Lo rescatable del ayer, lo reprochable del hoy y la esperanza del mañana.

by • 28 agosto, 2015 • Artículos, Coyuntura política, Reflexiones y otrosComments (0)552

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arteNo somos pocos los que pensamos que las alternativas sociopolíticas del Marxismo quedaron obsoletas, la historia así lo evidencia. Ni su teoría de vanguardias dirigistas que conducirían a la clase obrera hacia la emancipación, ni su teoría del estado (dictadura del proletariado) siguen en pie hoy en día. Sin embargo, sus postulados sobre los ejes y reproducción del sistema capitalista: la ley de la tendencia del capital a aumentar incesantemente la tasa de beneficio; la ley de la tendencia a la concentración monopolista del capital; la ley sobre el estado de necesidad del trabajador en el mercado, que lo obliga a vender su fuerza de trabajo para poder subsistir; en fin, la ley de las plusvalías… Siguen en pie, es necesario entonces recurrir al viejo Marx para conocer la naturaleza del Capital y las consecuencias sociales, de un monstruo que deambula por el planeta buscando su insaciable auto-reproducción, es decir, destruyendo el mundo. (Muniesa, 2009) Pero no es solo a Marx al que se debiera acudir para comprender como opera el capitalismo, no, también debemos acudir a Proudhon, Bakunin, Kropotkin, etc. Es más, debemos acudir a estos últimos (y a los posteriores teóricos anarquistas) si queremos en algún momento transformar el orden social actual en beneficio del pueblo. Ya que no estamos felices con la actual forma de la sociedad, sin embargo, tampoco estamos de acuerdo con que esta sea siempre “aquello que nadie desea en la forma exacta en que la encuentra y, sin embargo, ella resiste los esfuerzos individuales y colectivos de transformación- no necesariamente permaneciendo inalterable, sino cambiando para transformarse en algo que no se adecua al ideal de nadie” (Archer, 2009. p 30)

Al contrario, pensamos que si la sociedad es hoy algo que no se adapta al ideal de nadie se debe a que los métodos que se han empleado para su desalienación no han sido los adecuados. En gran medida son los marxistas los responsables de ello y debieran hacerse cargo de sus errores.

Es difícil comprender entonces que teniendo una definición tan precisa sobre el estado, no hayan podido percatarse de que este no se puede utilizar en doble sentido, es decir, un día para oprimir al proletariado y otro día para liberarlo oprimiendo a la burguesía. No, claramente eso no fue posible, los anarquistas hemos tenido la razón en este punto. “El estado no es una máquina que pueda conquistarse, ni que pueda manejarse al antojo del maquinista de turno” (Guillamón). Es la organización política de la clase dominante, y si el proletariado se apodera de él no podrá cumplir con su objetivo de redención social, y lo que sucederá (y sucedió) es que la burocracia que se haga cargo de sus funciones terminara alzándose como clase dominante y oprimirá sin más a quien dijo que liberaría.

“La naturaleza humana, la de cualquier hombre, es tal que, una vez que tiene poder sobre los demás, los oprimirá invariablemente; si se le coloca en una situación de privilegio y se le separa de la igualdad humana, se convertirá en un granuja. La igualdad y la carencia de autoridad son las únicas condiciones esenciales para la moralidad de todo hombre” (Bakunin). Por ello, la misión del proletariado no consiste en conquistar el poder estatal, sino en destruirlo. Parte importante de los males sociales no radica en la forma que adopte el estado, sino en la existencia misma de éste, como señalo Godwin.

“En la historia, han ido cambiando sus formas, pero sus funciones no. Éstas han sido incluso ampliadas constantemente, al paso que sus defensores iban logrando establecer nuevas áreas de actividad social favorable a sus fines. Tanto si el estado es monárquico como republicano, tanto si históricamente está ligado a una autocracia como a una constitución nacional, sus funciones son idénticas. Y así como las funciones del organismo de las plantas y los animales no pueden ser alteradas arbitrariamente, de manera que uno no puede, por ejemplo, oír con los ojos ni ver con los oídos, tampoco se puede transformar a gusto de uno un órgano social de opresión en instrumento adecuado para la liberación del oprimido. El estado no puede ser más que lo que es: defensor de la explotación de las masas y de los privilegios sociales, creador de clases privilegiadas, castas y nuevos monopolios. El que no llegue a reconocer que esta es la función del estado, no comprende la constitución del presente orden social y es, por tanto, incapaz de señalar a la humanidad nuevas perspectivas para su emancipación” (Rocker, 1939).

Debido a que la explotación del hombre por el hombre ha ido siempre de la mano de opresión política y social, es decir, de la dominación del hombre por el hombre, es que queremos la abolición de la propiedad privada de los medios de producción junto con la abolición de las instituciones políticas y sociales de coerción.
Socialismo y Estado son conceptos excluyentes el uno del otro, cuando se ha intentado la instauración de un régimen social nuevo (socialista) sirviéndose para ello del aparato estatal, se ha consagrado una nueva forma de despotismo político y de explotación económica en la cual el Estado es el único capitalista ya que todos los medios de producción pasan a ser propiedad de este.

De la naturaleza opresora inmanente al estado y la burguesía se desprende nuestra indiferencia respecto a cuestiones como a quien correspondiese hacerse cargo de la educación nacional institucionalizada, comprendemos que a través de la homogenización de la educación se forma ciudadanos obedientes, mano de obra barata que rápidamente cae en la producción de bienes materiales y servicios, y por otro lado quienes siguen estudiando en su mayoría pasaran a ser los llamados sectores medios, para que solo una pequeña minoría privilegiada se convierta en agentes explotadores, reproduciéndose las relaciones de explotación y dominación que queremos destruir. La educación que imparte la clase dominante no se encuentra nunca al margen de la política, “la burguesía misma hizo que su propia política burguesa fuera la piedra angular del sistema educacional y trató de reducir la enseñanza a la formación de sirvientes dóciles y eficientes, de esclavos e instrumentos del capital, Jamás pensó en hacer de la escuela un medio para desarrollar la personalidad humana” (Lenin, 1919. p 34). Respecto a este tema estamos de acuerdo con este personaje, pero hay otro teórico marxista que lo dice con mayor claridad reproduzcamos un fragmento donde Althusser se refiere al tema de la educación:

“La escuela recibe a los niños de todas las clases sociales desde los jardines infantiles y desde ese momento tanto con nuevos como con viejos métodos les inculca durante muchos años, los años en que el niño es más “vulnerable” y está aprisionado entre el aparato ideológico familiar y el escolar, “saberes prácticos” tomados de la ideología dominante (el idioma materno, el cálculo, la historia, las ciencias, la literatura) o simplemente la ideología dominante en estado puro (moral, educación cívica, filosofía). En algún momento, alrededor de los dieciséis años, una gran masa de niños cae “en la producción”: los trabajadores y los pequeños agricultores. Otra porción de la juventud escolarizada continúa estudiando: tarde o temprano va a dar a la provisión de cargos medianos: empleados, funcionarios, pequeños burgueses de todas clases. Un último sector llega a la cima, sea para caer en la semicesantía intelectual, sea para convertirse, aparte de los “intelectuales del trabajador colectivo”, en agentes de la explotación (capitalistas, empresarios), en agentes de la represión (militares, policías, políticos, administrativos, etc.) o en profesionales de la ideología (sacerdotes de toda especie, que son, en su mayoría, “laicos” convencidos). Cada sector masivo que se incorpora a la ruta queda, en la práctica, provisto de la ideología que conviene al papel que debe cumplir en la sociedad de clase: papel de explotado (con “conciencia profesional, “moral”, “cívica”, “nacional”, y apolítica altamente “desarrollada”); papel de agente explotación (saber mandar y hablar a los trabajadores: “relaciones humanas”); papel de agente de la represión (saber mandar y hacerse obedecer “sin discusión” o saber manejar la demagogia retórica de los dirigentes políticos), o papel de agentes profesionales de la ideología (que saben tratar respetuosa es decir despectivamente las conciencias, y mediante la coerción, la demagogia conveniente, según cuanto se acomode a la moral, a la virtud, a la “trascendencia”, a la nación, etc.) Evidentemente, gran cantidad de estas virtudes contrastadas (modestia, resignación y sumisión por una parte, y cinismo, altivez, seguridad, grandeza, es decir, habilidad y buen lenguaje, por otra) se aprende también en las familias, en la iglesia, en el ejército, en los buenos libros, en las películas e incluso en los estadios. Pero no hay ningún aparato ideológico del estado que mantenga durante tantos años una audiencia obligatoria (y, lo que importa menos, a veces gratuita), cinco o seis días a la semana a razón de 8 horas por día, con la totalidad de los niños en las formaciones sociales capitalistas” (Althusser, 1974. p 118-119).

Somos conscientes de que Chile es un país muy desigual pero esto no varía dependiendo de si la educación la imparte el estado o privados, por eso pensamos que las energías del movimiento social debiesen estar enfocadas en la gratuidad, solo para poner fin al endeudamiento, y no en si los centros educacionales son privados o del estado. Pero, en el fondo, lo que el pueblo debe impulsar es la autoeducación, sumarse a las iniciativas de autogestión y consolidar una alternativa educacional que contribuya subvertir el orden social actual. El panorama social chileno de las últimas décadas se caracteriza por niveles altísimos de desigualdad en los ingresos junto con un acelerado crecimiento macroeconómico. Esta desigualdad debe entenderse en el marco al modelo neoliberal impulsado a partir de la dictadura militar y perpetuado por los gobiernos (pseudo) democráticos post Pinochet. En lo educativo el auge de la escolarización contribuye a un régimen de estratificación caracterizado por altos niveles de movilidad horizontal y bajos niveles de movilidad vertical, es decir movilidad dentro de su posición de explotado (Puga, 2011) Esto es coherente con lo señalado anteriormente sobre el rol que juega la educación en la reproducción de la desigualdad. En Chile el año 2009 el 10% más rico ganaba cuarenta y seis veces más que el 10% más pobre. Esta desigualdad se reproduce en todos los ámbitos de la vida social como educación, salud, previsión, en los cuales rige el principio hegemónico mercantil y rol subsidiario del estado, como también en el campo político. A pesar de que durante los gobiernos post Pinochet la pobreza disminuyo de forma dramática de un 40% a un 15%, los datos duros evidencian que la desigualad relativa de la distribución de los ingresos por quintiles no varió significativamente. Al contrario, hubo enriquecimiento de los sectores más ricos de la población. Durante los gobiernos de la concertación (hoy nueva mayoría) predomino la ambigua visión de igualdad de oportunidades o equidad, que llevó a políticas focalizadas solo a la corrección de los errores del mercado, subsidios o aumento del gasto social, pero sin cambios estructurales en la redistribución de la riqueza social. En síntesis el modelo que busco instalar la dictadura gorila y que consolidó los gobiernos pseudo democráticos fue el siguiente: modelo socioeconómico neoliberal, principio hegemónico del mercado en todos los ámbitos de la vida social, estado subsidiario y predominio del derecho de propiedad privada por sobre cualquier otro derecho. En lo político, ausencia de mecanismos participativos; papel desmedrado de la política expresado en el presidencialismo y centralismo exacerbados y papel tutelar de las fuerzas armadas, junto con un empate político en prácticamente todas las circunscripciones o distritos. Todo esto consagrado en la constitución de Jaime Guzmán y perpetuado en “democracia” (Garreton, 184-186)

Los jóvenes de hoy no son indiferentes frente a esta realidad y aspiran a una sociedad profundamente democrática. Creen en una ciudadanía activa que se materializa en los espacios de deliberación y manifestación de las discrepancias. Aspiran a tener “voz real” en la toma de decisiones sobre asuntos que les atañen, tanto en sus comunidades como en niveles más amplios de la sociedad. Por lo anterior, consideran insuficiente la instancia del sufragio y la democracia representativa del modelo político vigente, pues perciben que otros deciden por ellos en asuntos de interés y relevancia. Los jóvenes aspiran a que sus opiniones sean tomadas en serio, a influir en la sociedad y a responsabilizarse por estar más informados. Para ello, buscan formas nuevas de organización social, basadas en la horizontalidad de las relaciones y en el establecimiento de puentes adecuados entre las personas y sus representantes. La propuesta de ciudadanía activa de estos jóvenes también considera otros medios, como la creación de coaliciones y movimientos, el diálogo con amplios sectores de la población ante problemáticas y cambios sociales difíciles, la intervención social local a pequeña escala y las instancias de participación a escala humana, con horizontalidad e igualdad. Los jóvenes construyen espacios como colectivos, centros de alumnos y otras organizaciones en los cuales valoran la opinión y creatividad de cada uno. Estos espacios promueven la deliberación y la colaboración en función de metas consensuadas:

Pero en lo que estoy ahora (…) es como bien especial porque nosotros somos quienes delimitamos los planteamientos políticos, discutimos todo el rato, digamos, porque hay, hay bastante diversidad con, con los cabros que estamos trabajando ahora.

Los participantes objetan la organización jerárquica, la imposición de objetivos o actividades, tanto al interior de sus organizaciones como de parte de otros en relación a ellos como grupo, comunidad o pueblo, ya que, en su visión, atenta contra sus intereses:

Yo estoy más de acuerdo con lo que es colectivos, asambleas, cosas chicas (…). Pero yo creo que lo que es bueno y que se está dando harto ahora, eh, el tema de la asamblea, la transversalidad, no esa jerarquía de partido, señor presidente (…) (Martínez, Silva y Hernández, 2010. p 25-37).

Podemos estar o no de acuerdo en torno a lo que es ciudadanía, pero no podemos ignorar que en los jóvenes de hoy se mantiene viva la esperanza en una transformación radical del actual orden de cosas en beneficio de las grandes mayorías.

Un ser vivo.

Bibliografía

  • Gurvitch, Georges (2001). Los fundadores de la sociología contemporánea. Barcelona: Editorial Hacer.
  • Archer, Margaret (2009). Teoría social realista. El enfoque morfogenético. Santiago: Ediciones UAH
  • Horowitz, Irving (1982). Los anarquistas. La teoría. Madrid: Alianza Editorial.
  • Rocker, Rudolf (1978). Anarcosindicalismo. Teoría y práctica. Madrid: Ediciones Picazo.
  • V.I. Lenin, “Discurso en el II congresos de toda Rusia de maestros internacionalista” (18 de enero 1919), en Obras completas, t. 30, pp. 268-269.
  • Althusser, l (1974). “Ideologia y aparatos ideológicos del estado, en La filosofía como arma de la revolución, Mexico, Cuadernos de pasado y presente, núm. 4, pp. 1-162.
  • Puga, Ismael (2011). Escuela y estratificación en Chile. Estudios Pedagogicos.
  • Manuel Antonio Garretón (2012). Neoliberalismo Corregido y progresismo limitado. Los Gobiernos de la Concertación En Chile, 1990-2010 (Santiago: Universidad ARCIS/CLACSO)
  • M. Loreto Martínez, Carmen Silva y Ana C. Hernández (2010). ¿En qué Ciudadanía Creen los Jóvenes? Creencias, Aspiraciones de Ciudadanía y Motivaciones Para la Participación Sociopolítica. PSYKHE, Vol. 19, N˚ 2, 25-37
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