“Simulacro de vida, simulacro de guerra”

by • 26 octubre, 2014 • Artículos, Reflexiones y otros, Teoria políticaComments (0)933

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La vida es una experiencia común, continua y caótica, es la materialidad viva,  determinada y por determinar. En ella convergen un sin fin de posibilidades, que se configuran y reconfiguran a partir de nuestras mediaciones y experiencias cargadas de sentido. Con esto, simplemente se quiere decir que no hay nada así como una esencia de la verdad y que los criterios de la verdad no son incondicionados; es decir, que siempre son relativos a un marco de sentido histórico.
Este marco de sentido esta siempre en disputa, pero sin duda, y gracias a las logicas productivas y de distribución de recursos (estrategicamente intencionadas para posibilitar la reproducción del status quo)  hoy en día es hegemonizado por definiciones y significados (insignificantes) que bajan desde el cielo de los ricos para superponerse en nuestra conciencia frágil y sumisa. Esto, genera un estado de (auto) conciencia colectivo heterónomo, a la vez que una relación alienada con el imaginario y las insittuciones aglutinadas en el Estado democrático liberal fetichizado.  Seperado y autonomizado de la sociedad. Esto quiere decir que gran parte de nuestros mitos y normas compartidas  no deviene de una deliberación colectiva, autónoma, en un espacio común y público creado para ello. A nosotros la realidad se nos impone, y la capacidad colectiva de crear nuestro nomos es negada. El ineludible enfrentamiento al vacío, al caos, y la posibilidad real (y negada por el miedo) de que todos lo que nos cuentan desde sus cómodas vidas no sean más que mentiras es encubierto gracias al ejercicio de las maquinas monstruosas de socialización y disciplinamiento inmediato que son los medios. En efecto, dada esta disputa constante por significar, por otorgar significados a nuestra imaginación, y a fin de cuentas de concretar la posibilidad real de crear en clave socio histórica una nueva configuración normativa (que nos demos nosotros mismos), es que se hace necesario reconocer que la lucha por significar nuestra vida es la madre de todas luchas.

“Desde hace siglos, el Occidente moderno está animado por dos significaciones imaginarias sociales totalmente opuestas, aunque se han contaminado recíprocamente: el proyecto de autonomía individual y colectiva, la lucha por la emancipación del ser humano, tanto intelectual y espiritual como efectiva en la realidad social; y el proyecto capitalista, demencial, de expansión ilimitada de un seudodominio seudorracional que desde hace mucho tiempo ha dejado de concernir exclusivamente a las fuerzas productivas y a la economía para convertirse en un proyecto global (y así aún más monstruoso) de un dominio total de lo físico, lo biológico, lo psíquico, lo social, lo cultural” (El ascenso de la insignificancia, p.90)

Resignificar en autonomía nuestras formas colectivas de acción, nuestros intereses, nuestra identidad, los conceptos de felicidad, de libertad, entre otros, es sin duda la lucha más difícil. Ya que justamente es en esta disputa en donde se hace posible vislumbrar con claridad cuál es la naturaleza última del estado y su dogma -El monopolio de la violencia- Esto, al menos en su forma histórica moderna, y por lo tanto, también desde su contemporaneidad y complementación al sistema mundo capitalista. Puesto que cualquier intento de resignificar nuestras vidas desde abajo, de manera radical y en autonomía provocará una respuesta más o menos fuerte por parte del Estado, y también desde los medios utilizados por grupos económicos para defender una determinada significación conveniente de mantener.
Las cosas no son más que las relaciones que las constituyen. Este principio ontológico nos ayuda a comprender que detrás de toda verdad siempre existirá una mediación interesada que ejercerá una lucha por entonar y configurar significados y representaciones para sostener una forma determinada de leer el mundo (relaciones de poder como nos recuerda Foucault). Desde que aquí es que podemos comprender cuál es la lógica de la autonomía. Esta tiene que ver justamente con vislumbrar nuestras más profundas determinaciones, así como dar cuenta de que esas determinaciones no son algo absoluto y ahistórico; y que la creación social histórica siempre estará presente en la vida humana. El enfrentamiento al vacío es justamente esa posibilidad de crear instituciones que den cuenta de nuevas exigencias, nuevas demandas, nuevas luchas, que socavan verdades para construir otras, mejores, más realmente racionales. Racionalmente liberadoras.
En este sentido, las categorías y los conceptos que dan forma simbólica a nuestro imaginario, son “cargados de sentido” desde lugares diseñados para ello. Es decir, desde las instituciones socializadoras de los sujetos que se integran a nuestra sociedad. En nuestra época el rol de los medios se ha hecho cada vez más importante para la socialización de los sujetos. Esto es preciso comprenderlo a un nivel de no indeterminación. Si no simple encubrimiento, simulacro. La posibilidad de crear “verdades” en autonomía es salvaguardada por la naturaleza caótica y no indeterminada de nuestra existencia.
En efecto, los medios funcionan ante todo como agentes socializadores que configuran los sentidos comunes y las categorías de referencia que constituyen las diferencias identitarias, es decir, que “forman” las diferencias, a la vez que nos ayudan a relacionarnos como sujetos constituidos en el contexto de una creciente virtualización de lo que conocemos de la realidad. Este fenómeno está en estricta relación con lo que significa construir realidades e identidades a partir de relatos interpretativos emitidos desde los medios de comunicación.
Estos dispositivos/instituciones están impregnados de un imaginario que se ve ampliamente hegemonizado por intereses, que las mayorías de las veces son “representaciones” de sujetos tan alienados como nosotros, pero que en un sentido objetivo (histórico) no hacen más que velar por sus intereses egoístas de enriquecimiento, al comprender – nos, como lo hacen los buenos y pragmáticos liberales, nada más que como fuerza de trabajo disponible para el enriquecimiento de ellos y el sostenimiento de su orden. A saber, es preciso comprender que para varios de estos sensatos liberales el progreso se hace posible justamente gracias a esto.
Para lograr esto, las elites económicas en conjunto con las elites políticas afines, tienen a su disposición un sinfín de herramientas de control –legales- y de socialización que permiten construir y reproducir simulacros de realidad que son transmitidos por medios virtuales y masivos de información, para ser recepcionados e integrados pasivamente (la mayoría de las veces sin mediación critica, precisamente porque nunca se nos ha permitido el entrenamiento en autonomía de la capacidad crítica, excepto para unos pocos, La paideia.) en la confortabilidad de los hogares, en donde también residen los tipos configurados como enemigos del orden y la paz social.
Como bien decía el caballero barbon hace más de un siglo: la producción capitalista es por un lado un simple cambio de equivalentes y por el otro es la apropiación violenta del poder creador del obrero. Es un sistema social en el cual el obrero como vendedor, y el capitalista, como comprador, son jurídicamente partes contractuales iguales y libres, pero es también, y al mismo tiempo, un sistema de esclavitud y de explotación. O bien podría ser dicho de esta otra forma: El cambio de equivalentes es la relación social fundamental de la producción, pero la extracción de no equivalentes es la fuerza fundamental de la producción. Esta última parte era por supuesto necesaria de encubrir con todos los mitos necesarios.
Hoy en día no podemos concebir la construcción de la realidad sin comprender que son los “simulacros”, la factibilidad de la hegemonía semántica y el rol de los medios para sostener la dominación y las verdades incuestionables. El capitalismo, el consumismo, la esclavitud. Esa realidad y sentido que en teoría son siempre interpretables, van progresivamente dejando de serlo. Nuestro cerebro es adiestrado desde pequeño a comprender lo que los ricos quieren que comprendamos, todo esto con el fin último de que sostener un orden simbólico que los mantiene en lo más alto. Para mirar desde allí, sus dominios, sus esclavos.

“La humanidad no puede quedarse encerrada en su existencia “real”. Esto quiere decir que la humanidad tiene la experiencia del abismo o que el abismo se impone a ella. Al propio tiempo la humanidad fue hasta ahora incapaz de aceptar sencillamente esa experiencia. Esto podrá parecer paradójico pero es evidente a poco que se reflexione sobre ello: desde su origen y luego siempre, la religión responde a la incapacidad de los seres humanos de aceptar lo que incorrectamente se ha llamado “trascendencia”, es decir, la incapacidad de aceptar el caos y de aceptarlo como caos, de afrontar de pie el abismo. Lo que pudo llamarse necesidad de la religión corresponde a esa negativa de los seres humanos a reconocer la alteridad absoluta, el límite de toda significación establecida, el envés inaccesible que se constituye en todo lugar al que se llega, la muerte que mora en toda vida, el absurdo que rodea y penetra todo sentido” (Los dominios del hombre, p.187)

Los conceptos son compartidos, y sin duda, toda verdad y realidad, son condicionadas. La verdad por lo tanto es un espacio es disputa. Sin duda, ellos tienen las de ganar, porque representan los grandes grupos económicos y políticos herederos de los fundadores de un país hecho a la medida de los millonarios de siempre. Pero esto siempre se dará en espacio virtual y no virtual de lucha constante por mantener nuestros significados en autonomía y salvaguardar la capacidad que tenemos como humanos de enfrentarnos colectivamente al vacío histórico que nos impone el capitalismo y su característica ausencia de sentido colectivo y deliberado. Los significados son tragados como hamburguesas sin mostrar y por tanto, de no ver absolutamente nada de lo que hay detrás del proceso histórico de construcción de verdades y por supuesto que de productos. Un producto es una verdad a la vez que un simulacro.
Las noticas podemos comprenderlas como productos intencionados y vendidos que son consumidos cómodamente y sin mediación crítica por todxs nosotrxs, tal cual como lo expresan el absurdo grandes novelas como 1984, o Brazil.
El capitalismo avanzado es una cuestión de profunda no- significación. O bien de profunda no auto-significación. De auto- ocultamiento. Por que la sociedad capitalista no es una verdad trascendente y a histórica, si no que deviene de nuestra aceptación y reproducción sin mediación critica. De ahí que la praxis pedagógica sea tan diferente de lo que se propuso su origen, es decir, ayudar y entregar las herramientas para lograr la auto-comprensión de nuestro entorno, para así modificarlo de la mejor forma, no solo para mí, sino en un sentido de alteridad. Para todxs.
El valor de cambio se antepuso al valor de uso en todas nuestras relaciones. Nuestra vida se ha vaciado de contenido. Tenemos al capitalismo lo suficientemente dentro como para mantener la obediencia al trabajo salarial. Aunque no tanto así en lo cultural. El capitalismo no necesita significados profundos y que guíen a la humanidad a un progreso y algo por el estilo: El capitalismo tiende a justificarse cuando permite convivir las ideas más contradictorias.
El fin de las ideas guia es la realidad burguesa.
Las ideas parecen haber perdido toda buena causa. Y nuestros significados de liberación han tratado de ser sepultados de las formas más brutales. El terrorismo brutal del estado. El imperialismo brutal de las corporaciones. El imperialismo transmitido constantemente por los medios de comunicación. Los agentes socializadores par excellance junto a las maquinas creadoras de obediencia que son los colegios. Más aún los colegios en donde se reproduce la mano de obra barata.
La voluntad de superarnos como sociedad es indisociable del rechazo a un paradigma de la seguridad. Y en cambio, el predominio, en el seno de una sociedad de los valores de seguridad, garantiza la imposibilidad de tal superación. El enfrentamiento al vacío es tan necesario como nuestra nueva educación para la liberación, y eso nacerá solo desde nuestras voluntades históricas. Jamás desde las instituciones que han entrado en un estado entrópico y autorreferente, las que se han corrompido al extremo de creer que la democracia es la negociación constante con aquellos que niegan amablemente lo poco que nos queda de humanidad. La seguridad que nos entrega el Estado/capitalista es la perpetuación de nuestra esclavitud y nuestros sufrimientos.
Capitalismo y Estado caminan juntos desde siempre.
La ideología de la seguridad del Estado, aunque no más poderosa que el efecto que produce la dependencia económica de los trabajadores, cumple el rol de justificar la existencia de leyes especialmente diseñadas para los enemigos del orden burgués- (o el derecho penal del enemigo) responsables de cuantificar y de controlar a toda costa cualquier disidencia radical que afecte los fundamentos de la democracia liberal.
Ahora cualquier organización que tenga como objetivo real y factible transformar radicalmente las condiciones actuales será identificado y afectado por todos los nuevos instrumentos que se diseñan y justifican en el miedo y la auto referencialidad del poder supremo del Estado. Y por supuesto de los que se ven afectados en sus intereses por las demandas sociales de transformación radical.
Cuando en el mundo no hay grandes ideas, comienza la decadencia.
Han intentado vaciarnos pero fallaran siempre. Volveremos de las cenizas, como el pellín.
“Cuando la única herramienta que se conoce es el martillo, todos los problemas se parecen a un clavo”….. La historia es un cajón de herramientas.

Pero nosotros no olvidamos!!
Porque nuestro proyecto de liberación es por definición infinito.
Hoy la protesta popular hace frente a la avanzada reaccionaria de los reformistas/PS/PC/NM/capitalistas, y les recuerda una vez más que si seguimos dormidos es solo cuestión de tiempo. El poder de decidir juntos sobre nuestra vida, desde los más fundamentales aspectos hasta sobre los más superficiales, se construye a pulso y depende de la concreción política de la unidad en una constelación de luchas. Desde abajo. Siempre desde abajo.Con el pueblo y no para el pueblo.
A defender todos nuestros proyectos de liberación, en cada pobla, cada pueblo, y cada ciudad de esta sufrida tierra, usurpada, explotada y bautizada por los burgueses de siempre como Chile. A crear nuestras herramientas autónomas de comunicarnos entre pueblo, para comunicar nuestras verdades, nuestros significados liberadores.
El pueblo no olvida, ya dejo de llorar y ahora va por mucho más.

Rogel.
Lapeste

Refrencias
Castoriadis, C. “los dominios del hombre”
Castoriadis, C. “al ascenso de la insignificancia”

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