento sea “apolítico” es peligrosa en la medida en que ofrece la oportunidad perfecta a organizadoras/es de extrema derecha, a populistas y a fascistas para introducirse entre las/os manifestantes. Dicho de otro modo, este movimiento ofrece a la extrema derecha la posibilidad de reestructurarse y ganar poder.

En cuanto el movimiento empezó a generar una atención generalizada, la política de extrema derecha Marine Le Pen y otras/os politcas/os conservadoras/es y populistas expresaron su apoyo a este movimiento. Para que luego digan que son “apolitícas/os”.

Argumentos a favor de la participación en el movimiento

Esto parece ser un movimiento genuinamente espontáneo y descentralizado que involucra a personas con bajos ingresos. En teoría deberíamos organizarnos junto a ellas/os para combatir la opresión del estado y del capitalismo. Te recordamos que los conceptos de lucha de clases y anticapitalistas están lejos de ser aceptados o promovidos entre los manifestantes.

Algunas/os argumentan que deberíamos participar para evitar que los fascistas coopten el movimiento y la rabia que representa. Algunas/os radicales creen que deberíamos implicarnos en las acciones como medio para crear nuevas conexiones con la gente y difundir nuestras ideas sobre el capitalismo y cómo responder a la crisis económica.

Algunas/os radicales siendo escépticos con el actual movimiento y no queriendo formar parte de él pueden también indicar cierto desprecio hacia las/os pobres “apolitizadas”. Otras/os argumentan que en cada situación deberíamos pretender ser actoras/es y no espectadoras/es. Algunas/os afirman que si somos “verdaderas/os” revolucionarias/os deberíamos saltar a lo desconocido y descubrir qué es posible en vez de criticar pasivamente desde la distancia.

Todos estos argumentos son muy válidos, pero si esto lleva a que haya anarquistas participando en un movimiento que ofrece a las/os fascistas una plataforma de reclutamiento – como algunas/os anarquistas hicieron en la revolución ucraniana – sería desastroso y abriría la puerta a las peores catástrofes por venir.

El problema fundamental del movimiento de los chalecos amarillos es que parte de premisas erróneas tratando de mantener las condiciones por las que deberíamos estar todas/os luchando por abolir en un primer lugar. Más que tratando de defender el miserable y alienado modo de vida consumista actual, que es en sí el resultado de derrotas y traiciones del movimiento proletario, deberíamos estar preguntándonos por qué somos tan dependientes de los coches y la gasolina en un primer lugar. Si nuestros modos de sobrevivir y trabajar no hubieran sido construidos para aislarnos e individualizarnos – si las/os capitalistas no fuesen capaces de explotarnos de una forma tan despiadada – no deberíamos tener que estar eligiendo entre destruir el medio ambiente y dar por perdidos los últimos vestigios de la estabilidad financiera.

Tenemos que cambiar nuestros hábitos y abandonar nuestros privilegios en el curso de la lucha por otro mundo (otro final del mundo), pero como siempre, los gobiernos y las/os capitalistas están forzándonos a soportar las consecuencias de los problemas que han causado ellas/os. No podemos permitir que establezcan ellas/os el marco de la discusión.

Pregunta abierta

La situación es algo distinta fuera de la Francia metropolitana. En la isla de la Reunión, desde el 17 de noviembre, ha habido una agitación popular en la que todos los sitios estratégicos han sido bloqueados – el aeropuerto, el puerto y la Delegación del Gobierno. Temiendo una pérdida de control de la situación y consternados por el impacto en la economía, las autoridades francesas han establecido un toque de queda del 20 al 25 de noviembre.

En Europa, mientras tanto, el movimiento de los “chalecos amarillos” trata de reestructurarse a sí mismo después de haber sido debilitado por problemas de liderazgo y conflictos sobre la estrategia a seguir. Esto podría ser una oportunidad para crear nuevos puentes y hacer propuestas sobre soluciones más sistémicas a los problemas causados por este movimiento.

Sobre la ecología, debemos enfatizar que las/os ricas/os son las/os principales responsables del cambio climático, y que deben ser las/os que deben pagar para lidiar con ello – si no somos capaces de destronarlas/os antes. Hasta cierto punto, esto parece ser que es lo que se está intentado hacer en el actual movimiento contra el capitalismo y el cambio climático Extenction Rebellion en Inglaterra. Es irónico que dos movimientos que tratan de lidiar con el capitalismo y la ecología estén teniendo lugar al mimo tiempo a ambos lados del canal de la Mancha – uno haciendo demandas ecológicas al Estado, y el otro reaccionando frente a medidas ambientales del Estado.

Sobre el nacionalismo debemos decir que no es mejor ser explotada/o por ciudadanas/os de nuestra misma raza, género o religión que ser explotada/o por extranjeras/os, y enfatizar que solo seremos capaces de hacer frente a las/os que nos oprimen y explotan si establecemos una solidaridad capaz de solventar las diferencias – raza, género, religión, ciudadanía y preferencias sexuales. Nos inspira las/os “chalecos amarillos” de Monpellier que formaron una guardia de honor para dar la bienvenida a la marcha feminista el 24 de noviembre.

Necesitamos por encima de todo un frente anticapitalista, antifascita, antisexista y ecologista dentro de los movimientos sociales. La pregunta es si debería tener cabida dentro del movimiento de los “chalecos amarillos” o contra él.

Traducción de Alasbarricadas.org del texto de CrimethInc

Original en ingles: https://es.crimethinc.com

Fuente: http://www.alasbarricadas.org

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