Dimes y diretes sobre la Generación.com

by • 24 marzo, 2016 • Artículos, Coyuntura política, Organización, Reflexiones y otros, SoftwareComments (0)881

…o como te podés convertir en mera mercancía, consumidor compulsivo o proveedor inconsciente de datos para archivos de inteligencia estatal mediante redes sociales (o como hackearlos y causarles un dolor de cabeza…)

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En este escrito persegui­mos la intención de que podamos reflexionar y tomar un mínimo de conciencia -al menos- al respecto de los tiempos que corren; de los renovados mecanismos de aliena-ción por los que naturalizan la opresión y nos tratan de someter como nuevo rebaño virtual al con­sumo burdo y frívolo de objetos innecesarios para la existencia hu­mana; de las nuevas estrategias digitales para el control social, den­tro de los cuales las redes virtuales de internet se han convertido en el más ingenuo e inconsciente trá­fico de datos proporcionado por los mismos usuarios para que se relaman los sabuesos de los ser­vicios de inteligencia del estado/capital; y sobre el porqué de la ba­nalización en la cultura digital, que sigue repitiendo los paradigmas de la cultura y el arte burguesa a través de sus medios formadores de opinión y expresión, readecua­dos estos últimos al masivo acceso a internet.

No obstante, a través de es­tas líneas no se persigue la meta de llevar a cabo un estudio sociológi­co o psicológico superficial y legiti­mador del sistema, ya que esa es una misión digna de mercenarios o ”divulgadores científicos” tales como Eduardo Punset o James Fowler, o como los charlatanes obsecuentes de TN ciencia o Canal Encuentro, entre varios otros. En todo caso, sí podemos tener la in­tencionalidad de desenmascarar a estos patrocinadores encubiertos -disfrazados de intelectuales- de la cultura burguesa, para entender la oscura finalidad que estos -en tantos operadores mediáticos- persiguen por medio de tal “divul­gación” o problematización parcial de los trastornos de los individuos en la sociedad capitalista.

Sin embargo, también nos es necesario no pasar por alto aspec­tos positivos –o por lo menos no tan nocivos- de la utilización de in­ternet en tanto herramienta para la acción y el libre acceso a valiosa información.

Esperamos entonces que estas líneas puedan ser de utilidad a la hora de replantearnos el cómo utilizamos ciertas redes sociales, foros o sitios web, tanto para la vida cotidiana como para la par­ticipación en los diversos espacios de lucha.

Reproducción mercantil, cultural y espectacular en las redes sociales

Al momento que se crea una cuenta y se acepta su política de privacidad, facebook –red social que utilizaremos de parámetro en este artículo- pasa a ser propieta-rio de cada contenido que suben a sus perfiles los usuarios, que por más que den de baja su cuenta, facebook seguirá decidiendo que hacer con los datos de la misma. Por lo tanto -y según los capitalis­tas mejor postores y sus empre­sas que inviertan en la red social-facebook vende a ellos los perfiles y preferencias de los usuarios, que les faciliten a estos pulpos crear las nuevas mercancías innecesarias, disfrazadas de “lo nuevo” para el consumo masivo; no por nada invaden la red con publicidad de nuevos productos mercantiles. In­clusive -y para que tengamos una idea de hasta dónde puede llegar el tráfico de datos proporcionado por redes sociales- facebook, por medio de compra de patentes, hasta obtiene data de individuos que ni siquiera tienen cuenta en dicha red social, con tal de mer­cantilizar esos datos también.

Haciendo un poco de histo­ria, comentamos que fue el estudi­ante Mark Zuckerberg quien le dio formato a facebook, con la inten­ción de facilitar por medio de esta red social la comunicación con sus amiguitos de la universidad. Este personaje sigue siendo la cara más visible entre los propietarios de la red social en cuestión, pero es Pe­ter Thiel –pulpo capitalista finan­ciero- el accionista que realmente maneja los hilos, es decir los ne­gocios y concesiones, que se gene-ran por medio de la red virtual. Este personaje –Thiel- fue galar­donado por el Foro Económico Mundial como “Joven Líder Mun­dial”, además de ser el creador del Comité de Protección de Perio-distas, que no es más que otra de las tantas cofradías de los propie-tarios de empresas de medios de producción de opinión (mass media). Este Peter -muchachito jo­ven y posmoderno emprendedor-insta a que las relaciones físicas de la humanidad –“naturales” la llama él- pasen a convertirse neta­mente en relaciones “virtuales” y ultra consumistas, claro. Dejamos así expuestos algunos propósitos que persiguen los propietarios de las redes virtuales: utilizar a sus usuarios –o no- como modelos y meras mercancías para el juego oferta-demanda, usarlos como verdaderos conejillos de indias para allanar los pedorros y adic­tivos nuevos experimentos de los empresarios capitalistas.

En cuanto a la reproduc­ción de clichés banales y absurdos del entretenimiento burgués en las redes sociales, ahora mismo el situacionista Guy Debord tendría bastante para ampliar conceptos, inclusive agregando el término “virtual” a su ensayo “La Socie­dad Del Espectaculo”: millones de personas exponen cada minuto sucesos de sus vidas como si fue-ran celebridades de alguna obra de teatro de calle corrientes o al­gún programa de entretenimien­to, o protagonistas de pelis de holly wood de las tantas que apes­tan de frivolidad en la tele, el cine o youtube, causando así un garrón importante a los contactos de es­tas gentes que se tienen que fu­mar que estos supuestos “amigos” posteen esos “pensamientos” o comentarios patéticos, dignos de un programa de chimentos. Sin ir demasiado lejos, el famoso “me gusta” es una expresión anterior a una función del face, que se usó –y se usa- cotidianamente para “describir” o emitir juicio sobre la bobada que generan los conteni­dos proporcionados por los mul­timedios de comunicación. Es así, entonces, como ciertos aspectos de la vida íntima de alguna gente se muestran en la esfera virtual de lo público como meros continua-dores del lenguaje y las actitudes del entretenimiento mercantil.

De todos modos, esta re­producción de los clichés de los mass media en las redes sociales no se da por “casualidad”, ya que a través de la deliberada internali-zación e inducción de valores que llevan a cabo las agencias y los dispositivos culturales de la bur­guesía en la era digital, opresores, propietarios y represores del esta­do/capital continúan acrecentan­do sus privilegios y posesiones, al mismo tiempo que siguen natura-lizando la condición de miseria en la que sumergen a los oprimidos, redefiniendo así los mecanismos de alienación.

Otras relaciones propias de una ciudadanía alejada aún de la convivencia en diversidad y que no dejan de decir “presente” en las redes sociales son, por ejemplo, la cosificación y la utilización femenina en tanto artefacto para el placer sexual masculino, otra patética reproducción patriarcal que se va desarrollando a niveles inimaginables por medio del face­book. La “otredad” también se replica de igual manera en el mun­do real y en el virtual, dado que a la hora de adscribirse en hinchadas, tribus urbanas o guetos, ciertos usuarios hacen del sentimiento de pertenencia un todo, a la vez que combaten a otros guetos “virtua-les” que convierten en sus chivos expiatorios, por cierto. Las “opor­tunidades laborales”, en tanto, se promocionan tanto por redes so­ciales como páginas web, ya casi dejando de lado los clasificados de la prensa escrita.

Hoy a la violencia y el acoso sexual por medio de las re­des sociales le llaman grooming, mientras que a los guetos, grupos de pertenencia o tribus urbanas les dicen simplemente grupos en el face; a las peleas y demás prác­ticas discriminatorias en el ámbito escolar las llaman builling. Pero a no confundir: la esencia de estas nuevas denominaciones en la era digital no son más que repeticio­nes de las mismas prácticas que intentamos no reproducir de la vida física de la calle y de cual­quier ámbito o institución que nos impone el sistema para intentar mantenernos disueltos.

Redondeando el eje: debo reconocer que, con fervor, detes­to la expresión “miedo a hacer el ridículo” -que para las sociedades conservadoras, tradicionales y es­encialmente religiosas no era otra cosa que expresar el terror al cam­bio, a lo revolucionario, a lo que rompe la estrechez mental-, pero también debo admitir que abo-rrezco de igual manera el “exceso de estupidez” que se ve y se respi­ra día a día en las redes sociales de la generación.com.

El Panóptico virtual

Ya que recién nos imagina­mos como podría Debord ampliar sus ensayos sobre la sociedad mer­cantil y espectacular, también po­dríamos preguntarnos en este eje cuantas líneas más podría agregar George Orwell en su novela 1984, o cuanto más podrían teorizar y formular sobre panópticos en esta era virtual Michael Foucault o Jer­emy Bentham entre varios otros, ¿cierto?

A este respecto, es con­tundente la afirmación expuesta recientemente por el referente de la Fundación de Software libre de Europa, Karsten Gerloff: “Una vez que los servicios estatales de inteligencia han entendido cómo funciona Internet, lo han conver­tido en una herramienta de vigi­lancia y opresión. Ahora mismo sabemos que nos escuchan, que no somos libres”.

Cuan categórica es tal ex­presión si tenemos en cuenta el exagerado tráfico de datos que los mismos usuarios de las redes so-ciales en general -y de facebook en particular- proporcionan minuto a minuto a las agencias de inteligen­cia con sus frecuentes posteos en los perfiles. Pareciera que quienes otorgan estas ventajas a los sabue­sos que imponen el control social -es decir los lacayos del estado/capital- no están siendo lo debida­mente “pillos”, ya que al momento que se proporciona burdamente tal información, están poniendo en riesgo a demás personas o es­pacios, por si fuera poco.

Más aún si tan frescos y actuales son los documentos e in­formes que publica el ex agente de la CIA y ex técnico de la Agen­cia Nacional de Seguridad yanqui (NSA), Edward Snowden, como lo es el programa de la propia NSA, denominado PRISM. Mediante esta agencia se almacenan datos precisos vertidos por correos elec­trónicos, vídeos, chat de voz, fo­tos, direcciones IP, notificaciones de inicio de sesión, transferencia de archivos y detalles sobre per­files en redes sociales, jugosa in­formación para la investigación y el exhaustivo análisis de los servi­cios de inteligencia sobre millones de individuos “peligrosos para el sistema”. Estos archivos que con­forman el PRISM, develados por éste ex servilleta Snowden, no son nada nuevo para aquellos que lu­chamos contra las instituciones del sistema, solo que éste le ha propiciado otra de las tantas de­nominaciones bajo las cuales se esconden las estrategias del es­tado para el control social.

En sintonía con lo anterior, en el marco de la Ley Antiterrorista -impulsada por el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), y sancionada y ejecutada por varios estados nacionales cómplices y partícipes- en la región argentina es de amplio conocimiento la pu­esta en funciones del denominado Proyecto X, que es un banco de datos que maneja gendarmería nacional sobre activistas y militan­tes, y que se actualiza en cada mo­mento.

Jamás se hubiesen imagi­nado los verdugos de los minis-terios de represión del estado/capital que tan poca “inteligencia” tendrían que emplear para recabar importantes datos de luchadores, ya sea, tanto por la negligencia en la que algunos recaen al ceder información hecha pública medi­ante de las redes sociales, como por medio de los datos personales recolectados por los sistemas de identificación (RFID), como por ej.: la tarjeta SUBE.

En hechos que están acon­teciendo por estos momentos en la región, sin ir muy lejos, la policía casi a diario está realizando deten­ciones de gente común por pro­mover saqueos a supermercados y otros negocios a través de las redes sociales. De hecho, las in­stituciones represivas del estado/capital están pudiendo identificar a estos “espontáneos agitadores del caos”, primero revisando su perfil de face –que muchos in­creiblemente lo libran al público acceso-, y luego detectando la ubicación territorial del disposi­tivo electrónico –celu o pc- por el cual publican tales “incitaciones al descontrol”, los pillos en cuestión.

Creo que ya es hora de que tomemos una real conciencia so­bre el nivel de exposición que de manera inconciente –vaya para­doja- se está publicando en redes sociales, ya que -como vimos- se cede información demasiado ex­plícita a las agencias vigilantes del estado, y quisiera entender que no estamos para facilitarle la tarea al enemigo, sino para complicársela, combatiéndolo a pleno en esta guerra social librada contra sus agencias.

Distinción entre los con­ceptos ciberactivismo y haktivismo

Muchas veces los términos ciberactivismo o hactivismo suele confundirse o fundirse en una mis­mo concepto, o en otros casos se incluye al hactivismo como una de las ramas o maneras de realizar el ciberactivismo. Es así que charla­tanes periodistas tales como Ma­rio Tascón y Yolanda Quintana en su trabajo Ciberactivismo, las nue­vas revoluciones de las multitudes conectadas buscan confundir es­tas dos prácticas como una mis­ma. No está de más aclarar que estos dos periodistas mercantiles publican sus obras bajo copyright, por lo que, partiendo de esa base, nada serio se puede rescatar de su trabajo, pretendido divulgador y alternativo, pero falaz y lucrativo en rigor.

Desde mi postura me permito disentir con forzar la fundición de los dos términos en uno solo, debido a que, por un lado, el ciberactivismo juega el papel de herramienta de difusión virtual de actividades y mítines, práctica que hasta no hace mucho quedaba solo plasmada en volan­tes, afiches, propaganda en publi­caciones o grafitis; y por el otro -y a través de las redes sociales más específicamente- el ciberactivismo busca ser motor de movilización social, de manifestaciones espon­táneas. Así es como a esta práctica se le suele atribuir un importante papel en lo que fue la incitación a tomar las calles en Egipto y otras regiones en el contexto de la pri­mavera árabe, como así también en los movimientos de “indigna­dos” u “Occupy” en el marco de la “crisis financiera internacional”

Por otra parte, si habla­mos de hactivismo, no estamos hablando meramente de un me­dio de difusión de actividades o de exclusiva incitación a realizar manifestaciones callejeras espon­táneas, sino que, por consiguiente, puntualizamos que esencialmente se trata de una forma de acción di­recta en el marco virtual contra las instituciones del estado capital, y en este punto podemos citar como ejemplos de público conocimiento a la comunidad de hackers Anony­mous o a el sitio Wikileaks, entre varios otros casos, lógico.

Desde sus comienzos, la comunidad de hackers Anony­mous fue evolucionando sensi­blemente de un grupito de nerds que se entretenían bastante por internet creando páginas como 4chan, hasta que fue tomando una real dimensión en lo que re­fiere a acciones específicas con­tra grupos fascistas e institucio­nes y personalizades del estado/ capital. De hecho, fue por medio de los Ataques Distribuidos de Denegación de Servicio (Ddos) – hackeo de cuentas bancarias, tar­jetas de crédito, páginas webs de empresas, webs estatales, e-mails y redes sociales, entre otras accio­nes- que la comunidad de hackers interfirió páginas web y cuentas de las proveedoras de crédito que negaron a wikileaks de disponer de donaciones que otorgaban las personas para solventar el si­tio web, al momento que estas empresas sí otorgaban crédito a grupos neonazis. Anonymous también contribuyó para poner en funcionamiento -mediante ciber­trucos- las redes sociales cuando los gobiernos de Oriente daban de baja internet para evitar que se contagiara el ciberactivismo que incitaba a las insurrecciones calle­jeras en el contexto de la Primav­era Árabe.

Hablando específicamente de Wikileaks, la finalidad de este sitio web se centra más en el hack­tivismo con propósito de sacar a la luz, es decir, de socializar infor­mación clasificada de los archivos de Estado -sean estos partes de guerra, posibles invasiones, cables diplomáticos, datos sobre Guan­tánamo, etc- que los mass media lógicamente ocultan. Son aproxi­madamente unos 1.200.000 los documentos clasificados estatales de diferentes paises que el sitio web va publicando hasta la fe­cha. Debido a la fuerte exposición mediática en la que el mismo se metió, Julian Assange -uno de los fundadores de Wikileaks- fue blanco de acciones judiciales so­bre supuestos abusos sexuales, situación que –entre otras- llevó al ciber portal Wikileaks a ir per­diendo influencia en el hackeo de información confidencial de los estados.

Ahora bien, de un modo mucho más subterráneo existen los hacklab o laboratorios de hack­ers, donde desde una esencia más bien de bajo perfil, no buscan ni persiguen exposición mediática, o adscribirse de forma explícita a una comunidad de hacker o a un sitio específico, y no por esos su accionar en el ámbito digital deja de ser menos efectivo.

Bien, para ir cerrando el eje sobre ciberactivismo y hactivismo, debo recalcar que no se trata de adscribir o rechazar a tal o cual practica sin llevar a cabo un análisis crítico anteriormente, ya que si nos referimos al “ciberactivismo” podemos esgrimir que puede resultar nocivo si se cede demasiada información en las incitaciones que se realizan por medio de redes sociales, situación que hace relamer a los servicios de inteligencia, como repasamos en anterior eje sobre panóptico virtual. En tanto que sobre el hacktivismo – y sabiendo de la heterogeneidad ideológica de sus componentes- podemos denotar que, muchas veces, se dirige la acción directa virtual hacia un objetivo específico y de manera reiterativa, dejando –en casos- de atacar a otros objetivos o agencias del estado/capital tanto o más importantes.

A modo personal –y sabiendo de las características de la región en la que escribo esta nota- agrego que en el ámbito virtual es preferible -en ciertos casos- el ataque anónimo a los dispositivos digitales del enemigo económico/estatal, ante que la sobre-exposición ciberactivista mediante redes sociales en lo que refiere a las incitaciones abiertas a manifestarse callejeramente, que en reiteradas ocasiones estamos viendo o escuchando en la actualidad como varias de estas intentonas virtuales son desbaratadas por el enemigo estatal antes de cristalizarse en el mundo real.

¿Es la web una herramienta para el libre acceso a cierta información?

Se puede ser condescendiente o estar de acuerdo –en parte- con esta proposición si tenemos en cuenta que algunas de las fuentes consultadas para armar la estructura referencial del presente escrito se han obtenido a través de internet. En vistas a la posibilidad que nos brinda la red para obtener acceso digitalizado a fuentes primarias, tales como hallazgos arqueológicos, documentos originales o testimonios que atestigüen o den forma a acontecimientos históricos, o a fuentes secundarias como lo son sendos ejemplares teóricos de distintas ramas del conocimiento, podemos aducir que internet efectivamente nos libra la posibilidad para poder acceder a valiosa información documental.

Luego podemos también dilucidar que la cultura del software libre -desde programas hasta sistemas operativos- o las licencias creative commons de dominio público -que liberan derechos de autoría para copiar, reproducir, modificar o comentar tal o cual obra- han contribuido bastante a hacer más accesible el conocimiento y la información, que en épocas pasadas siempre fueron propiedad de las élites.

Por su parte -y en concordancia con la postura del científico David García Aristegui en su ensayo Asalto a la cultura- el movimiento copyleft ha proporcionado una vuelta de tuerca en lo que refieren al tipo de distribución y bajo qué parámetros una obra debe de difundirse. Si dejar de reconocer el esfuerzo que tal o cual individuo realizó al momento de crear una obra, la esencia del copyleft garantiza la libre reproducción, distribución y utilización de la misma.

Sin dudas que en este punto Aristegui no estará de acuerdo con el filósofo Alejandro Piscitelli, quién en su trabajo El Paréntesis de Gutemberg insiste bastante sobre la perdida de propiedad intelectual, la cual mediante el lucro incentivaba a los “eruditos” a seguir produciendo “grandes obras”, accesibles al paladar cientificista casi en exclusividad.

No obstante lo cual, puedo llegar a concordar bastante con Piscitelli en el punto que las obras obtenidas en formatos virtuales, y disparadas mediante dispositivos digitales, conllevan a la pérdida de la textualidad, a la pérdida de la magia envolvente del papel en el libro como instrumento para la cognición. Esto es debido a que las obras digitalizadas conseguidas en la red, durante su lectura, pueden extraviarse en lo fugaz, lo instantáneo, lo pasajero y en lo vertiginoso en que te envuelve la vorágine virtual de internet. Se pierde así –y en parte- bastante concentración y profundización en la lectura o el análisis de una obra en formato digital, situación que no sucede –o de manera reducida, al menos- cuando leemos y analizamos un libro que nos gusta en formato impreso.

Volviendo a las posibilidades de libre acceso a determinado conocimiento en el ámbito virtual, no debemos perder de vista, de todas maneras, que gran parte de estas nuevas alternativas que nos proporcionan las nuevas tecnologías -como el citado soft­ware libre, el copyleft , obras de licencia libre, etc- están siendo utilizadas y difundidas por los go­biernos populistas en el marco de “políticas públicas para la región”. De hecho, en uno de los documen­tales Hemisferio Sur, emitido por el estatal Canal Encuentro, se hace referencia a como ciertos sitios webs de algunos ministerios están estructurados por software libre.

Como se ha dicho enton­ces -y para culminar el presente eje temático- podemos aducir que debemos continuar utilizando y creando a través de las actuales tecnologías las nuevas herramien­tas que nos posibiliten llegar li­bremente a la mayor cantidad de conocimiento y material para nu­trirnos más. Pero debemos tener en cuenta por un lado, que a una porción importante de software y contenidos virtuales libres, el pro­pio estado ya la está empleando y promocionando demagógica­mente. Y por otro lado –y en esto sí tomo distancia conceptual de Aristegui- estaría bueno que ten­gamos en claro que ni los labora­torios de hackers o las bibliotecas virtuales reemplazaron ni reem­plazarán a los grupos físicos de afinidad o a los ateneos y espacios anarquistas. ¿Porqué? Porque tan­to a los ataques más destructivos perpetrados a las instituciones y muros del estado/capital, como a la nutrición real de las ideas los se­guiremos efectivizando esencial­mente en los espacios físicos y no en el vasto pero confuso ámbito de internet.

Conclusiones

Seguramente, y con el paso de los días, se podrían seguir sumando aristas sobre esta pos­moderna generación.com con la que nos toca lidiar aquellos que provenimos de la moderna era analógica, pero considero que los ejes temáticos tratados en este artículo son aquellos en que más nos urgió profundizar y problema­tizar.

Es visible y palpable como a través de las redes sociales se reproduce lo viejo y lo nuevo de lo peor de la sociedad mercantil y banal que tanto detestamos. De la misma manera vemos como no se tiene la suficiente prudencia al momento en que se postea más de la cuenta pretendiendo realizar de manera confusa prácticas ciberac­tivistas, incluso a sabiendas que el ojo vigilante del estado utiliza las redes sociales –y a facebook en particular- como al panóptico más grande y mejor empleado para la vigilancia de toda la historia.

De la misma manera nos vamos percatando, tanto de cómo ciertas herramientas y acciones que nos proporciona la web nos pueden resultar de valiosa utili­dad, ya sea para atacar mediante ataques de denegación de servi­cios (Ddos) a las agencias digitales del estado/capital para acceder a ciertos conocimientos o infor­mación; como así también para crear programas o sistemas op­erativos que derriben o echen por tierra ese privilegio mercantilista de las élites: la propiedad intelec­tual.

Así es como también hici­mos mención de cómo el estado se hace eco de creaciones en prin­cipio ilegales como el software libre, empleándolas demagógica y populistamente, y encima in­centivando su uso oficialmente. En el mismo sentido, los parási­tos politiqueros han dicho sobre internet que es “una positiva her­ramienta para el acceso libre a la información y al conocimiento”, y han proporcionado de manera clientelar dispositivos como las netbooks para que alumnos de escuelas públicas puedan acceder “conectados” a tales conocimien­tos, aún con la caraduréz de saber que a muchos de esos chicos ni si­quiera les ha llegado la luz eléctri­ca a sus hogares para que puedan enchufar el aparato…

Pues bien, muchos dimes y diretes se pueden verter sobre la generación.com, pero lo que tal “generación.com” no debe olvidar es que, por mas reproducción cul­tural que se dé en las redes socia­les, es en el mundo concreto, en el llano del mundo real, y atacando a diario las instituciones físicas del enemigo mercantil/estatal donde más daño les causaremos.

Si a las fuerzas de repre­sión, a la explotación, a la propie­dad privada, a los encierros, a la ley de los poderosos y a la sociedad espectacular e hiperconsumista la sufrimos en carne a diario en el mundo físico, en el mundo real, será entonces desde el mismo plano físico y en las calles donde no nos cansaremos de atacar a las agencias del enemigo.

Porque la lacra opresora puede intentar hacernos creer que es en la frivolidad virtual de las re­des sociales donde busca impon­ernos su propia agenda, pero será en las calles donde ese verdugo opresor se verá fallecer a manos de los iracundos de la libertad.

Enébe.

 

“La ciencia es el eterno holocausto de la vida fugaz, efímera, pero real, en el altar de las abstracciones eternas. Lo que predico es, pues, la revuelta de la vida contra el gobierno de la ciencia.”

Mijaíl Bakunin

 

FUENTES Y REFERENCIAS

[Publicado originalmente en Rebelíon, Nº4. Publicación anarquista, 2013-2014. Buenos Aires. pp. 5-11.]

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