La alineación psicotrópica

by • 20 julio, 2015 • Artículos, Literatura y poesia subversiva, Reflexiones y otrosComments (0)966

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Inhalo. Aire adentro, ¡bah! Exhalo. No salen los problemas, parece ser que lo único que se adentra al cuerpo humano y se queda en permanencia es la suciedad, el desgaste, el oprobio, el mal… el cansancio. Suspiro, en última instancia me admito derrotado. Derrotado, ¿por qué?, no lo sé, puede que sea la desesperanza y la voluntad de muerte que nos cuelga de la boca. El peligro anda por ahí, en caminos invisibles, en preguntas incognoscibles, camuflado en trivialidades que ponen en vela, enflacan y deprimen. La nuestra, es la certeza de una vida desprovista de respuestas a la desolación que acompaña nuestra cotidianidad. Quien quiera poner etiqueta a nuestra generación tiene una larga lista de opciones, mi favorita: la era de la alienación psicotrópica.

Qué ciudad más pesada. Observo y hasta los perros andan cansados y tristes, ya ni siquiera puede uno encontrar comida entre las canecas, en la basura que producimos como parte de nuestro proceso simbiótico-constructivo-destructivo; les veo el tiempo en sus caras. Cuando ladran ya es tarde: la ciudad ha prendido sus luces, con ello mueren las luciérnagas, achicharradas por el calor de las bombillas de los focos, asfixiadas por el sudor, el pudor y el denso aire que emiten los poros de la ciudad. Pueden resultar muy molestas y…hasta asquerosas las espinillas de su piel; caminan y ya construyen edificios más altos que la torre de Babel.

La ciudad es engaño puro, no habría por qué extrañarse, al fin de cuentas es un producto humano, consecuencia de su arrogante e irreverente manía por la apropiación de la verdad. Y aunque necesitemos darle aún máscaras al hombre y a la mujer para que sean seres y no personas, se me ha vuelto más urgente el darle una a la ciudad -habría que cambiar la frase de Sebastián Melmoth: <<Dale una máscara a un hombre y te dirá la verdad>> (por cierto, qué escalofriantes pueden llegar a ser las propias proyecciones, y aún más aquellas que se hacen verdaderas con el tiempo… Ni siquiera Oscar Wilde pudo escapar de sus máscaras, al saberlo, se propuso ridiculizarlas; qué genialidad, qué genio. La comedia es el ojo de Dios) por la siguiente pobre y escasa derivación: <<Dale una máscara a la ciudad y te revelará sus atrocidades>>-. La cuestión es cuál máscara habría que ofrecerle. Bueno, en ese punto es cuando se hacen necesarios, y por fin <<útiles>>, los artistas. ¡Habría que darle la máscara del Arte!

Paroxismo. La madrugada se traga a las horas. Las confusiones chocan en forma de energía eléctrica contra el filamento de carbono de la bombilla de mi cuarto; comienzan las contracciones en mi estómago: es hora de comer pero me niego a hacerlo, mi apetito está en otro cuerpo, huyéndome de los dientes y lo único que logro con su ausencia es un dolor en extremo en mis entrañas. Podría pasarme horas escribiéndoles sobre lo que puede significar una madrugada pero no quiero hacerlo… en consecuencia al oprobio que nos encargamos nosotros mismos de alimentar sólo es posible dar con dos ideas – o instancias- a dichas horas: el suicidio como respuesta a las debilidades de nuestros pensamientos y acciones, o esperar a que suene la campana de la iglesia como señal de inicio de una rutina que no consta más que del esquema trabajo-retribución-flaqueza-alienación-muerte. Pero no hay de qué preocuparse, al igual que nos encargamos de crear nuestras propias cárceles también podemos encargarnos de destruirlas.

identidad perdida

Y estoy cansado del discurso de individuo-individualidad- individualismo, pero también lo estoy de aquel de social-sociedad- socialismo. Desde hace un tiempo para acá – gracias a Milan Kundera- he abandonado el discurso de la individualidad, de suponer que soy mejor que el otro, o inclusive superior, por tener una manera de ser y destacar; aquello de querer ser único no es más que la estúpida forma de aprobación social a la que nos llevó la evolución, pero ¿querer ser únicos nos dará más aprobación social? Sí, dentro del margen de un pequeño grupo; miren por ejemplo a los artistas…

Grupos, en ello termina por reducirse todo tipo de comportamiento humano, con sus pequeñas diferencias y distintas formas de abordaje – lo que en psicología se entiende por un acercamiento ideográfico- pero que no nos hagan creer que somos únicos sobre todo el resto de la humanidad, siempre habrá algo que nos termine enmarcando dentro de un grupo que se identifica por sus prácticas e ideales. Pobres, ricos; intelectuales, estúpidos, ignorantes; blancos, negros, amarillos, trigueños; yanquis, latinos, asiáticos; musulmanes, hinduistas, cristianos, católicos; proletarios, burgueses, lumpen; capitalistas, anarquistas, comunistas; animalistas, pro-tauromaquia; abstemios, desaforados; sobrios, borrachos, totalmente ebrios; enamorados, arruinados; el creyente, el impío; el mar, la mar; risueños, melancólicos; la soga cortada, la soga en la garganta; tolerancia, xenofobia; libres a medias y esclavos a tiempo completo; el Teatro Apollo, un televisor; James Brown llorando su infancia, una infancia sin James Brown; pero sobre todo están los siguientes: la persona, el artista; y sobre todo el artista…el tipo de grupo al que más desarraigo y fastidio le he logrado en los últimos años, su miseria consiste en creer en la individualidad como rasgo de superioridad, el hastío no se lo comen, tan sólo lo observan porque la mayoría de esos <<artistas>> no son más que hijos de crianza, niños ricos u acomodados, de papá y mamá, que hablan sobre lo que no han vivido, que nunca han conocido la cara del hambre o el filo del spleen; la diferencia entre el escritor es que sólo se limita a interpretar y escribir, el Artista por su parte escribe lo que vive…, sabe que vale más la experiencia y sabe que la imaginación lo vale aún más, pero que ninguna logra su punto más alto sin la otra. Y he visto a muchos poetas, hablando sobre el hastío, sobre la vida… y lo único que logro escuchar de sus fauces y estómagos llenos es nada, a parte del ego que expugnan de sus narices y anos. Su poesía es tan innecesaria porque sólo tiene un lema: YO. Han dejado atrás la Epifanía que hace antaño caracterizaba al poeta y era su lema: VIDA. El peor grupo que he podido conocer ha sido ese, el de los artistas, especialmente el de los poetas. Y es por eso que ya no asesinan o persiguen a los poetas de la manera en que lo hacían hace unos treinta, cuarenta o cincuenta años, porque el poeta ya no representa un peligro para el poder, su temible rugido de león es ahora ronroneo de gato, el poeta dio cuenta de su propia existencia y amargo se quedó dentro de ella…Hicieron de la poesía algo innecesario, un manifiesto no de la belleza ni de la fealdad sino del ego.

Pero de igual manera me niego a tragarme el cuento del ser como producto y desarrollo propia y exclusivamente de la sociedad. El ser humano vale más para que lo reduzcan a categorías y rótulos. La sociedad ha cambiado por influencia del individuo, y el individuo por influencia de su convicción. Contradicción, la fuerza que nos mantiene de las uñas al mundo, de cabeza y directo hacia la puerta de la libertad: la vida no termina siendo más que la conciencia de la totalidad de nuestras contradicciones.

<<- ¡Ay, qué miseria abraza a éste mundo!>> – exclama alguien por ahí.

Hundidos en la miseria, claro, nadie lo puede negar. Pero la miseria no es universal en sus manifestaciones, se torna particular de acuerdo a su punto de nacimiento y desarrollo. Miseria es para el europeo el hambre que dura dos días lo que para el africano o el latino es el hambre que dura lo que le toma abrir los ojos y volverlos a cerrar cuando verle el rostro al hambre ya es pura rutina.

Hoy se despierta un poeta, producto de la imaginación, producto de su realidad. Supongo que piensa en muchas cosas pero estoy seguro que esto es lo que le hará levantar de la cama:

<<- La boca abierta,

las flores mueren en su interior:

la belleza está marchita.

Tritura con furia

y lo único que logra es que la boca le sangre:

el dolor no es redención pero si iluminación.

La boca abierta,

el estómago vacío

y una alacena que sólo resguarda el hambre:

sino es de pan que lleno hoy mi barriga

que sea al menos de voluntad y esperanza.

La boca abierta: una vez que se vomita

a la belleza y se puede por fin hablar

sin temor y con la verdad en la boca

el primer grito que acompañará

nuestra amarga soledad será: ¡VIDA!… ¡VIDA!>>

Juan Pedro Pablo

 

 

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