Sobre leyes y violencia revolucionaria

by • 8 noviembre, 2013 • Artículos, Teoria políticaComments (0)716

aysen_22450Todos los responsables de la llamada izquierda institucional han reprobado y han catalogado como innecesarios e improductivos políticamente, a los desmanes, los saqueos, y las quemas de autobuses que han sucedido en el 2011 y en lo que va de este año. Sabemos que muchos también han defendido desde una postura intelectual el porqué de esos actos, imponiéndole una subjetividad burguesa “saneada”, a la conciencia “maltrecha” de los manifestantes insurgentes. En este mismo sentido, el pacifismo intelectual ha impuesto una postura llamada a confinar la violencia de los insurgentes en el contrato tradicional de siempre, es decir, en el estado de derecho. Justificando, de esta manera, toda la represión que ha caído sobre los insurgentes, incluidas muertes como la del niño Manuel Gutiérrez, y las muchas otras ocurridas en estas últimas décadas.
“dejemos que los sociólogos y cientistas políticos -sofisticados revolucionarios- se quejen de lo absurdo y de la ebriedad de la revuelta”, sabemos bien que su pureza revolucionaria no es más que la imposibilidad del acto y la transformación política inmediata, en primera persona, sin mediaciones, e interlocutores “válidos”.

En este texto, tal cual como lo han hecho otros, intentaremos contribuir a darles sus razones a los insurgentes, y a tratar de explicar críticamente el porqué de sus acciones en un contexto de dominación cuasi total.
La insostenibilidad de un sistema indigno y asesino de nuestra capacidad creativa e instituyente, hacen posible que retomemos las posibilidades políticas e imaginemos la creación de un nuevo nomos, y nuevas posibilidades de organización que posibiliten la autonomía de los sujetos y las comunidades. Esta capacidad imaginativa e instituyente, por lo tanto, siempre tendrá como destino rebasar la legalidad. Bien sabemos que los movimientos reformistas e incluso algunos de “ultra” pero anteriores a esta época, carecían de la lucidez de los actuales focos de resistencia autónoma que nacen todos los días y en todas partes del mundo. “Antes era lógico apelar a la ley legalmente, hoy se volvió un acto irracional mendigar legalmente ante la ilegalidad y las injusticias flagrantes”. Por supuesto que es necesario comprender que la ilegalidad superficial deviene de contradicciones socio económicas que ningún político ni ninguna ley podrán terminar, ya que ninguna forma jurídica podrá atentar contra el orden que sustenta la posibilidad de su existencia. Pero eso es tema para otro texto.
Cuando emerge un panorama de revueltas el ataque moral y legal se hace explícitamente ridículo y violento. Sacando a la luz la verdadera cara del estado y las instituciones que devienen de la imaginación de un mundo apacible a los intereses de la burguesía. Ellos lo saben… las revueltas de las cuales hemos sido todos participes, unos mas que otros, tienen como objetivo mayor o momentáneo, acabar con la mercancía, Re-significar los objetos producidos y enviarles un mensaje de fuego a todos los cerdos que nos gobiernan, he ahí su miedo. El mundo del trabajador-consumidor jerárquicamente sometido a las medidas de la mercancía es desafiado en todo acto subversivo, como lo es quemar una micro o bien robarle al retail, o destruir escaparates.
Nosotros comprendemos y creemos en esa lógica, aunque para explicar el porqué del sentido que hay detrás de todos quienes se enfrentan al orden violentamente sería necesario escribir mas de un texto dedicado a ello, creo que solo basta por ahora con resumir la lógica “a la utilización inmediata de los productos mercancías por quienes las producen y siempre han sido des-
plazados de su uso y disfrute”. Los verdaderos deseos de uso inmediato de nuestras creaciones sociales se expresan en lo lúdico, en el “potlach” de destrucción, antes que en la carrera sin fin del trabajo asalariado alienante. La gente quizás no ha tenido un acceso a una crítica mas profunda, menos a formarse un discurso “políticamente correcto”, pero cuando no se paga una micro está llevando a cabo un acto político radical bajo el cual todas las condiciones de trabajo asalariado y de lucro que sustentan el actual sistema social, se relativizan y se ponen en cuestión.
Por eso es que preferimos no darle mayor importancia a los textos y formas jurídicos – como lo es la llamada ley Hinzpeter- que viene a criminalizar aun más este tipo de acciones, ya que las comprendemos como una expresión más del autoritarismo contenido en las formas sociales que nos gobiernan. En efecto, si se hace necesario comprender el fondo ideológico que sustenta este tipo de arremetidas de la clase gobernante. Y el fondo ideológico es el mismo repasado una y otra vez desde hace muchas décadas, por grandes hombres que han dedicado su vida a la lucha y la creación teórica, este es, el problema-Estado.

El estado es la legitimación de una violencia sublime, es decir, de un dios social que nos cuidará del potencial enemigo por la subsistencia que tenemos al lado. Dejando en su forma la suma potestad de la violencia y la represión.
En su tiempo, la creación del estado o al menos de la idea, fue la culminación de proyectos que se contraponían a la autoridad y soberanía erigida desde los altos cielos y las consecuencias absolutistas derivadas de esta concepción.
De esta manera, se crea la ficción de la “representación que encarna la voluntad colectiva” de todo tipo de asambleas deliberativas o parlamentos, ya sean eclesiásticos o seculares (1). Así, con el paso del tiempo, el estado, y todo lo que conlleva su formación e imposición a nivel global, terminó convirtiéndose en una realidad social teñida de sangre, que deviene de procesos históricos llenos de imposiciones y obligaciones políticas (contrapuestas a las llamadas obligaciones sociales) derivadas del deber de obediencia necesario, y expresado en la difícil e inconmensurable “servidumbre voluntaria”.
La lógica del poder, como bien dice Colombo, se transformó desde la lógica de la situación en la que los hombres se encuentran, a la lógica de la institución política a la que los hombres se someten. Por lo tanto, es importante no hacernos parte de los afectados por esta ley. La lógica siempre será la misma: apaciguarnos mediante golpes, muertes, estudios, nuevas leyes, etc. El nuevo enmarque creado por los expertos, de hecho, posibilita la profundización de la crítica al estado como un ente asesino de la voluntad instituyente de los sujetos. Y los peores efectos, no son que haya más presos o que las penas sean mayores, si no, la inmovilidad y el anulamiento histórico, -o bien cansancio existencial- (2) de muchos de nuestros compañeros al ver caer sobre sus conciencias y sus cuerpos todo un aparataje represivo destinado a anular cualquier elemento subversivo.

La subversión total y cotidiana debe continuar, a la vez que hacerse más incisiva, más inteligente, y comenzar a ganar espacios liberados, en toda dimensión. Nuestros corazones no deben dejar de doler ante las injusticias, no deben dejar de encender a todxs los que pasan a nuestro lado, como un viento incontenible y silencioso. Porque las semillas invisibles ya
fueron sembradas hace mucho y hoy estamos viendo tan solo los primeros brotes de la subversión del orden miserable que nos han impuesto a sangre y fuego.

 NOTAS:

(1) “El espacio político de la anarquía” Eduardo Colombo.
(2) “La educación de la esperanza” Paulo Freire

 

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