Rojava: La Democracia Radical, la primera línea de combate contra el Fascismo

by • 6 Mayo, 2017 • Medio Oriente, Mundo, Noticias, comunicados y columnasComments (0)290

Sucedió en Otoño de 2014, solo meses después de que el autodenominado Estado Islámico (ISIS) obtuvo masivas conquistas territoriales en Siria e Irak, cometiendo masacres feminicidas y genocidas, cuando una poderosa y revolucionaria línea plateada se alzó en el horizonte de la pequeña y poco conocida localidad de Kobane.

Una vez conquistadas Mosul, Tel Afar y Sinjar en Irak, así como una vasta franja territorial dentro de Siria desde 2013, el ISIS se preparaba para lanzar su ataque a la Siria septentrional, llamada Rojava por los kurdos. Lo que no esperaba era encontrarse en Kobane con un enemigo de naturaleza diferente, una comunidad organizada políticamente y dispuesta a defenderse con valentía y por todos los medios a su alcance, y con una visión del mundo que vuelve del revés la ideología de muerte del ISIS.

Fue Arîn Mîrkan, una joven y revolucionaria mujer kurda libre, quien se convirtió en el símbolo de la victoria de Kobane, la ciudad que quebró el mito del fascismo invencible del ISIS. Luchadora de las Unidades de Defensa de las Mujeres (YPJ), Arîn Mîrkan se inmoló haciéndose estallar a sí misma en Octubre de 2014 cerca de la crítica colina estratégica de Mishtenur, para rescatar a sus camaradas y para capturar la posición de manos del ISIS. Esto acabó decantando la batalla en favor de las Fuerzas de Defensa del Pueblo (YPG/YPJ) y de otros grupos armados aliados, acorralando al ISIS a la defensiva. Tras meses de combates sin descanso, que acabaron por empujar a la coalición encabezada por los Estados Unidos a prestar su apoyo aéreo, Kobane fue liberada.

Prácticamente cada día se publican vídeos con lugareños celebrando su liberación de las garras del ISIS: la gente baila, y fuma en público de nuevo por primera vez, los hombres se afeitan las barbas entre lágrimas de alegría, las mujeres queman y pisotean sus negros velos y gritan cánticos de libertad. A ojos de los combatientes y las comunidades organizadas en la región, en especial de las mujeres, esta épica contienda era percibida no como un conflicto étnico o religioso, sino como una batalla histórica entre el Mal concentrado de la modernidad estatista y capitalista encarnada en las bandas de violadores del ISIS y la alternativa de una vida en libertad personificada en las mujeres liberadas en la lucha.

La victoria de un Kobane revolucionario ilustraba en la práctica que la lucha contra el ISIS no consistía tan solo en un enfrentamiento armado, sino en una ruptura radical con el fascismo y los marcos estructurales que lo hacen posible. Esto, a su vez, requiere de instituciones de democracia radical, con autonomía social, política y económica, especialmente estructuras femeninas que se alcen en franca oposición frente a un sistema estatista de clase, jerarquía y dominación. Para liberar a la sociedad de una mentalidad y un sistema como el del ISIS, la autodefensa antifascista debe ocupar todas las áreas de la vida social, desde la familia hasta la educación, pasando por la economía en toda su extensión.

UN PRODUCTO DE LA MODERNIDAD CAPITALISTA

Ha habido muchos intentos de explicar el fenómeno del ISIS y su atractivo hacia miles de jóvenes, especialmente teniendo en cuenta la brutalidad de los métodos de su organización. Muchos alcanzaron la conclusión de que aquellos que viven bajo la sombra del ISIS a menudo sirven al grupo por miedo o por beneficio económico. Pero miles de personas de todo el mundo claramente se han unido a esta comunidad atroz no a pesar de, sino precisamente a causa de su capacidad para cometer los actos más inimaginablemente malignos. Pareciera que lo que atrae a gente de todo el planeta hacia este grupo extremista no es la religión, sino una sensación de poder despiadado y cruel, incluso aunque sea a riesgo de la propia vida.

Las teorías simplistas que se basan en una única causa por lo general fracasan al considerar el contexto regional e internacional, tanto político como social o económico, que facilita la emergencia de una doctrina contraria a la vida como la del ISIS. Debemos admitir el atractivo del ISIS hacia hombres jóvenes, despojados de la oportunidad de convertirse en seres humanos decentes, sin justificar el programa genocida y violador del grupo o sin ignorar la responsabilidad individual de los individuos que cometen tales crímenes contra la Humanidad. Es crucial contextualizar la sensación de recompensa inmediata que el ISIS ofrece en forma de poder autoritario, dinero y sexo, en una sociedad afectada por el cáncer del capitalismo patriarcal que convierte la vida en algo vacío, sin sentido ni esperanza.

Considerar el atractivo del ISIS como una patología en el trasfondo de la así llamada “guerra contra el terrorismo”, en lugar de situarlo en el contexto de unas instituciones mucho más amplias de poder y violencia que en conjunción generan sistemas completos de autoritarismo, nos impedirá empezar a entender qué empuja a “buenos chavales” de Alemania a viajar a Oriente Medio para convertirse en carniceros. Y así, el ISIS es tan sólo la manifestación más extrema de lo que parece una tendencia apocalíptica global. Con el reciente viraje hacia formas políticas autoritarias de derechas en todo el mundo, una palabra, una que se creía extinguida para siempre de las sociedades, ha regresado en nuestras vidas cotidianas y nuestro léxico político:

Por supuesto, hay inmensas diferencias entre los contextos, características y métodos de los diversos movimientos fascistas. Pero en lo referente a su organización jerárquica, líneas de pensamiento autoritarias, sexismo extremo, terminología populista y patrones de reclutamiento inteligentes, o capitalizar las necesidades, miedos y deseos percibidos entre grupos sociales vulnerables, el ISIS en muchos aspectos no es sino un reflejo de sus contrapartes internacionales.

Quizá podríamos concebir el fascismo como un amplio espectro, dentro del cual los estados consolidados a la cabeza del Sistema-mundo capitalista cuentan con los medios para reproducir su autoridad a través de ciertas instituciones políticas, doctrinas económicas, comercio de armamento, y hegemonía mediática y cultural, mientras que otros, por el contrario, se basan en formas más “primitivas” de fascismo, como la violencia extrema y en apariencia aleatoria. Hay claros paralelismos entre cómo los fascistas de todas partes confían en un régimen de paranoia, desconfianza y miedo, para reforzar el puño de hierro de Estado. Aquellos que lo desafían son etiquetados como “terroristas” o “enemigos de Dios”, y por tanto cualquier medida para destruirlos es admisible.

El fascismo depende sobre todo en la completa ausencia de mecanismos de decisión en manos de la mayoría de la comunidad. Se nutre de un clima en el que la comunidad es despojada de su capacidad de emprender acciones directas, expresar su creatividad y desarrollar sus propias alternativas. Cualquier forma de solidaridad y cualquier lealtad mostrada hacia cualquier cosa o persona al margen del Estado debe ser erradicada sistemáticamente, de modo que el ciudadano aislado e individualizado esté en manos del Estado mismo y de sus sistemas de control y acceso a la información.

Este es el motivo por el que uno de los pilares fundamentales del fascismo es el capitalismo, como sistema económico, ideología y forma de interacción social. En el sistema de valores de la modernidad capitalista, las relaciones humanas han de reducirse a meras transacciones económicas, calculables y mensurables en términos de interés y beneficio. Es fácil observar la capacidad del capitalismo para sacrificar la vida en nombre de fines presuntamente superiores como un símil del derroche de vidas humanas del ISIS en nombre de su pseudo califato de violación, pillaje y asesinato.

LA MÁS ANTIGUA DE TODAS LAS COLONIAS

Tal vez de forma más crucial, el fascismo no podría haber surgido nunca de no ser por la esclavitud de la más antigua de todas las colonias: las mujeres. De todos los grupos humanos oprimidos y sometidos, las mujeres han sido objeto de las formas más antiguas de violencia institucional. La idea de la mujer como un botín de guerra, como herramienta al servicio masculino, como objeto de recreo sexual y como último espacio sobre el que ejercer el poder absoluto persiste en cada uno de los fundamentos del fascismo. El surgimiento del Estado, en paralelo a la sacralización de la propiedad privada, fue instaurado sobre todo mediante la sumisión de las mujeres.

Desde luego, es imposible ejercer el control sobre poblaciones enteras, o crear profundas divisiones sociales, sin la opresión y marginalización de las mujeres, promovida por la narrativa histórica androcéntrica, la teoría productiva, el prestigio de determinadas prácticas y la administración de la economía y la política. El Estado se modela como copia de la familia patriarcal, y viceversa. Toda forma de dominación social es, en cierto modo, una réplica de la más cercana, conocida, directa y dolorosa forma de esclavitud, que es la subyugación sexual de las mujeres en todos los ámbitos de la vida.

Diferentes estructuras e instituciones de violencia y jerarquía, como el capitalismo o el patriarcado, tienen características igualmente diferentes, pero el fascismo constituye la colaboración concentrada, interrelacionada y sistematizada entre ellas. Y aquí es donde fascismo y capitalismo, unidas en la más antigua forma de dominación humana como es el patriarcado, halla su expresión más sistemática y monopolística en el Estado – nación moderno.

Anteriores regímenes a lo largo de la Historia han mostrado rasgos despóticos, pero siempre se han basado en códigos morales, teologías e instituciones divinas o espirituales para obtener legitimidad entre la población. Es una peculiaridad de la modernidad capitalista que base todas sus pretensiones de moralidad en la ley y el orden, y exponga su sistema de obscena destrucción sin más razón que el Estado en sí.

Sin la naturaleza jerárquica y hegemónica del Estado, que monopoliza el empleo de la fuerza, la economía, la ideología oficial, la información y la cultura, sin los omnipresentes aparatos estatales que penetran en todos los aspectos de la vida, desde los medios de comunicación hasta el dormitorio, sin la mano disciplinaria del Estado como Dios sobre la Tierra, no podría sobrevivir ningún sistema de explotación o violencia. El ISIS es un producto derivado de ambos modelos ancestrales de jerarquía y violencia, al tiempo que de la modernidad capitalista con su particular mentalidad, economía y cultura. Comprender al ISIS y, más ampliamente, al fascismo, implica comprender la relación entre patriarcado, capitalismo y Estado.

Democracia Radical frente a Extremismo Totalitario

Desde la liberación de Kobane, las YPG/YPJ se han reforzado tanto en términos cualitativos como cuantitativos, permitiendo a sus combatientes enlazar dos de los tres cantones, Jazira y Kobane. En las etapas iniciales de la guerra, la abrumadora mayoría de las fuerzas eran kurdas, pero el perfil étnico ha cambiado inmensamente con el tiempo.

En Octubre de 2015, las YPG/YPJ se unieron a un gran número de fuerzas regionales para crear una coalición multiétnica. Las recién formadas Fuerzas Sirias Democráticas (SDF, por sus siglas en Inglés) incluyen a kurdos, árabes, siríacos, asirios, chechenos, turcmenos, circasianos y armenios, comprometidos con una Siria secular, democrática y federal que no aceptará ni la dictadura de Bachar El-Assad ni a las fuerzas opositoras controladas desde el extranjero. Aunque bajo el ataque constante del ISIS y un abanico de otros enemigos, incluyendo varias milicias islamistas, el Ejército sirio, el Ejército Libre Sirio y el Estado turco, las SDF han liberado con éxito bastiones del ISIS como Manbij y Shaddadeh, y en la actualidad lideran la operación para liberar la autodenominada capital del ISIS, Raqqa. Controla casi toda la región fronteriza al sur de Turquía, que hasta ahora constituía la principal ruta de suministros del ISIS tanto en términos de abastecimiento logístico como de munición, capital y tropas.

Desde entonces, Turquía ha asumido la misión de entrenar milicias turcomanas leales al Estado turco en particular, así como en general a otras fuerzas sunníes. El Ejército estadounidense proclama constantemente que su apoyo a las SDF es hacia los árabes. Entretanto, fuerzas kurdas del ENKS, próximas al Partido Democrático del Kurdistán de Irak, a las órdenes de Massoud Barzani, intentan formar un Ejército kurdo a su propia imagen. Por tanto, el crisol multicultural de las SDF molesta no sólo a las fuerzas hostiles a la autodeterminación kurda, sino también a los proyectos más estrechos de miras del nacionalismo kurdo.

Al tiempo que combaten contra muchos enemigos fascistas a la vez, las SDF apenas constituyen el brazo de autodefensa material de un proyecto más amplio para defender a la sociedad del orden estatista, capitalista y patriarcal. Desde que se declaró la revolución en Rojava en 2012, incansables esfuerzos se han dedicado a crear una alternativa realista y viable que garantice una vida digna a las diferentes comunidades y grupos de la región. El sistema de Confederalismo Democrático en el norte de Siria fue adoptado por amplios colectivos entre las poblaciones de toda la región, y propone un modelo de Siria federal secular, democrática y con igualdad de género, mientras que las comunidades locales se movilizan desde la base para formar estructuras democráticas que parten de las comunas de barrio.

A través del modelo propuesto por Abdullah Öçalan de Autonomía Democrática como práctica de acción directa en un sistema de Confederalismo Democrático, la vida cotidiana en Rojava se organiza a través de la transformación de la política en un asunto esencial para cada habitante. Creando formas alternativas de organización social a través de la autogestión directa y la solidaridad, salvaguardadas por colectivos autónomos de mujeres y juventud, miles de personas se han convertido en dueños activos y comprometidos de sus propias vidas.

La democracia radical, por tanto, fortalece los lazos de solidaridad que el capitalismo intenta cercenar con agresividad para producir el tipo de personas individualistas y egoístas que necesita para sus fines últimos orientados tan sólo hacia el beneficio. A través de la participación directa y comunal en todas las esferas de la vida, las poblaciones locales, organizadas en estructuras autónomas y no estatistas, conllevan una satisfacción plena del individuo, la comunidad más amplia, y los lazos entre democracia e identidad.

En Rojava, hay un vínculo intrínseco entre la democracia radical y conceptos de pertenencia e identidad que asumen los valores éticos y democráticos como puntos de referencia, en lugar de los conceptos abstractos de mitos nacionalistas sobre los que reposa el fascismo. Con el paradigma de una Nación Democrática como antídoto frente al nacionalismo estatista, las protagonistas de la revolución en Rojava intentan formular una identidad en torno a principios en lugar de etnicismos. Esta sigue acomodando las diferentes identidades, para diversificar y consolidar la democracia dentro de la nueva unidad de pertenencia. Sólo comunidades sólidas como estas, basadas en la ética y la política (una “sociedad político-moral, según la define Abdullah Öçalan) en lugar de en conceptos sin sentido de identidad nacional, pueden defenderse de los ataques tangibles e ideológicos del enemigo fascista.

La democracia radical debe ser, por tanto, necesariamente internacionalista en su perspectiva, al tiempo que provee a todas las identidades de un espacio necesario para organizarse y democratizarse a sí mismas. La creación de las SDF como brazo de autodefensa de todos los integrantes de la región emana de la conclusión de que la era del Estado-nación ya está superada, y de que una vida en libertad no puede ser edificada sobre actitudes nacionalistas, ya que estas han estado entre las causas de la sangría. Lo que es más, la mera presencia de un ejército autónomo femenino (comprometido sin paliativos a la liberación de las mujeres de toda forma de dominación masculina) en un océano de violencia militarista y patriarcal, constituye el elemento más liberador, anticapitalista y antifascista en Rojava. Los principios que motivan a una mujer al compromiso militante con un mundo más justo y hermoso dentro de una sociedad conservadora y patriarcal requieren de un esfuerzo mental, emocional y físico colosal.

Es, de hecho, bastante subversivo adueñarse del símbolo de la dominación masculina para golpear al patriarcado en cualquier sitio. Pero estos movimientos han de ser acompañados por una revolución social más amplia. Organizándose en cooperativas, comunas, asambleas y academias, las mujeres han conseguido convertirse en la fuerza más vibrante y revolucionaria de Rojava, y las guardianas de la libertad. Aunque la dominación masculina aún no ha sido superada, las mujeres han establecido ya una cultura política general que ya no continúa asumiendo como natural el patriarcado, y que respeta incondicionalmente los mecanismos autónomos de decisión de las mujeres.

Las YPJ subrayan que la vía más directa para golpear la modernidad capitalista, el fascismo teñido de religión, el estatismo y otras formas de autoritarismo, es la liberación de la mujer. La operación Ira del Éufrates para liberar Raqqa, donde el ISIS todavía retiene a miles de mujeres como esclavas sexuales, está dirigida nada menos que por una mujer kurda llamada Rojda Felat. Las escenas de luchadoras de las YPJ siendo abrazadas y besadas por mujeres forzadas a vivir bajo el yugo del ISIS durante años han dejado ya su huella en la historia del Oriente Medio del siglo XXI.

El antifascismo es internacionalismo

La imagen pública de las fuerzas armadas de Rojava cambió abruptamente a ojos de las facciones de la izquierda tras la liberación de Kobane. Al tiempo que fue, innegablemente, una batalla histórica, ganada por una comunidad organizada y el poder de las mujeres libres, la simpatía general se tambaleó en el preciso momento en que las fuerzas sobre el terreno recibieron apoyo aéreo de la coalición encabezada por Estados Unidos. Los kurdos y sus vecinos, tradicionalmente entre las víctimas más castigadas por el imperialismo en Oriente Medio, no necesitan precisamente que les vengan a descubrir los males del imperio. El genocidio y las masacres sufridas a manos de fuerzas colaboracionistas de las fuerzas imperialistas perviven en la memoria de sus supervivientes. Las perspectivas dogmáticas y maniqueas y las críticas con estrechez de miras no proponen alternativas viables a un pueblo que está luchando sobre el terreno por su mera existencia. Lo que es más importante, no salvan vidas.

Para la gente cuyas familias estaban siendo masacradas por el ISIS, la facilidad con la que los izquierdistas de Occidente parecieron abogar por el rechazo a la ayuda militar en favor de nociones románticas de pureza revolucionaria eran, cuanto menos, incomprensibles. Proclamar el antiimperialismo incondicional, desconectándose de la vida real y sus circunstancias concretas, es un lujo que sólo los que están alejados del trauma de la guerra se pueden permitir. Aunque siendo muy conscientes de los peligros de ser instrumentalizadas, tan sólo para ser luego abandonadas por los poderes hegemónicos como Rusia o Estados Unidos, y colocadas entre la espada y la pared, la prioridad de las SDF fue (y sigue siendo) ante todo sobrevivir y eliminar las amenazas más inmediatas para la mera existencia de cientos de miles de personas diseminadas por los amplios territorios que controlan.

Al tiempo que hay quienes, en Occidente, han adoptado hacia las SDF una actitud de solidaridad basada en los principios y comprensiva con la complejidad de la situación, que entiende las condiciones sobre el terreno y trabaja dentro del marco de las contradicciones, otros tomaron como pretexto la presunta “colaboración con el imperialismo” para rehusar toda forma de reconocimiento de los elementos positivos que la revolución en Rojava podría proponer en un contexto de guerra y caos. Por descontado, ningún empeño revolucionario de los últimos siglos ha sido puro, o perfecto. Y el hecho de que las SDF puedan, no sólo luchar semejante batalla, sino también ostentar la superioridad moral sobre cualquier otra facción armada en la guerra de Siria, es un aspecto a considerar en su comportamiento bélico. Pero el sectarismo dogmático en el que permanece enmarañada gran parte de la izquierda occidental, tanto sobre el conflicto en Siria como sobre Rojava en particular, dice más acerca de la situación de la izquierda occidental que de las realidades tangibles de la resistencia antifascista sobre el terreno.

Es fácil rechazar cualquier forma de autoridad y poder cuando estos permanecen fuera del alcance de los revolucionarios. Pero es ineludible ejercer el poder revolucionario (y cuando es necesaria, su autoridad) para proteger a millones de personas. Tratar de institucionalizar un sistema emancipador sin caer en las trampas del autoritarismo exige valentía y asumir riesgos. Mientras los empeños revolucionarios no erradiquen el peligro del autoritarismo en su propio seno, prevalecerán las cooptaciones y traiciones imperialistas, las mentalidades jerárquicas, la corrupción y el abuso.

Los gobiernos envueltos en la guerra contra el ISIS contribuyeron al caos por medio de sus propias políticas y el comercio de armas, y en última instancia comparten una mentalidad similar a la que sustenta al ISIS. Nunca podrán ser quienes lo derroten. Los principales enemigos del ISIS son precisamente aquellos que se le enfrentan con una forma radicalmente opuesta de concebir la vida. Derrotar al extremismo autoritario sólo es posible a través de la democracia radical y la liberación de la mujer. Dentro de este contexto, las SDF constituyen una de las luchas antifascistas más importantes de nuestro tiempo. Deben ser apoyadas.

La muerte heroica de Arîn Mîrkan fue un himno a la vida, a la libertad, a la emancipación de la mujer. Su entrega altruista de solidaridad hacia su pueblo y hacia la liberación de las mujeres en particular fue un duro golpe no sólo para el ISIS, sino para la misma mentalidad del enriquecimiento económico individual sacralizado en la globalización capitalista. En un mundo que sexualiza y reduce a las mujeres a objetos, Arîn Mîrkan utilizó su cuerpo como última línea de defensa contra el fascismo.

La batalla de Kobane inspiró el imaginario creativo de gente de todo el mundo. Ilustró que una organización políticamente consciente y organizada (incluso una con medios muy limitados) puede derrotar al armamento más poderoso, la ideología más oscura y el enemigo más aterrados. La tarea de los antifascistas hoy debe ser la de no rendir nunca sus vías de resistencia frente al estatismo y las instituciones autoritarias, y recuperar los medios para organizarse y defender a la comunidad. Para rendir homenaje a las revolucionarias heroicas como Arîn Mîrkan, la lucha antifascista debe movilizarse en cada aspecto de la vida y proclamar:

Êdî bes e — ya basta — enough!

Dilar Dirik*

Fecha de publicación original: 20.04.2017

Fuente: ROAR Magazine

Traducido por Rojava Azadî


*Activista del movimiento de mujeres kurdas, y escribe habitualmente sobre las luchas por la libertad en Kurdistán para el público internacional.

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