FAI: De la lucha armada y algunos imbéciles

by • 30 marzo, 2015 • Artículos, Coyuntura política, Historia anarquista, Reflexiones y otrosComments (0)969

Texto para el Congreso IFA celebrado en Saint Imier – Agosto de 2012

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En nuestro país, la situación política y social muestra claros signos de un retroceso autoritario a escala global. El despliegue de las políticas disciplinarias en respuesta a las cuestiones sociales es una señal de que la era del compromiso y de la democracia social está decayendo. Puede que tengamos que enfrentarnos al riesgo de que regimenes autoritarios se impongan. La criminalización de los movimientos sociales y anarquistas prepara el terreno para nuevos dispositivos represivos: nuevas leyes, nuevas penas, un giro cada vez más estricto de las normativas vigentes y un control militar cada vez mayor en el territorio.

La gestión inmediata de los medios de comunicación sobre el monstruoso atentado de Brindisi (1) dice mucho acerca de cuáles son las intenciones de la oligarquía en el poder. Un acto vil, cobarde, antisocial y criminal de terrorismo indiscriminado contra la juventud femenina, es fácilmente comparable a los episodios de la lucha armada, tal vez de orígenes griegos o mafiosos, con el claro objetivo de lograr la unidad de todas las partes en defensa del Estado, unidad que vimos en el trabajo en los años de solidaridad nacional, las leyes especiales y la regresión social y cultural del país.

Incluso el ataque a Ansaldo Nuclear S.p.A. y la reivindicación enviada al Corriere della Sera (diario italiano) por el núcleo “Olga” de la FAI Informal (2) demuestra cómo la acción y la comunicación se vinculan y combinan en un juego infinito de espejos y distorsión. Se debe observar con atención para comprender su trama o estructura interna. Los medios de comunicación, los mismos que siempre reducen al mínimo la ferocidad de la guerra que el ejército italiano combate en Afganistán, atacaron con todo al movimiento anarquista, movimiento que no está excento de las luchas sociales y que representa la vanguardia de los movimientos a favor de la protección del medio ambiente, que se proclama en contra de la guerra y el militarismo, contra las leyes racistas y políticas de seguridad en nuestro país. La prensa, la radio y la televisión, quienes en un principio no habían levantado su voz, se desataron luego de la reivindicación.

En momentos de crisis siempre se han buscado chivos expiatorios sobre los cuales dirigir la atención de la opinión pública. Así fue como en los años ’80 se las arreglaron para vaciar el contenido y la riqueza de los movimientos de la década anterior, dándoles a todos sin distinción, la responsabilidad de la lucha armada, haciendo de cada brizna de hierba un haz, haciendo llover las penas carcelarias, causando divisiones y conflictos, por lo que en la actualidad hay quienes tienen la intención de desempolvar las viejas herramientas de la criminilización preventiva.

Por otra parte, la situación de los gobiernos y patrones no es fácil: deben digerir las medidas cada vez más desagradables y su creciente temor a una rebelión social. Luego de que las organizaciones de inteligencia brindaran información acerca del peligro “anarco-sindicalista”, la agresión de Adinolfi fue atrapada al vuelo para llevar adelante la tarea de difundir la amenaza terrorista anarquista, vinculando el creciente descontento social, el movimiento contra el T.A.V. (Tren de Alta Velocidad) y en general contra todas las formas de oposición social.

Se entiende que si la operación actual es esta, es claro que debemos esperar nuevas operaciones represivas. En una situación donde se está intensificando la agresión a la calidad de vida de la población, sobre todo en el sector del empleo dependiente, del empleo temporal, de los pequeños oficios y el comercio, necesitaríamos de toda la participación, de toda la inteligencia y la capacidad colectiva para organizar respuestas incisivas para promover luchas, llevar adelante iniciativas de solidaridad y dar vida a la autogestión en respuesta concreta a la crisis. Parece inevitable tener que medirse con aquellos que piensan que un grupo u organización fuerte, combatiente y clandestina pueda obtener resultados eficaces, con quienes piensan que tienen la respuesta en su bolsillo. Como el grupo que ha firmado el atentado contra el dirigente de Ansaldo Nucleare S.p.A. reivindicando su afiliación a la Federación Anarquista Informal, especialmente si el énfasis mediático con el cual se reportan estas acciones es funcional a la participación de todo el movimiento anarquista en un proceso de criminalización general, embistiendo fuertemente también a la Federación Anarquista Italiana.

No es casualidad que el texto de la agrupación “Olga” fuera publicado íntegramente por la Corriere della Sera, que decidió de esta manera servir de megáfono a la Federación Anarquista Informal. Uno tal vez se pregunte ¿por qué?. La respuesta no es difícil. El comunicado, después de las primeras líneas acerca de la cuestión nuclear, está dedicado a la propaganda: una buena parte de este documento es un violento ataque al movimiento anarquista en muchos de sus componentes. Todos los periódicos y canales de televisión dedican un amplio espacio a un texto que sostiene que gran parte del movimiento anarquista es simplemente un “anarquismo ideológico y cínico, vacío de cualquier aliento de vida”. Y no sólo eso. Según los “anarquistas informales”, los anarquistas involucrados en la lucha social “trabajarían por el fortalecimiento de la democracia”, es decir, por el mantenimiento del orden jerárquico. El lector se lleva la impresión de que el verdadero propósito de la acción no fue en realidad una advertencia a los señores de la central nuclear, sino lograr que la audiencia conozca su propia opinión sobre el movimiento anarquista. Así es como la acción de los anarquistas se describe como una simple actividad lúdica como “escuchar música alternativa”, mientras que el “nuevo anarquismo” nace del gesto de “tomar las armas”, de la elección de la “lucha armada”.

Los medios ocultan a tal punto el objetivo de estos superhéroes de caricaturas, a quienes no les gusta la “retórica violenta” sino que, con satisacción, tienen “armadas” sus manos, que no se dan cuenta que en nuestro país la energía nuclear se encuentra fuera de escena gracias a las luchas y a los movimientos sociales y populares.

Acciones directas, sin delegados y concretas son capaces de demostrar que es posible tener en nuestras manos nuestro propio destino, luchar contra el gigante de la energía nuclear y derrotarlo, como es el caso de Scanzano Jonico (3) y con el bloqueo del transporte nuclear entre Italia y Francia, en las cuales los anarquistas estuvimos en primera fila.

Cada día, los anarquistas participan en la lucha por la defensa territorial y el autogobierno, en contra de los patrones para lograr la autonomía de los trabajadores de la esclavitud salarial, contra la guerra y la producción militar, para una sociedad sin ejércitos ni fronteras, en contra del racismo, el sexismo, la guerra contra los pobres y las mujeres. Los anarquistas, quienes sufren la explotación y la opresión como todos, junto a los explotados y oprimidos luchan contran el Estado y el capitalismo para crear las condiciones óptimas que logren abatirlos, con el objetivo de romper el orden material en conjunto con lo simbólico, siendo concientes de que no basta sólo con destruir sino que es también necesario saber construir. Construir sin temor a que la casa se venga abajo, sabiendo que cada espacio liberado, aunque sea sólo por un momento, se puede conviertir en un lugar donde sea posible experimentar el sabor de la libertad, libertad que no es una abstracción política sino una construcción concreta de un ámbito político no estatal.

Las acciones que representan actualmente las diferentes relaciones políticas y sociales, no se limitan al “sueño de una humanidad libre de esclavitud”, porque el camino de la libertad no es un “sueño” sino la apuesta diaria dentro de la realidad social en la cual nos vemos obligados a vivir y a la cual queremos contribuir a cambiar. No estamos solos. Nunca solos, porque la humanidad está compuesta por personas de carne y hueso, porque actuar en nombre de una “humanidad” abstracta es típico de los Estados, de las religiones e incluso del capitalismo que promete mantener el bienestar y la felicidad sin lograrlo. No la felicidad de los anarquistas. La práctica de la libertad a través de la libertad misma puede ser contagiosa, pero ciertamente no puede ser impuesta.

Quienes escribieron el comunicado rechazan el “consenso” y buscan la “complicidad”. No les importa el fin y piensan sólo en los medios, de hecho renunciando a cualquier perspectiva de revolución social anarquista. Su lenguaje y prácticas son un cocktail de prácticas vanguardistas y retóricas estetizantes. Era inevitable que los medios de comunicación le dieran un amplio espacio a la interpretación, a veces desviada y otras veces intercalada. La mayor parte de los medios de comunicación inventaron teoremas para vincular las luchas sociales y la Federación Anarquista Informal en una relación casi simbiótica. Los anarquistas se ven sujetos entonces a un interpretación viciosa: por un lado, son descriptos como “terroristas” y por otro, como “bucócratas inofensivos”.

Una interpretación que probablemente sea de interés para quienes se complacen del hecho, hecho que produce un éxtasis existencial en el cual el destello de un momento compensa la opacidad de una vida grisácea que transcurre en silencio y que espera otra oportunidad para aumentar su adrenalina. “No importa qué tan leve sea este destello – escriben – la calidad de vida siempre se enriquecerá”. Entre un paquete postal y un disparo a la pierna, se jactan en la gloria del papel y la fama que les ofrecen los medios de comunicación pagados por jefes y partidos.

Más allá del uso mediático sobre el ataque contra el patrón de Adinolfi, el resto es política de la recurrencia de un vanguardismo armado, el cual, además de las tentaciones semánticas, calca una parábola de pequeño grupo autoritario, sosteniendo la ilusión de ser capaz de guiar a los que juzgan como “intolerable” el mundo en el cual vivimos.

 No es casualidad que en el juicio de la llamada “Nueva BR” (Brigada Roja), personas dentro del anarquismo hayan expresado su entusiasmo por el bombardeo de Génova. Es la apoteosis de la argumentación, no importa el fin. Una especie de transversalidad de la acción colma la distancia aparente de los proyectos.

En realidad, esta distancia se disuelve cuando esta práctica se desarrolla en oposición a las luchas sociales, inevitablemente obligadas a lo que el núcleo “Olga” llamó “cittadinismo”. Con este término estigmatizaron las luchas sociales, las cuales en los últimos años se han ido organizando con una radicalidad creciente, poniendo repetidamente trabas a los gobiernos que se fueron sucediendo, perjudicando los intereses de grandes empresas e inaugurando prácticas de participación ciertamente no anarquistas, pero definitivamente lejos de la triste costumbre de delegación del electorado en blanco.

¿Qué queda fuera de las luchas sociales? El partido, nada más que el partido. No es casualidad que quienes integran la Federación Anarquista Informal tengan una sigla “comodín” (en sentido de “sigla-contenedora”, que puede designar varias cosas), lo que reduce el camino de la afinidad con la práctica de acciones violentas. Ignoremos el hecho trivial –a pesar de que es grave- y que de este modo proporciona un pretexto para incontables acciones basadas en la asociación para delinquir. Vayamos más allá incluso del riesgo evidente de que de un día para otro, el Estado o los fascistas puedan utilizar las siglas para lograr sus propios objetivos. Si el resultado es el partido, la organización operará donde otras no actuarían, la organización estaría en conflicto con las instituciones estatales y privadas, por lo cual ese resultado nos conduciría directamente fuera del anarquismo. El anarquismo está en otra parte. El anarquismo no se impone sino que se propone. Todos los días con la esperanza de realizar una acción concreta acerca de las condiciones de explotación, porque los explotados, si lo desean, pueden luchar para liberarse de aquellos que los oprimen. Es una cuestión de práctica, el ejercicio de la revolución, la experimentación de lo posible y deseable, algo que se pone en juego todos los días.

En el éxtasis del Superhombre que hace lo que quiere, ellos escriben con desprecio que para los anarquistas sociales “la único brújula es el Código Penal”. Escriben “cueste lo que cueste”: los anarquistas pagan ese precio cada día. Sí, pero ante el tribunal no es ni una fanfarroneada ni una queja cuando se nos presenta la nota de las luchas en las que participamos.

Los autores del comunicado utilizaron el término “Federación” pero reduciendo el federalismo a la relación intangible entre quienes reconocen la pistola que disparó o el paquete que explotó, ciertamente no en la voluntad de construir un marco de relaciones comprometidas a combinar la libertad y la organización. Quienes critican al anarquismo afirman que es imposible combinar libertad y organización, anarquía y organización, ya que identifican a esta última con la jerarquía, con el Estado, con la imposición violenta de un orden social que restringe la libertad y transforma la igualdada en un esqueleto sin base formal. Sostienen los partidarios de la democracia parlamentaria que la libertad debe ser limitada, ya que más allá de la retórica acerca del poder sobre el pueblo, no ven a la libertad como el sello de la humanidad que se emancipa de la sumisión a una orden, sino como un peligro a contener.

Para los demócratas, la única forma de resolver los conflictos, es imponiendo normas que establecen el principio de la mayoría, la jungla social. El portavoz de la organización “Olga” adoptó el concepto de jungla social con la que los Estados justifican su existencia, como pretexto para actuar a su voluntad, acción que rechazó con desprecio toda reflexión sobre la ética de la responsabilidad de la necesidad política y moral para construir canales que todo el mundo puede y quiere pedir prestado. Un acto que se basta a sí mismo, sin ningún tipo de atención social, sin la cual, nos guste o no, se hace una guerra privada al Estado, no la revolución. En su escrito proclaman “el placer de haber logrado por completo y haber vivido aquí y ahora nuestra revolución”. De esta manera, la revolución social se reduce a una práctica auto erótica en un club privado.

El anarquismo siempre se ha basado en el uso de conciencia para elegir sus acciones y objetivos y en la responsabilidad personal relacionada a su desempeño: siempre se refiere a la conciencia de los individuos y a la interpretación del momento histórico en el que viven.La eficacia de la acción directa no se expresa por el grado de violencia que contiene, sino más bien en la capacidad de identificar un camino transitable para todos, para construir una fuerza colectiva que busque reducir la violencia al nivel más bajo posible dentro del proceso de de la transformación revolucionaria. La violencia erigida sistemáticamente, engendra al Estado.

La apuesta de los anarquistas es organizarse para construir áreas en las que se puedan relacionar las esferas políticas y sociales, que, por su propia existencia, representen relaciones sociales libres, donde el vínculo amplifique la libertad de organización de la persona. El anarquismo social no se encuentra saturado de pretensiones relacionadas a que exista una única fórmula definitiva para crear una sociedad anarquista, sino que a través de preguntas y cuestionamientos intenta practicar una relación diferente que tenga como objetivo sintetizar algo concreto, respetando las diferencias de cada uno.

Somos conscientes de que sólo una sociedad calificada y por lo tanto, intrínsecamente autoritaria y totalitaria, podría llegar a imaginar borrar el conflicto de las relaciones sociales: por esta razón, consideramos que la anarquía es un horizonte en constante construcción, donde la revolución social que suprima la propiedad privada y elimine el gobierno, sea el primer paso y no el último en una serie de experimentación social, que es nuestra ahora.

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(1) Brindisi, sudeste de Italia: El 19 de mayo de 2012 una bomba mató a una estudiante e hirió a otras cinco personas en una escuela en la ciudad.

(2) Ansaldo Nucleare S.p.A. es una empresa italiana que opera en el sector nuclear, creadora de centrales nucleares de tercera generación refrigerados por agua. Roberto Adinolfi, director general de la empresa, fue herido por una bala en la pierna en Génova el 7 de mayo de 2012. Los italianos inventaron la palabra “Pata” (gambizzare) para describir esta práctica se remonta a las Brigadas Rojas en el año ‘70-‘80.

(3) Scanzano Jonico: El 23 de Noviembre de 2003, diez mil personas demostraron su repudio contra la construcción del primer sitio de desechos nucleares del país, en Scanzano Jonico, al sur de Italia.

Federación Anarquista Italiana

http://federazioneanarchica.org

 

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