Wayne Price: El reformismo marxista

by • 8 diciembre, 2014 • Artículos, Reflexiones y otros, Teoria políticaComments (0)1108

Extracto del libro “La abolición del Estado: Perspectivas anarquistas y marxistas” de Wayne Price

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“Marx y Engels fueron revolucionarios, pero las raíces del reformismo marxista yacen en lo profundo de la teoría marxista.

Marx era un editor de periódicos en Alemania, luchando una “cruzada” por la democracia burguesa más avanzada posible, tanto contra el Estado prusiano como contra los vacilantes liberales. Esto era verdad tanto antes como después de que se volviera un revolucionario socialista (un marxista). En Inglaterra, él y Engels fueron cercanos a los líderes del movimiento cartista, el movimiento de trabajadores que apoyaba la cada vez más extendida democracia parlamentaria. La estrategia de Marx y Engels era luchar por un Estado burgués radicalmente democrático (que hubiera requerido revoluciones contra la mayoría de los regímenes europeos monárquico-burocráticos y semi-feudales de la época). Entonces los trabajadores usarían sus derechos democráticos para elegir sus representantes, quienes implementarían un programa socialista (como el que se da al final de la sección II del Manifiesto Comunista). El Manifiesto resume: “…El primer paso en la revolución hecha por la clase trabajadora, es elevar al proletariado a la posición de clase dominante, para ganar la batalla por la democracia” (en Drapper,1998, p. 155; mi énfasis). Se refiere a que esto se convierta en “…el Estado, por ejemplo el proletariado organizado como la clase dominante” (ídem). Era el Estado el que eventualmente se desvanecería.

Durante el levantamiento de 1871 en París conocido como la Comuna, Marx observó lo que los trabajadores de París hicieron para reorganizar sus estructuras políticas y aprendió de ellos. Extrapolando lo que ellos hicieron en 72 días, él logró un entendimiento más profundo del Estado y la revolución (lo 42 / Wayne Price que será discutido en el próximo capítulo). Concluyó que no era posible votar el socialismo. No había una “vía parlamentaria al socialismo”. Incluso los estados capitalistas más democráticos deberían ser aplastados y reemplazados por una estructura como la de la Comuna.

Sin embargo no modificó sus políticas a partir de estos nuevos descubrimientos. En lugar de eso, aumentó su énfasis en trabajar dentro del Estado existente. Le propuso a la Asociación Internacional de los Trabajadores (la Primera Internacional), que buscara construir partidos políticos de trabajadores en todos lados, para presentarse a elecciones. Marx y Engels sostuvieron que la Comuna había mostrado a los trabajadores la necesidad de tomar el poder político. Para que esto tuviera un significado, los trabajadores necesitarían formar sus propios partidos políticos, separados de los varios partidos burgueses, no importa cuán liberales éstos fueran. Organizada en estos partidos la clase trabajadora iniciaría la contienda por el poder al presentarse en las elecciones. Obtuvieron una resolución a estos efectos en el documento “Acción Política de la Clase Trabajadora” aprobado en septiembre de 1871 en la Conferencia de Londres de la Internacional (Marx, 1974a).

Nueve años más tarde, Marx escribió una introducción al programa de un nuevo partido de trabajadores franceses en la que afirmaba que, “…la apropiación colectiva sólo puede proceder de una acción revolucionaria de la clase de los productores –el proletariado– organizado en un partido político independiente, …el sufragio universal… será por ende transformado del instrumento de fraude que ha sido hasta ahora a un instrumento de emancipación; los trabajadores socialistas franceses… han elegido, como los medios de organización y lucha, entrar a elecciones…” (1974a, pp. 376-377). Este programa fue aprobado a pesar de las objeciones de sus miembros anarquistas. Ellos no creían que las elecciones dejarían de ser medios de fraude burgués para volverse instrumentos de emancipación sólo porque un partido socialista de los trabajadores decidiera usarlas para la organización y la lucha.

Dejando de lado los conflictos entre personalidades y los asuntos organizativos, esta estrategia electoral se convirtió en la principal disputa política entre Marx y los anarquistas. Marx sostenía que los anarquistas estaban ignorando la importancia de la toma del poder por los trabajadores y la mejor manera de resolver el problema era, específicamente, a través de elecciones. Los acusó de ser “políticamente indiferentes”. Por su parte, los anarquistas acusaron a los marxistas de estar capitulando ante el Estado capitalista, de ignorar la influencia corruptora de la participación electoral y, aún más, de estar siendo elegidos para los parlamentos burgueses. Los representantes electos se acostumbrarían a vivir bien y mezclarse con los ricos. El solo hecho de presentarse requiere que el partido proponga políticas para manejar el Estado y para dirigir la economía capitalista, empezar a pensar como políticos burgueses. En tiempos de paz la mayoría de los trabajadores no son revolucionarios; tratar de ganar sus votos significa acomodarse a su conciencia reformista.

Algunos marxistas estuvieron de acuerdo con este antielectoralismo, como el británico William Morris, quien estuvo activo durante los últimos años de vida de Engels. Al construir los partidos socialdemócratas de Europa, Marx y Engels estuvieron, en los hechos, aliados con sus enemigos políticos, los reformistas. Esto es, Marx y sus seguidores querían construir partidos para hacer revoluciones mientras que sus aliados querían hacer partidos de trabajadores para prevenir las revoluciones.”

(pp. 42-44)

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