El Futuro, viaje a través de la utopía. María Luisa Berneri.

by • 8 enero, 2014 • Berneri, Marie Louise, Biblioteca -autor, Temáticas -biblioteca-Comments (0)1062

Prologo a la edición en castellano

Como descubrirá el lector de este libro, la literatura de las utopías tiene una dilatada historia. Aunque convencionalmente ésta comienza con Platón y el jonio Hipodamo, planeador de ciudades, su impulso se remonta a los primeros textos sumerios, en los que se describe una legendaria Edad de Oro en la que “no había víboras, escorpiones ni hienas”. Ahora que el mundo está saturado de energía nuclear, que amenaza poner en las manos de las víboras, escorpiones y hienas con figura humana el poder de destruir al hombre, no debe extrañarnos encontrar el renovado interés que se manifiesta por las utopías. Es en las épocas de desesperación cuando el hombre sueña con una vida mejor, como en los períodos de hambre cuando se ve rondado constantemente por las visiones de alimentos.
A semejanza de las sociedades que los autores de utopía han intentado modelar en formas más perfectas, la literatura sobre las utopías está colmada de ambigüedades y contradicciones. Desde sus orígenes, el sueño de beneficiar a la humanidad ha sido frecuentemente fundido en moldes arbitrarios, en moldes realmente absolutos. A menudo el Estado utópico, comenzando por el del espartano Licurgo, es la obra de un monarca absoluto que impone rigurosamente sus conceptos personales de la virtud y de la felicidad al conjunto social. En nombre de la justicia y de la igualdad estos gobernantes desconocen la libertad; para realizar “la felicidad” imponen la obediencia servil y la conformidad; para lograr el “orden” niegan la aventura, la variedad, la espontaneidad y la creación. Después de una visita a estas imaginarias repúblicas “perfectas”, el lector encontrará alivio al retornar a un mundo cuyas imperfecciones conceden un margen mayor de estímulos al desarrollo humano que el orden estático aceptado por los autores clásicos de utopías, a causa de que éstos consideran su comunidad ideal como una obra
“Viaje a través de utopía” de María Luisa Berneri
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acabada de arte, inmune a posibles perfecciones por otros hombres o por ulteriores generaciones.
En este viaje a los dominios de Utopía el lector tiene la fortuna de ser guiado por una joven sensitiva y sagaz, con cuya muerte prematura el mundo ha perdido un crítico social de provisores méritos. María Luisa Berneri, anarquista por convicción intelectual, se hallaba en la línea de la intrépida tradición de Pedro Kropotkin; y su filosófico respeto por lo individual y personal, por lo espontáneo en oposición a lo regimentado, por lo voluntario contra lo compulsorio, hacen de ella un crítico agudo de las desdichadas limitaciones reveladas por tantas utopías del pasado. A pesar de que anarquismo y comunismo son, en términos filosóficos, extremos oponentes dialécticos, la vida misma oscila entre ambos polos, y ni uno ni otro debe ser tomado como último destino. De no haberse truncado tempranamente la existencia de María Luisa Berneri, su mente rápida y firme, estoy de ello convencido, habría llegado a esta misma conclusión.
Como antiguo investigador de utopías siento especial predilección por esta obra, pues ella es el más comprensivo y penetrante estudio de esta tierra ideal de que tengo conocimiento, en cualquier idioma. Aunque, felizmente, de dimensiones modestas, esta obra es de alcance superior a mi propio libro y al de Hertzler. Utopía misma tiene casi tantos círculos como el Cielo y el Infierno que Dante recorrió bajo la guía de Virgilio. Y María Luisa Berneri es el mejor guía para penetrar en este súper-mundo; no temamos que sus pobladores hablen su propio lenguaje o que el lector extraiga sus propias conclusiones. A fin de cuentas, como María Luisa Berneri señala, es menos una guía de lo que podía ser deseable en el futuro que un catálogo de las instituciones y métodos que debemos guardarnos de adoptar como “ideales”. Pues como pone de relieve el filósofo ruso Nicolás Berdiaev, la ciencia y las técnicas modernas han hecho posible la utopía; ciertamente, con su misma perfección de métodos, éstas han producido instrumentos formidables de compulsión totalitaria supuestamente orientada hacia la seguridad y el bienestar nacionales. Estas “utópicas” instituciones autoritarias están ya en acción, no solamente en los regímenes comunistas, sino también bajo gobiernos aparentemente libres y democráticos.
Así, al final de este viaje a través de imaginarias repúblicas, veremos en la frontera de nuestra potencialmente real Utopía un mojón con esta extraña advertencia: “¡Cuidado! Estas entrando en la tierra de Utopía… Antes de seguir adelante consultar Brave New World, de Aldous Huxley, 1984, de George Orwell, y We, de Zamiatin”. Y si el lector ha prestado atención a su excelente guía, María Luisa Berneri, no se sorprenderá al descubrir que éste es, en efecto, un fin estéril y no un destino deseable para el hombre. Aunque la vida humana, a fin de lograr su plenitud, deba en todo momento orientarse hacia metas ideales, está en la esencia de las cosas, como Walt Whitman observó, que no sólo debemos alcanzar las metas sino sobrepasarlas. No es la perfección estática sino el constante avance, renovación y trascendencia la mejor alternativa de la vida en Utopía.
Lewis Mumford
Amenia, Nueva York.
Primavera 1962.

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