Efraín Plaza Olmedo, el vengador de los oprimidos en Santiago de 1912

by • 6 Diciembre, 2016 • Artículos, Carceles, Historia anarquista, Historia social, Organización, TrabajoComments (0)366

La Sociedad de Resistencia era la unidad básica de organización social del anarquismo, marcada por el asamblearismo y la horizontalidad. Durante los primeros años de la década de 1910, existió en Santiago la Sociedad de Resistencia de Oficios Varios, que se vería vinculada a finales de 1911 en la investigación sobre un atentado explosivo contra el Convento de los Carmelitas Descalzos, en Independencia, el 21 de diciembre, exactamente a 4 años de la matanza de obreros en Santa María.

La investigación judicial sobre estos hechos desembocó en el procesamiento de muchos de sus miembros y simpatizantes, además de llegar a conocer algunos documentos en que demostraba su carácter bastante “políticamente incorrecto”, dentro de su declaración de principios se aceptaba la lucha de clases como camino para el mejoramiento social de los asociados y de la clase, así como la aceptación de la huelga, el boicot y el sabotaje, además del empleo de la “acción directa” junto con la propaganda escrita y por medio de conferencias, como medios de lucha para conseguirlo.

En la Oficios Varios participaron miembros de todos los grupos ácratas que funcionaban en Santiago: del periódico La Protesta, El Productor y Luz i Vida, también de Libertad y Avance, del Centro Dramático Máximo Gorki y del Musical Obrero. Además participaron sujetos al margen de otras organizaciones e individualidades vinculadas a la Unión en Resistencia de Panaderos, tranviarios y zapateros, carpinteros y oficios más calificados como herreros, mecánicos, carroceros, peluqueros, catreros y tipógrafos. Dentro de las individualidades afines a esta organización estaba precisamente Efraín Plaza Olmedo, carpintero, domiciliado en San Diego, de 26 años de edad, soltero, que lee y escribe.

efrain_finalEste anarquista individualista santiaguino (lector de autores como Max Stirner), el 14 de julio de 1912 disparó en la calle de Ahumada esquina de Huérfanos -centro del comercio y lugar de paseo de la burguesía-, matando a dos jóvenes de la clase alta. Posteriormente trató de darse a la fuga pero fue detenido en momentos en que intentaban lincharlo mientras declaraba: “Tengo la satisfacción de haber vengado á los oprimidos”.

Al ser interrogado, el reo declaró que “él estimaba que sólo con medios violentos podía conseguirse remover el actual estado de cosas”. Más adelante agregaría que el revólver lo había comprado “para dar muerte al Presidente Pedro Montt y a algunos jefes militares responsables de la matanza de la Escuela Santa María”.

Después de su acción, la prensa y la opinión pública se involucraron en el siempre actual debate sobre la violencia. Algunos ácratas, a través del periódico La Batalla, dirían “¡Hermano! Te llaman asesino los idiotas y nosotros te llamamos justiciero”. Otros anarquistas buscaron distanciarse de este núcleo, separándose las aguas entre sindicalistas, socialistas, libertarios, maximalistas, anarquistas, anarcosindicalistas, anarcocomunistas, etc. (Sólo en 1923 con el fin de la clandestinidad de la IWW, se unirían nuevamente estos sectores durante unos años más) Por su parte, los sectores reaccionarios, organizados en la Federación Patriótica, no tardarían en llamar a un desfile en contra del crimen, y del anarquismo y otras “doctrinas sediciosas y antipatrióticas”.

Durante el proceso judicial el Promotor Fiscal, pidiendo condena ante el juez, establece que:

“Encargado reo Plaza Olmedo, mantiene su declaración en que confiesa
ser autor del doble crimen (…) que salió de su casa con revólver en el bolsillo
resuelto á matar a un burgués. (…)
Que después de la matanza de obreros de Iquique, ocurrida hace algún tiempo,
aumentó su indignación la catástrofe en el mineral ‘El Teniente’ y por esto
decidió atacar á la burguesía para vengar á la clase obrera.
Insiste en que el crimen lo cometió con toda premeditación
y repite que por sus ideas anarquistas”.

A mediados de mayo de 1913 sería condenado a 20 años de prisión, más accesorias por cada uno de los asesinatos, con la atenuante de irreprochable conducta anterior que impidió la condena a muerte.

Ya entre rejas, Plaza Olmedo seguiría con sus acciones de protesta. Una serie de comunicados enviados a sus compañeros de La Batalla, daban cuenta de que el alcaide lo obligaba a asistir a la misa dominical tras esposarlo y golpearlo los guardias, pese a lo cual no dejaba que el cura dijera una sola palabra, insultándolo, tanto a él como a los guardias y al juez. De regreso a la celda, siguió repartiendo improperios al sacerdote y al juez por lo cual pretendieron engrillarlo de pies y manos, a lo que resistió, sacando un fierro de su celda, aturdiendo a uno de los carceleros.

Sus constantes desórdenes desembocarían en “innumerables algarradas” y también buscó propagar su ideal entre los demás reclusos. Las huelgas de hambre y los motines se multiplicaron, así como los reclamos ante las autoridades de la Penitenciaría de Santiago. Su reclusión solitaria y sin derecho a visitas durante 4 años, y más tarde su traslado a la Penitenciaría de Talca cortarían sus nexos con sus compañeros. Aunque la prensa anarquista elevaría su protesta contra la prisión de Plaza Olmedo, a ella se sumaría el apoyo de la Federación Individualista Internacional.

La rearticulación de la IWW significó la multiplicación de las movilizaciones por la libertad de Plaza Olmedo, ahora con apoyo de amplios sectores de la sociedad, incluso del Partido Comunista y la Federación Obrera de Chile, ahora controlada por éste.

El movimiento militar de los oficiales jóvenes del ejército, más aún con su viraje hacia la izquierda desde enero de 1925, en su intento de granjearse las simpatías obreriles, declararía el indulto para Plaza Olmedo. El primer domingo de marzo de 1925, Plaza salía de la Penitenciaría de Talca con 39 años de edad, trece de prisión política, de los cuales 56 meses fueron de aislamiento total. Declarando más tarde en el periódico Acción Directa, que: “¡La cárcel a mí no me atormentó, compañeros! Yo siempre viví al margen del dolor en la prisión”, y se incorporó “lleno de entusiasmo por la lucha social”. Desde entonces participará activamente en las movilizaciones de los arrendatarios de Santiago, en pos del abaratamiento de los cánones de arriendo y por la mejora de las condiciones de vida de los sectores populares urbanos.

El 27 de abril, se encontraría un cuerpo a un costado del camino de Conchalí, junto a un canal y bajo un robusto sauce. Era Efraín Plaza Olmedo. La prensa ácrata declarará “¿Suicidio o asesinato? No nos interesa. De todos modos señalamos al capitalismo, señalamos al Estado, como los grandes responsables de la muerte de este hombre que con su palabra henchida de bondad y de amor y con su acción revolucionaria hizo vacilar sus bastardos intereses”.


Bibliografía:
Sobre el atentado al Convento de los Carmelitas Descalzos y la Oficios Varios, véase el Legajo 1675, del Fondo Judicial Criminal de Santiago (FJCS)

Sobre el atentado de Plaza Olmedo, puede revisarse la prensa de la época, destacando El Diario Ilustrado, Sucesos, El Mercurio y La Nación, desde la prensa oficial. De la prensa obrera por su parte, se puede seguir el debate entre las posiciones opuestas dentro de las organizaciones populares, revisando “El Despertar de los Trabajadores”, periódico dirigido por Recabarren, en el que se condena los hechos; y “La Batalla”, en que se explica las razones del reo y se reivindica su acción.

Sobre el tema en particular, se recomienda el texto de Alberto Harambour. “Jesto y Palabra, Idea y Acción. La historia de Efraín Plaza Olmedo”. En: Colectivo de Oficios Varios. “Arriba Quemando el Sol. Estudios de Historia Social Chilena: Experiencias populares de trabajo, revuelta y autonomía, 1830-1940”. LOM, Santiago, 2004. páginas 137-193.

– Grez, Sergio. “Los Anarquistas y el Movimiento Obrero en Chile. La alborada de “la Idea” en Chile, 1893-1915″. LOM, Santiago, 2007.

Fuente: Taller de Historia Social Popular.

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