Emancipar el saber: reflexiones para una pedagogía negra

by • 18 noviembre, 2013 • Artículos, EducaciónComments (0)2649

 

 Existe atontamiento allí donde una inteligencia está subordinada a otra inteligencia. El hombre –y el niño en particular– puede necesitar un maestro cuando su voluntad no es lo bastante fuerte para ponerlo y mantenerlo en su trayecto. Pero esta sujeción es puramente de voluntad a voluntad.

Se llamará emancipación a la diferencia conocida y mantenida de las dos relaciones, al acto de una inteligencia que sólo obedece a sí misma, aunque la voluntad obedezca a otra voluntad.

 Jacques Rancière, El Maestro Ignorante

Demás esta decir el deplorable aporte que significa – y ha significado – la escuela oficial en la vida de millones de jóvenes y niñxs alrededor del mundo. La escuela pensada y creada por el Estado prusiano en el siglo XIX siempre tuvo como objeto generar sujetos funcionales que se acomplasen a los intereses de los sectores dirigentes y que mantuviese el status quo, de ahí el resultado de una escuela que termina únicamente por reproducir un sistema extremadamente injusto y que reprime los sueños y deseos de quien entre a sus aulas.

Sin embargo, no es el interés de estas líneas realizar una revisión histórica de la escuela, sino cuestionar uno de los puntos fundamentales que termina por justificar su existencia tal cual la conocemos. La escuela oficial, sea estatal o privada, en términos generales, parte de la lógica de que quienes entran a sus salas tienen un vacío intelectual que debe ser “llenado”, así el alumno ( del latín “sin luz”) es para el profesor un recipiente vacío que debe rellenar con los conocimientos “básicos” para funcionar en el mundo.

Pero mas allá de que la elección de cuales son los conocimientos básicos es necesariamente arbitraria, y por tanto impuesta, el problema central que se quiere destacar, es que el profesor en el proceso de aprendizaje es visto como el único medio valido de transmisión de conocimiento. De esta forma, el conocimiento que, por ejemplo, nos puede entregar un libro necesariamente se ve mediatizado por el profesor quien sería el único capaz de “traducir” el saber para que sea entendido por el estudiante. En dicha lógica, el enseñar se transforma en “transmitir conocimientos y formar los espíritus, conduciéndolos, según un orden progresivo, de lo más simple a lo más complejo”(1), el “discípulo” en dicha línea se educa por medio de la apropiación razonada del saber y gracias a la formación del juicio, en consonancia a su destino social, y solo posterior a ello podría dar rienda suelta a las singularidades de su inteligencia.

Así, el proceso de aprendizaje pasa a ser la recepción del estudiante de las interpretaciones del profesor, anulando la posibilidad de que sea el propio estudiante quien interprete el saber contenido en un libro, siguiendo el ejemplo dado. Esto es lo que Rancière a llamado el proceso de atontamiento, en el cual la inteligencia de un sujeto se ve subordinada a la de otro sujeto (2), y que es justamente un punto central que debe ser combatido en cualquier pedagogía que busque la emancipación.

Si la elaboración de una pedagogía negra busca la construcción de un sujeto libre, critico y autónomo, es precisamente este proceso de atontamiento de las aulas tradicionales el principal punto a combatir. No es el punto de este articulo discutir respecto a las relaciones de poder que se pueden, y seguramente se generaran, en las nuevas formas pedagógicas, sino que destacar que si bien existan estas diferencias de poder en el proceso de aprendizaje éstas por ningún motivo deben anular la inteligencia del estudiante, la cual debe mantenerse libre para explorar el saber de la forma que le mas le acomode. Es decir, que en el proceso de aprendizaje es necesario que ninguna inteligencia se ponga sobre la otra sino que estas se vean igualitariamente para que ambos sujetos puedan de forma libre compartir y explorar el saber. Y si en algún punto del proceso de aprendizaje se establece que es necesario establecer una relación de “dominación” del maestro sobre el estudiante, debemos insistir que se traduzca únicamente en una relación de voluntad a voluntad, de forma que el rol del profesor únicamente sea el impulsar la voluntad del estudiante para continuar el proceso, es decir que sea un “motivador” y no un guía, de modo de no caer en imponer las propias interpretaciones y visiones, dando la posibilidad a que sea el propio sujeto quien escoja el camino más óptimo para encontrar el saber que necesita. A su vez, que dicho enfoque permita generar una retroalimentación entre el profesor y el estudiante, ya que en el proceso el profesor también se verá beneficiado por la exploración en el saber, siendo este también empujado por la voluntad del estudiante a nuevos conocimientos y saberes.

La escuela oficial – o burguesa si lo prefiere – se justifica en la mencionada idea de que es necesario un mediador entre el saber y el estudiante, pero lo que se esconde verdaderamente tras dichas afirmaciones no es más que el deseo de perpetuar un nefasto sistema de explotación, siendo su rol empujarnos a ser funcionales y sumisos al modelo imperante. Claramente dentro de sus paredes no encontraremos más que restricciones a nuestra inteligencia y creatividad, lo que nos llama a combatirla e impulsar alternativas que impongan nuevas condiciones sociales. Nuestra vía debe ser la libertad, ya que por medio de ésta las inteligencias pueden desarrollarse en toda su potencialidad. En dicha línea, el aprendizaje se impulsará tanto por las necesidades de cada individuo y/o colectividad como por el impulso que puede dar el profesor a explorar nuevos saberes dando la motivación y la confianza a los estudiantes respecto a su propia inteligencia.

En síntesis, nos parece necesario seguir combatiendo por el establecimiento de formas de aprendizaje que posibiliten al individuo conseguir por sus propios medios y de manera libre llegar al saber. Si bien el camino hacia el conocimiento es individual y único, ello no anula la necesidad de que en este se deba compartir con otros individuos e inteligencias, lo que nos lleva a reflexionar entorno a las relaciones entre dos o más inteligencias. Si las relaciones de poder son inevitables, entonces nuestra tarea es la de impulsar que no haya inteligencias que se pongan sobre las otras, sino que el intercambio de saber sea de igual a igual, con lo que seguramente conseguiremos sujetos verdaderamente críticos, libres y autónomos. Luchemos por una pedagogía que no solo “llene” a los sujetos sino que los emancipe, que libere sus cuerpos y mentes, y que cree desde ahora las bases de una nueva sociedad.

Van Pilsen

Colectivo La Peste

Notas bibliográficas

  1. Rancière, Jacques. El maestro ignorante. Cinco lecciones sobre la emancipación intelectual. Editorial Laertes, Barcelona, 2003. p. 7
  2. Para un mayor desarrollo de la idea véase: Ibíd. pp. 11-12.

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