Bases para una Economía alternativa

by • 11 abril, 2016 • Artículos, Economía, Práctico, TrabajoComments (0)682

economiaalternativaConferencia Bases para una economía alternativa.

Conceptos teóricos económicos y bases para proyectos.

Qoliya y José Ángel

En primer lugar, es necesario contextualizar esta charla, que se expuso dentro de las I Jornadas sobre Economía Alternativa organizadas por la CNT-AIT. La charla se desarrolló a la vez que la Conferencia Confederal de Sindicatos sobre el mismo tema, por lo que estaba dirigida fundamentalmente a un público no afiliado al sindicato.

Valga como contextualización dentro de la realidad socioeconómica que estamos viviendo este párrafo perteneciente al texto de invitación a las Jornadas y que aparece en el dossier que se entregó previo a la celebración de las mismas: “El retroceso de la ilusión del Estado como salvaguarda de unos mínimos nos devuelve a la realidad de hace más de un siglo, cuando éramos las personas trabajadoras las que, aparte de producir para aquellos que detentaban el poder y el capital, proveíamos de lo imprescindible a los más cercanos (cuidados, alimentos, vivienda, vestido, cajas de resistencia…) y, a través de fórmulas asociativas como sindicatos, cooperativas o sociedades de socorro, encontrábamos respuesta a los servicios que iban más allá del ámbito vecinal: sanidad, auxilio social y educación”.

Objetivo:

El propósito de la charla era explicar y difundir la posición actual de la CNT respecto de cuáles podrían ser las bases de una economía alternativa al capitalismo. Esta exposición se basó fundamentalmente en los acuerdos que figuran en las Actas del X Congreso de la CNT (Córdoba, 2010) dentro del Acuerdo sobre Acción Social. Obviamente, al no reducirse el acto a una mera lectura pública de los mencionados Acuerdos, también contó con las aportaciones subjetivas del ponente en base a su experiencia de muchos años en proyectos de este tipo.

Metodología y esquema de la charla:

Al permitir el número de asistentes establecer una dinámica más participativa, el ponente procedió a presentarse e invitó a las personas asistentes a hacer lo propio. Dicha presentación consistió en compartir los motivos del interés por el tema, y la experiencia práctica que se hubiera tenido en éste.

El esquema de la charla consistió en una breve definición de los dos términos básicos que nos habían convocado a las Jornadas: “Economía” y “Alternativa”, seguida de una exposición explicativa de las bases para una economía alternativa que aparecen en punto 2.2.3., “Cuestiones a considerar para los proyectos económicos dentro de la CNT” -dentro del subapartado 2.3., “Economía colectivista y proyectos autogestionados”, del apartado 2., “Vías para la acción Social” del Acuerdo sobre Acción Social del último Congreso Confederal de CNT-. Posteriormente se dedicó un tiempo amplio para preguntas, aportaciones y libre debate entre el público (en su mayoría participantes en los días anteriores de las Jornadas).

  1. Sentando las bases para entendernos,algunas definiciones.

Al hablar de “economía alternativa”, como de cualquier tema, y más en los que pueden entrar diversas interpretaciones políticas, ideológicas, de clase…, es preciso definir, aunque sea mínimamente, qué entiende cada interlocutor/a por los términos más básicos de los que se va a hablar. Esto facilita la comunicación y el entendimiento de las diferentes posturas en aras de un enriquecimiento mutuo.

El tema de la economía está de candente actualidad por las duras repercusiones que está teniendo sobre las condiciones de vida de las personas trabajadoras. Somos víctimas de un sistema económico del que dependemos, y el objetivo de una organización transformadora no puede ser otro que liberar a las personas de toda dependencia de quienes las oprimen aunque, como en este caso, ello pase por “morder la mano que nos alimenta…”. Asimismo, esta aludida actualidad de todo lo económico está teniendo un reflejo en los “novísimos” movimientos sociales tipo 15M que reivindican una “¡Democracia real, YA!”, a lo que nosotros/as completamos con un “¡Democracia económica real, YA!”, también porque la democracia formal que padecemos se ha olvidado de las ocho o más horas diarias que vivimos bajo el régimen dictatorial de las empresas capitalistas.

El remedo de parlamentarismo en el mundo laboral que suponen los Comités de Empresa constituye una especie de caricatura de su hermano mayor, el Parlamentarismo político, en el que los partidos han sido sustituidos por unos “sindicatos” corporativistas totalmente integrados en la dinámica del mercado de trabajo capitalista y a sueldo, por la vía de las subvenciones del Gobierno de turno. Al desprestigio de la clase política a ojos de la mayor parte de la población hay que sumar el de todo el ejército de aparatos burocráticos de las centrales sindicales como defensores de sus propios intereses como corporaciones y no de la clase trabajadora. En este sentido, la CNT sí quiere ser una alternativa a todo este “desorden establecido” apostando por una economía que busque la cobertura de las necesidades humanas como objetivo fundamental, para, en base a éste, construir las estructuras organizativas de producción, distribución y consumo necesarias y suficientes.

Pero no sólo la finalidad distingue el proyecto de la CNT de otros pretendidamente alternativos” sino también, y de manera primordial, por los medios que propone para conseguirla: unos medios coherentes con su finalidad. Aquí entramos en la definición de la segunda palabra en cuestión: “alternativa”. Esta palabra tiene la virtualidad de ser muy incluyente, pero el defecto de ser absolutamente relativa. Una alternativa lo tiene que ser siempre con respecto a algo. En este caso nos referimos al sistema económico predominante: el capitalismo. Una alternativa lo será más cuanto más incida en las bases de aquello a lo que pretende sustituir, y no se quede sólo en aspectos superficiales. De lo contrario, en el fondo seguiría siendo más de lo mismo.

No es propósito de esta charla hacer una exposición sistemática y pormenorizada del capitalismo, pero, al examinar supuestas alternativas que se presentan hoy, nos parece fundamental hacer hincapié en al menos dos aspectos fundamentales.

El primero, que la alternativa económica que queremos construir busca el fin de la explotación del ser humano por el ser humano, lo cual implica acabar también con el gobierno del ser humano por el ser humano. El segundo, que los medios de producción han de ser colectivos, y no nos referimos ya tanto a los medios clásicos como a los recursos naturales, los conocimientos y la capacidad de autoorganización.

La reapropiación del primer tipo de medios de producción nos sigue devolviendo a la necesidad de invertir la correlación de fuerzas contra las clases poderosas, y el segundo nos remite a la recuperación de saberes desvalorizados o que han nacido libres y colectivos, como el conocimiento campesino acumulado durante siglos o el de las comunidades de software libre. Además, es fundamental la capacidad de autoorganización, que no ha de ser arrebatada sino que depende de nosotras mismas, de que la creemos y construyamos día a día.

En el V Congreso de la CNT (1979) ya se hacía una crítica del cooperativismo -que no de la cooperación, base ésta del apoyo mutuo-, a favor de las colectividades de distribución y consumo. Esta cuestión se ratificaba en el X Congreso, celebrado ya en 2010. Dejando a un lado los fraudes de ley, como las empresas capitalistas que adquieren por interés fiscal o para ahorrarse costes laborales la forma jurídica de cooperativas, y los casos más conocidos de degeneración cooperativa de multinacionales como la Corporación Cooperativa Mondragón, existe un buen número de cooperativas, que dicen pertenecer a los movimientos sociales o de izquierdas, cuya dependencia económica de los presupuestos de las diferentes administraciones del Estado es total, por ser éstas sus únicos clientes pagadores y por ser ávidas perceptoras de subvenciones. Sin embargo, se dicen “alternativas” simplemente porque adoptan la forma jurídica de Cooperativas de Trabajo Asociado. Son firmes defensoras del Estado como defensor de los/as trabajadores/as frente al liberalismo de las derechas y su actividad “productiva” se basa en conseguir contratos de ayuntamientos de Izquierda Unida, no pocas veces para impartir formación sobre el propio cooperativismo con un lenguaje autogestionario pero, en el fondo, profundamente proestatal. Ni que decir tiene que la autogestión que practicó y que propugna la CNT no tiene que ver con conseguir autoempleo a base de contactos en partidos de izquierda ni de ningún signo político.

Como conclusión a esta primera parte decir que en los últimos tiempos parece haber un clima propicio para la búsqueda de alternativas en el campo de la economía, tanto por la llamada “crisis”, como por parte de los movimientos sociales (15M, Cooperativas Integrales, Federaciones de productores autogestionarios…), y afiliadas/os a los sindicatos de la Confederación que están impulsando proyectos concretos. Sin embargo, los proyectos deben ser promovidos por unos valores y, en el caso de la militancia confederal, por una convicción en los principios, tácticas y finalidades de la organización anarcosindicalista, y no un oportunismo, quizá bienintencionado pero coyuntural, motivado por la crisis y el paro masivo que harán que, a la menor perspectiva de bonanza capitalista, se abandonen de inmediato todos los proyectos.

  1. Bases propuestas para proyectos de economía alternativa.

Se exponen a continuación las que, entendemos, pueden ser las bases de proyectos de economía alternativa en coherencia con los principios, tácticas y finalidades de la CNT. Estas ideas aparecen reflejadas en punto 3.3.2. del Acuerdo sobre Acción Social del último Congreso Confederal de la anarcosindical:

*Una economía colectiva. Frente al individualismo, una de las características esenciales del capitalismo. Todas las demás bases han de construirse desde esta lógica de lo colectivo. Esta opción no ha de menoscabar el respeto por la persona y el libre desarrollo de su personalidad y creatividad en convivencia con las demás.

*Consenso en cuanto a los principios básicos. Sentar unas bases claras, que no den lugar a infinitas interpretaciones, y que no haya que discutirlas constantemente. Esto implica profundizar sobre las cuestiones básicas del proyecto hasta llegar al consenso. Es necesario un conocimiento mutuo previo entre las personas que quieren formar parte del proyecto.

*Cubrir necesidades básicas como objetivo. Partir de un estudio y del consenso acerca de cuáles son las necesidades básicas, materiales y no materiales, a cubrir, ya que la planificación ha de ir en base a éstas. Planificar implica no sólo el qué y el cuándo, sino el quiénes, y cómo y, por tanto, una formación previa sobre los conocimientos y habilidades prácticas necesarias. Cubrir las necesidades básicas implica la renuncia a necesidades superfluas, sean las propias de los integrantes o de otros en caso de que se produzca “para fuera”.

La producción está al servicio del consumo. Como todos somos a un tiempo productores y consumidores, -sólo la ideología capitalista separa y enfrenta estas dos facetas-, la correlación entre lo que necesitamos y el esfuerzo que hay que aportar para producirlo se aprende con la experiencia, y se organiza mediante el libre acuerdo y no con abstracciones como “el libre juego entre la oferta y la demanda”. Sin empresarios que organicen y gestionen la producción, ni mercaderes que parasiten en las relaciones de consumo.

Es fundamental para que las planificaciones se adapten a la realidad y se vaya aprovechando la experiencia acumulada hacer evaluaciones periódicas. No sólo han de evaluarse las actividades planificadas respecto de sus objetivos a corto plazo, sino también ver en qué grado lo realizado se aproxima a las bases y principios por los que se rige el proyecto. Por último, es necesario volver a planificar, siempre en función de los resultados de las evaluaciones.

*Autogestión. La independencia respecto de toda forma de poder es consecuencia de una actitud que debe estar presente en todo proyecto alternativo al sistema dominante. Es fundamental estar constantemente en contra del poder.

La toma de decisiones ha de hacerse en asambleas conformadas exclusivamente por quienes forman parte del proyecto. Pero el asamblearismo no está exento por sí mismo de formas de poder. Para poder decidir en igualdad, es necesario disponer de formas de comunicación en las que todo el mundo tenga acceso a la información. No hay horizontalidad cuando las decisiones son en igualdad pero la participación no, ya que unas personas deciden lo que tienen que hacer otras. Autogestionar no es sólo decidir, también es hacer. Cada cual ha de participar en la toma de una decisión en la medida en que ésta le afectará.

*Aprendizaje permanente. El grado de experiencia y conocimientos afecta a todas las demás bases planteadas: desde cómo se toman las decisiones hasta nuestra relación con el medio. Es fundamental crear espacios para el aprendizaje colectivo o, mejor aún, que se facilite durante el desarrollo mismo de las actividades la posibilidad de aprender, teniendo en cuenta esto en la planificación de las actividades y llevándolo a todos los campos de manera trasversal.

*Relaciones directas. Cualquier actividad de intermediación con carácter lucrativo no tiene carácter económico sino especulativo o parasitario de la actividad económica.

*Estabilidad independiente del crecimiento. A diferencia de lo que ocurre en el capitalismo, no es necesario un crecimiento constante para sobrevivir. Para ello, hay que eliminar la obsesión por el crecimiento cuantitativo y pensar más en la multiplicación de las iniciativas y su federación, así como en el crecimiento cualitativo que implica llevar a la práctica los principios básicos.

*Acceso a los medios de producción. Los medios de producción no son sólo los materiales, sino también los conocimientos, las relaciones, etc. Una economía alternativa no puede basarse en tomar los medios de producción tradicionales del desarrollismo capitalista para simplemente “ponerlos en otras manos”. Por ejemplo, no tendría sentido autogestionar las necesidades energéticas ocupando una central nuclear. Hay medios de producción que es preciso reapropiarse, pues están en poder de las clases dominantes, y otros que hay que retomar porque han sido desvalorizados y condenados al olvido. Así, hay que cambiar la correlación de fuerzas para tomar el control de los recursos naturales, pero otros medios de producción, como son el conocimiento de la naturaleza o la capacidad de autoorganización, precisan de grupos de aprendizaje colectivo para recuperar conocimientos campesinos seculares adaptados a las realidades locales y la memoria histórica de las luchas populares. Las subvenciones no suponen un caso ni de lo uno ni de lo otro, simplemente conducen a la dependencia del poder y de sus directrices políticas.

*Uso de tecnologías simples. La tecnología empleada no debe generar nuevas necesidades ni dependencias. En el grado de eficiencia debe incluirse en los resultados los efectos no deseados y el tipo de organización social que reproduce. En los recursos utilizados no debemos atender solamente al momento de su utilización, sino de la encadenación/acumulación de costes reales anteriores. Es fundamental la recuperación de conocimientos válidos de otras épocas y culturas en cuanto a autonomía y eficiencia e idear (que no idealizar) diferentes formas de producir.

*Relación equilibrada con la naturaleza. Empieza por tener en cuenta el coste ecológico real de lo producido. Por un lado, el consumo de materias primas y energía de todo el proceso debe respetar la capacidad de regeneración de los recursos naturales que emplea. Y, por otro lado, debemos ser conscientes de los efectos no deseados y el deterioro que nuestra actividad económica genera a la autorregulación del sistema natural. El sistema natural ha de ser recuperado, entre otros motivos, porque de él proviene todo lo necesario para la vida y su reproducción.

*Lo productivo y lo reproductivo. Es necesario visibilizar y valorar la aportación real a la cobertura de necesidades, la economía, de todas las actividades y actitudes relacionadas con lo reproductivo como base de lo productivo. Sin cuidados no hay vida social ni vida económica.

*Interacción con el contexto social. Un proyecto no puede estar encerrado en sí mismo y, como ya hemos señalado, se desarrolla siempre en un contexto geográfico y temporal concreto. Así mismo, dado que el capitalismo no es sólo un sistema económico, sino que la dominación se extiende en todos los aspectos de la vida social, es necesario insertar la lucha económica en procesos más amplios de lucha.

*Tomar parte en redes económicas de apoyo mutuo. Es muy difícil que un proyecto aislado pueda cubrir todas sus necesidades. Por ello, es imprescindible para poder empezar a hablar de Economía Alternativa con mayúsculas la formación de redes o federaciones de personas y grupos basadas en el apoyo mutuo.

*Influencia de lo no económico en lo económico. La realidad social es mucho más compleja que lo meramente económico, e igual que esta dimensión afecta a las demás, esta influencia es fuertemente recíproca. Por eso hablamos de “sistema”. En otras palabras, hay cuestiones que afectan a la economía que no pueden resolverse desde lo económico. La experiencia nos enseña que la mayor parte de los proyectos fracasan por conflictos en las relaciones interpersonales y de convivencia cotidiana, más que por enfrentamientos ideológicos de tipo teórico. Es necesario que un cambio cultural, de valores y de conciencia acompañe a los cambios ideológicos y sociales. Especial relevancia posee el conflicto de las relaciones entre lo que culturalmente llamamos “géneros”.

*La excepción no hace la regla. Hay veces que en la práctica no queda más remedio que no cumplir alguna o varias de las bases anteriores. Estas decisiones no tienen por qué afectar al futuro del proyecto si se toman de manera bien consciente y, por tanto, no sientan precedente ni pasan a convertirse en algo habitual. Además, es imprescindible que se acompañen de un compromiso de buscar otras soluciones, coherentes con los principios del proyecto, para las próximas veces en que se presenten de nuevo dichas situaciones. Esto es especialmente importante cuando se plantea empezar de una manera para, poco a poco, pasar a hacer las cosas como realmente queremos.

*Que funcione!: es decir, que vaya cumpliendo sus objetivos. Cuando no funcione no desanimarse. Estudiar si el fallo está en la propia formulación del proyecto, -en las bases, la planificación-, o bien en su desarrollo. Una cosa es que el objetivo no sea la máxima productividad a cualquier precio, y otra que lo que hagamos sea tan ineficiente que se derrochen recursos naturales y humanos y encima nos muramos de hambre. Si no funciona, habrá que seguir dependiendo del capitalismo para comer mientras seguimos experimentando, quizá con mucho mérito pero con poco futuro.

  1. Conclusiones.

Es necesario ir más allá de la mera reivindicación de la renta para no caer en un parco economicismo. El economicismo no cuestiona lo que hay, sólo cómo se reparte. El anarcosindicalismo ha de contar con objetivos cualitativos –y no sólo cuantitativos- que aceleren el proceso revolucionario y aclaren la diferencia con los proyectos “izquierdistas” sólo aparentemente similares por el lenguaje empleado.

Vemos, pues, necesario ampliar el campo de parámetros a tener en cuenta a la hora de plantearnos una economía diferente más allá de la crisis actual, no ya para “arreglarla”, sino para sustituir la economía capitalista por una economía al servicio de las necesidades reales de la sociedad, que, por tanto, sólo puede ser autogestionada. Nuestra necesidad de conocimiento o de salud no debe servir de coartada al Estado para potenciar aún más su poder gracias a la asunción de su gestión. Un poder que ya ejerce sobradamente por la coerción represiva o económica.

Todos los aspectos de la realidad social interactúan entre sí, de manera que cualquier análisis parcial puede eliminar referencias clave de otras dimensiones, sin las cuales no puede entenderse el tema concreto que en cada momento pueda interesarnos. Sin embargo, al no poder aprehender toda la realidad en su conjunto, y dado que en todo momento necesitamos enfocar nuestro análisis a aspectos o fenómenos concretos de la realidad social a efectos de actuar sobre ésta en función de las prioridades decididas colectivamente, en este caso vamos a centrarnos en la realidad económica y sus posibilidades actuales de transformación.

La lucha contra este sistema también tiene una historia que es imprescindible tener en cuenta para no empezar de cero constantemente. Cualquier proyecto ha de ir acompañado de una dimensión educativa y de una perspectiva histórica.

La mayor parte de las personas identificamos la economía con el dinero. El dinero no es, en los hechos, un instrumento neutral sometido a unas leyes científico-matemáticas, como pretende la mayor parte de los economistas. Sin embargo, las personas y los grupos humanos aun trabajamos esencialmente porque necesitamos cubrir unas necesidades. Es sobre estas necesidades “básicas” sobre las que pretendemos construir nuestras propuestas. La economía oficialista reduce todo a cuestiones técnicas como el ajuste de determinadas magnitudes macroeconómicas. “Trabajamos para vivir, no vivimos para trabajar” sintetiza bien la idea de que una economía con sentido es aquélla que parte de las necesidades y gestiona los recursos para cubrirlas.

A la hora de comenzar proyectos concretos, lo primero es construir desde una realidad y no desde una figura jurídica. Tampoco es infrecuente dar por hecho la identidad automática entre ley y bien común o entre ley y voluntad general. En el caso de las democracias formales, la autoconciencia de legitimidad de los poderes del Estado llega en ocasiones a extremos no lejanos a la de los dictadores y autócratas más delirantes.

Es importante diferenciar la necesaria flexibilidad y gradualidad del inicio de una práctica social de un sucedáneo que realmente no supone una alternativa a los puntos esenciales del sistema actual. Sólo desde una perspectiva solidaria con la situación económica de la mayor parte de la población mundial y de opción por una vida autónoma y libre encontraremos la motivación para buscar una alternativa. Y la distancia entre el deseo y la realidad puede llegar a alcanzar niveles patológicos de autoflagelación o de autocomplacencia. Una cosa es evitar vivir en permanente estado de frustración y otra cosa bien distinta conformarse de manera permanente con una estrategia esquizoide basada en mantener un discurso incendiario y sostener una práctica cotidiana que no sale nunca del estrecho marco de lo ya existente.

Las organizaciones de las que el movimiento obrero se ha dotado a lo largo de su historia podrían aportar la estructuración necesaria para desarrollar los procesos de concienciación, formación y de coordinación necesarios para autogestionar una economía. Un sindicalismo conceptuado, al modo liberal, como monopolio de la oferta de la fuerza de trabajo sólo ha sido capaz de cambiar el reparto de lo que hay, pero no de cuestionar lo que hay. El sindicalismo revolucionario ha aspirado a convertir a los sindicatos en sujetos de cambio revolucionario: tanto en el momento insurreccional de derrocamiento del sistema, como en el período posterior como gestores de la nueva economía.

El sistema económico en el que vivimos es el capitalismo. Se es alternativa en la medida que se es algo distinto, es decir, que no se reproducen las características esenciales de lo anterior y, por supuesto, en la medida en que funciona realmente haciendo posible “morder la mano que nos daba de comer”.

Memoria. I Jornadas Conferencia Economía Alternativa CNT. Pp. 81-92

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