La letra clavada en la historia: Manuel González Prada (1844-1918).

by • 8 noviembre, 2013 • Artículos, Historia social, Literatura y poesia subversivaComments (0)2743

manuel gonzales pradaA pesar de estar ahora casi en el olvido, Manuel González Prada es reconocido como precursor de la poesía moderna en américa, y uno de los mejores ensayistas Peruanos.

No busco martirizar ni enarbolar personajes en tono de héroes, pero sabemos que a lo largo de la historia los grupos de poder siempre han intentado demacrar la imagen del anarquista, y cuando no pueden, simplemente la invisibilizan. Es por lo mismo que me parece necesario, además de interesante, revisar esta historia cruda para reconocer en ella a muchos grandes personajes hoy echados al olvido.

En función de esto y de la reivindicación de la literatura como arma, haremos un breve recorrido por la vida de González Prada, poeta y ensayista peruano del 1800. Anarquista, feminista y antiespañol.

Nacido en enero de 1844 en Lima, González Prada fue abrazando las ideas anarquistas de forma lenta pero real, descubiertas por el mismo el Barcelona, fue divulgándolas por américa mostrando un cambio y una radicalización profunda en su actuar y pensar, por lo mismo fue expulsado de revistas y boletines tradicionalistas para los cuales sus ensayos y poemas que invocaban la revuelta constante eran demasiado peligrosos.

En términos literarios, fue también rebelde en cuanto a la fonética y la métrica de sus poemas, pero no es esto lo que más importa, sino el mensaje profundo y las ansias de cambio que su poesía transmite.

Ya en 1888, González declaraba en un discurso público:

Los que pisan el umbral de la vida se juntan hoi para dar una lección a los que se acercan a las puertas del sepulcro. La fiesta que presenciamos tiene mucho de patriotismo i algo de ironía: el niño quiere rescatar con el oro lo que el hombre no supo defender con el hierro.

Los viejos deben temblar ante los niños, porque la generación que se levanta es siempre acusadora i juez de la jeneración que desciende. De aquí, de estos grupos alegres i bulliciosos, saldrá el pensador austero i taciturno; de aquí, el poeta que fulmine las estrofas de acero retemplado; de aquí, el historiador que marque la frente del culpable con un sello de indeleble ignominia.

Niños, sed hombres, madrugad a la vida, porque ninguna jeneración recibió herencia más triste, porque ninguna tuvo deberes más sagrados que cumplir, errores más graves que remediar ni venganzas más justas que satisfacer.

En la orjía de la época independiente, vuestros antepasados bebieron el vino jeneroso i dejaron las heces. Siendo superiores a vuestros padres, tendréis derecho para escribir el bochornoso epitafio de una jeneración que se va, manchada con la guerra civil de medio siglo, con la quiebra fraudulenta i con la mutilación del territorio nacional.

Si en estos momentos fuera oportuno recordar vergüenzas i renovar dolores, no acusaríamos a unos ni disculparíamos a otros. ¿Quién puede arrojar la primera piedra?

La mano brutal de Chile despedazó nuestra carne i machacó nuestros huesos; pero los verdaderos vencedores, las armas del enemigo, fueron nuestra ignorancia i nuestro espíritu de servidumbre.

La figura de este escritor es un buen ejemplo de cómo los círculos literarios burgueses o de coctel evitan el recuerdo y la reivindicación de la literatura en términos de luchas sociales.

La literatura, la poesía, la producción y el disfrute de la misma, no es desde sus inicios –como se ha querido plantear en la actualidad- derecho ni propiedad de artistas alternativos ni de elites con “tiempo de leer”.

Este es un fenómeno moderno y que tiene justificaciones político-económicas muy claras, a saber: la literatura implica persé una necesidad reflexiva propia de la interpretación de ciertos textos. En este sentido es entonces que los círculos de poder han hecho un gran trabajo en deslegitimar el potencial poder de acción que tiene la poesía como factor comunicativo entre los humanos, la posibilidad de formar una arenga en base a un discurso. El mensaje fundamental que debe extraerse de ciertos textos literarios va mucho más allá de un goce personal, se enmarca dentro de cuadros sociales y juega roles muy importantes dentro de los mismos.

Debemos entonces revindicar la literatura como arma de des/construcción, abolir los puestos enaltecidos en que se ha posicionado a la misma a lo largo de la historia y robar la literatura de vitrinas y códigos de barra. Son estas mismas maquinaciones capitalistas empresariales las que nos han quitado lentamente la posibilidad de acercarnos a la literatura real, simplemente acercándonos a personajes como Neruda o tantos otros que defendían intereses personales y cuyo mensaje en nada se condice con su vida y su actuar cotidiano.

La literatura es, por definición, rebelde, y debemos entenderla de esta misma forma. La capacidad de transmitir mensajes a través de la reflexión, la posibilidad de interpretar y de sorprendernos de nuestras mismas capacidades es algo intrínseco al ser humano que la alcurnia le ha arrebatado a la población a través de elementos tan concretos como evidentemente inútiles, sea uno de estos la televisión.

Manuel González Prada es uno de los muchos escritores rebeldes y por lo mismo obviados a lo largo de la historia, no fue un iluminado ni un mesías, fue un escritor tal como lo fueron muchos otros ignorados con fines políticos y cuyo mensaje real se posiciona dentro de un marco de revuelta y de profunda dignidad como poblador del mundo.

A deslegitimar entonces la literatura de mercado, esa que nos hace pensar en el romanticismo de princesas y castillos, esa que nos hace dormir cuando deberíamos estar más despiertos que nunca. La literatura puede, y debe seguir siendo un arma más empuñada en la guerra social.

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