Un día laboral más en la vida de Harry

by • 25 octubre, 2016 • ArtículosComments (0)674

el-amor-y-la-pareja-objetoHarry ha conseguido un nuevo empleo después de un tiempo largo sin poder trabajar; trabajará 12 horas al día y 8 en sábado. Harry está contento después de tiempo de inactividad aunque el horario le parece del todo excesivo, pero por el momento eso le va a permitir vivir.

El empleo tiene buena pinta: nada de trabajos “forzados” (piensa él) ni nada de trabajar como en su antiguo oficio, la mina. Ahora tendrá un trabajo bajo techo en el que va a saber exactamente a qué hora va a entrar y a salir. Harry ha conseguido un empleo en una gran fábrica.

Ya sabe cuál va a ser su trabajo: su trabajo consistirá en colocar maderas sobre un tope en la mesa de una máquina, pulsar un botón para que quede fijada y a continuación pulsar un pedal para que la sierra baje y corte. Esa va a ser su única ocupación solo interrumpida cuando tenga que cambiar o el carrito de entrada o el carrito terminado. Deberá cortar 300 piezas a la hora, con lo cual al día deberá presentar un parte de alrededor de 3.000 piezas; los sábados no realizará producción sino limpieza.

Harry es un tipo que sabe cómo funciona la psique humana y entiende que este tipo de trabajos terminan afectando lo emocional. Su sabiduría y su autoconciencia en este caso son una condena. Levanta la mirada por un momento para observar a sus compañeros en sus respectivas máquinas y observa personas resignadas a sus destinos o incluso personas que, al no plantearse cuestiones como las que se plantea él, parece que pueden llegar a un grado de felicidad que él no podrá aspirar. Harry no está en ese caso pues sabe lo que hay, y sabe que trabajar en algo que a uno no le gusta acaba menguando la salud. Pero es lo que hay y no hay más, debe comer y vivir, y en este sistema uno ha de hacer lo que pueda para ello. Harry no ha elegido trabajar en eso sino que no le queda alternativa, no hay más empleos a la vista y él debe vivir. Triste sistema de producción, piensa Harry.

Han pasado 5 horas y está cansado de tanta repetición: madera, botón, pedal…madera, botón, pedal…”Esto es un sin sentido, voy a convertirme en un robot”. Mira por la ventana que da a un patio lleno de paquetes de madera y en el montón más alto observa un pájaro que parece que también le mira. Harry reflexiona: “¿Quién es libre de los dos? Tú trabajas para conseguir comida y nada más; los hombres trabajamos mucho tiempo más.” “¿Para qué todo esto?” Piensa que él trabaja 12 horas al día a las que habrá que sumar tres más de desplazamiento entre ida y vuelta. En total 15 horas dedicadas en exclusiva al trabajo. Si a 15 le sumamos las 8 para dormir salen 23. Le queda 1 para comer, para comprar y para hacer las gestiones que tenga que hacer. “¿Esto es razonable?” Se pregunta. “¿Es razonable el tipo de sistema que hemos construido?” “¿Por qué unos deben dedicar tanto tiempo de vida para ganar unas míseras monedas y en cambio otros tienen el dinero por “castigo”?

Harry sigue mirando al pájaro y no entiende por qué un simple pájaro puede ser libre y el hombre debe estar enjaulado apretando botones sin parar durante gran parte del día. “¿No sería suficiente con menos horas? ¿Por qué he de trabajar tan duro y tantas horas para percibir un salario que me permita apenas malvivir?  Vuelve a preguntarse: “¿Dónde está la razonabilidad?”

Harry sigue observando al pájaro revolotear esta vez sobre el árbol del patio y por un momento desearía ser un pájaro…

Vicente Berenguer


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C. La Peste

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