Educación liberadora para una educación libertaria

by • 13 Enero, 2015 • Artículos, EducaciónComments (0)1066

Introducción

freireEl presente documento pretende dar un breve acercamiento al pensamiento de Paulo Freire (1921-1997), pedagogo brasileño quien dio fuerza y cuerpo a la pedagogía crítica del siglo pasado. Basado en una educación liberadora, humanizante, reflexiva y de diálogo con el mundo.

No es una comparación y mucho menos una crítica a la pedagogía libertaria o anarquista, más bien se pretende dar una complementación entre ambas visiones educativas, pues –personalmente- una da pie a la otra; lo que permite la búsqueda de una verdadera educación para y en libertad.

Educación anarquista y el sistema contemporáneo

Las condiciones actuales del sistema dificultan hoy día el tan anhelado cambio social –y no pretendo ser pesimista- que lleve a la emancipación de todos y cada uno de los seres del planeta, es decir, el sueño de la comunión anarquista. Por ello, mi propuesta es desde el paradigma educativo y liberador del pedagogo Paulo Freire.

Tal vez un equivoco de la educación anarquista o libertaria contemporánea es la de educar a niños y jóvenes en libertad, y no es que esto sea malo, pues tenemos el caso del Instituto Paideia  en Mérida, España, en el cuál se educa en la práctica de la libertad individual que conlleva al compromiso con la colectividad. No existe represión y menos aún, violencia. En dicho instituto los grupos crean sus propios planes de estudio, así como el tiempo que necesitarán para cada una de sus actividades (Cuevas, 2003), pero, ¿Qué pasa tras ésta educación libertaria? Los jóvenes salen al encuentro con un sistema opresivo, limitado, sí, es cierto que ésta educación les brinda herramientas como el trabajo en equipo, la autonomía y la solidaridad, principios libertarios, pero ¿Cuánto tiempo? Desafortunadamente, deben adaptarse nuevamente a las condiciones sistémicas. La semilla se encuentra ahí, pero no germina completamente. Y ello, para todo aquel que tiene acceso a esta educación libertaria, pues como todas las escuelas con propuestas pedagógicas diferentes, son privadas.

La profesora Amparo Ruiz en que “[…] la educación cumple con una doble función ideológico-política: por una parte preserva y refuerza los intereses de la burguesía como clase dominante y, por otra, asume un carácter legitimador de las políticas estatales mediante la inculcación de valores; actitudes y expectativas de ascenso económico y social de las clases mayoritarias.” (1998:34-35). Pero, a su vez, Henry Giroux, propone que la escuela “[…] no es ni un lugar de apoyo de la dominación que todo lo abarca, ni la localización de la revolución […]” (2011:153), es decir, la escuela no es un ente maligno en el cual se desarrollan formas completas de adoctrinamiento y opresión o vías de resistencia totalmente revolucionarias, sino que es un espacio que da cabida a ambas formas de ideología. En otras palabras, si no hay opresión no hay resistencia y viceversa.

A la educación que perpetua y reproduce las estructuras sociales, históricas, económicas y culturales, se le ha asignado el titulo de educación capitalista, pues además de las concepciones ya descritas, mediante la educación se proporcionan destrezas que preparan a los jóvenes para la integración a un sistema laboral neoliberal (Canroy, 1985). Éstas destrezas se desenvuelven no solo por medio del desarrollo cognitivo y cognoscitivo de los estudiantes, sino en el desarrollo del denominado curriculum oculto. El análisis de éste tema sería difícil de particularizar, pero sí podemos decir que el desarrollo de éste no solo implica el proceso de socialización de los individuos, sino el modo en que dichos procesos conllevan a complejas formas de control social (Giroux, 2011). Es por medio de las interacciones sociales como se van a desarrollar las destrezas específicas, así como aspectos culturales, sociales e históricos que fungirán como conciencia de clase. Dentro del salón de clases, es por medio de la relación maestro-alumno y alumno-alumno como éstos construirán significantes; ya sean de opresión o de resistencia que darán lugar a la perpetuación de estructuras sociales o a la fragmentación con éstas y la búsqueda de nuevas formas de relaciones que permitan la búsqueda de una emancipación mutua

Actualmente algunas organizaciones y federaciones anarquistas, proponen el uso de la violencia como forma de presión hacia las instituciones y organismos del Estado “es hora de la Revolución”, pronuncian muchos, no soy pesimista, pero ¿Realmente estamos preparados para dar ese salto?

Erich Fromm en su famoso texto “El miedo a la libertad”, pronuncia que el hombre ha vencido la opresión eclesiástica, del Estado, tal vez, la dominación exterior (1963) ¿en realidad ésta abolición nos proporciona la libertad? Es importante mencionarlo, ya que como tal, somos construcciones socio-culturales, por lo tanto, los medios externos se interiorizan (hábitos familiares, sociales, educativos, de clase, etc.) y se asimilan (Fromm, 1963). Por ello, el miedo a la libertad se reproduce y se transforma en hábitos que conocemos como cotidianidad. Estas acciones reproductivas se determinan por una violencia simbólica (Bourdieu y Passeron 2009, Fanon, 2001) que se ejerce sobre las masas oprimidas que perpetúan el statu quo.

Educación liberadora

Pero, ¿Qué pasaría si en vez de educar en libertad dentro de un sistema opresivo, educamos para liberarnos del mismo sistema y de los medios que nos aquejan individual y colectivamente? Antes de luchar, necesitamos saber ¿Porqué luchamos? ¿Por qué arrojamos piedras, bombas molotov a las diversas instituciones que forman el Estado? ¿Qué es en lo que creemos? ¿Qué buscamos? Definamos estos cuestionamientos como una conciencia crítica y autoreflexiva: y Paulo Freire lo define así: “Al estudio crítico corresponde una enseñanza igualmente crítica que necesariamente requiere una forma crítica de comprender y realizar la lectura de la palabra y la lectura del mundo, la lectura del texto y la lectura del contexto.” (1998:36)

Cuando somos capaces de leer el mundo, entonces, mujeres, hombres, niños y adultos, nos definimos como seres socialmente históricos capaces de hacer y rehacer el mundo mediante la experiencia social (Freire, 2010) y es ahí cuando podemos entablar un diálogo con el mundo mismo.

El proceso de cambio y concienciación, es un proceso de des-aprendizaje es, desarraigarnos de todo pensamiento individualista, de envidia, de odio, de competencia, es descolonizarnos simbólicamente de todo pensamiento que nos reprime (Fanon 2001) es decir, un pensamiento burgués. Supongamos que se lleva a cabo la Revolución social y la victoria es de los anarquistas, siempre estará latente el riesgo de que se reconstituya dicha forma de pensamiento, por eso Foucault mencionaba que es necesario criticar y atacar toda forma de institución estatal sean éstas neutrales o no, éste ataque es desarraigo, es resistencia, es des-aprendizaje, de esta manera evitamos la reconstitución del pensamiento burgués. Lo que nos lleva a la búsqueda de la libertad, por eso “la libertad, que es una conquista y no una donación, exige una búsqueda permanente.” (Freire, 2005: 45), la cual implica otro proceso, el re-aprendizaje.

Con esto no pretendo considerar a la educación como un ente mesiánico, pero sí como un parteaguas en el proceso liberador en busca de la libertad, entonces “educar, pues, en el rechazo a la autoridad, en evitar la sumisión y en desarrollar un aprendizaje de la autonomía y de la libertad, se hace fundamental en la construcción de la futura sociedad libertaria.” (Cuevas, 2003:82), es la búsqueda de fines individuales con objetivos colectivos. Por ello, la educación no puede ser estandarizada, sino contextualizada a su realidad para el cambio social.

La humanización

La educación debe fungir un papel liberador y humanizante mediante el proceso de lectura y diálogo con el mundo, desafortunadamente “en este caso, los educadores no han logrado elaborar un discurso pragmático para proporcionar a los estudiantes el conocimiento, las habilidades y los valores que necesitarán, no sólo para expresar su propia voz sino para comprenderla, ni alentar a los alumnos a transformarse en agentes sociales colectivos.” (McLaren, 1998:20). Por ello no podemos hablar a las personas solamente sobre nuestra visión, pues es caer en una imposición (Freire, 2005), sino proporcionar las armas que los desafíen a reflexionar, es decir, dialogar sobre nuestros objetivos (individuales y colectivos) y nuestros sueños y saber que la lucha no la hago yo o tú, sino todos en comunión. Así se construye la historia.

Por lo tanto, la humanización, nos hace conscientes de quienes somos y lo que somos, y que como seres críticos, somos capaces de intervenir en el mundo para llevar a cabo su transformación. Freire comenta: “En mi inadaptación es sólo el camino para la inserción que implica decisión, elección, intervención en la realidad.” (2002: 75)

Ésta inserción en el mundo nos acerca, permite comunicarnos por medio del diálogo, nos permite conocer la otredad, nos hace comunes y afines, más no iguales.

El conocimiento

sueno-una-educacion-libertaria-L-ticptNCorrientes radicales del anarquismo niegan completamente a los intelectuales, niegan a la escuela (universidad), pues ésta última ha sido parte importante en el mantenimiento de las estructuras de poder. Pero también, dentro de ella han nacido en dichas instituciones teorías y prácticas basadas en la resistencia. Pero es este conocimiento el que ha sido alejado de los sectores sociales, caemos en cientificismos que les son negados, se convierten en conocimientos sectarios.

“Uno de los obstáculos a nuestra práctica está ahí.

Vamos a las áreas populares con nuestros esquemas ‘teóricos’ montados y no nos preocupamos por lo que ya saben las personas, los individuos que están ahí, y cómo lo saben. No nos interesa saber lo que los hombres y las mujeres populares conocen del mundo, cómo lo conocen y cómo se reconocen en él, no nos interesa conocer su lenguaje acerca del mundo.” (Freire, 2013:64)

El distanciamiento escuela-sociedad, niega el conocimiento, por lo cuál, niega la liberación, es decir, es deshumanizante, porque al haber distanciación hay negación del diálogo, por ende, de la conciencia crítica. Es silenciar nuestra voz a través de la voz de los demás. Por eso es necesario facilitar la comprensión de los textos, volverlos ligeros, que permitan la reflexión, más no dar las cosas hechas y prontas (Freire 1998) que evitan el análisis de la realidad.

¿Cómo pretendemos cambiar al mundo si negamos las armas que permiten su transformación? ¿Cómo dar voz a los sin voz si se la negamos? Por eso: “Antes que nada, mi posición debe ser de respeto a la persona que quiera cambiar o que se niegue a cambiar. No puedo negarle ni esconderle mi posición pero no puedo desconocer su derecho a rechazarla.” (Freire, 2002:69)

No niego la educación libertaria, pero para conseguir definir la libertad, es necesario un proceso de deconstrucción y reconstrucción como se ha estado mencionando a lo largo del texto, es un proceso de liberación. Sabemos que es muy delgada la línea entre libertad y libertinaje. Se lucha por la libertad, sí, pero también se construye.

El conocimiento es un derecho y una responsabilidad a la que cada persona debe tener acceso, el conocimiento genera crítica y reflexión; y éstas a su vez generan la liberación. Lo denomino como proceso educativo. “Educar para transformar, es educar para liberar”.

Conclusiones

Más que una conclusión, es una invitación a la reflexión y la autocrítica, a darnos cuenta que existen diversas formas de lucha, siempre y cuando éstas sean llevadas a la praxis por medio de la autorganización. Es una invitación a repensar la educación, como profesor ¿Estoy desafiando a mis alumnos intelectualmente en la concienciación y reflexión de su realidad? Como alumno ¿Participo en la construcción de mi propio conocimiento? Como mujer u hombre, como humanos ¿somos conscientes de que nuestra inserción en el mundo nos permite actuar en él y con él? ¿Qué es obligación nuestra dialogar con aquellos que creemos que no tienen voz?

César Gabriel Peña Ramírez

Bibliografía

Bourdieu, P. y Passeron, J.C. (2009). La reproducción. Elementos para una teoría del sistema de enseñanza. México. Fontamara.

Canroy, M. (1985). La educación como imperialismo cultural. México. Siglo XXI.

Cuevas, F. (2003). Anarquismo y educación. La propuesta sociopolítica de la pedagogía libertaria. Madrid. Fundación de estudios libertarios Anselmo Lorenzo.

Fanon, F. (2001). Los condenados de la tierra. México. FCE.

Freire, P. (2013). Política y educación. México. Siglo XXI.

̶̶  (1998). Cartas a quien pretende enseñar. México. Siglo XXI.

̶  (2010). El grito manso. México. Siglo XXI.

̶  (2005). Pedagogía del oprimido. México. Siglo XXI.

̶  (2011). La educación como práctica de la libertad. México. Siglo XXI.

̶  (2001). Pedagogía de la indignación. Madrid. Morata.

̶  (2002). Pedagogía de la autonomía. México. Siglo XXI.

Fromm, E. (1968). El miedo a la libertad. Buenos Aires. Paidós.

Giroux, H. (2011). Teoría y resistencia en educación. México. Siglo XXI.

McLaren, P. (1998). Multiculturalismo revolucionario. Pedagogías de disensión para el nuevo milenio. México. Siglo XXI.

Ruiz, A. (1998). Crisis, educación y poder en México. México. Plaza y Valdez editores.

Extraído: http://elforo.edicionesanarquistas.net

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