Mayo feminista: ¿Y qué hacemos ahora, compañeros?

by • 15 mayo, 2018 • Latinoamerica, Noticias, comunicados y columnasComments (0)755

En pocos días muchas universidades han sido paralizadas por mujeres constituyendo tomas feministas, espacios donde ellas están sistematizando luchas y estrategias existentes desde hace años; en primer lugar en torno a situaciones de abuso y acoso dentro de los espacios académicos, pero que junto a ello vienen a denunciar un sistema patriarcal que las afecta de manera sistémica y estructural; a través de la cultura de la violación, los femicidios y las opresiones que viven en todo orden de cosas.

Hoy se visualiza esta revolución constituida por el trabajo arduo de cada mujer organizada, ejemplos de lucha y constancia, convicción y fuerza.

Este movimiento de mujeres viene a transformar lo intolerable: las universidades encubren violadores, abusadores y acosadores sexuales; no existen consecuencias concretas y efectivas para estos, sólo protocolos ineficaces o peor aún, inexistentes. Hoy las mujeres salen a develar esta crisis donde la estructura de abuso y opresiones no ha sido relevada como una urgencia e incluso ha sido menospreciada en su importancia, dando cuenta de la nula problematización de los espacios de trabajo y estudio respecto a la violencia de género, normalizando la violencia patriarcal y hegemónica donde los principales responsables somos nosotros los hombres.

¿Y cómo varones qué?

El objetivo de esta reflexión no es en ningún caso opinar sobre el curso de esta movilización ni fijar sus estrategias: no esperamos hablar por las compañeras movilizadas; ellas tienen voz propia para decidir y construir. Han sido muchos los siglos en los que no han tenido voz ni espacios legitimados por el poder hegemónico: hoy ellas lo exigen, construyen y dignifican.

Lo que queremos es hablarle a los varones: interpelarnos y exigir que tomemos posición en torno a esta coyuntura. ¿Vamos a seguir siendo cómplices de la violencia que nosotros mismos ejercemos? ¿Vamos a victimizarnos y sentirnos afectados por ser o no ser convocados? ¿Vamos a encubrir desde nuestro silencio estas situaciones de violencia sin mirar cómo somos partícipes de ellas? ¿Vamos nosotros a ejercer violencias patriarcales, desde sus expresiones más sutiles hasta los hechos horrorosos que han acabado con las vidas de tantas mujeres?

En las últimas semanas pareciera que estamos a la deriva, fuera del puesto protegido y privilegiado para poder alzar la voz; cuestionados, interpelados por la rabia y la pena de nuestras compañeras que se reconocen como colectivo. ¿Acaso nosotros no? ¿el hacerse responsable es un gesto individual o colectivo? Es el momento en el que debemos construir nuevas formas de organización que interpelen nuestros privilegios. Porque hablamos de “masculinidades” en su amplio espectro: reconocer nuestras trayectorias e identidades más allá de nuestra orientación sexual (hetero, homo, bi), identidad de género (trans, cis) o expresión de género; todos portamos con una responsabilidad política de reconocer nuestros privilegios y problematizarnos crítica y sistemáticamente. Porque todos aquellos socializados desde lo masculino cargamos con aquel conjunto de privilegios ya sea si nos situamos desde la heterosexualidad, o una crítica de ella; o desde una disidencia sexual o una crítica a los binarismos. Por supuesto que un compañero homo/trans/nobinario ha vivido otra trayectoria y opresión que el varón cis hetero no, pero todos tenemos en común la tarea de reconocer los privilegios que esa socialización “masculina” nos ha otorgado (no olvidar la consigna: lo “cola” no te quita lo misógino).

Como varones tenemos problemas con nuestros deseos sexuales y la conciencia de nuestros cuerpos; con nuestras formas violentas de relacionarnos, con nuestras prácticas de amor y vinculaciones sexo afectivas; con nuestras prácticas de cuidado a otros y autocuidado, con la responsabilidad en las tareas domésticas, con paternidades ausentes e irresponsables, con reconocer, expresar y trabajar nuestras emociones; con posibilitar desde el silencio las prácticas violentas, con la discriminación hacia las identidades disidentes. ¡Pero compañeros, ESTO NO ES PARA VICTIMIZARSE! Es para mirar, diagnosticar, transformar: hacernos cargo de que somos responsables del daño que viven las mujeres de manera activa como violentadores, o como espectadores cuando a través de nuestra pasividad y comodidad validamos nuestros privilegios y los de otros, siendo cómplices de la estructura social patriarcal.

Como varones debemos hacer un trabajo de interpelación colectiva. Tenemos que juntarnos, mirarnos las caras y profundizar en lo que somos; dar el trabajo de transformar nuestras prácticas cotidianas, en el espacio doméstico, en la calle, en los espacios de educación y de trabajo; entre hombres e identidades masculinas de todo tipo, encarando nuestras diferencias; con nuestras amigas, con las mujeres que convivimos, con nuestras parejas y vinculaciones sexoafectivas; pero no podemos esperar que sean las mujeres quienes nuevamente tengan el trabajo de educarnos. Tenemos que reconocer nuestros credos patriarcales, nuestros aprendizajes tempranos, nuestras prácticas presentes, tenemos que reconocernos como colectivo, cómo privilegiados, cómo gozadores de ese privilegio, reflexionar e identificarlos. Tenemos que organizarnos porque hay mucho que aprender aun: de historia feminista, de cuidados, de respeto, de escucha, de afecto, de horizontalidad, de comunión, de aprender a callar y no pararnos nuevamente en primera línea. Luchar contra el patriarcado y construirnos caminando hacia otros mundos posibles como aliados de una lucha feminista donde demostremos a través de nuestras acciones que tenemos el compromiso transformador, desde el apañe, la autocrítica y la responsabilidad política y por sobre todo, la praxis.

Se evidencia así una urgencia política que las mujeres levantan y exijen: aprender nuevas formas de vinculación, participar y construir relaciones afectiva y emocionalmente sanas y así, transformar la sociedad patriarcal junto a las compañeras; pero sin caer en ser los nuevos héroes, los nuevos “hombres deconstruidos y feministas”, sin volver a ser ese machito que levanta la bandera, se dice compañero, ¡pero violenta a las mujeres que lo rodean! No olvidemos a aquel sujeto que en una histórica marcha convocada por #Niunamenos en octubre del año pasado, acaparó todas las portadas al posar sin polera, mientras que con esa pose y espectáculo escondía su calidad de agresor y violentador. Esto no es pasarela para lucirnos, compañeros.

En este sentido, creemos que la pregunta por llamarnos o no “feministas” más entorpece y dificulta nuestra posición que cooperar con esta coyuntura; se vuelve un motivo de división en la lucha feminista. Como Asamblea de Varones (AAVAS), convocamos desde la consigna de lucha contra el patriarcado, teniendo como objetivo cuestionar y problematizar la categoría de “hombre” y las diversas identidades masculinas; y construirnos desde el lugar de varones antipatriarcales; al identificar al patriarcado y sus consecuencias estructurales como nuestro enemigo a combatir.

Varones: no busquemos la primera fila ni tener la última palabra. Nuestro mayor desafío es aprender a ser compañeros en esta lucha y para eso nos falta muchísimo.¿Cuántos somos los que estamos dispuestos a ello? ¿Cuánto queremos arriesgar? No pretendamos obstaculizar, acaparar o cooptar los discursos y prácticas organizadas de nuestras compañeras feministas. Debemos demostrar con energía y claridad que nuestras reflexiones y acciones tienen por objetivo reconocer y transformar los privilegios que nos constituyen, reconociendo esta transformación como un objetivo político central que se evidencia en nuestras prácticas cotidianas.

¡Menos machos, más compañeros!

Asamblea Antipatriarcal de Varones Santiago.

14 de mayo 2019

Fuente: http://desborde.cl

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