La prensa obrera en Chile a comienzos del Siglo XX: Debates y tensiones entre Luis E. Recabarren y Alejandro Escobar y Carvallo

by • 8 noviembre, 2013 • Artículos, Historia socialComments (1)1883

A modo de introducción

A comienzos del siglo XX la denominada cuestión social urbana articulará un nuevo escenario político, el cual sin duda impactará en la conformación de una nueva cultura política dentro de los sectores populares. En este sentido, se comprende que la cuestión social no constituye simplemente las condiciones materiales de existencia degradadas de los sectores subalternos, sino que también se articulará como la piedra angular desde la cual se desprenden importantes procesos organizativos de los sectores populares.

Este proceso organizativo – expresado en asociatividad obrera, en nuevos marcos de conflictividad, y a su vez en lo que denominamos prensa obrera – constituye los cimientos desde los cuales se hacen perceptibles la conformación de nuevas identidades por parte de los trabajadores. Sin duda que la riqueza de este nuevo actor social, puede ser comprendida desde los espacios discursivos desde los cuales se desprenden elementos ideológicos (corrientes socialistas y anarquistas) pero también prácticos y endógenos (ideal de regeneración del pueblo).

El presente trabajo pretende profundizar respecto de lo que denominamos como prensa obrera, elemento altamente relevante para la comprensión de la conformación de las identidades de los sectores populares en Chile, pero también de los debates y tensiones que se dan al interior del movimiento popular. Es por ello que hemos decidido profundizar en los debates y tensiones que se dan entre la correspondencia entre Luis Emilio Recabarren y Alejandro Escobar y Carvallo, disputa que a su vez nos inserta en un marco más general que dan cuenta de la disputa entre los socialistas y anarquistas en Chile a comienzos del siglo XX.

La prensa obrera de comienzos del siglo XX

La articulación de una prensa propiamente obrera nos da cuenta de la conformación de líneas de pensamiento que intentan influenciar en la clase trabajadora a comienzos de siglo, en este sentido destaca una amplia producción y divulgación de prensa en las primeras décadas del novecientos intentan influenciar a un público cada vez más amplio. En la prensa obrera se hace perceptible a su vez la expansión de ideas y culturas políticas que intentan influenciar en la dirección y orientación de los crecientes niveles de organización que se dan al interior del mundo popular.


Si hay un elemento que caracterizara la naciente prensa obrera son las líneas argumentativas con un alto sentido informativo pero también pedagógico y educativo, el cual a su vez se inserta bajo el ideal de “regeneración moral” de los grupos populares. Esta regeneración tiene que ver puntualmente con la elevación moral de la clase obrera por parte de lo que se ha denominado como cultura “obrera–ilustrada”, bajo este contexto es que se hace comprensible la articulación de organizaciones que intentan sociabilizar ideales valoricos y estéticos a partir de la divulgación del teatro, obras literarias, la música y la poesía, al amparo de bibliotecas, centros de estudios, ateneos obreros, y por supuesto su arma más valiosa, la prensa.

Esta regeneración, según Cristina Moyano, constituye una nueva cultura política que apela a convertir al trabajador bajo líneas discursivas en un nuevo concepto de hombre quien debía traer la justicia social a la tierra, se trata por tanto de un hombre nuevo que bajo los parámetros ilustrados traería la civilización y la justicia social.

Estamos por tanto bajo un nuevo escenario comunicacional y cultural que tiene que ver con proyectos sociales de largo alcance, el cual puede ser abordado desde la formulación de la prensa obrera. Si bien en la amplia producción de prensa de la cultura “obrera-ilustrada” se puede hacer perceptible esta apropiación y configuración de nuevo sujeto histórico y un ideal de regeneración popular, también apreciable en los debates que se dan al interior del movimiento popular.

En este sentido, la formulación de corrientes ideológicas como el socialismo y anarquismo marcarán los debates y tensiones del mundo popular, en ambos casos se puede apreciar un intento por orientar las directrices de esta nueva cultura obrera que trae al escenario político nuevos márgenes crecientes de conflictividad social a partir de la organización.

Es decir, existe una tensión que tiene que ver con los métodos de lucha contra el orden social oligárquico, los cuales se verán totalmente compenetrados en las publicaciones de la prensa obrera, abriendo divergencias dentro del mundo popular. Bajo este contexto es que la prensa obrera refleja tendencias de las líneas de pensamiento, en este sentido es que la producción socialista estará encabezada por “El despertar de los trabajadores” cuyo exponente más ilustrativo será Luis Emilio Recabarren, por otro lado existirá una prensa propiamente ácrata en cuyas publicaciones se ven la pluma de dirigentes que terminarán por convertirse en fundadores del anarquismo chileno, Luis Olea, Magno Espinoza y Alejandro Escobar y Carvallo.

En síntesis, podemos señalar que a comienzos del siglo XX existe una amplia producción de prensa por parte de los sectores populares, la cual encuentra un público cada vez más amplio entre los trabajadores. Esta prensa tendrá un marcado fin político de levantar un ideal de “regeneración” popular como así también de la divulgación de diversas líneas de pensamiento que bajo nuevos esquemas informativos y argumentativos intentan orientar y dirigir la organización obrera bajo producciones de prensa altamente pedagógicas. En este sentido, analizaremos las discusiones que se dan entre Recabarren exponente de una línea socialista dentro de los trabajadores, frente a las posturas de Alejandro Escobar y Carballo exponente de un línea anarquista.

Según Sergio Grez, estas corrientes ideológicas de pensamiento habrían mostrado un espíritu de colaboración a comienzos de siglo, elemento que permite analizar una prensa en donde hay mayormente criterios de unidad y desde donde se mezclan los métodos de acción. Esto permite sustentar la tesis de que antes del siglo XX no pareciera haber una diferencia marcada entre los socialistas, demócratas y anarquistas. Sin embargo, según el propio Grez, las diferencias parecen haber tenido un punto de inicio en el intercambio epistolar entre ambos dirigentes obreros y que es publicado por la propia prensa obrera, desde las cuales se hacen ostensibles las diferencias ideológicas y prácticas de ambas corrientes, elemento que será de larga duración en el movimiento popular chileno.

Debate entre Escobar y Carvallo y Recabarren

En las primeras décadas del siglo XX las diversas corrientes de pensamiento que influencian a los sectores populares por fin comenzarán a mostrar sus diferencias con mayor claridad. En efecto, el pregonar la anarquía, el socialismo o militar en el Partido Democrático comenzaba a ser una diferencia que no era menor si en el trasfondo de las diferentes posturas estaba la táctica para conseguir la mejora en las deplorables condiciones de los desposeídos.

Durante las últimas décadas del siglo XIX el Partido Democrático con un discurso que apelaba a la redención social de los trabajadores, terminará por atraer a un número no menor de integrantes de los sectores populares. Si bien entrado el siglo XX el partido mostró un interesante crecimiento, muchos sectores del mundo popular denunciaron las limitaciones de seguir el camino “legalista”, y comenzarán a marginarse del mencionado partido incentivando otras alternativas. Así, surgieron las primeras experiencias de carácter socialista, como la Unión Socialista, mientras que por el lado anarquista comienza a realizarse una intensa proclama contra la idea de participación política de tipo parlamentaria, y una estimulación a la organización de los obreros de forma autónoma (acción directa) y la preparación moral e intelectual de éstos en base a valores anti-autoritarios (Araya, 2008).

El debate entre Luis Emilio Recabarren y Alejandro Escobar y Carvallo es un claro ejemplo de las tensiones en el movimiento popular entre las efímeras corrientes socialistas (que aun se podían confundir con los democráticos) y los ácratas. En el intercambio epistolar de ambos, sostenido en 1904, y que fue reproducido en la prensa, se pueden notar importantes puntos en tensión entre ambas tendencias.

La polémica comenzó como una respuesta de Escobar y Carvallo frente a las continuas críticas que Recabarren habría realizado a los sectores ácratas. En una carta abierta, el anarquista defenderá las ácidas críticas realizadas por los ácratas a los “enemigos ocultos” del pueblo, y señalará la imposibilidad de dejar pasar los diferentes actos de corrupción y vicios de éstos en la dirección del movimiento popular, criticando con fuerza la participación en política que solo terminaría “engañando” a los oprimidos (Grez, 2007: 293-294). Por otra parte, también denunciará la discriminación de los grupos ácratas en el primer Congreso Obrero en Santiago (1902), y en el segundo realizado en Valparaíso, denunciando la utilización de fondos gubernamentales y el apoyo de la policía para expulsar a los elementos “no deseados”. Por último, emplazará a Recabarren a definirse ideológicamente, invitándolo a indicar si en verdad es socialista, anarquista o demócrata, y dejar la ambigüedad en la que se encontraría (Grez, 2007: 299).
Frente a tales críticas, Recabarren lejos de apelar por una política fraternal responderá con firmeza ante las acusaciones realizadas por el anarquista. En primer lugar, señalará estar de acuerdo con combatir la “maldad” de donde venga, pero mostrará su discrepancia en los medios:

“Cuando veo que un hermano cae al abismo, voy a él, le tiendo la mano, le muestro su falta, procuro convencerlo del mal que se hace y lo invito a corregirse en bien general. Si me repudia y a nada se persuade lo señalaré por la propaganda verbal y solo en caso de una falta grave, inferida a colectividad, podré ir a la prensa.”

Por otra parte, el democrático ante la denuncia de excluir a los ácratas de los congresos obreros señalará la inexistencia de contradicciones en ese marco, ya que a su juicio sería una “cuestión de criterios, de concepción de ideas, no de maldades ni de ventas”(Grez, 2007: 302-303). Por último, y frente a la apelación a que se defina, Recabarren que aun sigue convencido de que los objetivos de demócratas, anarquistas y socialistas son los mismos, es decir el buscar “la felicidad proletaria, para llegar a la felicidad universal”, y que solo los separaría la táctica y los medios para conseguirlos, se definirá como socialista revolucionario, indicando que eso se expresaría en sus escritos y su labor (Grez, 2007: 304).
Por último, Escobar y Carvallo redactará una contra-replica, con la cual termina el debate, apuntando que sus críticas no irían dirigidas a sujetos en particular sino que a los vicios que retrasan el desarrollo del movimiento popular:

“¿cómo quiere que tendamos la mano generosa a un falso adepto que busca solo en nuestro campo los medios de vivir sin trabajar, y el brillante oropel de la celebridad barata?” (Grez, 2007: 312).

Por otra parte, profundizará sus críticas por la exclusión de los anarquistas en los congresos obreros, preguntando a Recabarren si en realidad la marginación no se habrá debido al miedo de los congresistas de disgustar al gobierno y “perder sus favores” (Grez, 2007: 314). Mientras que en el plano ideológico, indicará la imposibilidad de conciliar las autodefiniciones demócratas, socialistas y anarquistas, definiendo las diferencias que a su juicio tendrían las tres corrientes. Ello debido, a que existiría un “divorcio absoluto” entre la lucha política y la emancipación proletaria, señalando la imposibilidad de conciliar ambos campos al ser el primero lugar de explotadores y capitalistas, y el otro de los defensores del pueblo y la libertad (Grez, 2007: 322).

En la polémica expuesta se hacen notorios ya los puntos divergentes entre las diferentes corrientes políticas que querían “encauzar” al movimiento popular. En la primera década del novecientos se hacía evidente que las diferentes actitudes frente a la Política y el Estado se volvían puntos demasiado disimiles para converger en iniciativas comunes. La prensa obrera reflejará como los diferentes grupos mostrarán diferentes comportamientos y posturas frente a huelgas, protestas sociales y la forma de dirigir éstas, transformándose no solo la táctica y los medios la única diferencia, sino que comenzará una definición más clara respecto a “lo buscado” que terminará por romper cualquier punto de unión entre los diferentes grupos que apelaban al mundo popular.

Conclusiones

En síntesis, podemos señalar que el surgimiento de la prensa obrera y su intervención en el debate público nos refleja como el espacio público comienza a expandirse para comenzar a integrar a nuevos sectores sociales otrora excluidos.

Por un lado, la prensa obrera de comienzos del siglo XX da cuenta de un proceso de regeneración interno de los sectores populares, el cual tiende a la configuración de un individuo racional, moralizado, consciente de su historicidad y capaz de formular proyectos sociales autónomos al Estado y a la oligarquía.

Por otro lado, la prensa de los sectores más excluidos no solo reflejará una visión distinta a la expuesta por los dominadores, sino que a su vez mostrará la propia heterogeneidad del movimiento obrero, y en general de los sectores populares. En efecto, la discusión demócrata/socialista, demócrata/ácrata o socialista/ácrata nos habla de diferentes visiones surgidas del seno del movimiento popular, reflejando la divergencia en objetivos, tácticas y medios para mejorar la condición de los más desposeídos.

De esta forma, la discusión de Escobar y Carvallo con Recabarren, nos parece un buen ejemplo de cómo dentro de los sectores populares existieron diferentes voces y posturas frente al Estado, la política, la organización obrera y otros, que para inicios del siglo XX comenzarán a hacerse irreconciliables.

En este debate la prensa se articula como un espacio de expresión y reflexión popular tendiente a construir y disputar espacio de hegemonía entre ambas corrientes de pensamiento, particularmente el socialista y el anarquista. En este sentido creemos que el estudio de los debates entre los diferentes exponentes del movimiento obrero y/o popular es un nicho sumamente interesante en el cual nos parece aún falta mucho por investigar.

M. T., J.T y O.Y.

2012 

Bibliografía

  • Cruzat Ximena, Deves Eduardo. “Recabarren, Escritos de Prensa”. Nuestra America Ediciones. Tomo I, II, III y IV.
  • Grez Sergio. “Los anarquistas y el movimiento obrero. La alborada de “la idea” en Chile, 1893- 1915”. Lom Ediciones, 2007.
  • Massardo Jaime. “La formación del imaginario político de Luis Emilio Recabarren. Contribuciones al estudio critico de la cultura politica de las clases subalternas de la sociedad chilena”. Lom ediciones.
  • Araya, Mario. “Los anarquistas contra Recabarren. Polémicas y desencuentros entre ácratas y el más famoso ídolo popular (1904-1924)”, en Acción Directa, N°6. Santiago, 2008.
  • Moyano Cristina. “Cultura política y universos discursivos del movimiento obrero ilustrado Chile en los albores del siglo XX”.
  • Pinto Julio. “Desgarros y utopias en la pampa salitrera. La consolidación de la identidad obrera en tiempos de la cuestión social (1890-1923). Lom ediciones.
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One Response to La prensa obrera en Chile a comienzos del Siglo XX: Debates y tensiones entre Luis E. Recabarren y Alejandro Escobar y Carvallo

  1. 2h17 dice:

    interesante discusión, sobre todo por la distancia temporal en que se enmarca, dando cuenta de la historicidad de ambas corrientes y el gran aporte que significó para muchas personas, que a través de la organización lograron emanciparse de la explotación.
    este texto de Tomás Moulian “Estudio sobre la oralidad de la prensa chilena 1920”, también ofrece valiosos aportes en cuanto al contraste entre la prensa anarcosindicalista y la socialista-revolucionaria de nuestro país, saludos!!!

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